Resaca andorrana en La Vuelta a España

Hemos tenido tiempo de digerir una jornada andorrana que no dejará a nadie indiferente. Una de esas etapas que dan que hablar desde meses antes de disputarse y que, por múltiples razones, desencadenan reacciones para todos los gustos. El día 2 de septiembre de 2015 los ambientes de los amantes al ciclismo se llenaron de comentarios, debates, discusiones y tensiones que alimentaban un día marcado como grande en el calendario. Se han escrito muchas páginas sobre lo acontecido en Andorra este miércoles, y ya en frío, transcurridas unas horas de reflexión, lanzamos aquí algunos comentarios sobre lo vivido en la llamada etapa reina de la Vuelta 2015.

¿Etapa reina?

Mientras esperábamos que se diera la salida de la temible etapa andorrana, comenzaban los debates de precalentamiento. ¿Puede llamarse etapa reina una etapa de kilometraje corto? ¿Qué es lo que define a una etapa reina: el kilometraje, el desnivel acumulado, los porcentajes de las rampas, la expectación que suscita…? ¿Puede haber dos o tres etapas reinas en una carrera o solo una merece tal distinción? Sin duda, puede parecer excesiva la calificación que algunos, en un afán de magnificar las cosas, le otorgaban de “la más dura de la Historia”. Pero está claro que, pese al poco kilometraje, el encadenado de puertos hacía de la jornada andorrana un auténtico tappone llamado a ofrecer grandes momentos de ciclismo.

Andorra
Foto: @onyvasc

Para pasar la mañana podíamos sonreír con las bromas (y no tan bromas) que algunos compañeros del pelotón hacían al ideólogo y diseñador de la etapa, Joaquim Rodríguez, por lo que estaba por venir. O discutir sobre la idoneidad de que un corredor que está disputando la carrera sea el responsable de diseñar el propio recorrido. Horas de twitter, watsapp y demás medios mientras otros cargaban la mochila para coger buen sitio en las cunetas de los puertos andorranos. Maneras de cubrir la espera hasta que se diera el banderazo de salida.

Al final, todo sería más fácil si la marca “etapa reina”, usada como reclamo publicitario, se diera al final de la carrera y no antes. A veces las etapas “intranscendentes” se convierten en jornadas inolvidables, y aquellas más esperadas resultan ser auténticos fiascos. Así ya podríamos agarrarnos a la máxima de “las carreras no las hacen duras los recorridos si no los corredores”.

Televisión

El sueño de todo loco del ciclismo, es poder seguir etapas íntegras en directo. Disfrutar de todas esas cosas que no se ven en una emisión habitual; la lucha por las fugas, la tensión de los primeros kilómetros, las estrategias de los equipos, la colocación de los corredores, etc. Por eso la etapa andorrana ofrecía ese aliciente de más para aquellos que planificamos pasar el día enganchados a la retransmisión de las más de cinco horas que vendrían por delante.

No todo son ventajas, poder ver tantas horas en directo hace que a veces nos puedan las ansias y esperemos ver ataques desde mucho más lejos y emoción cada minuto. Muchos (entre ellos me incluyo), ansiábamos ver lucha desde los primeros compases de carrera, aventureros destrozando el pelotón cada vez que la carretera se empinaba, y criticábamos la apatía de los favoritos según pasaban los kilómetros. Después de un inicio frenético, en busca de la fuga y la caída de Chris Froome para crear tensión en carrera, los ánimos se apaciguaron hasta el tramo final. En cambio, pensando fríamente, con lo que queda por delante y con la etapa justo tras el día de descanso, y viendo cómo llegaron al final muchos de los gallos y las diferencias establecidas, debemos quedarnos con que en conjunto pudimos vivir una gran jornada que supondrá sin duda un antes y un después en esta edición de la Vuelta.

Otra de las grandes trabas de una retransmisión televisiva tan larga, es que los comentaristas tienen que llenar de palabras demasiadas horas en directo, y eso hace que algunos se crezcan y hablen más de la cuenta. En España se presentaban dos alternativas para seguir la etapa: en una, una pareja que cada año acusa más el desgaste, se afanaba en justificar sus posturas con argumentos a veces razonables, otras discutibles y otras peregrinos (relacionar a un director que se queja de la inseguridad en la prueba con el dopaje de un equipo de los 90); en la otra, de menor tirada por ser privada, podíamos escuchar una retransmisión diferente, dinámica, con el sabor de aquellos años 80 y 90 en los que la radio llenaba de color el ciclismo patrio. Sin duda para el que esto escribe la preferencia está clara, pero hemos de valorar el esfuerzo de ambas por hacernos llegar el ciclismo y ojalá tuviéramos incluso más alternativas de las que disfrutar y hubiera espacio para jóvenes que acercaran a la televisión otra manera de vivir el ciclismo.

Las motos

Pocas líneas a un tema que ya da demasiadas vueltas. Año negro con los vehículos que acompañan a los ciclistas en carrera. Después del sonado incidente de Peter Sagan, otro corredor del mismo equipo Tinkoff-Saxo, Sergio Paulinho, sufría un accidente con la moto de la cadena de televisión en la que pocos minutos antes se había tratado de justificar ese tipo de sucesos como “lances ocasionales” (por la boca muere el pez). Cuando saltaba la noticia, dábamos un brinco en el sofá porque otra de las motos estaba a punto de “liársela” a Matteo Montaguti.

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Foto: Bettiniphoto.net

Evidentemente los medios y la modernidad en la realización televisiva exigen presencia de enlaces y vehículos para poder hacer del ciclismo el espectáculo que todos queremos vivir, pero la seguridad del ciclista es clave. Nos afanamos todos día tras día en concienciar a la sociedad de lo importante que es respetar al ciclista, por lo que no se puede permitir banalizar cualquier tipo de accidente que suceda en carrera. Una posición firme por parte de todos los actores del mundillo en defensa del deportista que va sobre la bici y que se encuentra en desventaja por la fragilidad y vulnerabilidad de su medio de transporte es la única vía de actuación aceptable en este asunto.

Los nombres propios. Los ciclistas

Vamos para terminar con los que hacen grande este deporte, los ciclistas. Podríamos repartir palos a diestro y siniestro por no haber atacado más lejos o por falta de ambición de algunos. Para el que esto escribe hoy no ha sido el caso y se demostró al final de la etapa que todos habían dado lo que les quedaba dentro. A muchos les podremos achacar falta de valentía en etapas anteriores, especialmente a aquellos que miran la crono de Burgos con el recelo de perder una buena minutada, pero aún queda mucha carrera por delante y esperemos que la batalla de ayer no sea la última de la guerra por la general.

Mikel Landa – El vitoriano resurgió de sus cenizas y volvió a ser el que nos encandiló en el Giro d’Italia. Se supo meter en la fuga de la jornada generando una situación táctica fantástica para el equipo Astana, que se aseguraba por delante a un escalador nacido para este tipo de etapas. Supo tener la sangre fría de no cebarse en otros ataques y dar el estacazo decisivo en las faldas del último puerto para completar una cabalgada memorable. ¿Debería haber esperado a su líder, un Fabio Aru en estado de gracia, en los últimos kilómetros como le ordenó el equipo? Tema para largo debate y más después de un año en el que el equipo Astana ha regalado momentos surrealistas en esto de la estrategia ciclista. Nosotros pensamos que, para un corredor como él, con un pie fuera del equipo y tras los sacrificios realizados para el sardo en el Giro, es hora de “que le quiten lo bailao” y nos quitamos el sombrero con su victoria. Pero no había necesidad alguna de anotarse a sí mismo la decisión de no esperar, los trapos sucios se deben lavar de puertas para dentro. Aunque, bien es cierto, que las demostraciones de carácter y las declaraciones jugosas, también alimentan el espectáculo.

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Gregarios de lujo – En Andorra hemos vuelto a ver a esos héroes, algunos más silenciosos que otros, que demuestran que el ciclismo sigue siendo un deporte de equipo aunque muchos no quieran darse cuenta. Espectacular trabajo de Javi Moreno y sobre todo de un enorme e incombustible Imanol Erviti colándose en la fuga del día para ser avanzadilla del ataque (a la postre frustrado) de Valverde en el descenso de La Gallina. Más de lo mismo para un Alberto Losada que está haciendo una gran carrera y que fue clave en esa jugada intentada por Purito y Valverde que dio salsa a la jornada. Ian Boswell iba al mismo cometido, pero el desfondamiento de su líder le hizo seguir para adelante y lograr un brillante tercer puesto que se convierte en su mayor logro con solo 24 años. De enmarcar también el trabajo de Dario Cataldo seleccionando el pelotón en los momentos clave o de Vassil Kiryienka Geraint Thomas acompañando en los instantes más duros a su líder. Pero si alguien se debe llevar el premio al gregario del día este es Dani Moreno; no es fácil saber que estás saliendo de un equipo y hacer el magnífico trabajo que hizo el catalán para Joaquim Rodríguez, en la última ascensión. Purito sabe que hoy, su hasta dentro de poco inseparable compañero, le ha regalado el estar muy vivo en la general.

Síndrome Tour – La maldición del doblete imposible parece volver a ceñirse sobre los grandes favoritos de la carrera. Los esfuerzos de la Grande Boucle no pasan en vano y hoy se han dado claras muestras de ello con el desfondamiento de los grandes protagonistas de la ronda gala. A la jornada aciaga de Chris Froome (del que hablaremos unas líneas más abajo), se unió la pájara final de un Nairo Quintana convaleciente que perdió tres minutos con Fabio Aru en la última subida. El tercero en discordia, Alejandro Valverde, también acusó el desgaste, aunque su inagotable regularidad e indiscutible clase le permitieron minimizar daños perdiendo algo menos de dos minutos con el líder saldo. ¿Hará esto que las estrellas del Tour se replanteen venir a la Vuelta? ¿Conseguirá, al contrario, que muchos opten por buscar un doblete Giro/Vuelta y sacrifiquen el Tour? Quién sabe, aún queda para ver lo que pasa en 2016…

Tom Dumoulin – Prácticamente un match ball el que ha pasado el holandés en la jornada de ayer. Estaba siendo junto a Esteban Chaves la gran revelación de la Vuelta, pero no dejaba de haber sido en finales explosivos en los que estaba demostrando una gran evolución. Sin embargo se enfrentaba a una gran jornada pirenaica, con puertos encadenados que, pese a su premeditada pérdida de peso, podían hacérsele terriblemente duros, A todo ello se sumaba el hecho de tener un equipo poco habituado a acompañar a un líder en este tipo de terrenos. En cambio, el bravo corredor de Giant, espoleado por el jersey rojo, supo no cebarse ni hacer locuras y mantenerse siempre delante, con un ritmo constante, para llegar a poco más de minuto y medio del nuevo líder de la Vuelta. Aún le queda mucho por sufrir, y Burgos juega en su favor, pero lo que está claro es que hay madera de grandísimo campeón en el corredor de Maastricht.

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Foto: Tim de Waele

Chris Froome – Párrafo aparte para un ciclista que genera pasiones y odios por su peculiar manera de correr y por su aplastante dominio cuando está en su mejor momento. El británico hizo gala ayer, una vez más, de un pundonor y un compromiso que solo tienen los más grandes. Herido, hundido y vacío, dejó todo lo que tenía dentro para cruzar la línea de meta y no bajarse de la bicicleta antes de tiempo. Un tío que viene de ganar el Tour de Francia podría permitirse echar pie a tierra y dejarse de líos, su año ya está más que amortizado. Pero Froomey tiene mucho respeto a la Vuelta a España, y no ha querido despedirse por la puerta de atrás. Cuando escribimos esto no sabemos si tomará la salida camino de Lleida, ni los resultados de las pruebas realizadas en el hospital, pero,,haga lo que haga, se ha vuelto a ganar el respeto de todos los aficionados. Aún no tiene una Vuelta en su palmarés, pero año tras año demuestra que merece un puesto de honor en el corazón de los aficionados de nuestro país por su profesionalidad, coraje y entrega en competición.

Escrito por:
@VictorGavito

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