Milán – San Remo ’91: Chiappuci arrasa en la Primavera

Un sensacional ciclista como pocos, Claudio Chiappucci, se hacía en 1991 con la victoria en una Milán-San Remo en la que apenas contaba como favorito pero en la cual firma una exhibición para la historia.

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Si existe un país de veneración e idolatría a sus mitos deportivos, ese es Italia. La pasión que demuestran los tiffosi en cualquier evento deportivo es difícil encontrarla en muchos lugares del planeta. Si de ciclismo hablamos, esa mitomanía cobra especial relevancia en la figura de corredores como Coppi, Bartali, Moser, Pantani, y más recientemente con el vencedor del Tour de Francia 2014, el siciliano Nibali. También cuidan con todo detalle de sus más importantes carreras, convirtiendo el Giro de Italia en la ronda ciclista de tres semanas más seguida dentro de las fronteras del país de Garibaldi, superando en expectación al Tour de Francia. Sus dos pruebas de un día más emblemáticas, Milán-San Remo y Giro de Lombardía están consideradas monumentos del ciclismo y gozan de una admiración y cobertura mediática sin igual en el país transalpino.

Ese amor por su patrimonio ciclista lo han demostrado los ciclistas italianos en más de una ocasión. Si en los últimos años vimos a Vicenzo Nibali dando una lección de valentía camino de San Remo en una prueba que no se adapta precisamente bien a sus cualidades, a principios de los noventa tuvimos un caso parecido con otro histórico corredor de aquel país, Claudio Chiappucci. La temporada ciclista de 1991 daba sus primeros coletazos todavía sin saber que un navarro iba a dominar las carreras de tres semanas a su antojo durante los próximos años mientras en la desaparecida Setmana Catalana vencía el irlandés Stephen Roche. Con una ligera pero incansable lluvia se presentaba la salida de la primera gran clásica de la temporada, la Milán-San Remo, con la amenaza de una huelga de cascos caídos por parte de los corredores tras la decisión de la Unión Ciclista Internacional de obligar a portar casco en todo el transcurso de la prueba, finalmente los corredores acataron la norma y salieron con las cabezas protegidas. En aquellos tiempos la clásica italiana pertenecía a la llamada Copa del Mundo, que organizada por la UCI, aglutinaba a las más prestigiosas pruebas de un día disputadas durante todo el año. Sin llegar como uno de los principales aspirantes a la victoria, Chiappucci se daba cita en la Primavera procedente de España donde había disputado la anteriormente citada Setmana Catalana y vencido magistralmente en dos etapas. Su gran amigo Ciccio Lucchesi, ya le había advertido días antes que le veía en un estado de forma inmejorable y que el sábado tenía serias posibilidades de hacerse con la victoria en San Remo. El Diablo, como era conocido el magnífico ciclista de Uboldo, llegaba en avión privado desde Barcelona a Milán, y a pesar de encontrarse en buenas condiciones sabía que tenía por delante como favoritos a corredores de la talla de Gianni Bugno, vencedor el año anterior, al francés Laurent Fignon, un especialista en esta carrera o a su también compatriota Moreno Argentin, además de otros hombres rápidos a los que esta carrera les venía como anillo al dedo.

El liquido elemento seguía dejándose caer aunque sin excesiva fuerza por las estrechas carreteras de la Liguria, pegadas al Mediterráneo. El venezolano Guevara intento sin mucho éxito la primera fuga de la jornada, a la cual siguieron los italianos Zanini y Dazzani llegando con una interesante ventaja a los pies de la ascensión al Turchino. En el descenso de esta cota Bontempi, compañero de Claudio Chiappucci en el Carrera, pone la directa y se lleva consigo al propio Claudio y solo algunos corredores pueden entrar en el corte. Sorensen, Mottet, Lejarreta, Van der Poel, Nijdam, Marie y Stevenhaagen son los elegidos que pueden seguir a la dupla del Carrera dejando por detrás sin posibilidades a hombres como Bugno, Rominger e incluso Fignon. Con la llegada del Capo Mele el trabajo de Bontempi a favor de su líder tiene éxito y reduce el grupo a cuatro unidades, con Chiappucci, Mottet, Nijdam y Sorensen. Solo este último consigue aguantar con un enorme Chiappucci la ascensión al Capo Berta, y con un ritmo demoledor el dúo se encamina hacia las dos últimas dificultades del día, La Cipressa y el decisivo Poggio di San Remo, muy cerca de meta. En la Cipressa la ventaja se mantiene con un Chiappucci en cabeza prácticamente en todo momento y llegan al Poggio donde debe decidirse todo. El italiano sabe que el danés Sorensen es más rápido para un posible sprint por lo que lanza un contundente ataque en la parte final de la última ascensión de la jornada y se marcha directo a San Remo donde le espera la gloria del primer monumento de la temporada después de una exhibición a la que nadie puede hacer sombra, demostrando la ambición del ciclista varesino por entrar en la historia de oro del ciclismo. La Via Roma corona al gran triunfador del día que ha conseguido aventajar en 45 segundos a Rolf Sorensen mientras que por detrás, Vanderaerden vence el sprint por la tercera plaza por delante del uzbeco Abdoujaparov y de Eddy Planckaert.

Escrito por:
@Sincadenablog

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