Viajando en el tiempo a través del papel: Tour de 1953

En el ciclismo actual estamos acostumbrados a seguir las carreras por televisión, Internet y redes sociales. Gracias a todos estos medios, tenemos fácil acceso a los detalles, clasificaciones e imágenes de cada una de las pruebas que se disputan en la temporada. Pero hace 60 años, la épica del ciclismo tenía su mayor fuente de expresión en el papel. Las crónicas y fotografías de los deportistas en pleno esfuerzo eran la mejor manera de plasmar la grandeza del deporte de las dos ruedas. Afortunadamente, muchos de esos testimonios han llegado a nuestros días, y los que vivimos con la curiosidad por conocer la cultura e historia de un deporte que desata pasiones, guardamos como oro en paño los documentos que llegan a nuestras manos.

Hace unos meses, entre un montón de viejos periódicos en una librería del barrio judío de Roma, encontré una bonita joya que me hizo viajar a otro tiempo y otro ciclismo. Se trata de un especial del semanario deportivo italiano Lo Sport, que dedicaba su suplemento número 31 del 30 de julio de 1953 al Tour de Francia del cincuentenario, que había terminado el 26 de ese mes. El título del suplemento habla a las claras de cómo se vivió aquella edición de la Grande Boucle: “Drammatico Tour”.

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Emilio de Martino, fundador y director del semanario, abre el suplemento con un editorial en el que incide en lo épico de la ronda gala. Dice el mítico periodista italiano: El Tour de Francia, el Tour del Cincuentenario, el Tour de las retiradas dramáticas y de los golpes de escena ha terminado. Más adelante, el que fuera director de La Gazzetta dello Sport, deja claro que el buen ciclismo está más allá de nacionalismos y debe ser reconocido gane quien gane: Nuestra revista ha querido reconstruir fotográficamente la gran carrera francesa aunque no haya ganado un italiano: ¡porque igualmente ha ganado un deportista de clase! (cómo nos gustaría leer esto hoy en día en el editorial de algún gran periódico deportivo español). El periodista milanés alaba a pesar de todo el papel de un equipo italiano que, sin Coppi y con un veteranísimo Bartali, consiguió dejar buen sabor de boca con el trabajo de Baroni y Rossello, el pundonor de Gino Bartali, la victoria de etapa de Isotti y las dos de Fiorenzo Magni, y el coraje de Astrua, 3º en la General Final, que acabó la carrera con 39º de fiebre. En su bonito editorial, De Martino resume una sensación que todos los locos del Tour hemos vivido alguna vez: Dejé el Parque de los Príncipes mientras la afición todavía enloquecía por Bobet, y me encontré a mí mismo con los ojos húmedos… ¿Lamentos? No, absolutamente no. Quizás solo una pequeña vena de nostalgia.

El Tour de Francia de 1953 fue el primero de los tres que ganaría Louison Bobet, el cual cimentó su victoria en la ascensión al Col d’Izoard en una 18ª etapa que terminó en Briançon. El francés fue el más fuerte de un Tour en el que muchos de los favoritos fueron cayendo eliminados por caídas, abandonos, averías o enfermedad. Tras Bobet, subieron al podium en París, a 14 y 15 minutos respectivamente, el francés Jean Mallejac y el italiano Giancarlo Astrua. La clasificación de los puntos fue para el ganador de las dos primeras etapas, el suizo Fritz Schaer, y la clasificación de la montaña se la anotó un español, Jesús Loroño, ganador de etapa en Cauterets y al que el semanario describe así: Loroño, el millonario de Bilbao que corre por diversión y que, olvidando los numerosos comforts que le ofrece la vida, ha querido penar durante kilómetros y kilómetros para unir su nombre a la etapa que terminaba a pocos kilómetros de su tierra.

En las primeras etapas el foco se centraba en el, a priori, gran favorito a la victoria final, el ganador del Tour de 1951, el suizo Hugo Koblet. Le pédaleur du charme, que venía de ser segundo tras Coppi en el Giro, era sin duda el rival a batir. Aunque finalmente el suizo sucumbiría en la etapa del Aubisque, donde acabaría abandonando por una caída, su favoritismo quedaba plasmado en la viñeta que el dibujante Pellos publicaba en el semanario francés Miroir Sprint y que reproduce el especial de Lo Sport:

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El magnífico suplemento gráfico narra todos los momentos clave de la gran ronda gala en 48 páginas de gran formato, en la que los italianos Magni, Bartali y Astrua gozan de atención preferente, pero en la que todas las estrellas de la carrera son retratadas desde la óptica de la épica y el sufrimiento de las grandes pruebas ciclistas. Así, podemos ver las caras de dolor y agonía de los corredores en las duras etapas del Tour, y la crudeza del clima en el norte del país. Atención especial merecen las victorias de los héroes que se lanzan en las tan apreciadas fugas del Tour, como es el caso de Bober, Hassenforder, Van Geneugden o Mallejac, que reciben el calificativo de Los Don Quijotes del Tour. Mención aparte merecía también la etapa dedicada a los 50 años del Tour, la octava, con un kilometraje de nada menos que ¡345 Km!

Otro de los ciclistas que protagonizaron aquel Tour del Cincuentenario fue el pequeño escalador Jean Robic, ganador en 1947 y que, al día siguiente de vencer en Luchon y vestirse de amarillo, perdía todas sus esperanzas de victoria en París al sufrir una dramática caída que le obligaba a abandonar la carrera. La etapa que siguió a las jornadas pirenaicas fue dura para todos e hizo sufrir a los favoritos. De ahí que el semanario la calificara como La etapa de los disgustos.

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Me gustaría destacar finalmente unas páginas dedicadas a la figura una de las grandes leyendas de la Historia del ciclismo, el italiano Gino Bartali. El de 1953 sería el último Tour que disputase el toscano, que rondaba ya los 40 años. Ginetaccio acabó en 11ª posición, pero dio muestras de su clase y pundonor luchando en cada una de las etapas y ayudando a su compatriota Astrua a acabar en el pódium. Bartali sufrió un episodio angustioso en la etapa con final en Briançon, en la que Bobet sentenció la carrera. Bartali rodaba cuarto en la etapa al entrar en Briançon, donde le esperaban sus padres y su mujer, que habían ido a darle ánimos, cuando sufrió un pinchazo. Los coches de los mecánicos rodaban lejos, y, para más drama, el italiano se dio cuenta de que el hinchador que llevaba estaba roto. Finalmente, un aficionado le prestó una bomba y el italiano pudo reparar la bicicleta, pero perdió muchísimo tiempo y todas sus opciones de acabar en la parte alta de la clasificación. Este episodio se tituló en el suplemento como La rueda de la desgracia.

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Termino este artículo de homenaje al ciclismo y al periodismo de antaño con la página doble que este suplemento de Lo Sport dedica a la historia del gran Gino Bartali. El que esto escribe cierra las páginas del suplemento con esa sensación de nostalgia con la que se iba de París Enrico de Martino, aunque en este caso es una nostalgia por un tiempo no vivido de ciclismo épico y periodismo entregado al deporte y a la noticia.

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Escrito por:
@VictorGavito

1Comment
  • Carrick on Suire
    Publicado a las 18:01h, 15 diciembre Responder

    Magnífico artículo muy recomendable para que las nuevas generaciones de aficionados a este deporte conozcan, aunque sea mínimamente, la dimensión de lo que suponían acontecimientos como Vuelta, Giro y Tour en las sociedades de aquellos años. Y que pueda seguir como gancho para conocer mitos del pasado y conocer mejor nuestra centenaria cultura ciclista.

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