Relatos ciclistas – Despedida en el olvido (I)

Del éxito al fracaso. De la cúspide al fondo. De la fama, a la más absoluta ignorancia. En definitiva, de tener todo a no tener nada. El paso que hay entre los dos extremos es ínfimo, mucho más corto de lo que la gente se puede imaginar. En menos de un año yo experimente ambas sensaciones. Hace cinco años medio mundo me admiraba, me idolatraba, me tenía como ejemplo, ahora para toda esa gente no soy más que un recuerdo no muy agradable. Por aquellos años mi nombre estaba en todos los periódicos, nacionales e internacionales. “Tercer paseo”, eso apareció en letras grandes en la portada del “GOL”, el diario deportivo español más importante. El día  26  de julio de 2009 subí a  lo más alto del pódium  de  París  por  tercer  año consecutivo. No se puede imaginar un escenario más impresionante: los Campos Elíseos repletos de gente, el Arco del Triunfo de fondo, el sol en lo más alto del cielo, el himno de mi país sonando por megafonía, periodistas y fotógrafos de todo el mundo se empujaban por coger sitio para hacer la mejor foto de mi triunfo, todos los compañeros de pelotón me aplaudían…

Cuatro años me había costado llegar a lo más alto del mundo con lo que siempre había soñado, el ciclismo. A mis 29 años conseguí hacerme un nombre en la historia de este deporte al ganar mi primer Tour de Francia. Desde entonces, hasta ese día 26 de julio, un palmarés envidiable por cualquier ciclista, tres Tours de Francia, un Giro de Italia, dos Vueltas a España y otras tantas clásicas de un día y vueltas de una semana estaban en mi vitrina. Quizás eso hizo que mi caída fuese más grande que la de cualquier otro deportista. Pocos meses después de ganar mí tercer Tour salta la noticia en todo el mundo, “Alfonso Cabello investigado por anomalías en su pasaporte biológico”. No hizo falta más, en estos casos no existe presunción de inocencia, el Tribunal Antidopaje abrió una investigación, al igual que el equipo que me pagaba por aquellos entonces. Se abriría un proceso para averiguar la verdad, sin embargo, la prensa internacional ya había dado su veredicto, culpable. En esos momentos daba igual lo que yo argumentarse, lo que los médicos informasen o lo que mis compañeros de equipo, con los que pasaba todo el año, dijesen. No era el primer caso, ni ha sido el último, y cuando se llega a esas alturas, a todos sobre los que recae la duda, se convierten automáticamente en culpables.

Los meses siguientes a la noticia fueron un auténtico calvario. Pasaba los días en despachos de abogados, delante de micrófonos intentando explicarme (sin demasiado éxito) y recibiendo las miradas de desprecio de todo el que se cruzaba conmigo. Mi desesperación acabó por llevarme a una especie de locura. No era una buena compañía para nadie, y pronto los que estaban a mí alrededor se dieron cuenta. No se lo reprocho, ni yo mismo me aguantaba, hasta el punto de planear el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo.

Llegó el momento en el que me di cuenta que de nada valía seguir luchando. Aunque dentro de años (ya sabemos cómo va la justicia en este país) los tribunales me diesen la razón, lo habría perdido todo. Entonces fue cuando tomé la decisión de renunciar, aun sabiendo que eso supondría mi derrota y asumir mi culpabilidad. Al fin de cuentas, mi edad no me iba a permitir seguir siendo un profesional del ciclismo cuando se dictase sentencia y no podría limpiar mi nombre. Sin embargo, tomé tarde esa decisión y aún hoy, en esta cama, me sigo arrepintiendo de ello. Quizás de haber entrado en razón unos meses antes, Carla y Andrea seguirían conmigo.

Me dejé tantas cosas por decirle a Carla que quizás por eso esté escribiendo estas páginas. A los 16 años yo ya estaba loco por ella. Con ese amor adolescente, que hace que todo se nuble y solo exista esa persona maravillosa. Que te pases las horas con cara de tonto, mirando a la nada, pensando en lo afortunado que eres si te corresponden. Ella también estaba loca por mí, o si no era así, lo disimulaba muy bien. Nos casamos el 29 de septiembre de 2007, justo una semana después de ganar mí primera Vuelta a España. Con todos nuestros parientes y amigos invitados a la celebración. Parientes y amigos de los cuales llevo más de 4 años sin saber de ninguno.

Continuará…

Historia escrita por:

Víctor Teomiro Peromingo

@VictorTeomiro
Recordamos que está historia no es real, ni tiene referencias a ningún ciclista conocido. Escrita en su totalidad por Víctor Teomiro Peromingo. 
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