LA TRADICIÓN DE WILLUNGA HILL

Desconozco cuáles son las razones por las que el ser humano venera sus tradiciones. Imagino que es por una cuestión de comodidad, por la propia seguridad que otorga el volver a lo que uno conoce, repetir aquello que funciona y por esquivar el tenebroso e incierto terreno de lo desconocido. Solo así se entiende que durmamos siempre en el mismo lado de la cama, que vayamos siempre a los mismos sitios o que llevemos una botella de vino o una bandeja de pasteles cuando alguien nos invita a su casa a comer.

El ciclismo también tiene sus tradiciones. Una de ellas tiene lugar cada año en Willunga Hill, en el sur de Australia. Se trata de una subida que suele tener una gran importancia para decidir el resultado final del Tour Down Under. Allí, en una subida corta -unos tres kilómetros de longitud- y de porcentaje exigente pero nada descabellado -un 7% de desnivel aproximadamente-, impone su ley desde hace cinco años Richie Porte.

El pelotón a su paso por Willunga Hill en una de las ediciones anteriores. Foto: Weekendnotes.com

En esta ocasión la subida se hizo a un ritmo muy lento -cosa que es de esperar si el ritmo lo marcan ciclistas no especializados en la escalada como Danilo Wyss, Manuele Mori o Salvatore Puccio- que permitió que el pelotón permaneciese compacto hasta que se produjo el primer y único ataque de la ascensión. Como manda la tradición, los feligreses que acudieron a la cuneta de Willunga Hill pudieron observar con fervor religioso cómo a falta de un kilómetro y medio llegó el habitual demarraje de Richie Porte. Esta vez encontró la oposición de Jay McCarthy, otro hombre que tiene la costumbre de estar muy metido en carrera en el Down Under. El australiano de Bora aguantó lo que pudo a rueda de Porte hasta que el tasmano le fundió los plomos. Una vez más, Richie, hizo gala de su matemática precisión y demostró que es uno de los mejores, sino el mejor, “mediofondistas” -por aquello de bordar las carreras de los 800 y los 1500, como si de Hicham el Guerrouj se tratase- del pelotón mundial. Porte, fiel discípulo del método Sky, introdujo los parámetros pertinentes en su CPU y obtuvo su quinta victoria consecutiva en la cima australiana. Una nueva victoria escrita en binario, tan incontestable como robóticamente calculada. Lo curioso del asunto es que, a pesar de llevar una manita de victorias en Willunga, el ciclista de BMC solo ha conseguido ganar la general del Tour Down Under en una ocasión -el año pasado- lo que nos da una pista de que su forma de correr le viene de perlas para conseguir la victoria de etapa pero que, a todas luces es insuficiente para desbancar en la general a otros ciclistas que se aprovechan de las bonificaciones de las llegadas al sprint o de las contrarrelojes cuando las hay. Este año se ha hecho con la victoria final el sudafricano Daryl Impey, igualado a tiempo con Porte. Dado lo apretado de la victoria, ¿no hubiese sido mejor para Porte haber lanzado un ataque desde un poco más lejos, a riesgo de acabar con una tradición que dura ya cinco años? ¿No merece la pena jugársela en busca del premio gordo?

Daryl Impey cruzando la meta de Willunga Hill. Foto: Tim de Waele.

Teniendo en cuenta todo esto, sigo sin entender por qué sus rivales no plantean la carrera de manera diferente para que, como cada año, Porte no los deje plantados a kilómetro y medio de la meta con un cartel en la espalda en el que se puede leer “loser” y diciéndose entre ellos: “¿otra vez Porte?”. “Sí, hijo. Otra vez”. Supongo que es cosa del conformismo del pelotón actual. O quizás sea que el pelotón ciclista sí respeta las tradiciones.

En cualquier caso, si Richie Porte sigue honrando y respetando las tradiciones de esta manera, acabará yendo al Tour -su gran objetivo de la temporada- con la intención de ganarlo y, como es tradición, acabará dilapidando todas sus opciones de triunfo bien en una caída, un abanico, un despiste, una avería o rodando codo con codo con el Tío del mazo en una de las jornadas de alta montaña, algo que también es costumbre en el aussie. Habrá que esperar a julio para saber si todo sigue como mandan los cánones o si al final nos encontramos con una grata e inesperada revolución ciclista en las carreteras francesas.

Escrito por:

@AbdonRV

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