Loren Rowney: Talón de Aquiles

Escrito originalmente por: Loren Rowney en The Peloton Brief. Republicado con permiso de la ciclista.

“Sobre los deportistas de élite y la salud mental.

Por una vez no voy a ser la postergadora que siempre soy. La persona que siempre está pensando, diciendo y jurando que va a hacer las cosas, y que nunca termina por llevarlas a cabo. Ya sea bien encontrando una excusa como que estaba demasiado ocupada, o que no pude ponerme en contacto con las personas adecuadas, o que ya lo haré esta tarde… lo cual se convierte en un ya lo haré mañana, y finalmente resulta en que esa acción nunca la lleve a cabo. 2016 es el año de pasar a la acción. Y es eso lo que precisamente he estado haciendo. Hacer las cosas. Algo tan simple como reservar aquella cita con los psicólogos, llamar a mi entrenador, organizarme para ver a un amigo a quien no he visto en mucho tiempo. Sé que todas estas pequeñas cosas me ayudarán en el largo plazo con las grandes cosas. Como por ejemplo, quiero ganar esa clásica de primavera, así que voy a hacer x, y, z empezando ahora mismo. El primer paso, la x, es tratar con mis problemas de salud mental. Algo que me ha golpeado y vencido en numerosas ocasiones, llegando a un punto crítico en diciembre, cuando estaba tan perdida y tan triste.

Después de leer la triste noticia de que la leyenda de BMX, Dave Mirra, se había quitado la vida, me detuve, hice una pausa y me senté en mi cama y pensé largo y tendido por un momento. ¿No había estado yo en un lugar realmente oscuro anoche cuando estaba sola en casa (nos pondremos con más de esto más adelante), sin nadie a mi alrededor, sin nadie con quien conversar en ese momento? Y te desvaneces entre esos pensamientos oscuros. Esos inundan tu mente, no puedo explicar por qué o cómo ocurre, pero sucede, y es tan jodidamente difícil escapar de ellos, sobre todo cuando estás sola. El problema reside, yo creo, en que tenemos demasiado, y que siempre estamos deseando más: nada es lo suficientemente bueno. Particularmente, en el caso de los atletas de élite, sólo sabemos cómo funcionar al más alto nivel. Basamos todo aquello que hacemos en el rendimiento, nos juzgamos, nos comparamos a nosotros mismos, y siendo honestos, esto puede llegar a ser bastante agotador. Aquí estoy generalizando, porque hay una gran cantidad de atletas que podrían leer esto y a los que no se refiere ni lo más mínimo. Esos no son de quienes estoy realmente hablando, sin embargo, estoy segura de que todos los atletas de élite pueden sentirse relacionados en cierto nivel. Todo se reduce a los mecanismos de afrontamiento. Para algunos de nosotros, esto no es tan fácil, y no hay nada de lo que avergonzarse. Yo misma soy una gran pensadora, una guerrera, y desde que tengo uso de razón, no he tenido los mejores mecanismos de afrontamiento. Puedo recordar un momento particular en los Juegos Pan-Pacíficos del año 2000, donde estaba tan nerviosa y estresada antes de la final del 800ml que era un mar de lágrimas junto a la valla tratando de abrazar a mi padre. ¿Por qué las lágrimas? Tenía prácticamente asegurada una medalla mirando mis tiempos, había vencido a la mayoría de las chicas durante todo el año, estaba en forma, fuerte, y lista para salir. Entonces, ¿Cuál era el problema? ¿Era el miedo al fracaso, a decepcionar a mis padres, a decepcionarme a mí misma? No sé si acaso alguna vez realmente me detuve y pensé: “Ey, si sales ahí y corres al limite, dando todo lo que tienes y ganas, ¡estupendo! Y si no vences, entonces será también estupendo, ya que lo diste todo, y eso es todo lo que puedes hacer. Algunas personas son más rápidas ese día”. Suena como la perfectamente lógica conversación que se tiene con uno mismo antes de una carrera. Pero no es así como mi cerebro funcionaría, se centraría más bien en un mal resultado, y sus repercusiones, en lugar de centrarse en la realización de la tarea. Solo corre como lo hiciste en cada sesión de entrenamiento hasta este momento. De todos modos estoy divagando, estoy dando un pequeño ejemplo de cómo mi cerebro funcionaba durante mi infancia deportiva, y cómo mi ansiedad siempre me ha estado incomodando.

Retomando mi descenso a la oscuridad la otra noche, puedo ver y relacionarme con estos otros atletas. No soy una leyenda como Dave Mirra, o Leisel Jones, pero entiendo la tristeza que a veces te abruma y supera. Incluso cuando desde fuera da la impresión de que eres una de las personas más felices. Por lo general, las personas como yo, con un montón de de amigos, siempre activas, más extrovertidas, somos quienes más nos deprimimos. Creo que es porque trato de distraerme de mí misma. Nunca me he gustado a mí misma, he sido siempre mi peor crítica, como todos lo somos, pero es que yo solo quiero más y más de mí misma, y me parece que no puedo conseguirlo. Es casi esa sensación de que el mundo te debe algo. Siento que necesito marcar una diferencia en el mundo, necesito contribuir en algún alto nivel, ¿tengo que ser … especial? Ser “normal”, signifique lo que signifique esa palabra, me aterroriza. Establecerme, comprar una casa, tener un coche, estar en un solo lugar, trabajar en algún oficio que me ate me asusta increíblemente. Siempre lo ha hecho. Siempre he buscado ser diferente, hacer las cosas de un modo diferente. Esa palabra, “búsqueda”. En busca de algo … en busca de un significado, un sentido. ¿Por qué? ¿Por qué todo lo que hacemos tiene que tener algún significado más que el mero hecho de simplemente vivir? Me enredo en estos pensamientos porque siento que la vida que llevo es una vida tan egoísta, que no me la merezco en cierto sentido. Vea, otra vez estoy siendo autocrítica. Y cualquier buen psicólogo diría ahora: “Pero ¿por qué siente que se merece todas las cosas maravillosas que le suceden?”. Mi respuesta normalmente: “no tengo ni idea, ¡es por ello que estoy hablando con usted!” Es la forma en que pienso, es la forma en que estoy conectada, soy lo que soy, pero una cosa de la que me he dado cuenta es de que puedo controlar mis pensamientos. Puedo elegir estar alegre o triste, y puedo elegir si buscar ayuda o no buscarla. Y estoy mejorando en contactar y buscar la ayuda que necesito. Volviendo a mi descenso a la oscuridad de anoche. Estaba resbalándome, pero me di cuenta de ello, por lo que llamé a mi padre, y hablamos. Fue tan simple como eso. Alguien en quien confío plenamente, a pesar de que hemos tenido nuestras diferencias, él es una persona que conozco que comprende mi extraña mente. Solo deseo y espero que más gente termine por alcanzar y obtener la ayuda que necesitan. Ahora sé que no es una debilidad, pero sé que si dejo pasar las cosas, y que caigan por el abismo, eso será una debilidad. Por eso, me he dado cuenta de que con solo hablar de ello, y tal vez si hablase, otros atletas, otra gente sentirá que pueden hablar de lo que les está pasando en sus cabezas. Todos somos únicos, todos tenemos nuestros defectos, y todos tenemos nuestras debilidades. Si tu reconoces tus debilidades, puedes conquistarlas. Todos tenemos un talón de Aquiles, la diferencia entre tú y Aquiles es que si eres capaz de reconocer tu debilidad, puedes encontrar una manera de protegerte de ella, manteniendo tu fuerza”.

Loren tiene un ala tatuada en su tobillo derecho para acordarse siempre de su talón de Aquiles. Loren Rowney, ciclista australiana nacida en Sudáfrica y residente en Girona durante la temporada ciclista, ha cambiado esta temporada de equipo dejando las filas del difunto Velocio-SRAM para unirse a la escuadra australiana Orica-AIS. Síguela en @LorenRowney

Escrito por:

Loren Rowney en The Peloton Brief

Traducido por:

Diego Martín

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