Nombres de la semana del 26 al 2.

Si la semana pasada tuvo un nombre propio no fue, probablemente, el de ningún ciclista sino el de un equipo: Quick Step. La manada de lobos que dirige Patrick Lefevere extendió su dominio sobre la primavera belga con dos nuevas e incontestables victorias. Tan incontestables que hasta firmaron un doblete en el podio en Flandes. Pero no nos adelantemos y vayamos por orden cronológico.

Para empezar el resumen de lo que nos dejó la semana pasada habría que hacerse, o mejor dicho, hacerle a la UCI una pregunta. ¿Cómo es posible que haya semanas con 3, 4 y hasta 5 vueltas simultaneas salpicadas además con unas cuantas carreras de un día y otras semanas, como fue la pasada, que entre el lunes y el viernes sólo hubiese un día de competición? ¿Quién sale ganando con este disparatado calendario? Porque el que sale perdiendo está claro: el aficionado. Que tan pronto se las ve y se las desea para seguir todas las carreras que se están disputando como se encuentra cruzado de brazos esperando al sábado para tener “algo” que echarse a la boca. Señores de la UCI, un poco de sentido común, que tampoco cuesta tanto.

Así pues la semana que arrancaba el lunes 26 de marzo lo hizo, para el mundillo del ciclismo el 28, miércoles. El día que se disputó la Dwars door Vlaanderen. O como se la conoce por aquí, A través de Flandes. Convertida en un interesante ensayo general para el Tour de Flandes, tanto por su trazado como por su ubicación en el calendario, sirvió para dar pistas también sobre el momento de forma en el que llegaban cada uno de los grandes nombres que iban a ser referentes en De Ronde. Y en nuestro país, tan amante de los acalorados debates estériles sirvió para alimentar una polémica que se extendió durante días: ¿debía correr Alejandro Valverde el Tour de Flandes en lugar del GP Miguel Indurain? El resultado fue, como era previsible, que no se llegó a consenso alguno.

Porque lo cierto es que el murciano fue uno de los nombres propios de la clásica de mediados de semana. Corrida bajo un tiempo de perros, con un frío y una lluvia que obligó a los corredores a sacar toda la ropa de abrigo del armario dificultando con ello su identificación en carrera, Valverde se mantuvo en el grupo cabecero hasta última hora, permitiéndose incluso en más de un momento, dar algún que otro acelerón con el que endurecer la carrera. Finalmente no pudo entrar en la disputa por la victoria final que se jugó en un grupo de seis corredores formado a 25 kilómetros de meta cuando, en un momento de supuesta calma, el ganador de la edición de 2017, el belga de Quick Step, Yves Lampaert lanzó un ataque al que inicialmente sólo respondió su compatriota Sep Vanmarcke. El líder de Education First viendo que el corte podía ser bueno pues ninguno de los otros capos respondía, dio continuidad al esfuerzo de Lampaert mientras Mads Pedersen (Trek), Mike Teunissen (Sunweb) y Edvald Boasson-Hagen (Dimension Data) se daban un pequeño calentón para llegar a cabeza. Fue el momento clave. Para cuando detrás se quisieron dar cuenta, la distancia se había ido por encima de los 30” y no hubo nada que hacer. Y menos con la poca organización que demostraba el grupo perseguidor, intentando llegar a base de ataques y esfuerzos individuales. Así se llegó al kilómetro final en el que Lampaert demostró ser el más “vivo”. Primero se salió de la estela de la Pedersen y se fue a la izquierda de la calzada. Teunissen amenazó con seguirle pero cuando el belga, sin nadie a su rueda, arrancó, el holandés no hizo intento por seguirle, algo que primero confundió a Vanmarcke (su instinto fue colocarse a rueda del corredor de Sunweb pensando probablemente que iba a arrancar tras Lampaert) y que acabó por costarle la carrera pues cuando quiso salir tras el de Quick Step el propio Teunissen, cruzando de nuevo la calzada para volver al redil del grupo, le cerró el paso abortando cualquier opción de salir a por Lampaert. Así, el belga de Quick Step firmó tranquilamente su back-to-back en su carrera fetiche y de paso prolongó el estado de gracia de su equipo en las clásicas del norte.

Resultado de imagen de Route Adélie de Vitré 2018

Ya en vísperas del fin de semana, el campeón de Suiza, Silvan Dillier, aprovechó esa punta de velocidad que en el pasado Giro le sirvió, por ejemplo, para imponerse a Stuyven en Terme Luigiane, para engordar su palmarés con una victoria en una de esas pruebas de la Copa de Francia, la Route Adélie de Vitré, que los equipos galos utilizan como principal caladero de puntos UCI. El corredor de Ag2r se impuso en una fuga en la que también estaban Vaugrenard, Mottier, Delaplace, Ourselin y el portugués Vilela.

Y si Valverde es uno de nuestros “personajes” recurrentes en estos resúmenes semanales, qué decir del esloveno Jan Tratnik. Vale, sólo habíamos hablado de él la semana pasada como ganador de la crono de la Settimana. Pero es que el corredor del CCC volvió a tocar la gloria, esta vez en una prueba en línea, imponiéndose el sábado en la Volta Limburg Classic. Con dos victorias en siete días, además de unas buenas prestaciones en la crono, Tratnik puede convertirse en uno de los corredores a seguir del circuito continental. Eso sí, la semana que viene no hablaremos de él porque hasta el día 11, en la Flecha Brabanzona, no le volveremos a ver.

Del que sí hablaremos la semana que viene porque hablamos todas, es de Alejandro Valverde. El número 1 sin duda alguna de lo que va de año, se dio otro festín el sábado en la patria chica de su equipo, Navarra, y en la carrera que lleva el nombre del más grande de todos, Miguel Indurain. El murciano aprovechó la inmensa superioridad de su equipo, la discreta participación (sólo partían dos equipos y medio del World Tour pues el Mitchelton se presentó con apenas cinco corredores) y su perenne estado de gracia para conseguir una victoria más, la novena de la temporada, la segunda en la prueba navarra, liquidando a un fantástico Carlos Verona que conseguía su mejor resultado como profesional con el segundo puesto final. Tercero fue un joven Nick Schultz, que cumple su segunda temporada completa como profesional enrolado en la filas del Caja Rural. Del buen ojo de los navarros detectando jóvenes perlas hay que deducir que podemos estar ante un corredor más que interesante. Es cierto que la competencia no era precisamente lo más granado del pelotón pero estuvo por delante de corredores con mucho más caché que él. Mención aparte merece el trazado, que con las novedades incluidas para esta edición, mejoran sustancialmente el interés de una prueba que hasta ahora se había convertido en el paradigma del “ciclismo Youtube”, con una zona de interés reducida a su mínima expresión, esto es, la subida final.

Y así se llegaba al domingo, al Tour de Flandes, uno de los días grandes de todo el año. Para algunos incluso, el Día Más Grande. Y se llegaba con más dudas que certezas. De hecho, la única certeza era, probablemente, la ausencia de un favorito claro. A priori, por calidad y por diversos factores, tres nombres sobresalían respecto al resto: Peter Sagan, Greg van Avermaet y Philippe Gilbert. Sin embargo los dos primeros llegaban habiendo sembrado más dudas que certezas. Al eslovaco se le había visto poco y hasta un punto indolente en lo que iba de temporada. En cuanto al líder de BMC, nos remitía más al Van Avermaet primigenio, que las tiraba todas al palo, que al killer intratable de 2017. En cuanto a Gilbert, la duda era si en un cara a cara lograría salir triunfante frente a un Sagan o un Van Avermaet a su mejor nivel. Porque repetir la maniobra de 2017 iba a ser, cuando menos, complicado. Contaba, eso sí, con el factor Quick Step. El equipo más poderoso sobre la faz de la Tierra. Algo así como Los Vengadores de las clásicas.

La carrera tuvo una narrativa bastante previsible, si bien costó algo más de lo previsto que se formase la que iba a ser “fuga del día”. La buena noticia, cuando ésta se formó, es que nuestro Iván García Cortina se había metido en ella. El asturiano, que está llamado a ser un corredor referencial en este tipo de pruebas en el futuro, fue uno de los grandes protagonistas del día, dándose el gusto de pasar el primero por lugares tan legendarios como el Kapelmuur o el Viejo Kwaremont. Mientras, por detrás, el frío parecía haber bloqueado los arrestos de los grandes favoritos, que no lanzaban la carrera más que para entrar bien colocados en los muros. Una vez allí, el ritmo se ralentizaba, como si el contacto con el pavé los anestesiara. De ahí que el pelotón principal fuese viéndose mermado en un lento y soportifero goteo más que a base de acelerones y cortes que pegasen buenos tajos al gran grupo.

El Kapelmuur, que en 2017 había sido decisivo pese a estar a casi 100 kilómetros de meta, fue en esta ocasión irrelevante. Sirvió, eso sí, para que los más perspicaces atisbasen el día que estaba teniendo alguno de los capos por el puesto en el que pasó por delante de una de las capillas más icónicas del ciclismo mundial, sino la más.

Quick Step fue el primero en lanzar la carrera, al menos en avivar el ritmo. Algo que sirvió para que el grupo se acercase a la fuga tanto que el belga Devriendt tuvo la posibilidad de saltar y llegar con relativa facilidad hasta cabeza de carrera. Allí acabó quedándose tan solo con Cortina. Juntos coronaron el segundo paso por el Oude Kwaremont, a algo menos de 60 kilómetros de meta, con el grupo de favoritos a algo menos de 1 minuto, comandado por un excelso Lampaert y con Sagan y Stybar, entre otros, algo cortados, no se sabía entonces si dando muestras de debilidad o de una sangre fría casi irresponsable.

Resultado de imagen de Flandes 2018

El impass posterior fue aprovechado por Cort Nielsen (Astana), Dylan van Baarle (Sky) y Sebastian Langeveld (Education First) para llegar hasta el dúo de cabeza convertido en terceto luego de la llegada de Mads Pedersen (Trek). Juntos los seis afrontaron la subida al complicado Koppenberg mientras por detrás BMC tomaba el relevo de Quick Step al frente de las operaciones.

El muro más duro de De Ronde sirvió para purgar la fuga, de la que sólo Langeveld, van Baarle y Pedersen sobrevivieron; y para ver el primer atisbo de batalla, con el acelerón de Terpstra cuando ya se estaba coronando y el Koppenberg nos había vuelto a dejar esa mítica imagen de ciclistas echando pie a tierra y colapsando el paso.

Al paso por el Taaienberg llegó el primer movimiento verdaderamente selectivo, con un acelerón de Greg van Avermaet que sirvió para seleccionar enormemente el grupo de los favoritos si bien ninguno de los grandes aspirantes se dejó sus aspiraciones ahí. Quedaban 37 kilómetros a meta y 10 para el momento decisivo de la carrera. En uno de los tramos más largos sin muros, un sorprendente Nibali lanza un ataque al que inicialmente no responde nadie y unos segundos después sólo sale el holandés Niki Terpstra. Ambos parecen entenderse bien aunque sólo dos kilómetros después el de Quick Step suelta al ganador de San Remo en un falso llano a base de pistonazos. Y hasta ahí. De Ronde acababa de quedar vista para sentencia aunque lógicamente en ese momento aún no lo sabíamos. Pero lo sospechábamos. Porque dejar a Terpstra rodar a sus anchas poco menos de 30 kilómetros es poco menos que un suicidio. Lo fue en Le Samyn, lo fue en Harelbeke lo fue el domingo igual que lo había sido en la Roubaix de 2014. Tal vez para la próxima se lo tomen más en serio.

Es cierto que Sagan especialmente lo intentó un par de veces. La primera cuando Terpstra aún era “alcanzable”, pero su conato de rebelión fue sofocado por Gilbert. Luego el eslovaco logró salir del grupo pero su golpe de pedal no era el adecuado y terminó claudicando. De hecho, ni siquiera llegó a coger a un sorprendente Mads Pedersen al que Terpstra había soltado en el último paso por el Oude Kwaremont pero que nunca cedió más de 20”.

Niki Terpstra conquistaba así su segundo monumento, su tercera clásica del año y se convertía en el auténtico protagonista de la primavera del norte. Un protagonismo que puede devenir en histórico si el domingo que viene es capaz de proclamarse vencedor en Roubaix. Por su parte Pedersen firmaba un prometedor segundo puesto. En una carrera en la que los nombre de Cortina o Van Aert habían sonado como las promesas más esperanzadoras del futuro de las piedras, este joven danés (22 años), ganador de la París-Roubaix Junior, se anuncia como una futura estrella de los adoquines.

Todos ellos, los que sacaron nota, como Terpstra, Pedersen, Van Aert o Cortina; y los que aprobaron raspado, como los Sagan, Van Avermaet, Kristoff y demás; tendrán una nueva reválida el próximo domingo en El infierno del Norte. Veremos quién sale coronado de allí.

Escrito por:

Fracisco Del Puente

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