Relatos ciclistas – Despedida en el olvido (IV)

Puedes leer aquí la tercera parte…

El verano de 2010 quise empezar de nuevo. De cero. Dejar atrás todo mi pasado como ciclista. Desempolvé una vieja carpeta con mis notas del instituto, el libro escolar, mi título de la Facultad de Ciencias de la Educación Física de San Sebastián, la orla, y algunos recuerdos de mi infancia. Me dispuse a hacer mi currículo y buscar trabajo para el nuevo curso, como profesor de Educación Física. Sabía que no iba a ser  fácil.  Aunque  tampoco  me  imaginaba  que  pudiese  ser  tan  complicado  com resultó. A cualquier colegio o centro deportivo que iba me decían lo mismo, que como alguien con mis antecedentes iba a dar clase de Educación Física. Qué ejemplo les daría a los estudiantes. En el fondo sabía que tenían razón, pero me negaba a creerlo. A  la  gente  se  le  llena  la  boca  diciendo  que  todos  merecemos  una  segunda oportunidad, pero luego prefiere que sea otro el que la de.

Amplié mi búsqueda y ya no solo buscaba como profesor, cualquier trabajo en el cual no necesitase experiencia previa me valía. Pero todo eran negativas, y acabé por darme por vencido.

Durante mis años como ciclista había ido ahorrando para el futuro, por el miedo que tenía a bajarme de la bici y no tener ingresos. El sueldo del ciclista de élite no es comparable al de futbolistas, pero si te da para vivir bien, y más si el ciclista tiene un nombre en el pelotón y varios triunfos importantes en su haber, como era mi caso. El problema fue que con la sanción, todos los premios de las carreras ganadas los quitaron de mi cuenta corriente, y la multa que me impusieron me dejó con un saldo en la cuenta que no recordaba desde hacía años. Además, empecé a mandarle un dinero mensual a Carla para ayudarla con nuestra hija, aunque ella siempre me lo devolvía. Es demasiado orgullosa para aceptar ayuda de nadie. Después de mandarle durante tres meses dinero a casa de su madre (no me había dado su dirección actual) y que a los pocos días estuviese de vuelta en mi buzón, dejé de insistir.

Las navidades de ese mismo año fueron las últimas que pasé en España. Después de un otoño duro, demasiado tranquilo para lo que yo acostumbraba, diciembre me hizo tomar la decisión de cambiar radicalmente de vida. Para alguien como yo, que se había pasado los últimos 7 u 8 años de un sitio para otro, sin una residencia fija, entrenando y corriendo por todo el mundo, y sin estar más de 15 días consecutivos en casa excepto los 2 meses de vacaciones, que además te los pasas entrenando para no perder la forma física, levantarte un día sin tener nada que hacer, sin un objetivo, era algo desolador. Las paredes de casa se me venían  encima.

Intentaba mantenerme distraído saliendo a correr, yendo a yoga, e incluso me apunté a clases de chino, pero aun así, los días se hacían muy largos. Es extraña esa sensación. Antes a los días le faltaban horas y ahora le sobraban.

Navidad, además, es la peor fecha del año para estar solo. Todos los anuncios, la  televisión,  la  radio,  las  tiendas,  los  centros  comerciales,  incitan  a  pasar  las navidades en familia, rodeado de tus seres queridos. No verás ningún anuncio por esas fechas donde salga alguien solo. Para pasar la nochebuena hice un intento de ver a Carla, la llamé para ver sus planes, la llamé varias veces, hasta que al final cogió el teléfono, pero ella ya se había comprometido con sus padres y sus hermanos para pasar con ellos las fiestas, y Andrea con ella, claro. Así que mi nochebuena fue simple, me senté delante de la tele con una lasaña precocinada. El día de  Navidad fue decisivo. Me sirvió para pensar, no paré de darle vueltas a una idea que me llevaba rondando la cabeza toda la noche. Después de buscar por internet noticias de los distintos países sudamericanos y su calidad de vida, me decidí. Me iba a Perú.

Nunca es fácil dar un cambio radical en tu vida, dejar atrás todo y empezar de cero. Normalmente, suele costar, sobre todo porque casi todos dejan atrás a alguien. Para mí, recuerdo que no fue difícil. Compré el billete de avión por internet, para la primera semana de enero, Madrid, Barajas – Lima. También estuve buscando apartamentos, y apunté varias direcciones y teléfonos para verlos a mi llegada. Fui al banco a pedirle que cambiase todo mi capital en Nuevos Soles, para ahorrarme las comisiones de cambiar allí, me saqué el pasaporte y arreglé el papeleo necesario para un viaje tan lejano. A los pocos días tenía todo preparado, eché pocas cosas en la maleta y me fui a Madrid, donde pasé los días antes al vuelo en un hotel.

Continuará…

Historia escrita por:

Víctor Teomiro Peromingo

@VictorTeomiro
Recordamos que está historia no es real, ni tiene referencias a ningún ciclista conocido. Escrita en su totalidad por Víctor Teomiro Peromingo. 
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