Mucho barro y poca carretera: clavando la pica en Flandes

Vuelve a llegar la temporada de las clásicas y con ella el ciclismo más épico. El barro, la lluvia, la escasez de luz, los adoquines, la locura, el frío y una buena Duvel en mano cualquier domingo del mes. Desde mi sofá, justo después de una buena salida dominguera y una buena comilona, asistiré, asistiremos, a otra temporada de grandes gestas en las que el pelotón cambia de estatura, se vuelve más alto y fornido, más flamenco, más belga y holandés. Será, sin duda, tiempo para dar paso a los gladiadores de la piedra y el barro, de las ruedas a medio hinchar y de los cascos ultra aero que evitan el frio. Será tiempo, por tanto, para los Boonen, Cancellara, Stannard o Vanmarcke; tiempo para aquellos que vuelan como ángeles sobre los adoquines del Koppenberg, para aquellos que se deslizan como si de serpientes se tratara en el muro de Geraardsbergen.

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Foto: @asierjl

La acción se centrará en un país que respira ciclismo por los cuatro costados, que convierte a 200 hombres en superhéroes y los eleva a un status de semidioses solo comparable con ese al que elevan a los riders de ciclocrós, otra de las religiones politeístas que se practican en Bélgica. La pasión por el barro en el país centroeuropeo es casi una obsesión, el ciclismo de paseo, el de señoritos, el de espalda recta y ruedas gigantes casi está prohibido. Hay que mancharse, llegar a meta con barro hasta en las pestañas, aunque te cubran tus gafas, no es excusa, debes de llegar bien cubierto. Y si hay lluvia pues mejor, nadie quiere una carnicería, pero si que quieren espectáculo y épica, mucha épica. Y qué mejor mezcla que la de la tierra y la lluvia para convertir los márgenes de la carretera en una pasta cobriza que aporte un plus a días de 200 kilómetros sobre insufribles tramos de tremendo traqueteo incesante. Doble cinta de manillar, amortiguador trasero, rueda floja e incluso muñequeras para paliar todo dolor. Ingenuidad, nada va a quitarles el sufrimiento que tendrán que pasar para ganar el corazón de los belgas, eso sí, todo sea dicho, una vez llegas a meta tu estatus de semidiós te procurará muchos beneficios y perdurará por siempre.

Comenzamos con la Omloop Het Nieuwsblad las clásicas de Flandes el día 27 de febrero,  seguimos el 28 con Kuurne-Brusels-Kuurne ; habrá que esperar un poco para dar una vuelta a través de Flandes con la Dwars Door Vlaanderen (23 de marzo) pero luego se suceden el E3 Harelbeke (25 de marzo) y la Gent-Wevelgem (27 de marzo) para llegar al culmen de las clásicas flamencas: De Ronde Van Vlaanderen(3 abril).

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Foto: @asierjl

Los flamencos, grandísimos aficionados al ciclismo, son realmente unos hooligans(en el mejor sentido) de las dos ruedas; rara es la carrera en la que no nos encontremos la bandera amarilla del león. Se cruzan media Europa en caravana, durante todo el año, persiguiendo al pelotón, como miembros de una iglesia pagana, que adora al Dios Ciclismo y que venera a sus semidioses allá donde quiera que vayan. En un contexto tan religiosamente escrupuloso con todo lo relativo al pedal, no es de extrañar que en sus carreras el ciclismo se engrandezca hasta límites que solo ellos atisban a sospechar. Cuando caminas por Flandes, te das cuenta de que viven el ciclismo de puertas para afuera, pero también con un intimismo que se materializa en los pequeños altares que montan las tiendas con botellas, imágenes e incluso bicicletas en tiendas que poco tienen que ver con el ciclismo. Pero esa intimidad de altar se torna en algo más sagrado aun cuando tienes la oportunidad de ir a casa de algún aficionado belga. Allí las reliquias se multiplican en cada cajón y entre pieza y pieza de museo, entre maillot firmado, botellines y gorras encuentras un libro del gran Eddy, edición especial y exclusiva, firmado y dedicado por el propio Caníbal.

En Bélgica, desde el joven estudiante hasta el abuelito más entrañable son susceptibles a ser miembros de esa bendita religión de las clásicas, fanáticos de las piedras y los muros, de los ríos de cerveza y de un viacrucis muy particular, con estaciones en todos los rincones flamencos y con final en el Kapelmuur, donde tiene su sede la curiosa capilla de ciclistas, en la localidad de Geraardsbergen, un pueblecito totalmente pavimentado en adoquín y lleno de muros, muchos inaccesibles que lo convierten en lugar de culto para todos los que como los flamencos amamos este deporte.

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Foto: @oscarpinacdm

Vuelven las piedras, el barro y la épica, las hazañas desde lejos, los ataques de potencia. Las fotografías más impresionantes; la parte más poética y verdadera del ciclismo; la cara A de una cinta en la que suena la voz del locutor de turno que narra las memorables gestas de Roger de Vlaeminck, Eddy Merckx, Johann Museeuw o Tom Boonen.

Piedras, piedras y más piedras, y una obsesión para los grandes: ganar, ganar y volver a ganar. A nosotros solo nos queda disfrutarlo.

Escrito por:
@asierjl

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