Romántica indignación

Nuevo desengaño en el Giro de Italia

Estas son unas reflexiones sobre el día que el Giro de Italia me partió el corazón en Roccaraso.

Aviso que escribo desde la indignación. Uno siempre tiene la esperanza de ver un espectáculo ciclista y luego se encuentra, en muchas ocasiones, cosas como las de hoy. Es verdad que la mayoría de los aficionados tenemos una visión romántica de las carreras y nos gustaría que los ciclistas se repartieran crochés de derecha directos al mentón día sí, y día también. Entiendo que eso no es posible, pero no vendría mal un poco de ambición, de querer hacer daño. Lo que muchas veces vivimos en el ciclismo es como si los boxeadores pretendiesen ganar los combates con insultos en vez de con golpes.

En la que está siendo la semana Soudal, Tim Wellens ha culminado un buen movimiento del equipo belga. Pim Ligthart se dio la paliza llevando a los fugados a pie de puerto y Wellens remató la faena con suficiencia, confirmando así lo buen corredor que es. Y valiente. Y eso tiene un gran mérito porque hoy día, es muy difícil conjugar calidad y valentía.

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Triste ha sido la subida a Roccaraso del grupo de favoritos, con contadas excepciones. Astana ha asumido la responsabilidad en una subida de diecisiete kilómetros con un 4,5% de media. Lo que quiere decir que aunque largo el puerto no tenía gran dificultad. A bastante distancia de meta Jakob Fuglsang se ha marchado por delante junto a Siutsou. Bravo, un equipo que por fin utiliza a una de sus segundas opciones para mover la carrera. Pero el movimiento de Astana estaba más encaminado a hacer los últimos kilómetros a Nibali que a buscar alternativas en la general.

Dumoulin, gracias o por culpa de la maglia rosa, ha tenido que poner el poco ritmo que tiene en su famélico equipo: Preidler y Ludvigsson. Y eso le ha bastado a todo el mundo. Ir a rueda, el mayor vicio del pelotón mundial actual. Y si encima es a un ritmo cochambroso mejor que mejor.

El día que quiten de la carrera la pancarta que anuncia los tres últimos kilómetros de etapa, a más de uno se le va a secar el cerebro. A partir de los dichosos tres a meta, la zona de confort del pelotón, han empezado los ataques. ¡Antes no! ¡Nunca antes de los últimos tres kilómetros, y si puede ser en el último kilómetro, mejor! No sé si ha sido peor ver estos ataques y sus reacciones o que no hubiese habido movimiento.  

El primer ataque ha sido de Vincenzo Nibali. Todo lo que ha sucedido a continuación ha dado bastante vergüenza ajena. Nibali, a quien se puede considerar máximo favorito de la carrera, y ningún capo ha tenido el suficiente coraje, fuerza o amor propio como para salir a su rueda. Ataca a tres de meta el máximo favorito y van todos en su búsqueda a rueda de Mikel Nieve, que es un gran escalador, pero no deja de ser un gregario. Lo de siempre, querer ganar una gran vuelta a ritmo de gregario me parece de una tremenda sinvergonzonería.

Cuando han atrapado a Nibali, que estaba con menos piernas que una foto de carné y lo único que tenía hoy era corazón, Dumoulin ha atacado en un terreno bastante favorable para él. Y de nuevo, han dejado que se vaya. Han dejado irse a un tío que, si no fuera porque corre con una banda de verbena de pueblo, ahora mismo tendría en su palmarés una Vuelta a España… y sin ser un gran escalador. Al final se han movido Pozzovivo, que siempre va hasta donde le dejan sus cortas piernas y un Ilnur Zakarin que tras este movimiento de bloqueo acaba de declarar que viene a luchar por el Giro. De los demás no ha habido noticias. ¿Por qué? ¿Por qué nadie se mueve?

Quiero hacer especial hincapié en los que, junto a Nibali, son los grandes favoritos para llevarse esta carrera. Primero, Mikel Landa. El vasco ha salvado su segunda bola de set tras escaparse con vida del repecho de Praia a Mare. El líder de Sky llega corto de forma y debe ir a más. Por suerte para él cuenta con un buen equipo que le salve el culo, como hoy Nieve, y con unos rivales que piensan dejarle vivito y coleando en estas primeras etapas en las que lo puede pasar mal. Segundo, Alejandro Valverde. No sé qué es lo que pasa por la cabeza del murciano. Valverde puede ser uno de los ciclistas con mejores piernas y con más miedo del pelotón. A sus treinta y seis años sigue sin separarse de las faldas de su madre. Con la edad que tiene y aún sigue pidiendo permiso para ir a mear. En primer lugar ataca Nibali y no hace ni el amago de salir a su rueda: guardar, guardar, guardar… ya me llevará otro a rueda. Con actitudes así, al final te terminas comiendo un Fuentedé tan ricamente. Pero a él no le importa porque lo importante es guardar. ¡Hay que estar fuerte para el día después del final del Giro! En segundo lugar, tras el ataque de Dumoulin ha decidido que el hombre importante era Nibali, ese al que ni siquiera intentó seguir antes y que había demostrado no tener fuerza suficiente. Es una magnífica idea cambiar la posibilidad de ganar tiempo en meta por perder los mismos segundos que Nibali en la llegada. Eso sí, en los últimos 300 metros le esprinto y le pico cuatro segunditos fundamentales para conseguir nada. Estoy deseando que Valverde gane un día una gran vuelta por cuatro segundos para poder comerme mis palabras enteritas. La cuestión es que nunca he visto una gran vuelta que se haya resuelto por esa pírrica cantidad de tiempo. Y digo todo esto de Valverde con el dolor propio de quien ve cómo un ser querido se autodestruye.

En los últimos metros ha habido movimientos. Chaves, que podría haberlo intentado antes o Rafal Majka, otro al que le gusta mucho que me meta con él, han cambiado el ritmo y han arañado unos segundos miserables, los segundos de la vergüenza.

Lo peor de todo es que tras este dantesco espectáculo, todos estarán la mar de contentos en sus hoteles después de haber salvado otro día durísimo. A veces tengo la sensación de que a los ciclistas les parecen duros hasta los días de descanso (“uf, ayer fue muy duro. Nos levantamos tarde, que es algo a lo que no estamos acostumbrados. Rodamos unos cuantos kilómetros para que no se atrofien las piernas y recibimos visitas. Muy duro todo”).

Perdón por todo lo escrito, pero es que a veces, desde mi idealismo romántico ciclista, me hierve la sangre. Y sí, soy consciente de que puedo estar equivocado y de que cada uno tiene sus propias razones. Estaré encantado de escucharlas/leerlas. Eso sí, me gustaría que fuesen argumentos, no excusas.

A lo que queda de Giro le pido eso que decía la Campos: “mejoría, amiga”.

Escrito por:
@AbdonRV

2 comentarios
  • Juan
    Publicado a las 21:38h, 12 mayo Responder

    Entre que es el primer contacto con la ‘alta’ montaña, y que me da a mi que todos están en una forma tipo febrero, ya que la mayoría tiene como segundo objetivo hacer después Tour (que si quieres estar top5 en las dos carreras tienes que estar a la altura de Contador y yo dudaría si alguno mas) pues te salen carreras de lo mas amarrategui la primera semana. Y la última semana a no ser que lo tengas fácil la gente corre para defender lo ganado, que con este tipo de ciclismo reservista, no es sino lo perdido por los demás. Pero es verdad, no valen excusas

  • HECTOR TAMAYO
    Publicado a las 00:02h, 13 mayo Responder

    ES INDIGNANTE TODOS SON CHUPARRUEDAS,SE ESTA ACABANDO EL CICLISMO DE ANTANO ,EN ARAS DE LAS NUEVAS “ESTRATEGIAS” TODOS GUARDANDO PARA EL FINAL ,PERO PARA EL FINAL DEL GIRO .EXCELENTE EL ARTICULO QUE PUBLICAN!

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