Relatos ciclistas – Despedida en el olvido (II)

Puedes leer aquí la rimera parte…

Carla siempre me apoyó en mi empeño de ser ciclista, incluso cuando en el otoño de 2004 no tenía ningún equipo con el que correr y aun así yo salía todas las mañanas, bajo el frío y la lluvia de San Sebastián, a entrenar. Por eso también comprendo  que  para  ella  fue  un  momento  duro  cuando  salió  la  noticia  de  mi “supuesto” dopaje en la prensa. Y lo que más me duele ahora, es que aún entonces me apoyó, y me brindó, como siempre, su ayuda, pero yo no quise aceptarla. Quizás porque no quería que ella y Andrea saliesen salpicadas con todo el revuelo mediático, o quizás simplemente porque mi cabeza quería pensar que yo solo podría salir de ese lio. Preferí aceptar la ayuda del alcohol que la de mi mujer.

Como ya he dicho, no la reprocho que se marchara. Se merecía algo mejor que un ex deportista que solo pensaba en sus propios problemas, sin una sola sonrisa en la boca y con un ligero problema con la bebida. Y aun con todo esto, fue capaz de aguantarme casi un año entero más.

Lo último que supe de ella, hará un par de meses, es que llevaba tiempo saliendo con un periodista de “Le Parisien”, que conoció mientras él estaba en la ciudad como corresponsal del Festival de Cine. No sé si tendrá pensado mudarse ella a Francia, o él a España, y la verdad es que ahora mismo, me importa poco. Solo puedo pedirles, que cuiden a Andrea como no lo he hecho yo.

Dentro de dos meses y tres días, cumplirá 7 años. Si el 2008 fue especial para mí no fue solo por subir a lo más alto del pódium de las tres Grandes Vueltas que todo ciclista sueña con ganar (Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España), sino por el nacimiento del bebe más precioso que yo nunca había visto. Fue en marzo, pocos días antes del día del padre. Habíamos decidido no saber si iba a ser niño o niña hasta que naciese, y teníamos elegidos ya para ese día los nombres de Andrés o Andrea. Yo no era de esos padres que desean más un niño que una niña, para así poder ver realizados en su pequeño los sueños que él no fue capaz de cumplir.

Me enteré de que Carla estaba embarazada cuando ya llevaba tres meses con Andrea en su vientre. Ella no quiso decírmelo hasta la conclusión de la Vuelta a España, en septiembre, para que mi cabeza estuviese solamente concentrada en lo que para mí era lo más importante por aquellos entonces. Aquél día no pude contener las lágrimas. Fueron muchas emociones de golpe. Se reservó la noticia para la fiesta que el equipo me había preparado por la victoria. Todos los allí presentes ya habían conocido la noticia, antes o después, menos yo. Cuando entré por la puerta, todos estaban esperándome, en la pared colgaba una pancarta que decía “Felicidades” y debajo de ella, en grande y enmarcada, la primera ecografía de mi hija. Todos mis compañeros estaban alrededor de un gigantesco oso de peluche con el maillot del equipo, mi mujer tenía la mayor sonrisa que jamás la había visto mientras se tocaba la barriga, y a mi madre se le escapaban las lágrimas. Fue uno de esos momentos a los que tu cerebro les hace una foto, que luego puedes recordar durante toda tu vida.

Obviamente,  estaba feliz por  la  llegada  del  bebe,  pero  no  podía  dejar  de hacerme muchas preguntas, que no me gustaba responder. La vida de un ciclista no es una vida común. Nuestra temporada dura casi todo el año, desde enero o febrero hasta septiembre, incluso octubre si eres de los que tiene fuerzas en esos momentos. Las carreras son largas, y normalmente te obligan a estar bastantes días fuera de casa. Además, los “vampiros” vienen, más de lo que me gustaría, a sacarme sangre a casa, para los controles antidoping. Sin avisar. Y no era una imagen que a mí me apetecía  que viese mi hijo o hija. No podía parar de darle vueltas a que pasaría muy poco tiempo con ella y eso obligaría a mi mujer a hacerlo todo.

Uno de mis consuelos era que pensaba que mi madre estaría ahí para ayudarla en los días que yo no estuviese. Sin embargo, nos dejó en febrero, a un mes de que naciese su nieta. Un ataque al corazón dijeron los médicos.

Continuará…

Historia escrita por:

Víctor Teomiro Peromingo

@VictorTeomiro
Recordamos que está historia no es real, ni tiene referencias a ningún ciclista conocido. Escrita en su totalidad por Víctor Teomiro Peromingo. 
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