“El paseo de la vergüenza” (Resumen 1ª semana Tour de Francia 2016)

 

Ponerle nombre a la soporífera primera semana del Tour es algo imposible. Bueno, quizás pueda hacerse, pero si nombrase o adjetivase el engendro que he presenciado en estos primeros nueve días de competición, probablemente acabase en la cárcel o sentado en la “A” de la Real Academia de la Lengua Española. Y las dos opciones me parecen muy poco atractivas.

Siempre se ha dicho que en la primera semana del Tour se vuela. Este año en cambio se han arrastrado por las carreteras francesas. Cada vez cuesta menos meterse en la fuga, que suele ser para el primero que se mueve, y el ritmo del pelotón empieza a ser entre adormecido y apachorrado. Lógico que el primer abandono no haya ocurrido hasta la octava etapa. Se va tan lento que no hay ni caídas. No estoy defendiendo ni mucho menos que haya caídas pero lo que sí me gustaría ver es competición y lo que se ha visto hasta ahora dista mucho de ser deporte de “élite”.

Etapa 1. Mont Saint Michel-Utah Beach

Tras darse la salida oficial del Tour 2016, Leigh Howard (IAM), que llegaba al Tour a última hora para sustituir a su compañero Devenyns, lanzó el primer ataque de la carrera y junto a él se marcharon, como si pedaleasen en un tándem, dos hombres del conjunto Bora, Jan Bárta y Paul Voss. El objetivo era pescar el primer maillot de la montaña puesto que al comienzo de la etapa había dos cotas puntuables de cuarta categoría. Los hombres de Bora hicieron valer con astucia su superioridad numérica. Paul Voss coronó primero ambas cotas y se convirtió en el primer líder la montaña del Tour.

Una vez cumplido el objetivo del maillot de puntos rojos, levantaron un poco el pie, lo que permitió que pudieran alcanzarles Alex Howes (Cannondale) y Anthony Delaplace (Fortuneo) que desde el principio habían rodado intercalados entre el trío de cabeza y el pelotón. Lo que siguió fue la acostumbrada imagen de un quinteto de escapados que se dan relevos inútilmente, ya que serían engullidos por el pelotón a pocos kilómetros de la línea de meta.

Todo estaba preparado para el sprint. Había muchas ganas viendo la gran nómina de velocistas que se plantaron en la salida del Mont Saint Michel. El primer embalaje se lo apuntó el británico Mark Cavendish, del que pocos esperaban gran cosa tras una temporada irregular. La victoria le sirvió a Cavs para enfundarse el maillot amarillo del líder por primera vez en su carrera.

Pero lo más destacado del día fue la fuerte caída que sufrió Alberto Contador en el kilómetro 107 de carrera. El pinteño cayó con violencia sobre el costado derecho de su cuerpo y llegó a meta con más mala pinta que el Jorobado de Notre-Dame, aunque pudo continuar y entrar en meta con el grupo principal.

Etapa 2. Saint Lô-Cherburg

La segunda jornada del Tour estuvo salvada por la clase y el buen hacer de un futuro crack como es Jasper Stuyven (Trek).

Stuyven ya había declarado en nuestra guía del Tour que tenía esta segunda etapa entre ceja y ceja. El belga cumplió su amenaza y se metió desde muy pronto en una fuga en la que hizo camino junto al Fortuneo, ex de Lotto Soudal, Vegard Breen, y un nuevo tándem de Bora. La pareja del equipo alemán estuvo formada en esta ocasión por Cesare Benedetti y, una vez más, Paul Voss, que pretendía así conservar un día más el jersey de rey de la montaña. Desgraciadamente para Voss su esfuerzo resultó en vano ya que Stuyven, que se mostró muy superior a lo largo de todo el día sumó los puntos suficientes como para limpiarle el maillot de puntos rojos al teutón.

Fue aquí, en este momento de la segunda etapa cuando cayó sobre el Tour un manto de bochorno y oprobio que ha acompañado a la carrera hasta el día de descanso. El pelotón, espoleado por las necias palabras de Juan Mora, subdirector de un diario deportivo de cuyo nombre no quiero acordarme, se empeñó en gandulear y haraganear durante todo el recorrido. El ritmo pausado y cansino del pelotón, compuesto básicamente de un patulea de holgazanes que se dedica a “ir sentada y hasta comiendo”, llegó a hacer pensar muy en serio que la fuga tendría éxito. En todas las papeletas para la victoria aparecía escrito el nombre de Stuyven.

El hombre de Trek, el sucesor de Cancellara, se marchó solo a menos de diez kilómetros para la llegada. Nadie pudo ni tan siquiera acercarse a oler su perfume cuando atacó. La etapa, que terminaba con unos repechos curiosos en las calles de Cherburgo, se quedó atravesada en el gañote de Stuyven que vio cómo el pelotón, que había estado todo la jornada tomando el sol y contando chistes, le dio caza a falta de 500 metros para la conclusión. El más rápido en el uphill final fue el campeón del mundo Peter Sagan, que remontó y jugó con los sentimientos de Julian Alaphilippe. Alejandro Valverde fue tercero en la volata. Sagan se hacía con la etapa pero también con el maillot amarillo.

Cabe destacar que nuevamente se fue al suelo Alberto Contador. Por lo menos, dentro de la mala suerte que supone besar el asfalto dos veces, en dos días, el Pistolero cayó sobre el lado izquierdo y no sobre su ya maltrecho costado derecho. Dos de dos. En dos días sin apenas incidentes, Contador se los llevaba todos. Además, el ritmo impuesto por Kreuziger para entregarle la victoria a Sagan le hizo perder al magullado pinteño casi un minuto. El gran perjudicado del día fue Richie Porte que pinchó a cinco de meta, con la carrera ya lanzada, y perdió 1´45”.

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Etapa 3. Granville-Angers

Si piensas que las cosas no pueden empeorar, estás muy equivocado. El tercer parcial del Tour fue un completo insulto a los aficionados al ciclismo. Una etapa de más de 200 kilómetros completamente llana y sin ningún interés. El único que se movió fue un hombre del activo conjunto Fortuneo, Armindo Fonseca. Como al pelotón dos días de paseo le había sabido a poco, se empeñó en bajar más aún el ritmo, llegándose a alcanzar velocidades medias de treinta y tres kilómetros por hora. Cicloturismo en el Tour de Francia, lo casi nunca visto. A mitad de etapa, el vanidoso “Titi” Voeckler no pudo evitar mostrar su lengua y su variado muestrario de muecas a todas las televisiones del mundo y abandonó el pelotón para irse en busca de Fonseca. Por supuesto que el gran grupo vio con buenos ojos la noble iniciativa de Voeckler. Más de un palmero le sonrió de oreja a oreja y le plantó una alfombra roja a los pies para que saliese en busca de la aventura.

La carrera de orugas llegó a su fin con cuarenta minutos de retraso sobre el peor horario previsto, pero oye, la primera semana del Tour es muy dura, siempre se va a mil por hora.

Al final de todo este tedio hubo un ajustadísimo sprint. De nada le sirvió a Greipel celebrar tímidamente la victoria al cruzar la meta. La foto finish demostró que Cavendish había vuelto a ser el más rápido.

Hoy no se cayó Contador.

Etapa 4. Saumur-Limoges

La cuarta etapa nos dejaba una nueva llegada masiva que tuvo que esperar a la decisión de los jueces para dar a conocer al ganador. Kittel fue quien engrosó su palmarés añadiendo una nueva victoria a su vitrina de éxitos. El pobre Bryan Coquard se quedó con el molde sobre asfalto de Limoges pidiendo por su triunfo con una postura más propia de un monje budista que de uno de los velocistas más rápidos de la temporada.

Era de esperar que la escapada formada por Markel Irizar (Trek), Andreas Schillinger (Bora), Oliver Naesen (IAM) y Alexis Gougeard (Ag2r) no prosperase.

Hoy tampoco se cayó Contador.

Etapa 5. Limoges-Le Lioran

El quinto día de carrera llegó el primer aperitivo montañoso del Tour. El amago tuvo lugar en el Macizo Central, lugar propicio para las escaramuzas y la guerra de guerrillas.

Veintiún kilómetros tardó en formarse la fuga. Al ucraniano Andrei Grivko (Astana) se le unieron siete hombres: Serge Pauwels (Dimension Data), Romain Sicard (Direct Energie), Rafal Majka (Tinkoff), Thomas de Gendt (Lotto Soudal), Greg van Avermaet (BMC), Bartosz Huzarski (Bora) y Cyril Gautier (Ag2r). Ninguno inquietaba en la general. Majka había vagabundeado los días anteriores y perdía ya una minutada. El resto de rivales no tenían una entidad como para preocupar a los hombres de la general a pesar, por ejemplo, de la cercanía de van Avermaet en la clasificación.

Como el ambiente en la fuga era el mismo que cuando vuelves del colegio a casa con el examen de matemáticas suspenso y todos remoloneaban a la hora de pasar relevos, en especial Grivko y Majka, se volvió a seleccionar la fuga. De ahora en adelante viajarían juntos de Gendt, van Avermaet y Grivko. El hombre de Astana para no querer pasar relevos… se estaba metiendo en todos los fregados, aunque fuera solo para pisarlos. Los cinco que venían por detrás perdieron sus opciones de triunfo víctimas del egoísmo y la desidia.

En las empinadas cuestas del pas de Peyrol Grivko rompe el motor. Ya no permanecerá por más tiempo en la fuga mirando como un jubilado en una obra cómo sus compañeros trabajan para él. En este duro pero corto puerto de segunda categoría, Movistar pone a funcionar la maquinaria. Desde ahí, hasta casi el final, va quemando corredores para destapar las vergüenzas de más de uno. Ciclistas disfrazados de candidatos a hacer una buena general como Nibali, Navarro o Zakarin quedan rezagados. También se descuelga el hasta hoy líder, Peter Sagan.

A poco menos de veinte kilómetros para la meta van Avermaet, posiblemente quien más fuerzas había gastado en la escapada, soltó un hachazo a de Gendt que le dejó tieso. Paseo triunfal hasta la meta para el adoquinado Greg. El clasicómano de BMC repetía triunfo en el Tour, después del conseguido el año anterior en Rodez, y obtenía el premio extra de vestirse con el jersey amarillo.

Entre los favoritos, aunque el ritmo fue alto, no hubo ataques que destacar salvo la intentona de Romain Bardet a falta de dos kilómetros y medio en un terreno que picaba fuerte hacia arriba. Todos pudieron seguir con gran esfuerzo su rueda, excepto el maltrecho Contador, el hijo del dolor, que se dejaba una nueva ristra de segundos en meta. Se avivaba el debate de si sus compañeros le tenían abandonado o no.

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Etapa 6. Arpajon sur Cère-Montauban

Escapada de Yukiya Arashiro (Lampre) y Jan Bárta (Bora). Trabajo de Etixx y Lotto Soudal que los neutraliza a veintidós kilómetros para la meta. Pelea entre los equipos por colocarse en las posiciones cabeceras del pelotón y victoria al sprint de Mark Cavendish que de esta forma obtuvo su tercera victoria en este Tour y pasó a convertirse, con veintinueve, en el segundo ciclista con más victorias en la historia del Tour de Francia, solo por detrás de Eddy Merckx.

Aburrido. Muy aburrido.

Etapa 7. L´Isle de Jourdain-Lac de Payolle

El Tour llegaba a los Pirineos, el territorio de la leyenda, y lo convirtió en el territorio insufrible. Etapa unipuerto con la particularidad de que tras coronar había un breve descenso hasta la meta.

Desde el principio se peleó la fuga. Sagan, que buscaba sumar puntos de cara al maillot verde, se metió en la misma. Cavendish, espoleado por sus tres victorias de etapa, se pegó a su rueda y también se metió en la escapada. No se recordaba un marcaje tan feroz desde el que le hizo Carles Puyol a Luis Figo el día que debutó como madridista en el Camp Nou. A Etixx y a Lotto Soudal no les hizo mucha gracia este movimiento y pusieron a trabajar a sus apisonadoras para que el intento no progresase. La escapada acabó muriendo. Pero por suerte para los espectadores los intentos de fuga siguieron sucediéndose hasta que un movimiento de Cancellara consiguió crear un grupo de veintinueve corredores entre los que se encontraban gente como Nibali, Geschke, Tony Martin, Jan Bakelants o Jasper Stuyven. También se metió en la fuga el líder de la carrera, Greg van Avermaet. Bien es cierto que van Avermaet no es un rival a tener en cuenta de cara a la general pero, que nadie impidiera que entrase en la fuga vestido de amarillo, no deja de ser un indicio claro del pasotismo con el que el pelotón está afrontando la disputa de la ronda gala.

Como el grupo era muy numeroso, Antoine Duchesne, Dani Navarro y Matti Breschel se marcharon por delante con la intención de ponerse serios. Al poco llegó, casi sin esfuerzo, un avión británico llamado Stephen Cummings que le dio un nuevo impulso a la cabeza de carrera. Por detrás se acercaba un grupo del que tiraba Alexey Lutsenko en favor de su líder Vincenzo Nibali. Cummings, astuto y vivo como un estraperlista de posguerra, no esperó a que se juntaran los dos grupos y, cuando Nibali y sus acólitos les pisaban los talones, lanzó un estacazo al que intentó responder Dani Navarro. El asturiano de Cofidis fue incapaz de coger su rueda y solo pudo ver cómo la figura de Cummings se iba haciendo cada vez pequeña en el horizonte. Tan fue la ventaja que Stephen abrió en unos metros, que Navarro debió pensar que estaban practicando deportes diferentes.

De ahí en adelante nada de lo que ocurriera podría cambiar la resolución de una etapa que tenía ganador desde el mismo momento en que Cummings entró en la fuga de veintinueve. Ni tan siquiera las rampas del col d´Aspin pudieron vencerle. Al contrario, en Aspin, consolidó y aumentó su diferencia por mucho que Nibali intentase atraparlo. El Tiburón no tenía, ni mucho menos, las piernas que había exhibido en el Giro. Impey, que aguantó Aspin como una sanguijuela, batió en la llegada a Dani Navarro para ser segundo. Dani tuvo que conformarse con ser tercero a más de un minuto del ganador.

En el pelotón, que se toma la carrera a guasa, FDJ asumió la responsabilidad de tirar en Aspin. El esperpento fue mucho mayor cuando Thibaut Pinot, el líder de la formación francesa, acusó el calor y el ritmo de caracol de la subida y se descuelgó hecho jirones. Pinotazo. En Aspin solo se vieron tímidos ataques de gente como Barguil o Alaphilippe. Todo muy light.

El despropósito alcanzó cotas desconocidas cuando el inflable que anuncia el último kilómetro cayó sobre Adam Yates que rodaba unos segundos por delante del pelotón. Ante este incidente, el pelotón se frenó un poco más y decidió finalizar la etapa con un poco más de cicloturismo. Finalmente la organización daría por buenos los tiempos con los que circulaban a tres de meta de modo que Adam Yates pudo arrebatarle el maillot blanco de mejor joven a Julian Alaphilippe. Van Avermaet, que, recordemos, iba en la fuga, consiguió casi un minuto más de renta en la general.

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Etapa 8. Pau-Bagnères de Luchon

El pelotón debía enfrentarse en la octava etapa a un recorrido ideal para la épica. Debían subir Tourmalet, Ancizan, Val Louron y Peyresourde, todos bien encadenados. El sueño del aficionado al ciclismo. Pero poco a poco se pudo ver que el sueño se iba a convertir en una pesadilla.

No fue hasta la llegada del Tourmalet que se consolidó la fuga. Majka, Tony Martin y un Thibaut Pinot, que intentaba lavar su imagen de Ecce Homo del día anterior, se marcharon por delante. Aunque no permanecieron demasiado tiempo en cabeza, ya que fueron cazados en Val Louron, puerto en el que Miguel Induráin se hizo grande. Menuda diferencia aquella etapa con lo visto hoy.

El ritmo constante y aburrido de Sky y Movistar redujo el pelotón hasta las treinta, treinta y cinco unidades. Ingleses y españoles consiguieron su objetivo: transformar un etapón pirenaico en una etapa unipuerto, de venta en los peores estancos. Sky, sobrado de efectivos, siguió marcando el ritmo en Peyresourde hasta que llegó el previsible cambio de ritmo de Chris Froome. Esta vez su ataque no tuvo el acostumbrado efecto demoledor. Sí cedieron a su demarraje hombres como Rolland o Barguil. El hijo del dolor, Alberto Contador, no pudo aguantar con los mejores y volvió a ceder tiempo, despidiéndose de toda posibilidad de ganar su tercer Tour de Francia. Froome, Quintana, Valverde, Dan Martin, Porte, van Garderen, Adam Yates, Bardet, Purito, Kreuziger y Meintjes coronaron juntos Peyresourde y debían afrontar los catorce kilómetros que les separaban de la meta de Bagnères de Luchon. Chris Froome que había esprintado aparentemente por los puntos de la montaña se lanzó hacia abajo como un demente y empezó a abrir hueco sobre el resto favoritos.

Froomey, en el descenso, exhibió una forma muy poco ortodoxa de bajar que pasará a la historia. El estilo fue tan ridículo como efectivo. Quien otras veces ha criticado que se jueguen las carreras en los descensos consiguió arañar unos segundos en una bajada kamikaze. Valverde era incapaz, no ya de recortar, sino de mantener la desventaja. Nairo, a rueda de su gregario de clase mundial, guardaba fuerzas para el Joux Plaine, en la futura jornada final de Morzine, y no daba ni un relevo. Los niños de BMC, que jugaron con fuego dejando la responsabilidad de la persecución a Movistar, tuvieron que acudir para apagar el incendio, pero no consiguieron evitar quemarse. Los treinta segundos con los que llegó a contar Froome quedaron reducidos trece. Lo suficiente como para que Froome consiguiera la victoria de etapa y el amarillo, toda vez que Greg van Avermaet, por mucho que lo intentó no consiguió hacer valer los seis minutos de renta que tenía sobre el Pollo de Sky.

En otra jornada soporífera, Froome había sorprendido a todos, aunque no fue capaz de destrozarlos subiendo como de costumbre y su renta final fue mínima. Que cada uno saque las conclusiones que quiera. Con la lectura adecuada, como en las elecciones, todos salieron ganando.

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Etapa 9. Vielha val d´Aran-Andorra Arcalis

Nuevo recorrido de los que quitan el hipo que ríete tú de la niña de la curva. A base de pelea y ritmo se formó una escapada tan numerosa que hasta me pareció ver dar pedales a mi padre entre los fugados, e incluso dio más relevos que Majka. Más que una fuga aquello era un pelotón.

Y llegó la sorpresa. El hijo del dolor, todo coraje y orgullo, saltaba del pelotón buscando recuperar sensaciones en el Tour. Contador intentaba cambiar el tono de su película. Pretendía que la tragedia griega que estaba viviendo se convirtiese en un amable filme de aventuras. Su movimiento de Burt Lancaster fue seguido por otro Temible Burlón, Alejandro Valverde, que vio la posibilidad de hacer saltar la carrera por los aires. Con ellos se fue Sergio Henao pero las cuadriculadas mentes de Sky le mandaron parar y reagruparse con sus compañeros. Contador y Valverde llegaron hasta el pelotón de cabeza donde estaban sus compañeros Ion Izagirre, Winner Anacona, Jesús Herrada, Rafal Majka y Peter Sagan. Olía a sangre. Herrada puso un ritmo tan fuerte en los metros finales de la Bonaigua, que se subía de salida, que hizo que Contador e Izagirre cediesen. A Valverde solo le quedaban Herrada y Anacona. La ventaja en la cima se fue al minuto a pesar del trabajo agónico de Wout Poels en favor de Sky.

El grupo de Valverde se seleccionó hasta quedarse en veintiuna unidades, descolgados mi padre y Contador, entre otros. Sky, viendo el ritmo percherón que se gastaba Herrada, optó por extirpar el mal con un tratamiento conservador. Levantó el pie y esperó a que volvieran al pelotón todos los miembros de su equipo. En ese momento el grupo de Valverde, Herrada, Anacona y los diecinueve restantes chuparruedas llegó a tener 2´11” de ventaja.

El trabajo y la intimidación del ejército de hoplitas de Sky dio sus frutos. En el llano que conducía hasta el siguiente puerto, el Cantó, la diferencia se quedó en unos cincuenta segundos. Los hombres de Movistar se desesperaban pidiendo colaboración al resto de la fuga que se dedicaba a apartar la mirada hacia el valle mientras silbaban con disimulo. Ante la falta de colaboración, Movistar optó también por la opción conservadora. Ya habrá tiempo de suicidarse. Valverde se descolgó de la fuga y aprovechó para comerse un bollo como la alpargata de Pau Gasol mientras esperaba a ser absorbido por el grupo de Froome. Cuando cogieron al murciano, los hombres del futuro, del progreso, de la biomecánica y la robótica, no pudieron evitar dibujar en sus rostros una leve y prepotente sonrisa de victoria.

Ahí murió la etapa. El pelotón aprovechó para llevar a cabo la puesta en escena más bochornosa que yo recuerde en una gran vuelta por etapas y consintió que la fuga subiera su ventaja hasta los diez minutos. Está claro que para el pelotón de este Tour cualquier descanso es poco. Entre los fugados la cosa se fue seleccionando más y más hasta que Tom Dumoulin consiguió abrir un hueco que mantuvo hasta la meta. El holandés ya ha ganado en las tres grandes. Vaya corredorazo. Muy activos, aunque sin suerte, se mostraron en la fuga los repetidores Dani Navarro, Thomas de Gendt o Thibaut Pinot. George Bennett fue otro de los que más lo intentó. El neozelandés de Lotto Jumbo, además, embistió a un espectador despistado en el que probablemente haya sido el mayor y más dañino ataque que se ha realizado en lo que va de Tour. Que se lo digan al atropellado. Por ahí anduvo también Majka chupando todas las ruedas que pudo. Estoy convencido de que el polaco duerme envasado al vacío. En la persecución de Dumoulin destacó el duelo que mantuvieron Rui Costa y Majka por ver quién de los dos tiraba menos. En más de una ocasión rodaron en paralelo. Al final Rui, segundo y Rafal, tercero.

En el pelotón continuaron de vacaciones hasta que llegaron a la subida final a Ordino. Tras un unos cuantos kilómetros a rueda de Sky y bajo algo muy parecido a lo que debió ser el diluvio universal, Sergio Henao realizó un ataque. Acto seguido fue Froome quien desplegó toda su potencia con Quintana cosido a su rueda. Luego fue el turno de Porte que no pudo soltar a Froome, ni a Quintana. Por detrás llegó y lo intentó, en varias ocasiones Dan Martin, quien parece haber llegado en un estado de forma extraordinario. Hasta Mollema se animó a atacar. De todos, el único que no propuso ni un solo ataque fue Nairo Quintana, que cumplió de manera sobresaliente su objetivo de cruzar la línea de meta lamiendo la rueda trasera de Chris Froome. Entraron juntos en meta, el sorprendente Adam Yates, Froome, Quintana, Porte, y Dan Martin. Veinte segundos perdieron Bardet, Mollema, Purito y Meintjes. Unos cuarenta, Kreuziger, Valverde y van Garderen. Y en torno a un minuto, el gran perjudicado del día, Fabio Aru y el francés Barguil a quien, desde los puertos anteriores a Ordino, parecía que le iba a caer una minutada y pudo salvar el día.

Otra jornada aburridísma de “ciclismo” en la que Alberto Contador, después de haber intentado revertir su situación, dijo adiós a la carrera. El pinteño, según su director, Sean Yates, se había levantado con fiebre. Al pobre Contador le ha pasado de todo en este Tour. Que tenga cuidado porque está en un plan que igual cuando llegue a casa hasta le han embargado el piso. Con la retirada de Contador pierde el espectáculo ya que ha demostrado ser el único corredor que no tiene miedo a atacar con todo. Aunque tenga que ser de lejos.

Esto ha sido el poco de sí que ha dado una primera semana de Tour que es la peor que recuerdo en una grande. O mucho cambia esto o nos vamos a aburrir a base de bien. Siendo optimistas aún queda mucho terreno por delante. Pero ya no quedan héroes. El único, Michael Morkov. El lanzador de Alexander Kristoff se pegó un costalazo tremendo preparando el sprint de la primera etapa y desde entonces ha estado llegando último a diario, perdiendo entre diez y veinte minutos cada día. En la octava etapa, con más golpes que un dummie, se vio obligado a abandonar. Su cuerpo había dicho basta.

Paciencia y a por lo que queda de Tour, que esta carrera solo se corre una vez al año (por suerte).

Escrito por:
@AbdonRV

2 comentarios
  • Ricardo Viancha
    Publicado a las 18:47h, 12 julio Responder

    Muy aburrido según usted, para que ve el tour y para que dedica tiempo a escribir, si tanto le molesta dedíquese a otra cosa

  • Abdón
    Publicado a las 19:24h, 12 julio Responder

    Vamos por partes, Ricardo:

    Le agradezco mucho el trato de usted, pero por favor, tutéeme.

    Sí, me ha parecido mucho más aburrido de lo que usted pueda imaginar. Es más, hasta me he mordido la lengua escribiendo. Por supuesto que es mi opinión y puedo estar equivocado, pero me temo que hay muchísima más gente que piensa como yo.

    Veo el Tour porque soy un romántico del ciclismo y no pierdo la esperanza de que cada día se líen la manta a la cabeza y nos den un gran espectáculo. No me gusta demasiado tener los pies en el suelo. Prefiero la locura. Claro que así uno corre el riesgo de llevarse decepciones. Y cada día de este Tour ha sido una decepción.

    Escribo porque es una manera de sofocar toda esa decepción que me ha provocado la primera semana de Tour y porque soy incapaz de callarme lo que pienso.

    Gracias por el consejo final. Se lo agradezco pero creo que seguiré sufriendo este Tour y los que vienen. Seguiré viéndolo y escribiendo sobre él. Espero que usted sepa perdonármelo.

    Con su respuesta deduzco que no está de acuerdo con mi opinión. Me alegro de que a usted le esté gustando este Tour. Con el Giro debe haber alcanzado un éxtasis próximo a los de Santa Teresa. Estoy seguro que, de haber vivido, Miguel Ángel lo habría inmortalizado con una escultura de mármol.

    Un saludo y gracias por dejar su comentario 😀

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