Markel Irizar, una vida a contrarreloj

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A veces en la vida hay momentos que hacen que todo cambie en un instante, parece prácticamente imposible que en apenas un segundo todo pueda pasar de lo mejor a lo peor, pero así es la vida, y es algo que posiblemente jamás llegaremos a comprender del todo. Pongámonos en situación, septiembre de 2002, Markel Irizar y su compañero de equipo Axier Atxa descansan en la habitación de su hotel después de competir en una de las etapas de la Vuelta al Goierri. En plena conversación entre ambos amigos aparece un tema que podríamos calificarlo como ‘tabú’, nos referimos a esa maldita enfermedad llamada cáncer, que días antes, desgraciadamente se había llevado la vida de la novia de un amigo de Axier. ¿Cómo podía sucederle eso a alguien tan joven?, era la pregunta que se hacía en aquellos instantes el ahora corredor de Trek-Segafredo. Sería un presentimiento o sería el temor, pero gracias a esa conversación, Markel Irizar se detectó un pequeño bulto en el testículo que posteriormente sería diagnosticado como un tumor maligno. Todo cambió, fue una conversación que marcó un antes y un después, unos pequeños segundos que cambiaron una vida, pero que posiblemente también salvaron, al ser detectado a tiempo, ¿ironías del destino? Esto es un pequeño trozo de la vida de ‘Bizipoz’, un ciclista que a pesar de no ser reconocido mundialmente, o ser famoso por sus victorias, seguro que se ha ganado el corazón de gran parte del pelotón internacional y de muchos aficionados que han conocido su historia. Hoy en Road&Mud, os traemos un pequeño reportaje de su vida.

‘Quiero ser profesional’

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Markel Irizar Aranburu nació el 5 de febrero de 1980 en la pequeña localidad guipuzcoana de Oñati, lugar donde se inició en el mundo del deporte gracias al atletismo, pero como todos bien sabemos, no fue su elección final. Para saber cuál sería su deporte, entra en juego la palabra ‘Zahor’, que tiene un papel muy destacable en su atracción por el mundo de las bicicletas. ¿Su significado? Era el nombre de un equipo ciclista local, el cual dirigía un gran amigo de su padre, un hecho que provocó que desde bien pequeño tuviese un gran contacto con las carreras ciclistas y que le fue metiendo el gusanillo por dentro del cuerpo hasta que finalmente su padre le acabó comprando su primera bicicleta; y como si llevase toda la vida montado, en apenas año y medio ya formaba parte del pelotón de cadetes. Poco a poco podíamos ver cómo los engranajes de lo que sería una gran aventura empezaban a coger forma. Markel destacaba por ser un chico muy nervioso y muy activo, algo que según él, le permitía soltar toda la adrenalina que llevaba encima y poder tranquilizarse cuando se subía encima de la bici. Superación, ilusión, seriedad, metódo… Eran algunos de los sustantivos con los cuales podías definir a ese joven ciclista que ya en esos días, tenía las ideas muy claras: ‘Siempre tengo que mirar hacia adelante, nunca para atrás, ya que yo  quiero ser profesional’.

‘Voy a…’

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Como bien hemos comentado antes, la vida no es siempre un camino de rosas, hay baches, pequeñas crisis que nos hacen apagarnos y ver todo de una forma oscura y negra, pero de todo se sale. Como bien dice el refrán, al final de toda tempestad siempre sale la luz, por ello nunca hay que perder la esperanza y hay que luchar siempre, algo que Markel demostró saber hacer como el que más.

Con tan solo 18 años, perdió a su padre, quien le había ayudado a entrar en el mundo del ciclismo, y cuatro años más tarde, en esa fatídica conversación en el hotel, descubrió un bulto en su testículo que días más tarde sería diagnosticado como un tumor maligno. Todo se apagó de golpe, el miedo, la incertidumbre y las dudas empezaron a invadir su mente ‘¿Y ahora qué? ¿Cómo se lo contaré a mi madre y a mi novia?’ Fueron unos momentos muy duros, pero que rápidamente desaparecieron. Las muestras de apoyo que le llegaban (desde la promesa de Miguel Madariaga de pasarle a profesionales una vez superase la enfermedad hasta la carta que recibió del mismo Lance Armstrong deseándole una pronta recuperación) eran bocanadas de aire fresco dentro de toda la ‘oscuridad’. Fueron pasando los días y la cuenta atrás de sesiones que tenía que superar se iba reduciendo, un hecho que Markel aprovechaba para empezar a planificar su futuro, cuando salga de aquí voy a empezar a andar en bici, voy a, voy a, voy a… Un ejemplo de lucha, y una motivación que finalmente le hizo superar la enfermedad, demostrando que como bien hemos comentado antes, después de cada tormenta sale siempre el sol. En 2004 se hizo oficial su fichaje por el Euskaltel, tal y como le prometió Miguel Madariaga, y uno de sus grandes miedos de no poder tener hijos desapareció al ver cómo junto a su pareja Alaitz unos años más tarde se convirtieron en unos maravillosos padres.

Lance y Markel, dos vidas cruzadas

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El destino suele ser muy caprichoso a veces, y así lo quiso ser cruzando las vidas de Lance Armstrong y Markel Irizar. La primera piedra de la historia la puso el ciclista español cuando en octubre de 1996 se le detectó al estadounidense un cáncer testicular con metástasis pulmonar y cerebral. En ese momento decidió mandar una carta desde Oñati dirección a Texas deseándole una pronta recuperación y mucho ánimo, a la cual Lance respondió dándole las gracias por el apoyo. Pero esa carta de Lance no sería la última que se enviarían mutuamente, ya que años más tarde, fue Lance quien le mandó una carta deseándole una pronta recuperación a Markel. Mientras uno luchaba frente al cáncer, el otro se enfundaba en su palmarés un nuevo Tour de Francia, en el que también le hizo una dedicatoria después de ganar una etapa. Tan sencillo como eso, una carta, un puñado de palabras, unos pequeños gestos que fueron simples a la vez que mayúsculas a la hora de  subir los ánimos para dar el sprint final contra la enfermedad. Como bien decía Lance, había que demostrarle al cáncer que se estaba equivocando de cuerpo. Desde ese momento, una constante de guiños y de simpatía se vivían cada vez que se tropezaban en las mismas carreras, hasta que finalmente se encontraron en el RadioShack para ser compañeros de equipo. Dos luchadores, dos guerreros, dos vidas distintas cuyos caminos se acabaron cruzando por un destino caprichoso, para acabar formando una gran amistad.

Los resultados no lo son todo

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Siendo sinceros, Markel nunca ha destacado por sus grandes victorias sino por lo que es capaz de aportar al equipo con su presencia, su ayuda, su sacrificio, su energía y su lealtad que siempre han ayudado a sus compañeros. De hecho, podemos decir que solo ha logrado dos victorias a lo largo de toda su carrera deportiva, entre las que encontramos la Ruta del Sol de Andalucia en 2011, donde se llevó la clasificación general (por delante de Jurgen Van Den Brocek y Levi Leipheimer), siendo su otra victoria como profesional la cuarta etapa del Tour du Poitou de 2010, cuando se impuso al suizo Martin Elmiger en una contrarreloj en la que ganó por centésimas. A pesar de esos resultados, Markel siempre comenta que su mejor día en una bicicleta nunca ha sido uno de esas victorias, sino que fue cuando terminó segundo en el prólogo de la Paris Niza de 2008 disputado en la ciudad de Amilly.

Radio vasco, un gregario de oro

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837 días de competición desde su llegada a profesionales, catorce arranques en grandes vueltas (13 terminadas) y su participación en 24 de las grandes clásicas, son unos números que sin duda le convierten en uno de los ciclistas más veteranos y experimentados del pelotón. Un ciclista que a pesar de no sumar grandes victorias en su palmarés individual, las suma en el palmarés colectivo. Ya que a pesar de no figurar en su historial, esas épicas victorias de Cancellara en las clásicas de primavera, las buenas generales de Zubeldia o Mollema en el Tour o los incontables triunfos de sus compañeros de equipo, tienen un ‘cachito’ de radio vasco en ellas. Como bien comentaban tanto Andy Schleck como Fabian Cancellara en el Informe Robinson, es un corredor que nunca se rinde, es un luchador el cual no tiene días malos, siempre estará allí, no hay excusa que valga, ya que si se tiene que hacer, se hace.

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Para finalizar el reportaje, me gustaría cerrar con una foto que significa mucho, que significa lealtad y que significa lo que es Markel, un gregario de oro. Os pongo en situación, Tour de Francia de 2015, tercera etapa en la que Fabian Cancellara tenía el honor de salir con el maillot de líder de la ciudad de Antwerpen. Camino al muro de Huy (lugar en el que terminaba la etapa), a 58 km de meta, una caída frustraba el sueño de varios ciclistas entre los que estaba Fabian Cancellara. A pesar de sufrir mucho dolor (horas más tarde se descubriría la fractura de dos vértebras), el suizo decidió hacer honor al maillot que llevaba en aquel momento y terminar la etapa. La victoria fue para Joaquim Rodríguez por delante de Froome, once minutos y cuarenta y tres segundos más tarde se sacaba esa foto, era Cancellara junto a su fiel y leal gregario Markel Irizar, una foto que vale más de mil palabras y que demuestra lo que comentaba antes, un gregario que vale oro.

Gracias por todo lo que has luchado y por todo lo que nos has enseñado, Bizipoz.

Escrito por:
@DaniEscribano27

1Comment
  • jose luis
    Publicado a las 01:07h, 27 febrero Responder

    Hay que valorar los esfuerzos y la dedicacion hacia los demas. Gracias markel por todos tus años de ayuda hacia los compañeros.

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