Van den Driessche. El salto cualitativo que la UCI no debe permitir

Este texto está tecleado con la indignación propia de quien hace escasos minutos acaba de enterarse de que una participante en los Mundiales de ciclocross, la belga Femke Van Den Driessche, en la categoría femenina de sub 23, ha sido descalificada porque su bicicleta llevaba un motor.

© Belga

Quien escribe lo suele hacer con pausa, ayudándose de la perspectiva que da el paso el tiempo. Hoy he decidido que no.

Sobre el tema del dopaje, quien escribe también lo hace con bastante escepticismo. Los avances científicos, además, han difuminado muy mucho la frontera entre lo que es dopaje y no lo es.

Quien escribe también recuerda, allá por enero de 1.984, las polémicas surgidas cuando Francesco Moser, en México, en altura, batió el récord de la hora. Polémicas relativas al manillar y a las entonces revolucionarias ruedas lenticulares que entonces utilizó el trentino para superar la marca de Eddy Merckx. Los avances aerodinámicos de las bicicletas continuaron. Particularmente estrambótico fue el caso del escocés Graeme Obree. Acerca de él, la leyenda, quizás real, que circulaba, era que batió dos veces el récord de la hora con bicicletas construídas por él mismo que incluían piezas de lavadora. Tal magnitud alcanzó la innovación técnica que la Unión Ciclista Internacional tomó cartas en el asunto. Marcó un peso mínimo para las bicicletas de competición. Y por otro lado, en lo relativo al récord de la hora, estableció dos categorías. Una, el propio récord de la hora. Otra, la que fue denominada algo así como “mejor prestación deportiva humana”. Esto supuso una “revisión histórica” que borró de un plumazo del récord de la hora la rivalidad mantenida durante la década de los noventa entre Miguel Induráin y Tony Rominger. Y permitió que un ciclista bastante desconocido, el checo Ondrej Sosenka, ostentase durante bastantes años el récord de la hora. Una decisión imaginamos que dolorosa para la UCI. Equiparando en ese particular palmarés a grandes campeones como Coppi, Anquetil, Merckx, Moser, Induráin… con ciclistas con muchísimo menos caché.

Pero el común denominador de aquellos avances técnicos era estrictamente conseguir una mejor aerodinámica. Seguía siendo, únicamente, la fuerza del ciclista quien movía aquella maquinaria, fuera cual fuese. Otra cosa era que la UCI decidiese qué era ciclismo, y qué no lo era. Pero lo que hoy ha hecho Femke Van Den Driessche es un salto cualitativo. Ya no es únicamente la fuerza humana la que ha movido su máquina. El salto cualitativo, para quien escribe al menos, es clarísimo. Ya no es algo cuantitativo, sino cualitativo. Por eso no hay lugar a duda. Con lo que esta chica ha competido hoy en Zolder no era una bicicleta. Era otra cosa.

Sobre la sanción aplicable, independientemente de la reglamentación, para quien escribe está moralmente clara: Expulsión a perpetuidad. Que esa persona, que no deportista, jamás pueda tener una licencia UCI a su nombre.

Imagen de la bicicleta en cuestión.

Además, no creo que le importe mucho. Porque una persona así difícilmente puede amar este deporte. Personas como ella son las que se pueden cargar este deporte. Porque una persona que ame este deporte jamás puede ir contra la esencia de este deporte. No merecen estar entre nosotros y nosotras. Se puede decir más alto sí, pero más claro no.

Escrito por:

@ranbarren

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