Versión 2: Resumen tercera semana del Tour de Francia

Lejos queda el primer día de competición del Tour de 2015. Muchas cosas han pasado en la carrera desde entonces y casi todas ya las hemos contado en @_RoadandMud. Ahora nos detendremos en lo que sucedió a partir del segundo día de descanso, un bloque que estuvo muy focalizado en los Alpes. No perdamos más tiempo y vayamos al lío.

Digne Les Baines-Pra Loup

La tercera semana de competición comenzaba con una jornada corta con cinco puertos pero ninguno de verdadera entidad. La etapa se prestaba a que los hombres teóricamente menos fuertes lo intentasen de lejos ya que había un encadenado de subidas asequible y tras ascender el penúltimo puerto, el Col d´Allos, de primera categoría había una bajada que enganchaba directamente con la , a priori, cómoda subida a Pra Loup, un segunda de seis kilómetros al 6,5% de desnivel.

La sorpresa saltaba cuando el sólido Tejay Van Garderen sufría para mantenerse con los hombres de la general en la primera dificultad montañosa del día, un puertecillo irrelevante de tercera categoría, el Col des Lèques. Poco después, el de Tacoma (Washington), muy débil y con fuertes dolores de cabeza, tenía que poner pie a tierra entre lágrimas. El corredor de BMC se veía obligado a decir adiós a la lucha por el podio por enfermedad, porca miseria.

A unos noventa kilómetros para la meta un desgastado pero valiente Alberto Contador saltaba del grupo de favoritos con la intención de volar por los aires la carrera. Movistar temblaba. Las posiciones de Valverde y Quintana se sentían amenazadas. En una maniobra más conservadora que el Partido Republicano de los EEUU “Balaverde”, fiel gregario en este Tour de los intereses de la logia del conjunto telefónico, saltó para neutralizar al pinteño. Lo bonito, interesante y romántico hubiese sido que juntos, como una pareja de recién enamorados, hubiesen recorrido los picos alpinos cogidos de la mano y hubiesen puesto en jaque al líder, Froome, y a su equipo. Resignado, a Contador no le quedó más remedio que volver maldiciendo entre dientes al lugar que le ha correspondido en toda esta ronda: a rueda de los más fuertes de la carrera pero un poquito más atrás. Los amantes de la épica ciclista arrojaban tomates podridos a sus pantallas y abucheaban la falta de valor de Movistar y Valverde, sobre todo sabiendo que por delante rodaban corredores suficientes como para haber lanzado un buen pulso a Sky: Majka y Sagan de Tinkoff y Castroviejo, Herrada e Izagirre de Movistar. Lo que parecía que sería un espectáculo pirotécnico sin par se quedó en un simple gatillazo, el problema es que a Movistar ni siquiera le quedaba la excusa de decir “es la primera vez que me pasa”.

No quedaba más remedio que centrarse en lo que que ocurría en la fuga. Junto a los corredores ya citados de Tinkoff y Movistar había otros veintitrés culos inquietos como los Cannondale, Talansky y un Hesjedal por debajo de lo esperado en este Tour, que le ha puesto ganas esta última semana; los africanos de MTN-Qhubeka, Teklehaimanot, Kudus y Pauwels al que le ha quedado un Tour muy resultón (mucha presencia en fugas, tres etapas en el Top 10 y decimotercer puesto en la general); el suizo de IAM Mathias Frank, un fundido pero digno Rigoberto Urán de Etixx; Edet del aciago Cofidis; Rafa Valls y Kristijan Durasek de Lampre; los insistentes Bakelants y Chérel de Ag2r; un Lotto Jumbo, Steven Kruiswijk; un hombre del azul Astana, el estonio Tanel Kangert; el de todos los días, Pérrig Quemeneur de Europcar; Alberto Losada de Katusha liberado de trabajar para Joaquim Rodríguez; Adam Yates de Orica; un John Degenkolb, de Giant Alpecin, impotente en las llegadas; y dos FDJ, Benoît Vaugrenard y un juguete del Destino, el blanco de las mofas de los dioses,Thibaut Pinot; por allí andaban también dos corredores de Sky, Porte y Roche. Pero de todos los escapados el más valiente de todos fue otro hombre de Giant, el escalador alemán con pinta de leñador Simon Geschke que se fue en solitario a falta de cincuenta kilómetros para el final de la etapa.

En la subida a Allos, como hemos dicho, no ocurrió nada entre los favoritos. Bueno sí, un intento infructuoso de Quintana para descolgar a Froome en los últimos 500 metros de los 14000 que tenía la subida. En la escapada Pinot saltó a por Geschke y redujo la desventaja hasta el minuto de diferencia. Comenzaba entonces la peligrosa bajada del puerto. Por supuesto, Pinot, “tocado este año por una varita mágica”, se fue al suelo aunque sin consecuencias físicas. La rémora fue psicológica. Desde la caída la ventaja de Geschke aumentó casi un minuto y a Pinot empezaron a adelantarle corredores como si fuese el McLaren de Fernando Alonso.

Los favoritos también apretaban en el descenso de Allos y el perjudicado fue Alberto Contador, que se fue al suelo. El raspón, herida de guerra mayor para el propio Contador, le hizo perder contacto con los mejores. Poco más de dos minutos terminarían dejándose el madrileño en la meta, así como sus remotas opciones de victoria y de podio. Tampoco ha sido este el Tour de Contador.

En Pra Loup, Geschke conseguía administrar su ventaja y se imponía en solitario, con rabia en la línea de meta. En el set de entrevistas rompía a llorar embargado por la emoción. Ha sido este también un Tour de muchas lágrimas y es que, aunque no lo parezcan, los ciclistas son humanos.

Con Contador ya descartado todos los hombres de la general subían sin prisas, como si la cosa no fuera con ellos hasta que Quintana soltó “otro mortífero ataque, demoledor, un mazazo insoportable” para todos excepto para Froome. La pena es que este “paradigma de los ataques” tuvo lugar en la zona vallada a unos 500 metros de meta. ¡Puro riesgo! ¡Quién dijo miedo! ¡Un desfallecimiento de Froome ahí podría haberle hecho perder hasta 15”!

Gap-Saint Jean de Maurienne

Enorme fuga la formada en la decimoctava etapa de este Tour de Francia ya que fueron veintinueve los ciclistas que tomaron la delantera. Estaba claro que el Tour llegaba y que había que dejarse ver e intentar salvar el papel de los equipos. Los integrantes de la escapada fueron: Jakob Fuglsang (Astana), Romain Bardet, Jan Bakelants, Christophe Riblon (AG2R La Mondiale), Thibaut Pinot (FDJ), Roman Kreuziger, Michael Rogers (Tinkoff-Saxo), Jonathan Castroviejo, Winner Anacona (Movistar), Damiano Caruso, Rohan Dennis (BMC), Thomas De Gendt (Lotto-Soudal), Georg Preidler (Giant-Alpecin), Joaquim Rodríguez (Katusha), Michael Matthews, Simon Yates (Orica), Pierre Rolland, Cyril Gautier, Romain Sicard, Thomas Voeckler (Europcar), Julián Arredondo, Bob Jungels (Trek), Rubén Plaza (Lampre-Merida), Andrew Talansky, Ryder Hesjedal, Dan Martin (Cannondale-Garmin), Stef Clement (IAM), Jan Barta (Bora) y Serge Pauwels (MTN-Qhubeka).

El Glandon con sus veintiún kilómetros de subida fue el verdadero juez de la etapa. Sus primeras rampas cribaron el extenso grupo que rodaba por delante del pelotón. La segunda selección llegó de manos del combativo Pierre Rolland que dejó el grupo de los escapados en tan solo once unidades. Al final coronaron en cabeza solo dos hombres Romain Bardet y Winner Anacona.

El primero en probarlo en el Glandon por parte de los favoritos fue Alberto Contador que se unió a un trío compuesto por Gesink, Frank y Barguil que rodaba unos metros por delante. El movimiento de Alberto no cuajó y fue neutralizado. También lo intentó Nibali pero su intento corrió la misma suerte que el de Contador. Lo sorprendente es que Quintana también se movió pero sin mucha convicción y también fue cazado. El problema ha sido que, hasta el día de hoy, todos los ataques de Nairo han sido de fogueo, por lo que, al final, Froome siempre ha terminado neutralizándolo ya sea gracias a su propio esfuerzo o al ritmo impuesto por sus gregarios. Sea como fuere, tras coronar el Glandon, todos los hombres fuertes de la carrera pedaleaban juntos en el mismo grupo.

En el descenso del Glandon, Bardet consiguió abrir hueco y descolgar a Anacona. Por detrás pedaleaba con ansia Pierre Rolland pero no pudo con el buen hacer de Bardet que se impuso en Saint Jean de Maurienne ganando así su primera victoria en el Tour de Francia. Rolland fue segundo y Anacona concluyó en tercer lugar.

En la última subida, Montvernier, Majka cambió el ritmo para Contador pero, de nuevo, el pinteño se topó con unos rivales que no le concedieron nada y con unas piernas vacías de fuerza. Finalmente los mejores coronaron Montvernier y llanearon hasta Saint Jean Maurienne todos juntos y sin incidencias. Un día menos en el calendario. Todo seguía igual.

Saint Jean de Maurienne-La Toussuire

El viernes tenía lugar la etapa reina del Tour de Francia 2015. Llegados a este punto la carrera era, sí o sí, un mano a mano entre Froome y Quintana con remotas posibilidades para otros corredores. La etapa tenía terreno suficiente como para atacar de lejos, sobre todo a partir de la Croix de Fer, puerto que se descendía hasta llegar al Col de Mollard y de ahí nuevo descenso hasta el comienzo del largo La Toussuire.

Pero los ciclistas no esperaron ni tan siquiera un poco y aprovecharon la primera ocasión que tuvieron, el Col de Chaussy, un primera que se subía de salida, lo que podía provocar que se rompiera la carrera si pillaban a más de un ciclista con las piernas tontas. El encargado de abrir la veda fue Alberto Contador que lo ha intentado casi siempre desde lejos pero que en este Tour ha andado con piernas de gregario. Valverde volvió a salir a por un Contador que realmente ya no inquietaba en la general. En esta ocasión su intención fue más la de hacer camino junto con el del Tinkoff que la de abortar su intento de escapada. Tras este movimiento a Sky no le quedaba más remedio que trabajar a destajo. Lógico, en los días importantes a todos nos toca hacer horas extras. La pareja española no consiguió marcharse y luego vino el habitual movimiento a la contra de Nibali en este Tour. Desgraciadamente para el siciliano tampoco pudo marcharse. Todos estos movimientos hacían que el ritmo de subida fuese imposible de seguir para cualquier mortal lo que provocó que uno a uno se fuesen quedando los componentes del pelotón y, lo que es más importante, los “hombres de negro”. Chris Froome veía como se iba quedando sin ángeles de la guarda con toda la etapa por delante y en el final de la ascensión el “Pollo de Nairobi” ya se había quedado completamente solo con los hombres más fuertes de la clasificación. Por suerte para él había un largo trecho de cuarenta kilómetros hasta el siguiente puerto. Quizás los aspirantes al amarillo podían haber forzado pero es cierto que el riesgo era muy alto y, una vez coronado Chaussy, se detuvieron. Por detrás, Porte, Thomas y Poels se reagruparon al final de la subida y consiguieron entrar en el descenso junto con otro grupo de corredores. Froome conseguía salvar la primera bola de set.

Tras la reagrupación el ritmo del pelotón disminuyó considerablemente lo que aprovechó un grupo de veintidós hombres para marcharse por delante: Tanel Kangert (Astana), Romain Bardet (AG2R), Roman Kreuziger, Michael Rogers (Tinkoff), José Herrada, Adriano Malori (Movistar), Tony Gallopin, Tim Wellens (Lotto-Soudal), Joaquim Rodríguez, Alberto Losada (Katusha), Rigoberto Urán (Etixx), Pierre Rolland, Cyril Gautier, Romain Sicard (Europcar), Steven Kruijswijk (Lotto-Jumbo), Rubén Plaza (Lampre), Dylan van Baarle (Cannondale-Garmin), Nicolas Edet (Cofidis), Stef Clement, Jarlinson Pantano (IAM), Stephen Cummings y Daniel Teklehaimanot (MTN-Qhubeka).

En las rampas de la Croix de Fer, bastante lejos de meta, deberían decidirse la lucha por la etapa y por la general. Entre los fugados, Pierre Rolland lanzó un ataque a sesenta y siete kilómetros para el final. El hombre de Europcar es un escalador largo y ligero que hasta en sus peores momentos parece pedalear sin esfuerzo. Ninguno de los escapados fue capaz de seguir e igualar su pedaleo etéreo y el francés se plantó solo en la cima de la Croix de Fer.

En el pelotón el ritmo lo imponía, de manera sorprendente, el Lotto Jumbo que trabajaba para proteger el puesto de Gesink frente a Rolland. Pasaban los kilómetros pero nadie lo intentaba. También Tinkoff y, sobre todo, Astana marcaban el ritmo con la intención de endurecer la ascensión. Nibali, fue el primero en intentar dejar atrás el grupo pero fue el propio líder, Chris Froome quien salió a su rueda abortando el esfuerzo del italiano. A cinco kilómetros de la cima movía ficha Movistar. Su segundo espada, Alejandro Valverde se marchaba de nuevo por delante pero su ritmo no era bueno y Poels conseguía reintegrarlo en el pelotón poco después. Tras la neutralización del murciano llegó el momento decisivo y polémico de la etapa. En plena subida, Froome sufrió un problema mecánico que le hizo perder contacto con el grupo, momento que aprovechó Nibali para lanzar un ataque al que nadie respondió. A Froome le costó bastante volver a rueda de Quintana pero para cuando lo hizo Nibali ya había conseguido unos metros de renta impagables. El británico prefirió quedarse vigilando al colombiano de Movistar que gastar fuerzas en una inútil persecución del campeón de 2014.

En la siguiente subida, la de Mollard, Nibali, que venía encendido, dio caza a Rolland y juntos afrontaron el descenso que les conducía hasta las primeras rampas de La Toussuire. Al poco de comenzar la subida, el “Tiburón” dejó atrás a Rolland que se despedía de la victoria de etapa pero recibía el premio de consolación: el de corredor más combativo del día. Lotto y Tinkoff seguieron marcando el ritmo en cabeza de pelotón para proteger el puesto en la general de sus líderes aunque el ritmo de persecución no era alto. Cuando Majka tiraba, a seis kilómetros para la llegada, se produjo el demarraje de Quintana. El mejor joven del Tour aceleró e hizo sufrir a Froome. A rueda del británico se situaron Valverde y Contador que al poco cedieron. Quintana volvió a cambiar el ritmo y esta vez Froome no fue capaz de cerrar el hueco pero sí de minimizar la pérdida. Quintana ascendía descontándole segundos al británico. Froome se retorcía sobre la bicicleta, con su ya de por sí retorcido estilo. Valverde y Contador iban perdiendo tiempo con respecto a los dos mejores. Al del conjunto ruso no le quedaban fuerzas para hacer más. A Valverde le valía con marcar de cerca a Contador y con no dejar que Nibali le recortara demasiado tiempo en meta.

El italiano de Astana lucía orgulloso la tricolor en su pecho y pedaleaba hacia la victoria manteniendo con pericia y esfuerzo la renta que había obtenido en el terreno precedente. Con rabia, con un tremendo grito de desahogo cruzó la meta, celebrando un triunfo parcial en un Tour de constantes derrotas. Con su movimiento de ciclismo de antaño, Nibali abrazaba también la posibilidad de asaltar el tercer escalón del podio que seguro iba a defender con todo un Alejandro Valverde que tendría casi minuto y medio de renta en la última etapa.

Quintana cruzó la meta en segundo lugar, casi un minuto por detrás de Nibali y un minuto y treinta segundos por delante de Froome. El británico dio muestras de debilidad en La Toussuire. No es que se contorsionara encima de la bicicleta más que un acróbata del Circo del Sol, eso es lo habitual en él, la sensación de debilidad vino de verle boquear como un asmático en primavera y, por supuesto, de verle ceder terreno ante Quintana, algo que hasta el momento jamás había sucedido. Tras el resultado de la etapa lo que muchos de los aficionados nos preguntamos fue: ¿y si en vez de racanear y ganar treinta segundos el ataque hubiese sido en la Croix de Fer o al comienzo de La Toussuire? Nunca sabremos qué habría pasado pero a los románticos nos gusta pensar que sí se puede y que, de haberlo hecho, el colombiano podría haberse vestido de amarillo o haber acorralado mucho al “Pollo de Nairobi”. Todo se decidiría en Alpe d´Huez.

Modane-Alpe d´Huez

Alpe d´Huez sería el juez definitivo de la carrera. En juego estaba saber quién se llevaría el Tour si Froome, que gracias a sus 2´40” de renta lo tenía muy de cara y solo debía temer por un desfallecimiento, o si Nairo Quintana. También seguía viva la lucha por el ocupar el tercer puesto. Valverde, que debía trabajar para Quintana, gozaba de 1´20” sobre un Nibali que se ha rehecho en la tercera semana tras haberlo pasado mal en los Pirineos. Otra de las luchas por resolver era la de quién se llevaría el maillot de lunares. En esta lucha Froome también tenía ventaja pero Bardet no se resistía a ceder.

El diseño de la etapa dejaba mucho que desear: 110 kilómetros y solo dos ascensiones, otra vez la Croix de Fer y Alpe d´Huez, separadas la una de la otra por la friolera de cuarenta kilómetros. Sobre el papel todo se decidiría en Alpe d´Huez.

Nada más arrancar la etapa se formó un cuarteto en cabeza: Alexandre Geniez (FDJ), Lars Bak (Lotto Soudal), Ramunas Navardauskas (Cannondale) y Nicolas Edet (Cofidis). Por detrás otros corredores intentaron contactar con ellos pero su movimiento fue en vano. En el descenso de la Croix de Fer, Geniez consiguió marcharse en solitario en busca de la victoria de etapa.

En el pelotón, Ag2r no perdía la esperanza de que Bardet se subiera al podio de París como mejor escalador de la presente edición y para conseguir este objetivo puso a trabajar a su equipo, concretamente a Jean-Christophe Péraud que este Tour solo ha venido a tirar del pelotón en la Croix de Fer y a hacer la croqueta sobre el asfalto camino de Rodez. A falta de tres kilómetros para coronar, Alejandro Valverde volvió a atacar. Sky dejaba marcharse al murciano. Cuando restaba un kilómetro para la cima era Quintana quien se movía para irse junto a su compañero. Froome no reaccionaba. Poco después se movía Nibali. A este movimiento sí respondió Froome. Sus compañeros de equipo habían ido cayendo ante el fuego abierto por los capos del Tour. Los tipos duros de Movistar coronaron con quince segundos de ventaja sobre un aislado Froome y Nibali. Británico e italiano contactaron con los telefónicos en el comienzo del descenso y se formó un cuarteto al que un poco más tarde se unió Contador. Se planteaba ahora la posibilidad de seguir con las hostilidades o parar. Se impuso la cordura y Froome pudo respirar tranquilo. Todo lo tranquilo que puede respirar un ciclista a 180 pulsaciones por minuto. Como levantaron el pie por detrás, empezaron a contactar hombres con el quinteto de hombres importantes. La presencia de varios corredores de Sky tranquilizó un poco a Froome que por momentos se había sentido como un chiquillo perdido de sus padres entre la multitud. Nuevo golpe de estado fallido en el Tour, quizás porque el movimiento no fue lo suficientemente pronto como para aislar más al líder de la carrera. En cualquier caso el movimiento de Movistar era una bella locura.Claro está que a uno no le queda más remedio que hacer locuras cuando, antes, ha tenido terreno para recortar tiempo y no ha querido o no ha sabido hacerlo.

Con la reagrupación y los kilómetros de intrascendente llano se constaba lo que todos pensábamos: la carrera se decidiría en Alpe d´Huez. La única opción era entregarlo todo en la “montaña de los holandeses”, probablemente el puerto más popular del ciclismo. La subida de todos aquellos a los que no les gusta el ciclismo pero sí la jarana. Las aglomeraciones, los disfraces, las banderas, las pelucas imposibles, la cerveza y los colgados que corren mostrándole su culo pelado a los ciclistas y a las cámaras de televisión son los invitados de honor en esta mítica ascensión en la que, no se nos olvide, los ciclistas son los verdaderos protagonistas.

Justo antes de comenzar los catorce kilómetro finales Vicenzo Nibali, llámalo karma, destino, rueda de la fortuna o como quieras, sufrió un pinchazo que le descolgó del pelotón justo en el momento en el que Castroviejo cambiaba el ritmo. Como no podía ser de otra manera la aceleración de “Castro” vino refrendada por un ataque de Quintana al que respondió Froome mediante el agónico desempeño de Porte. El colombiano lo volvió a intentar acto seguido y esta vez fue Poels quien salió a su rueda. Froome se protegía de los golpes con sus escuderos. En este momento Bardet ya había dicho adiós a la lucha por la clasificación de la montaña perjudicado por los zarandeos de Nairo.

Un poco por delante Geniez seguía rodando en solitario con mucho dolor de piernas. A por él salió uno de los perseguidores, Ryder Hesjedal y a rueda del canadiense se situó un compañero de Geniez, Thibaut Pinot.

 

A unos diez para el final, Valverde, que no paraba de mirar hacia atrás buscando a Nibali, le dio un respiro a Quintana y atacó él. Las órdenes desde el coche de Sky eran claras: “que se vaya Alejandro, vigilad a Nairo”. El de Boyacá volvió a atacar y se fue a rueda con su compañero de equipo. El movimiento quebró la resistencia de Contador. Poels siguió a rueda de Quintana hasta que se dio cuenta de que su líder no podía seguir el ritmo. Por fin Nairo abría hueco, el hueco suficiente como para propulsar su esfuerzo, apretar más aun los dientes y no parar hasta cruzar la línea de meta. Él y Valverde mantenían un pulso con Poels y Porte que tiraban de Froome. Nairo encontró por unos metros el apoyo de Serpa, de Lampre, pero colombiano como Quintana. “Cantinflas” tiró de su compatriota y lo llevó hasta la rueda de otro colombiano, este sí de Movistar, Anacona, que había estado persiguiendo sin éxito a Geniez. Valverde ya no podía seguir el ritmo y se descolgaba hasta la rueda de Froome. El trabajo de los colombianos daba sus frutos y la diferencia iba aumentando.

Por delante, Geniez hacía crac y en cabeza se quedaban Pinot y Hesjedal peleando por contener el empuje de Quintana y ganar la etapa.

Quintana, al que le gustan más las ruedas que a Lobato, subía tras Anacona. Froome, que estaba ya  muy cascado, lo hacía tras Poels. Increíble, el Tour buscaba su resolución a ritmo de gregario. Por delante Pinot atacaba a seis de meta y soltaba de rueda a Hesjedal. Los kilómetros iban pasando y la diferencia subía pero no a un ritmo suficiente como para que Quintana, que ya volaba solo, se vistiese de amarillo. Por si fuera poco, a Froome se le encendió la luz verde del potenciómetro y aumentó el ritmo cuando llegó a la zona de seguridad que le marca su dichosos aparato, los dos últimos kilómetros.

Pinot, que llevaba un Tour cruzadísimo, pudo levantar los brazos loco de contento y celebrar la victoria en Alpe d´Huez. Ya era hora de que dejasen de hacer vudú con el francés. Quintana cruzó la meta unos segundos después besando y agitando su puño. Desconocemos si fue una celebración del segundo puesto o si estaba clamando a los dioses maldiciéndose por no haber atacado de verdad en las etapas anteriores. Froome cruzó la línea de meta junto a Valverde. El británico se giraba hacia el cronómetro una y otra vez, como no creyéndose que hubiese sido capaz de conservar la ventaja que tenía antes de la salida. Valverde conseguía por fin su ansiada plaza en el podio de París. Justo el año que no acudía como líder de Movistar. Justo el año que más rivales de entidad había en la nómina de participantes. Su logro bien merecía las abundantes lágrimas que derramó al cruzar la meta.

Al final la etapa de Alpe d´Huez dejó todo como estaba. El resultado final fue el esperado antes del comienzo de la etapa pero por lo menos hubo emoción, que es lo que, al fin y al cabo, nos hace disfrutar de este deporte.

Sèvres-Paris

Tras veinte días de idas y venidas por las carreteras francesas (y no solo francesas) el Tour llegaba a su final con la disputa de la última etapa, el clásico paseo por los Campos Elíseos de París. Los primeros kilómetros fueron, como es costumbre, para celebrar el final de la carrera, para brindar con champán, para bromear con los que durante tanto tiempo han sido los compañeros de pelotón. Es la hora de felicitar a todos aquellos que han cumplido sus objetivos y, sobre todo, un homenaje al ganador de la carrera, Chris Froome.

La presencia de la lluvia y la peligrosidad del asfalto parisino hicieron tomar una sabia decisión a los jueces: los tiempos de llegada se tomarían en el kilómetro cuarenta y uno de la etapa, justo en el primer paso por la meta de París, para evitar accidentes indeseables. Independientemente de la toma de tiempos, la victoria de etapa se jugaría de la manera normal. Como manda la costumbre, el primero que cruzase la línea de meta en la última vuelta sería el ganador de la etapa.

En la lucha por la etapa el primero en desatar las hostilidades fue un viejo conocido que ha pasado desapercibido este Tour, Sylvain Chavanel. Actuaciones como la de este Tour no ayudarán al francés a encontrar equipo una vez que IAM ha anunciado que no renovará su contrato. El viaje en solitario de Chavanel duró poco y tras él lo intentaron otros tres corredores que buscaban mostrarse en este Tour: Kenneth Vanbilsen de Cofidis, Florian Vachon de Bretagne y Nelson Oliveira de Lampre. A ellos se unió más tarde el brillante ganador del primer día, Rohan Dennis.

Los equipos de los velocistas, que se las saben todas y controlan los tiempos y las distancias a la perfección, dieron caza al cuarteto de cabeza a falta de cinco kilómetros para cruzar la línea de meta. En el sprint la victoria fue, de manera predecible, para André Greipel que conseguía su cuarta victoria de etapa en este Tour´15. El alemán igualó las cuatro victorias conseguidas el año pasado por su compatriota Marcel Kittel, ausente este año. Greipel no ha tenido rival este año en las llegadas masivas y solo se vio superado el día de Fougères por Mark Cavendish. Segundo fue un hipermotivado Bryan Coquard que intentó llevarse, sin suerte, la volata más prestigiosa de la ronda. El tercer puesto fue para Alexander Kristoff que llegaba con mucho cartel al Tour y ha estado tremendamente desenfocado. Dos terceros puestos han sido los mejores resultados del noruego en esta aciaga carrera para él.

Como era de esperar los “hombres de negro” cruzaron la meta con sus brazos entrelazados para celebrar la victoria final de Chris Froome. El keniata hizo bien en abrazar a sus compañeros, una enorme parte de este triunfo es de ellos.

Se acabó

Y esto es lo que dio de sí la última semana del Tour de Francia, una carrera en la que se impuso uno de los presumibles cuatro favoritos que solo encontró la oposición de uno, Nairo Quintana. Nibali y Contador no estuvieron al nivel de sus mejores días y quedaron descartados pronto la lucha por la victoria. El jersey blanco de mejor joven se lo llevó Quintana. El verde de la regularidad fue para un imponente Peter Sagan. Al eslovaco le ha faltado la guinda de la victoria de etapa aunque su Tour quedará para el recuerdo con exhibiciones tales como su descenso del Col de Manse. El maillot de puntos rojos que encumbra al mejor escalador no fue ni para Joaquim Rodríguez, ni para Romain Bardet, al final se lo llevó Froome, que hizo valer la puntuación doble de los finales en alto. El mejor equipo fue Movistar. En el equipo navarro todos hicieron su trabajo a la perfección. Otra cosa es que las tácticas escogidas por sus directores fueran las más convenientes.

Terminó por tanto un buen Tour lleno de detalles que poco a poco iremos desgranando en la web www.roadandmud.com. Ahora nos toca esperar un año hasta la llegada del siguiente Tour. Haremos tiempo disfrutando de las carreras que vienen porque aunque no haya Tour, ¡el ciclismo no para!

 Escrito por:
@AbdonRV

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