“Tour de potenciómetro y pinganillo” (Resumen de la tercera semana del Tour´16)

Después de escuchar durante dos semanas, e incluso desde antes de empezar el Tour, que había que guardar fuerzas de cara a la durísima última semana de competición, llegué a pensar que en los últimos días de carrera iba a haber más ataques que en la batalla de las Termópilas. Me equivocaba. Y mucho.

Para empezar, la dura última semana estaba compuesta solo de cuatro etapas realmente exigentes. Que me dicen tercera semana y me creo que va a haber siete días de tralla. Y para seguir, los protagonistas de la carrera, con contadas excepciones, han seguido guardando fuerzas, no sé bien para qué. Imagino que después del Tour tendrán que hacer una mudanza o algo de eso. Por supuesto que no faltan las excusas.

Etapa 17. Berne – Finhaut-Emosson

El Tour volvía tras la segunda jornada de descanso con una buena jornada de montaña que encadenaba al final de la etapa los puertos de Forclaz y Finhaut-Emosson. Terreno había para mover la carrera.

Hasta Forclaz llegó una fuga en la que llegó a haber catorce hombres: Kangert y Lutsenko de Astana, Clement y Pantano de IAM, Majka y Sagan de Tinkoff, Morabito de FDJ, Durasek de Lampre, Pozzovivo de Ag2r, Voeckler de Direct Energie, van Avermaet de BMC, Gallopin de Lotto Soudal, Feillu de Fortuneo y Zakarin de Katusha. Los movimientos de Gallopin y Lutsenko no tuvieron el efecto deseado y ambos corredores fueron neutralizados antes de coronar el penúltimo puerto de la jornada.

Con esta fuga, Sagan afianzó su liderato del maillot verde. Majka hizo lo mismo con el de la montaña al coronar Forclaz en primera posición. Los niños de Tinkoff lucían sus juguetes como si fuese el día de los Reyes Magos.

En el descenso, el polaco del maillot de puntos rojos y Pantano, hipermotivado tras su victoria del domingo anterior en Culoz, precisamente batiendo a Majka, abrieron hueco y llegaron hasta las primeras rampas de Finhaut-Emosson con unos treinta segundos de ventaja sobre los perseguidores. Qué divertido hubiese sido ver a Majka y Pantano pelear de nuevo por la victoria. Lo evitó Ilnur “Soyuz” Zakarin. Alto y fino, el ruso llegó el año pasado a la élite y desde entonces no ha parado de hacer crecer su figura. Incluso su caída en el pasado Giro, que le hizo llegar al Tour corto de forma,  tuvo tintes heroicos. Aquel plano aéreo con Zakarin esparcido por el verde del Agnello, como si fuese el simulacro de un asesinato, dio bastante miedo.

Ilnur, oriundo de una impronunciable ciudad de la región rusa de Tartaristán, viendo que el ritmo de los perseguidores no era el mejor para cazar a Majka y Pantano, encendió los motores y despegó con fuerza y energía hasta que atrapó a los archienemigos de este Tour. En lo que dura la mecha de un petardo les dio alcance y, una vez allí, pensó que ya había tenido suficiente comunismo en las clases de historia, que los camaradas están muy bien para labrar la tierra y para beber vodka hasta caer de espaldas, pero que en el Tour, lo que de verdad importa es llegar el primero y que el compadreo y la solidaridad en el ciclismo no son más que un discurso filosófico. Con esa convicción atacó. La resistencia del polaco Majka cayó con la misma facilidad con la que cayó la de su patria aquel fatídico 1 de septiembre de 1939. Pantano aguantó un poco más demostrando tener unas piernas en estado de gracia pero, sobre todo, una fortaleza mental y un grado de confianza pocas veces vistos. Aun así no le alcanzó para seguir la estela de “Soyuz” Zakarin que cruzó la meta en solitario. Su revolución individual había triunfado.

Entre los hombres de la general, Astana se dedicó a quemar hombres en los primeros kilómetros de la ascensión final tras la preceptiva fumada, digo subida, a Forclaz. Cuando el último cuerpo celeste se abrió… no pasó nada. Parecía que Aru era quien tenía que secundar el trabajo de su equipo con un ataque pero el sardo buscó rápido una rueda a la que agarrarse. Sky asumió la responsabilidad de tirar.

Movistar había anunciado antes del comienzo de la etapa que tenía un plan para atacar. Las mentes brillantes del conjunto telefónico, consultando con los guionistas más enrevesados del mundo del cine, pusieron en práctica su malvado plan para conquistar el mundo. A cinco de meta atacó Valverde. ¡Tres minutos abajo en la general y atacan cinco de meta! Poels alcanzó a Alejandro que volvió a intentarlo. De nuevo el holandés volvió a cazar al Bala. Eso fue todo. Quintana ni siquiera asomó el hocico y se dio un nuevo atracón de rueda rival. ¡No entiendo cómo el plan pudo salir mal! El anuncio de que tenían un plan solo les sirvió para que la situación ganara en patetismo. Por si fuera poco, Richie Porte, otro que es de los que escatiman, se movió, todo valentía, a dos kilómetros para el final. Solo Froome pudo seguir su rueda. Quintana incluso perdió tiempo con Yates, Aru, Bardet o Meintjes. El que venía a ganar el Tour no estaba ni entre los cinco más fuertes de la carrera. En cualquier caso, las diferencias en meta no tuvieron nada que envidiarle a las de la Vuelta a Burgos (con todos mis respetos hacia la Vuelta a Burgos). Normal que así fuera. Es lo que suele ocurrir cuando atacas con “furia” a falta de dos kilómetros. Valverde, desgastado por esos ataques sin cabeza, perdió unos dos minutos en meta. De no haberlos perdido, el murciano hubiese finalizado el Tour en tercera posición, siete segundos por delante de su compañero Quintana. Por supuesto, esto es pura especulación puesto que en ciclismo las clasificaciones generales no se reducen a una simple cuestión matemática, pero ahí está el dato.

Mollema pasó más apuros aun que Quintana pero consiguió salvar el día y la segunda posición de la general. Quien sí dio la sorpresa fue Tejay van Garderen que, en Forclaz, se quedó clavado como una puntilla. En puerto y medio se dejó veinte minutos con respecto a los mejores. No se recuerda una petada americana de tal calibre desde la guerra de Vietnam.

La primera etapa de la cacareada última semana se corrió como si de la primera semana se tratase. Sin movimientos, sin ambición y a verlas venir. El ciclismo de potenciómetro y pinganillo sigue hiriendo de muerte al espectáculo.

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Etapa 18. Sallanches – Megève

Lo malo de las contrarrelojes es que te privan de ver ataques. Lo bueno es que los ciclistas no pueden chupar rueda.

En los diecisiete kilómetros de cronoescalada, Gougeard, Edet, Oliveira, Coppel, Ion Izagirre y Thomas de Gendt fueron marcando los mejores tiempos en la línea de meta hasta que el holandés Tom Dumoulin, que ve un reloj y se pone más excitado que un perro al ver a su amo, batió el crono registrado por el hombre de Lotto Soudal, ganador en el Mont Ventoux.

A medida que iban llegando hombres a meta, más cerca parecía la victoria de Dumoulin. En el primer punto intermedio solo Porte mejoraba su crono y Froome perdía veintitrés segundos. En el segundo punto Porte ya perdía tiempo con respecto al holandés de Giant pero Froome le recortaba unos segundos. A su paso por el tercer punto cronometrado, el Pollo de Sky ya había revertido la situación y lideraba la prueba. Los últimos cuatro kilómetros sirvieron para confirmar su ventaja. Chris Froome se llevaba su segunda etapa en el Tour y dejaba a Tom Dumoulin sin su tercera.

Del resto de hombres importantes, Aru hizo una gran contrarreloj y finalizó con el mismo tiempo de Porte a treinta y tres segundos de Froome. Bardet se dejó cuarenta y dos segundos. Joaquim, Meintjes, Quintana y Valverde marcaron tiempos muy similares. Sorprende el octavo puesto de Purito, un ciclista que en las contrarrelojes, aunque sean subiendo como esta, está acostumbrado a perder hasta las llaves de casa. Los más flojitos del día fueron Mollema y Adam Yates. El corredor de Orica empezó la crono como un tiro y la acabó hundido como una piedra en el mar.

No tomó la salida Fabian Cancellara quien ha pasado con mucha pena y muy poca gloria por el que, de confirmarse su retirada a final de año, será su último Tour de Francia.

Al término de la etapa Froome ampliaba su ventaja y sentenciaba un Tour que ya lo estaba desde el día del Ventoux, más por la falta de valentía de los rivales, que por las diferencias de tiempo. Al británico le han valido un par de destellos y la solidez y fuerza de su equipo para pasearse en el Tour de este año. Me imagino a Froomey en su hotel riéndose a carcajadas con una risa demoníaca de esas que hacen espantarse de la copa de un árbol a una bandada de pájaros.

Etapa 19. Albertville – Saint Gervais Mont Blanc

Jornada corta con cuatro puertos. Al último de ellos se llegaba tras cuarenta kilómetros de sube y baja -más bien baja y sube-, Le Bettex, de primera categoría. Las oportunidades se iban acabando y nadie se movía.

El empeño de Astana, que trabajaba no se sabe bien para quién, hizo que la fuga de veinte hombres no se fuera demasiado en el tiempo. ¿Pretenderían los cuerpos celestes que se llevase la victoria Aru? Mira que para llevarse el triunfo tendrían que atacar…

En la fuga destacaban los nombres de siempre: Majka, de Gendt, Pantano, Vuillermoz, Dani Navarro, Gallopin, Rui Costa, Lutsenko… y algún que otro poco habitual como Ten Dam, Burghardt o Moinard. Casi todos los integrantes de la escapada ya se habían fugado por lo menos un día.

Rafal Majka, que se ha pasado la mitad del Tour escapado y la otra mitad rebañando yogures a cola del pelotón, aseguró matemáticamente su maillot de rey de la montaña coronando en cabeza el montée de Bisanne, puerto inédito en el Tour de categoría especial. Astana seguía empeñado en que la fuga no cogiera tiempo. Rui Costa se situó en cabeza en la bajada de Bisanne.

La meteorología dio una tregua a los espectadores y, viendo que la etapa carecía de interés, regaló una fina lluvia que convirtió la calzada en una verdadera trampa. Pierre Rolland que perseguía a Rui Costa sufrió una caída muy fea. Peor fue la de Dani Navarro poco después. El asturiano abandonó el Tour con una fractura de clavícula. Junto a Navarro besó el suelo Richie Porte, que se reincorporó sin aparentes problemas. El terreno de baja y sube que conducía hasta Le Bettex se había puesto apto solo para los más temerarios. Esto lo aprovechó uno que suele moverse cuando la carretera se pone cuesta abajo: el francés Romain Bardet. El líder de Ag2r aprovechó que Mollema, con más miedo que unos adolescentes en un castillo embrujado, se estaba cortando y se tiró para abajo sin pensar en las consecuencias negativas que podría tener. Es curioso que quien se saliera en una curva y acabara cayendo, fuera Mollema. Qué paradójico resulta que los que toman todas las precauciones son los que se suelen ir al suelo. Bueno, más bien se suelen ir al suelo los que tienen más miedo. En pleno ataque de Bardet, ayudado por Mikaël Chérel, se fue al suelo el líder de la carrera. Froome, por suerte, todo se redujo a unos rasguños y a un cambio de bici con su compañero Thomas.

En las primeras rampas de Le Bettex, Bardet tenía en torno al medio minuto de ventaja. Astana siguió marcando el ritmo y luego el relevo lo tomó Damiano Caruso de BMC. Froome a duras penas podía seguir el ritmo del grupo de cabeza, pero nadie lo probaba. Poco a poco se iba limando la diferencia con respecto a Bardet. Parecía que iban a dar caza. A Mollema le iban cayendo los minutos y Adam Yates estaba lejos de tener su mejor día. Cuando Caruso quedó hecho unos zorros, todos se miraron. Sky asumió el mando del grupo de favoritos pero no impuso un buen ritmo. Su líder, estaba tocado. Bardet volvía a abrir hueco. Movistar que llevaba a Quintana, Valverde y Moreno en el grupo decidió que lo mejor era guardar energía para que, en caso de terminar ganando la general por equipos, sus hombres tuviesen fuerza suficiente como para subir los escalones del podio. Guardar, guardar, guardar. El equipo de Unzué tenía ante sí una oportunidad magnífica de ganar una etapa con Valverde y decidió que lo más inteligente era dejar marchar a Bardet y permanecer al abrigo de la rueda del rival de turno. Movistar, a pesar del arsenal deportivo y de los años de experiencia que atesora, sigue empeñado practicar un ciclismo acomplejado.

Bardet aprovechó la coyuntura para ganar su segunda victoria en la ronda francesa, la primera en esta edición. Además su movimiento trajo el premio añadido de situarse segundo en la general.

Los favoritos, un día más, llegaron prácticamente juntos. Purito fue segundo, batiendo en el sprint final a Valverde, que fue tercero. Froome perdió unos segundos de nada, teóricamente afectado por la caída. Porte y Yates llegaron un poco por detrás pero las diferencias fueron muy cortas. ¡Nadie había atacado, las cosas simplemente sucedieron porque sí! Quien sí que se llevó un buen saco de minutos fue Bauke Mollema que caía de la segunda posición a la décima. Al holandés, que había vivido su momento de gloria en el Ventoux, se le escapó el podio bajando Bisanne.

Por suerte para los espectadores solo nos quedaban dos días de aburrimiento supino.

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Etapa 20. Megève – Morzine-Avoriaz

Tras varios intentos de escapada no fue hasta las rampas de Aravis, primer puerto del día, que se consiguió consolidar la escapada. Treinta ciclistas intentaron llevarse el último parcial antes de la presumible volata de los Campos Elíseos. De nuevo los mismos nombres de siempre: Nibali, Rui Costa, de Gendt, Gallopin, Alaphillipe, Pantano, Zakarin o Peter Sagan. A estos se les sumaron otros como Juul-Jensen, Matthews, Fuglsang, Erviti, Oliveira, Schleck, Stuyven, van Baarle… así hasta formar el citado grupo de treinta integrantes. De entre todos estos movimientos, cabe destacar el que probablemente haya sido el ataque más valiente de todos los realizados por los hombres de la general. Roman Kreuziger, que tras el abandono de Contador asumió la jefatura de filas de su equipo, se filtró en la fuga en busca del podio. Para conseguirlo debía aventajar en cinco minutos y medio a los hombres importantes. El checo, armado de valor y de los generosos esfuerzos de Peter Sagan que, a pesar de sus exhibiciones individuales, todavía tenía fuerzas para ayudar a su compañero, no dudó en intentarlo. A Kreuziger no le valía defender el duodécimo puesto que ocupaba en la general al comienzo de la jornada. Defender eso es de ciclistas sin ambición.

En el kilómetro sesenta y seis de etapa, en el avituallamiento, un ataque a dúo de los hombres de Tinkoff seleccionó de manera definitiva la fuga. Junto a Sagan y Kreuziger se marcharon Alaphilippe, Pantano, Nibali, Ion Izagirre, Rui Costa, Zakarin, Rolland, Henao, de Gendt, Kelderman y Gougeard. Por detrás, equipos como Astana y Ag2r trabajaban para controlar el movimiento de Kreuziger. A poco para coronar, de Gendt, que él solo ha hecho más que muchos de los equipos que han venido al Tour a pasearse, abrió hueco en la fuga y consiguió pasar primero por el col de Ramaz. En el descenso, la naturaleza expresa su aburrimiento y descarga una tormenta sobre los corredores. Alaphilippe y Pantano se lanzan en el descenso y atrapan y rebasan a un de Gendt que, presa del pánico a una caída, baja prácticamente apoyándose en las paredes.

Alaphilippe y Pantano llegan a Joux Plane y comienzan la subida en un mano a mano. En el grupo perseguidor Nibali afila el cuchillo. Ve la victoria de etapa cerca y se va en busca de la pareja franco colombiana. Cuando llega a rueda de la parejita, coge un poco de aire y suelta otro ataque que doblega la resistencia de Alaphilippe. Pantano se retuerce, sufre. Parece que se le van a salir de las cuencas sus, ya de por sí, grandes ojos, pero el colombiano consigue seguir la estela de Nibali hasta que comienza a ceder. Pero aún lo tiene a tiro. Por detrás aparece en progresión el vasco de Movistar, Ion Izagirre. Lleva buen ritmo. Acompasa la respiración con cada pedalada. Atrapa al descolgado Alaphilippe. Ya puede ver la figura de Pantano y, unos metros más adelante, el maillot celeste de Nibali que pedalea por conseguir una nueva victoria en el Tour. Izagirre se dosifica con sabiduría y llega a la rueda de Pantano. Tiene a Nibali a la distancia de un cambio de ritmo pero decide seguir recortando segundos poco a poco. Pantano, que ha podido oxigenar un poco sus piernas consigue, ahora sí, pegarse a Izagirre. Por un momento parece que no podrán atrapar a Nibali pero finalmente lo consiguen y coronan los tres en cabeza. Son ellos los que se van a jugar la victoria de etapa en un descenso suicida. Pantano tiene ganas y confianza. Tantas que en una curva entra pasado y se asoma a un amenazante balcón alpino. Nibali, con la mente puesta en los Juegos Olímpicos de Río no despliega todo su arsenal de bajador. Pantano con el corazón a 1000 después del susto, no es capaz de seguir a Ion Izagirre en un descenso salpicado de peligros, con abundante agua en la carretera. El vasco negocia cada curva con decisión, como si en cada una de ellas vendiese su alma al Diablo. Llega a la meta de Morzine en solitario y obtiene una victoria que sirve para dar una buena capa de maquillaje al mal Tour de su equipo.

Es verdad que Movistar se lleva un podio y una victoria de etapa, pero lo conseguido está muy por debajo de lo esperado, #SuenoAmarillo, y las formas de obtenerlo han sido de las que a uno le hacen aborrecer el ciclismo. Si venían a por el Tour el resultado ha sido deficiente. Si lo que querían era el podio, lo han conseguido, aunque su pragmatismo le reste la magia y el romanticismo de las grandes gestas. Habrán conseguido un podio en el Tour pero habrá sido a costa de maltratar su imagen. Movistar es tan buen equipo como aburrido y plano. Los nombres de sus jefes de filas aparecerán escritos en el palmarés de las grandes carreras pero jamás permanecerán en el recuerdo de los espectadores. La racanería jamás se llevó bien con la gloria eterna.

Entre los muertos vivientes de la general, el primero en intentarlo fue Bauke Mollema que, a pesar de haberse quedado en el puerto anterior, demostró tener unas gónadas del tamaño de una sandía de Los Palacios. Después se movió Joaquim Rodríguez. Purito se despidió con un movimiento poco habitual en él. El catalán alcanzó y sobrepasó al holandés, que se hundió al final. Mollema había optado por la táctica de la inmolación. Cuando ya lo tenía todo perdido buscó el milagro, y no pudo ser. Purito, que encontró la impagable ayuda de Zakarin en Joux Plane, consiguió meter casi un minuto a sus aletargados, cobardes y desfallecidos perseguidores. Su ataque le sirvió para entrar en un Top10 del que se encontraba fuera y concluir la carrera francesa en séptima posición. Quien también encontró recompensa a su valentía fue Kreuziger. Aunque finalmente se quedó lejos del podio, su ataque le sirvió para acabar el Tour en décima posición.

Del resto de favoritos no hubo noticias. Tampoco se esperaban. Solo un ataque al limbo y sin consecuencias de un Dan Martin que es de los pocos que lo han intentado. Tan lamentable ha sido este Tour que entre el segundo, Bardet, y el quinto, Porte, había solo un minuto y, a pesar de tan corta diferencia, ninguno intentó atacar para mejorar su posición en carrera. Ni ese triste consuelo nos concedieron a los espectadores. Por si fuera poco, uno de los que aseguran ataques, Fabio Aru, agarró un pajarón que le relegó a la décimo tercera plaza. Otro dato que resume lo ponzoñoso, como espectáculo, de este Tour es que en la etapa final, con cuatro puertarracos que subir, en vez de entrar en meta uno a uno, llegó un grupo bien avenido de once conformistas. Les faltó darse palmaditas en la espalda.

He criticado a Quintana y Movistar hasta que casi me sangran las yemas de los dedos. Peor aun que lo del equipo telefónico ha sido lo de BMC, una de las escuadras con mayor presupuesto del panorama ciclista. Su propuesta se ha limitado a esconderse en carrera como cochinillas. Para empezar, dejaron solo a Porte cuando pinchó en los últimos kilómetros de la segunda etapa. Ese tiempo perdido le ha costado el segundo puesto de la general. Apostaron por van Garderen y el americano acabó más hundido que el Titanic. En carrera se limitaron a seguir ruedas y a dejarle el marrón a otros. Siempre que quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. Se ve que su fuerte no es medir los tiempos de la carrera. Por si esto fuera poco, tenían en sus filas al que se ha mostrado como segundo hombre más fuerte de la carrera, Richie Porte, y sin embargo, sus actuaciones se han limitado a seguir la rueda de Froome, darle relevos al británico y atacar a falta de dos, tres kilómetros para arañar segunditos -con toda la carga despectiva que pueda tener la palabra “segunditos”-. Por momentos parecía que Porte corría para Sky. La única diferencia era que tenía un maillot diferente, aunque bien podría ser una cuestión simbólica. Pero por suerte para ellos, tienen a corredores como Greg van Avermaet capaces de ganar etapas a pesar de sus directores de carrera.

Concluida la etapa, Froome aseguraba su tercer triunfo en el Tour. No sé si será el que ha ganado con más facilidad pero, desde luego, ha sido en el que menos oposición ha encontrado. Bardet se hacía con el segundo puesto gracias a su pillería. Un ataque bajando y cierta regularidad le sirvieron para llevarse la plata. Quintana ha sido tercero por incomparecencia de los rivales. Eso sí, tiene mérito que haya conseguido el bronce sin estar, probablemente, entre los cinco más fuertes del Tour. Al final vamos a tener que darle la razón a los Movistar con eso de que el catenaccio funciona. A Yates, Mollema y Aru el Tour se les hizo muy largo, especialmente a los dos últimos. Meintjes exhibió regularidad y Purito flojeó pero lo arregló al final. Valverde, hizo un carrerón teniendo en cuenta que venía del Giro.

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Etapa 21. Chantilly – París

El Tour llegaba a su último día. Había que celebrarlo por todo lo alto. Por fin acababa la pesadilla. El Tour ponía fin a los paseos en bicicleta por Francia con un nuevo paseo, este sí, justificado.

Al entrar en el circuito de los Campos Elíseos, el pelotón dejó rodar en cabeza a Joaquim Rodríguez. El escalador de Katusha deja la competición a final de temporada. El día anterior se despidió atacando en Joux Plane y en París pudo despedirse a gusto del público francés.

A poco menos de cincuenta para la meta se acabaron las sensiblerías y se formó una escapada en la que viajaban Jérémy Roy, Jan Bárta, Brice Feillu, Alexis Gougeard, Rui Costa, Markus Burghardt, Daniel Teklehaimanot y Lawson Craddock. Después se les unieron Wout Poels y Luke Rowe. Los dos de Sky no habían sudado lo suficiente este Tour. De poco les sirvió puesto que a quince de meta fueron neutralizados.

El sprint se lo llevó André Greipel que salvaba in extremis un Tour en el que no estaba teniendo nada de acierto. Sagan fue segundo. Al eslovaco le tocó remontar otra vez. Acabó la volata con mucha fuerza pero le faltaron cinco o diez metros para ganarle al Gorila de Rostock. El tercer puesto fue para Alexander Kristoff, una de las decepciones de este Tour.

Froome le daba el cuarto Tour a Sky en los últimos cinco años. El británico parece que lo tiene de cara para seguir sumando títulos en París. Mucho tendrán que ponerse las pilas sus rivales, en especial Nairo Quintana. El colombiano, ha participado en tres Tour y las tres veces ha acabado en el podio pero esta es la primera vez que ha rendido muy por debajo de las expectativas. Rafal Majka se llevó de manera holgada la clasificación de la montaña. Lo consiguió a base de fugas, de dejarse ver en carrera. Es un corredor de una calidad incuestionable pero es un tío que va a lo suyo. En ningún momento pensó en trabajar para Contador, primero, o para Kreuziger, después. Quien sí que ayudó fue el multitarea, Peter Sagan. El eslovaco se ha llevado una vez más el maillot verde de la regularidad. Este año también se ha llevado, con todo merecimiento, el premio a ciclista más combativo. Esprinta, rueda y pelea para él o para sus compañeros. Generosidad y espectáculo. El mejor joven ha sido Adam Yates. El británico de Orica se ha consagrado como uno de los hombres a tener en cuenta. Tan solo unos segundos le separaron del podio. Al final se le hizo larga la carrera en especial su última semana. A ver cómo evoluciona en los próximos años. La clasificación por equipos se la ha llevado Movistar, lo que no quiere decir, ni de lejos, que hayan sido el mejor equipo. Ese premio debería haber sido, sin discusión, para Sky, amo y señor de la carrera de principio a fin.

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Michael Steele/Getty Images

Ahora toca reconciliarse con el ciclismo y olvidar este terrible espectáculo que ha sido el Tour de Francia. El Tour es la carrera más importante del año pero está lejos de ser la más bonita. Esperemos que el año que viene recupere la grandeza perdida en esta edición. Por su propio bien y por el del ciclismo.

Escrito por:
@AbdonRV

6 comentarios
  • Juan Manuel Padrón Morales
    Publicado a las 09:08h, 28 julio Responder

    MARAVILLOSA descripción de lo que aconteció en esas etapas. Arribas (El País) debería coger recortes. Los grandes periódicos deberían aprender a “contar” historias. Mis más sinceras felicitaciones.

  • Juan Manuel Padrón Morales
    Publicado a las 09:11h, 28 julio Responder

    Por cierto me pregunto si también han publicado una crónica de las dos primeras semanas.

  • Ruben Correa
    Publicado a las 14:01h, 28 julio Responder

    Excelente manejo del sarcasmo, así se cuenta un Tour.

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