Resumen del segundo bloque de la Vuelta 2016 – Gloria y vergüenza eternas

El segundo bloque de la Vuelta a España ha dejado imágenes épicas y bochornosas a partes iguales. Es una pena que por culpa de la flojera de unos pocos -no tan pocos- no hayamos podido disfrutar en plenitud de un espectáculo pocas veces visto en los tiempos actuales, sobre todo, en la jornada del domingo. No me entretengo más. Lee, bellaco.

Etapa 11. Colunga > Peña Cabarga

La última vez que se subió al corto pero duro puerto cántabro de Peña Cabarga, Chris Froome fue el ganador de etapa. Cinco años más tarde, el chico del potenciómetro volvió a levantar los brazos en su cumbre predilecta de la Vuelta a España, como si fuese una victoria por costumbre. R21 se llevó el triunfo como si ya estuviese determinado de antemano por un destino innegable.

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Habla muy bien de la carrera las dificultades que cada día hay para que se pueda formar una fuga. Que se disputen las escapadas es una muy buena noticia para el ciclismo. Es señal de que hay algo que es básico en el deporte profesional y que el ciclismo también necesita: actitud. Camino de Peña Cabarga hubo que esperar al kilómetro cuarenta y nueve para saber quiénes serían los integrantes de una fuga de veintitrés. De todos ellos destacaba la presencia de Ben Hermans. El belga de BMC, sin llegar a inquietar a Quintana, se encontraba inmerso en la pelea por entrar en el Top20. Junto a él destacaba la participación de otros corredores que se están metiendo en todas las peleas como Tiago Machado, Axel Domont, Pierre Rolland, Cesare Benedetti, Pieter Serry o Jan Bakelants, un belga infatigable que se ha escapado hasta de la cárcel.

Aunque la fuga no llegó a ningún sitio. El empuje de Tinkoff arruinó el esfuerzo de la vanguardia. El equipo amarillo del Magnate Loco se empeñó en echar abajo la escapada para intentar lograr un triunfo de etapa que les quitara el mal sabor de boca que estaba dejando el bajo rendimiento de Contador.

Ya en el puerto, fue Chaves, a dos de meta, quien lanzó el primer ataque. Carlos de Andrés y Pedro Delgado, henchidos de cobardía, pusieron el grito en el cielo al considerar que el colombiano había atacado desde demasiado lejos. Repito, a dos kilómetros de meta (mecagoenmividaloquetienequeveryoíruno). Poco después Quintana, poseído por un extraño espíritu guerrero, lanzó un ataque que solo pudo ser respondido por Froome. Los dos se plantaron en la línea de meta donde el Pollo de Nairobi impuso su mayor velocidad punta. El resto de los favoritos perdieron unos pocos segundos; las diferencias propias de una etapa unipuerto como esta.

Etapa 12. Los Corrales de Buelna > Bilbao

Nueva oportunidad para la media montaña en la Vuelta. En esta ocasión hubo que esperar hasta la subida al puerto de Alisas, de primera categoría, para que se pudiese formar la aventura de la jornada. Lo sorprendente es que dos de los siete escapados del día eran hombres de Sky, a saber; Peter Kennaugh y David López. A estos les acompañaron Gianluca Brambilla, el púgil de Etixx; Kenny Elissonde, un diminuto escalador francés que, a tenor de sus resultados, es más español que la paella; Romain Hardy, que, junto a Maté, es el encargado de salvar el honor de Cofidis, el equipo patrocinador de la Vuelta -como para no invitarlos a la ronda española-; Darwin Atapuma, quien ya ha sido segundo en una etapa y ha portado el maillot de líder; y Louis Meintjes, el sudafricano que viene de ser octavo en el Tour y que aquí ha llegado con las baterías bastante vacías.

Atapuma y Hardy pronto desaparecieron de la cabeza de carrera. El colombiano de BMC por culpa de una caída. El de Cofidis por falta de fuerzas. De todos modos no se perdieron nada importante ya que Movistar estuvo acechante y no dejó que la ventaja sobrepasara los tres minutos.

Astana, que pensaba en preparar la llegada para Luisle, le dio un último impulso al pelotón y el en el alto de El Vivero, que se coronaba a trece kilómetros de meta, los escapados fueron neutralizados. En la subida lo intentó Dries Devenyns. El belga de IAM se quedó con ganas el día del Naranco y volvió a probar, llegando a mantener unos treinta segundos de renta que por momentos parecía que podrían ser suficientes. De los favoritos lo probó, sin convicción ni fuerza, Alberto Contador. El movimiento del Pistolero no fructificó como tampoco lo hizo el de Devenyns, que fue devorado a dos de meta.

El fuerte ritmo y la poca organización provocaron que tuviera lugar un sprint bastante alocado. Los pequeños satélites disputaron su furioso baile de victoria de manera caótica. En el caos se impuso Jens Keukeleire, otro belga, esta vez del equipo Orica. El brujense (nacido en Brujas, vamos) encontró un carril libre a la derecha de la calzada lo que le permitió desarrollar toda su velocidad batiendo a hombres, a priori, más rápidos como Fabio Felline o Kristian Sbaragli, que se encontraron encerrados. Al final el sprint es una suerte donde juega un papel predominante la colocación.

Etapa 13. Bilbao > Urdax-Dantxarinea

Vergonzosa etapa únicamente salvada por el empeño de los doce hombres que pronto se han destacado del resto de zánganos que se escudaban en que al día siguiente tendrían que hacer frente a una etapa dantesca.

En una etapa con un recorrido interesante, similar al que presentan las clásicas de un día, la mayoría del pelotón ha tenido la indecencia de hacernos sufrir frente al televisor su desidia y su falta de amor propio. Treinta y cuatro es la cifra de la infamia y se corresponde con el número de minutos de retraso con el que el pelotón ha cruzado la meta una vez que lo ha hecho el vencedor de la etapa, Valerio Conti, de Lampre.

Junto a Conti se marcharon Michael Gogl (Tinkoff), Sergey Lagutin (Katusha), Jelle Wallays (Lotto-Soudal), Danilo Wyss (BMC), Yves Lampaert (Etixx), Stéphane Rossetto (Cofidis), Tom Stamsnijder (Giant), Romain Cardis (Direct Energie), Gatis Smukulis (Astana), Vegard Stake Laengen (IAM) y Cesare Benedetti (Bora).

Una primera selección de Rossetto, seguida de otra de Wallays y Gogl ha acercado a los únicos ciclistas que se han tomado la etapa en serio a la meta. Cuando ya solo quedaban los más fuertes, en un duro repecho del recorrido se ha exprimido Valerio Conti, que ha demostrado tener mucha más fuerza que el resto de sus compañeros de escapada. Desde ahí y hasta la meta han ido cayendo los segundos en favor de este italiano que ya hizo un magnífico Giro.

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Como ya he mencionado, el pelotón cruzó la meta más de media hora después que Conti. Lo hicieron entre risas y dándose palmadas en sus pérfidas chepas. Les parecerá divertido. Imagino que es una actitud propia de quien se siente poderoso. Desde luego es una imagen que perjudica mucho al ciclismo. Será muy cómoda para los ciclistas pero, desde luego, no es lo que necesita un deporte que vive de la aventura, el valor y el sufrimiento y que ya está bastante castigado por culpa del dopaje. Pues nada, que sigan así. Luego se lamentarán de la crisis del ciclismo, de la falta de patrocinadores y de por qué se quedan sin contrato el año que viene sin darse cuenta de que una parte de culpa, y grande, es solo de ellos. El ciclismo no es esto. Este no es el deporte del que me enamoré siendo niño.

Etapa 14. Urdax-Dantxarinea > Aubisque

Si los adultos asustan a los niños diciéndoles que viene el Hombre del Saco, al propio Hombre del Saco le asustan diciendo que tiene que participar en esta terrorífica etapa. 200 kilómetros salpimentados con tres puertos de primera y con el toque final de la postrera ascensión al Aubisque. Por si fuera poco, para completar la pesadilla se corría en terreno francés. Que cada uno se tome esto último como quiera, pero recordad: nunca desperdiciéis la oportunidad de hacer chistes sobre nuestros sofisticados vecinos, sin acritud.

Tras muchos intentos, finalmente se formó una fuga con más gente que en el metro de Tokio. Lo sorprendente y novedoso no fue el tamaño de una fuga que podría rivalizar con cualquier proyecto faraónico -cuarenta y un ciclistas, oiga- sino que en ella se metieron tres Movistar: Rojas, Dani Moreno y Rubén Fernández. Este movimiento obligó a Sky, líder espiritual de la prueba, a asumir la labor de persecución en el pelotón.

Iban pasando los kilómetros y los puertos y no se movía ni el aire. Hasta que en los kilómetros finales de la ascensión del Marie Blanque atacó Simon Yates. Entiendo que tu decepción sea mayúscula si esperabas leer que Quintana, Froome, Contador o incluso Chaves habían realizado un ataque a cuarenta de meta pero mira, esto es lo que hay; una jornada de la que se viene hablando desde antes, casi, de que se inventara el ciclismo y el que se la juega de lejos es el séptimo de la general y opción B de uno de los aspirantes, si no al triunfo final, al podio.

De todas formas Simon Yates nos regaló una cabalgada espectacular. Enlazó al final de Marie Blanque con su compañero Jack Haig, un zagal con mucho motor que había atacado un poco antes, y se fue encendido hacia delante. Después se juntó con los compañeros que se habían metido en la fuga, precisamente para esto, no para hacer tirar a Sky detrás. Simon Gerrans, Magnus Cort Nielsen y Jens Keukeleire le hicieron un trabajo de pico y pala al Gemelo 2 que este no desaprovechó. El británico tiene descaro, piernas y cambio de ritmo. Todos los equipos dejaron hacer a Yates, incluido Astana, que es muy dado a meterse en fregados en los que tampoco es que se jueguen demasiado. Si algo nos ha enseñado el ciclismo en los últimos tiempos es que el equipo kazajo es impredecible como un chimpancé con una Kalashnikov.

Los favoritos favoritísimos esperaron a la última subida. ¿Para qué aprovechar una de las pocas oportunidades para atacar de lejos cuando puedes afrontar el etapón de los etapones como si fuese una jornada unipuerto? Tras unos kilómetros de ascensión de tanteo en los que aprovecharon para atacar hombres que merodean el Top20, Quintana lanzó un ataque a ocho de meta. No tuvo efecto pero Froome ya empezaba a consultar su oráculo digital en busca de una señal del Destino. Quien sí lo sufrió fue Valverde, que de pronto sintió el violento golpe de su temporada cargada de carreras y acabó aplastado como la carne de un kebab. El murciano se dejaría diez minutos en la meta. Poco después Quintana lo volvió a probar y abrió hueco. Froome, seguido por Contador y Chaves, se refugió tras la cálida rueda de un compañero y cuando este no pudo más forzó un tremendo cambio de ritmo que condujo al trío británico hispano colombiano hasta la rueda del líder de la carrera. La extrema vigilancia entre Nairo y el Recogecadáveres propició que Chaves se fuera hacia delante y nadie intentara seguirle. El espectáculo del día era un escena de dos. Un diálogo en el que Quintana lanzaba reproches y Froome conseguía replicarle, no sin esfuerzo. Por supuesto que a cada respuesta del Pollo de Nairobi le seguía un parón. lo que resultó ser una bendición para Chaves y todos los que rodaban por delante. Para este punto Contador ya había cedido, evidenciando que esta no es su Vuelta.

Al final Quintana, que lanzó hasta cinco ataques, fue incapaz de soltar la rueda de Froome, que se afanó en saborear el caucho de la rueda trasera del colombiano, y lo consiguió. Las cosas se le ponían feas a Nairo que, a pesar de su despliegue ofensivo, no conseguía abrir brecha con Froome. Y lo necesitaba porque el próximo viernes se disputa una crono en la que el blanquito de Kenia amenaza con pasarle por encima. Luego, las amenazas pueden quedar en nada.

Orica fue el gran beneficiado del día. El equipo australiano fue el único que de verdad propuso algo diferente y su apuesta se vio recompensada. Chaves se colocó en la última plaza del podio, solo por detrás de Quintana y Froome, que parece que serán los que se jueguen la carrera. Simon Yates se aupó de la séptima a la cuarta plaza, acariciando el puesto que ocupa su compañero. Sábado redondo para los hombres de Neil Stephens.

En la pelea por la etapa, en la subida al penúltimo puerto, el Marie Blanque, ya empezó a dispersarse la escapada. La dureza de la jornada provocó que el éxodo masivo del día se fuese desgranando poco a poco hasta que, ya en el Aubisque, quedaron solos en cabeza cuatro corredores: Kenny Elissonde, George Bennett, Egor Silin y Jan Bakelants. A treinta segundos de ellos perseguía sin demasiada convicción un grupo todavía numeroso. De ese grupo saltó Robert Gesink que en unos pocos metros se plantó con los de delante. Su remontada fue de esas cosas por las que uno pagaría el precio de una entrada. Asombroso ver cómo en tan pocos metros cerró el hueco que le separaba de la cabeza de carrera.

Una vez en el cuarteto de cabeza, él y Elissonde le pusieron la navaja en el cuello a los demás acompañantes. Bakelants, de diez en esta Vuelta, y Bennett, que también se está dejando ver mucho en las subidas, cedieron y dijeron adiós a sus opciones de victoria. Silin aguantó con mucho sufrimiento hasta el final. Para los últimos metros, Gesink se había reservado otra aceleración como la que le hizo atrapar a la cabeza de carrera. El Junco se puso a hacer palanca con sus kilométricas piernas y su esfuerzo no encontró respuesta. Silin estaba más frito que un plato de boquerones y Elissonde, aunque más explosivo que el holandés, no pudo prolongar el esfuerzo por mucho tiempo. Gesink se sacaba la espina que se le quedó clavada en el pecho el día de los Lagos de Covadonga.

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Como curiosidad, Carlos de Andrés y “Perico” Delgado, al referirse a esta etapa, se transformaron en puro azúcar al punto de que varios diabéticos que seguían la etapa por televisión sufrieron un shock. Que si una de las mejores etapas de la historia… que si patatín… que si patatán… Parece ser que no estuvieron muy atentos a un Giro que ofreció etapas descomunales con ataques lejanos de los hombres que se jugaban la carrera; cambios de líder incluidos. Pero bueno, es el peligro de ver el mundo de color rojo, amarillo y rojo. Al final, eso te hace perder objetividad.

Etapa 15. Sabiñánigo > Salent de Gállego. Aramón Formigal

Gianluca Brambilla, de salida, fue el primero en atacar animado por la corta longitud de la etapa, solo 120 kilómetros. Los intentos de fuga aceleraron mucho el ritmo y estiraron el grupo que se puso en fila india. Alberto Contador, que sorprendentemente no lo había intentado el día anterior cuando todos le esperaban, vio una pequeña posibilidad de hacer daño y atacó. El pinteño perseveró y formó un corte. Nairo Quintana, que sabe que a Contador no le puedes dejar ni un metro porque de la nada te crea una hecatombe, salió a su rueda y se metió en un corte formado por catorce corredores que incluía a dos Movistar; Castroviejo y Rubén Fernández, y otros tantos Tinkoff; Trofimov y Rovny. Además de estos seis, viajaban con ellos Kenny Elissonde (FDJ), Omar Fraile (Dimension Data), David de la Cruz y Brambilla (Etixx), Davide Formolo y Moreno Moser (Cannondale), Fabio Felline (Trek) y Matvey Mamykin (Katusha).

El resto de favoritos fue sorprendido mirando el cielo azul de Sabiñánigo y pensando en si sería posible tener el día en paz. Especialmente dañino fue el corte porque, no solo sorprendieron a los demás favoritos sino que, pillaron con el culo al aire a sus equipos. Especialmente sangrante fue el caso de Sky. A Froome solo se le acercaron en esos angustiosos minutos Salvatore Puccio, que reventó como un ciquitraque bien pronto, y David López, que fue remando y haciendo lo que pudo hasta que a mitad de etapa se descolgó completamente vacío. El resto de Sky estaba en la parte trasera del pelotón y cuando se dieron cuenta de lo que pasaba ya estaban a más de un minuto de su líder. Froome, agobiado como un adolescente el día antes de selectividad, intentó cerrar el hueco lo antes posible. Solo consiguió inmolar a Puccio y mandar al resto de su equipo a más de dos minutos. La reorganización de Sky, el equipo modélico, era imposible. La sangría fue aún mayor cuando con tres minutos perdidos sobre su líder, los robots de Sky sacaron su lado humano y mandaron la persecución al carajo. Porque eso es lo que hicieron. Levantaron el pie y condenaron a su líder a la caridad del resto de equipos, en especial la de Orica, que no sabía muy bien si tirar o no. Al final los australianos se quedaron en un terreno indefinido y tuvo que llegar ¡Astana! a defender el noveno puesto de Scarponi, amenazado por la presencia en la fuga de David de la Cruz y de Formolo, y sobre todo, el segundo puesto y las posibilidades de victoria de Froome.

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Durante los primeros kilómetros de lucha, jugaron un gran papel varios hombres de Movistar, en especial Imanol Erviti y Alejandro Valverde. Los telefónicos se encargaron de hacer más caótica aún la persecución, cruzándose, metiéndose por medio, aumentando el ritmo para desorganizar y desfondar a los perseguidores. Y funcionó. La fuga se fue al minuto de diferencia y pronto, debido a la tibieza en la persecución de Orica, a los dos minutos.

Froome no paraba de hablar por el pinganillo y mirar el potenciómetro donde se podía leer con letras mayúsculas “TE LA ESTÁS COMIENDO ENTERA, FROOMEY”. Perico pronunció la frase más lúcida que le recuerdo en años “Froome, solo, no sabe correr”. No puede llevar más razón. El británico tiene mucho motor pero su cabeza y su inteligencia táctica son deficientes. Y tiene por costumbre tapar esas carencias con tecnología, ya sea mediante el pinganillo o mediante el potenciómetro. Chris Froome es un ciclista sobresaliente con inteligencia artificial.

Durante todo el recorrido a Contador no le importó en absoluto ser uno más del grupo a la hora de pasar relevos. Quintana lo hizo menos, pero también pasó. Por detrás, Froome no se asomó ni una vez por la cabeza del grupo. Se pasó toda la etapa esperando y negociando para que alguien le salvara la papeleta. Solo encontró la colaboración de Orica, que quizás debió trabajar más y mejor, y la de Astana que como ya hemos dicho se metió en una guerra que ni le iba ni le venía. Por supuesto que los kazajos están en su derecho de hacerlo, pero no deja de ser, como decía Papuchi: “rrrrrarrrrro, rrrrarrrro, rrrrrarrrrro”.

A pie de Formigal Quintana, Contador y compañía tenían dos minutos de renta sobre el grupo de Froome del que tiraba Astana. El mérito de los de cabeza fue avanzar siempre de manera homogénea, a ritmo, para no fundirse los unos a los otros. Nunca se pusieron nerviosos, ni cuando los de detrás se les acercaban, mucho más irregulares, a tirones, desorganizados y reventando corredores.

Como era de esperar, llegados a la subida final, Nairo, una vez que se quedó sin compañeros, asumió la responsabilidad de tirar de la cabeza de carrera. No se cortó a la hora de pedir relevos pero nadie le asomó el hocico. Rápidamente entendió que la situación trascendía la etapa. Había pasado a ser una lucha entre Froome y él. Y puso un ritmo que fue descolgando uno a uno a todos sus acompañantes. El único que fue capaz de aguantarle la rueda fue Brambilla. El italiano, soberbio todo el día, rebasó a Quintana con facilidad en el sprint final y se apuntó una etapa en la que él mismo fue quien comenzó los ataques que nos regalaron una jornada histórica. Contador, que está haciendo todas las subidas de más a menos fue rebasado por Felline, Elissonde y de la Cruz y fue sexto a medio minuto de Quintana.

En el grupo perseguidor, cuando se retiró Astana, hubo un vacío de poder que tardó en asumir Froome. El británico que, al contrario que Nairo, no entendió que esto era una batalla entre él y el colombiano y tardó en colocarse al frente del grupo para poner ritmo. Por si fuera poco, Froome iba hecho puré -más por la debilidad mental que por falta real de piernas-. Valverde se encargó de darle la puntilla moral a Froome y se dio el gusto de atacarle y dejarle atrás en la subida a Formigal. Scarponi puso ritmo, con él se marchó Chaves. Froome, completamente desenfocado, perdido y desorientado, no pudo seguirles.

En la línea de meta Froome perdió 2’36” más la bonificación de Quintana por ser segundo. En total 2’42” de pérdida que le dejan a 3’37” de Quintana, quien ya tiene media Vuelta en el bolsillo.

La valentía, el inconformismo y la perseverancia de Alberto Contador agrandan su leyenda aunque tenga bastante complicada la opción de subirse al podio. El de Pinto, a pesar de morir por la boca en innumerables ocasiones, es un ciclista necesario y un ejemplo de espectacularidad para los ciclistas actuales y los que están por venir.

Nairo Quintana a base de astucia y colocación ha conseguido ponerse muy de cara la general de la Vuelta. Esperemos que esto sirva para que, de ahora en adelante, podamos ver al colombiano correr con un estilo mucho más agresivo y atacante. El ciclismo, y puede que él mismo, lo agradecerán.

Pero como la felicidad nunca es completa, noventa y tres corredores que no tuvieron bastante con el espectáculo ofrecido en Urdax, llegaron con casi media hora de retraso sobre el fuera de control. Una actitud imperdonable por parte de unos personajes que, a sabiendas de que la mano trémula de la organización les repescaría, se tomaron el día libre con total impunidad. Deben de saber que de ahora en adelante, todo lo que hagan en esta Vuelta habrá sido mediante la trampa y que nada de lo que puedan hacer o conseguir será merecido. Mientras otros muchos se dejaron la piel por acabar la etapa y ofrecer un buen espectáculo a los espectadores, ellos optaron por la vía fácil y volvieron a repetir la tan indeseada imagen que dieron hacía unos pocos días.

Es necesario que se aplique con rigor la regla del fuera de control o que sea suprimida. Solo así se evitará que las carreras se conviertan en el cachondeo que son hoy día. La Vuelta pudo cerrar con una jornada histórica en lo deportivo y en lo administrativo, dando ejemplo de cara a futuras ediciones. Lo único que tenían que hacer los ciclistas que no se jugaban nada era no llegar fuera de control, y ni eso fueron capaces de hacer. Unos corredores que no son capaces de evitar el fuera de control no tienen la forma o la capacidad suficiente para competir con el resto de profesionales. Por tanto su nivel competitivo es insuficiente. Y como en todos los deportes, ¿por qué van a participar en la Vuelta deportistas que no tienen el nivel? Quien se esfuerza al máximo y no lo consigue tiene mis respetos aunque no debería competir por encima de su nivel. Quien no da el nivel porque no le da la gana y porque sabe que se va a aprovechar de la “bondad” de la organización, merece estar fuera de la carrera, sin paliativos. Cueste lo que cueste. Esos noventa y tres debieron ser expulsados de la carrera.

Etapa 16. Alcañiz > Peñíscola

Después de la paliza que se pegaron algunos el día anterior y viendo el perfil sin apenas dificultades de la etapa, lo normal era que saliese una etapa de esas tontonas que tiene que haber en toda gran vuelta.

El destacamento de avance lo integraron Davide Villella (Cannondale), Luis Ángel Maté (Cofidis) y cuatro de los amnistiados del día anterior, Mario Costa (Lampre), Silvan Dillier (BMC), Julien Morice (Direct Energie) y Sven Erik Bystrom (Katusha).

Como era una muy buena oportunidad para que lo corredores midieran su velocidad con una llegada masiva, los equipos con hombres rápidos como IAM, Etixx y Giant tiraron para que los seis de cabeza no tuvieran nada que hacer. Se avecinaba un nuevo sprint.

A falta de dos kilómetros a meta, un fuerte ataque de un culogordo como Daniele Benatti puso en jaque al pelotón e hizo peligrar el embalaje. Fue Gianni Meersman quien tuvo que responder en primera persona para dar caza a un Benatti que no cejaba en su empeño de llegar destacado a la meta. El belga de Etixx tuvo que esprintar desde muy lejos para que Beni no se llevara la etapa, lo que le hizo fundirse demasiado pronto. Jean Pierre Drucker, que se había preocupado por coger la rueda de Meersman, le rebasó con facilidad y levantó los brazos ante la impotencia de Rüdiger Selig y Nikias Arndt. Todos ellos repescados en Formigal. No hay más preguntas señoría.

No hubo cambios significativos en la general.

Para este último bloque que comienza mañana miércoles, aún hay cositas por ver como las subidas a Mas de la Costa y a Aitana, o la contrarreloj del viernes. Que veamos más etapas como la del domingo. Salud y ciclismo.

Escrito por:
@AbdonRV

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