La resaca de Formigal

 

LA RESACA DE FORMIGAL

Resumen del tercer bloque de la Vuelta a España 2016

La Vuelta a España 2016 llega a su fin. Durante tres semanas la Guillenata nos ha brindado momentos de ciclismo maravillosos y otros para olvidar. El tercer y último bloque resultó estar por debajo de lo esperado pero es que la exigencia tras la etapa de Formigal había sido muy alta. Aquí va lo que ocurrió en esos últimos cinco días de competición.

Etapa 17. Castellón > Llucena. Camíns de Penyagolosa

El día después de la segunda jornada de descanso esperaba a los chiquillos un final made in la Vuelta, de esos que le meten el miedo en el cuerpo a las mismísimas cabras. Cuenta la leyenda que el ilustrísimo Guillén pone una carretilla con pasto en la cima de las montañas españolas como reclamo para las cabras. Por donde ve que suben los bóvidos, ahí hace asfaltar una carretera y pone una pancarta de meta.

Algo así era el final de esta etapa en la subida de casi cuatro kilómetros de Mas de la Costa con rampas de hasta el 21%. Allí donde ni el mítico alpinista italiano Reinhold Messner (no es austríaco, no) se atreve a escalar, allí deben subir en bicicleta los participantes de la Vuelta.

Como es costumbre en esta Vuelta, hubo que esperar casi cincuenta kilómetros para que se formara una numerosa escapada con gente tan válida como Axel Domont, Marcel Wyss, Haimar Zubeldia, Simon Gerrans o Jaime Rosón, quien a la postre resultaría vencedor de la combatividad. Sí, nosotros tampoco nos explicamos por qué el valiente escalador de Caja Rural tuvo la suerte de llevarse ese premio.

La verdad es que lo del premio de la combatividad de la Vuelta es como el timo de la estampita. Se otorga a cuarenta kilómetros de meta y mediante participación popular vía sms. También hay que decir que si eres español, tus posibilidades de llevarte el premio aumentan considerablemente. Todo el mundo sabe que los ciclistas españoles son ultracombativos y que el resto de nacionalidades no tiene nada que hacer frente los hijos de Hernán Cortés.

Hubiese sido mucho más justo que la combatividad se la hubiese llevado Dario Cataldo. El italiano de Astana fue quien formó el corte definitivo, llevándose a su rueda al suizo Mathias Frank. El suizo se aprovechó del trabajo de Cataldo en el terreno plagado de trampas que conducía hasta Mas de la Costa y le levantó la etapa de manera sibilina con total ánimo de lucro. Más o menos de la misma forma en que Hervé Falciani le arrebató al banco suizo HSBC la famosa lista de evasores fiscales que lleva su apellido. Frank, un notable escalador acostumbrado a brillar en la Vuelta a su natal Suiza, añade a su currículum una pintona victoria en una grande, lo que le sirve para darle un brillo que le faltaba.

Frank y Cataldo camino de Mas de la Costa. Foto: M.A. Miguélez
Frank y Cataldo camino de Mas de la Costa. Foto: M.A. Miguélez

No fue una victoria fácil. Una vez que dejó a Cataldo tirado en una cuneta con un puñal clavado en la espalda a la altura de los riñones, tuvo que lidiar con la incipiente amenaza de hombres como Pello Bilbao, José Herrada y, sobre todo, Robert Gesink, que desde las fugas ha hecho grandes ascensiones en esta Vuelta, y Leopold König, que llegando desde la fuga hicieron sentir a Frank lo que sienten los protagonistas en las pelis de asesinos despiadados de adolescentes. El de IAM ascendió con el medio a que en cualquier momento el malo de la película acabara con su vida pero, al final, pudo eludir esa muerte figurada cruzando el primero la meta y se quitó el mal cuerpo recibiendo el cálido beso de las azafatas en el podio.

Entre los favoritos… poca cosa. La posible batalla que hacía presagiar el hecho de que tanto Sky como Movistar introdujeran dos hombres en la fuga se quedó en nada. Al final se trató de un farol que no provocó grandes movimientos -ni pequeños-. Así que se la volvieron a jugar en las rampas diseñadas por el mismísimo Belcebú -cada uno llama a Guillén como quiere, ¿vale?-. Los continuos ataques y contraataques entre los cuatro hombres más fuertes de la carrera; Quintana, Froome, Chaves y Contador, no surtieron efecto alguno y el póker de favoritos cruzó la meta junto. No hubo diferencias. ¡¡¡¿Quién podría pensarlo con tales rampas?!!!

Etapa 18. Requena > Gandía

Poco que contar en la etapa que llevaba al pelotón hasta la bulliciosa, en verano, localidad costera de Gandía. Fuga consentida de cinco lozanos muchachotes; Louis Vervaeke (Lotto-Soudal), Mattia Cattaneo (Lampre), Fumiyuki Beppu (Trek), Pierre Rolland (Cannondale), Quentin Jauregui (Ag2r); que los equipos con hombres rápidos no han permitido que se jugasen la victoria. Desde que los ciclistas tienen que correr con crampones las llegadas masivas escasean y no es plan de andar desperdiciándolas. De este modo, los equipos rápidos se tragaron a los cinco escapados y la certeza del sprint solo se vio mínimamente alterada por el ataque final de Jan Bakelants, que se ve que se había quedado con ganas de meterse en la fuga del día y lo intentó en los últimos kilómetros.

Koen de Kort (Giant) fue el encargado de lanzar a su compañero Nikias Arndt. Desde muy lejos, Jean-Pierre Drucker abrió las hostilidades por el lado derecho de la calzada. Inmediatamente por la izquierda se tiró como un poseso en busca de la meta, Nielsen. Por el carril central, Arndt seguía midiendo la distancia para comenzar su aceleración. Los metros iban pasando y la línea de meta no llegaba nunca. Drucker se deshizo como se deshacen los meteoritos al entrar en la atmósfera terrestre. Arndt atacó pero Nielsen seguía pegando riñonazos. A decir verdad, el danés, extenuado, hacía fuerza hasta con las pestañas pero a base de tesón consiguió prolongar su sprint más allá de lo imaginable y batió a un Nikias Arndt a quien la derrota volvía a golpearle en los morros.

Nielsen se impone en la meta de Gandía. Foto: Javier Lizón
Nielsen se impone en la meta de Gandía. Foto: Javier Lizón

A Magnus Cort Nielsen, muy dado a conseguir victorias en casa, en el Tour de Dinamarca, le ha costado lograr su primera victoria de élite. Su debut en el World Tour se produjo el año pasado pero no pudo conseguir ninguna victoria. Este año, aunque se apuntó un parcial en Dinamarca, dónde si no, llevaba una temporada más discreta, si cabe, que la anterior. Con este triunfo da un salto de calidad y se coloca como una más de las alternativas dentro de ese segundo escalón de los hombres más rápidos del pelotón mundial.

Y a todo esto, tercera victoria de etapa de Orica.

Etapa 19. Xàbia > Calpe

Menos mal que Nairo Quintana le pegó un buen palo en Formigal a Froome. De no haber estado listo y valiente aquel día, muy probablemente Froome hubiese sentenciado la Vuelta en Calpe.

Todos los favoritos salieron por la rampa de Xàbia transmitiendo muy buenas sensaciones, con las excepciones de los Orica, Chaves y Yates, que no son ciclistas que se lleven especialmente bien con los cronómetros.

Hasta que salieron los hombres importantes de la general la contrarreloj había tenido tres nombres: Victor Campenaerts, Yves Lampaert y Jonathan Castroviejo. En este orden, cada uno de ellos fue estableciendo el mejor tiempo en cada uno de los puntos del recorrido hasta que el vizcaíno de Movistar cruzó la meta y se situó como líder provisional de la etapa. A Castroviejo le tocaba esperar. Pocos hombres de los que quedaban por salir podrían mejorar su crono en la línea de meta. Castro podría aprovecharse de la falta de auténticos especialistas en la lucha contra el crono para llevarse una victoria que hubiese sido muy merecida. Pero no pudo ser.

La etapa presentaba un escenario desconocido hasta la fecha: ver a Chris Froome por detrás en la tabla y con bastante tiempo que recuperar. De normal, el británico llega a la última contrarreloj con el maillot de líder puesto y utiliza la crono para dar la puntilla a sus rivales. Aquí Froome debía manejar la ansiedad que produce el tener la carrera muy cuesta arriba y estar obligado a dar el máximo sin margen de error. Lejos de ser un problema, resultó una enorme motivación para el nacido en Nairobi.

Chris Froome estuvo a punto de echar a volar en los treinta y siete kilómetros del recorrido. A pesar de que sus rivales iban marcando buenos cronos, el Pollo de Sky iba desatado hacia la victoria, arañando segundos a Quintana en cada kilómetro, con un pedaleo tan preciso como lleno de rabia. Más de uno se acordó de la contrarreloj de Luxemburgo de Induráin. Excesiva comparación, sobre todo, teniendo en cuenta los pocos rivales en la lucha contra el crono tenía delante. Froome no se enfrentaba ni a Armand de las Cuevas, ni a Greg Lemond, ni a Alex Zülle. Se medía a Alberto Contador, Nairo Quintana y a Jonathan Castroviejo que, aun siendo muy bueno, difícilmente pasará a la historia como uno de los grandes contrarrelojistas de la Historia. Sí que es comparable ese aire de superioridad, de hazaña, que imprimía Froome en cada pedalada. Tal era su desempeño que en Movistar empezaban a ponerse nerviosos. Aunque llevaba muy buen ritmo, la distancia no le dio chance al líder de Sky para recortar los tres minutos y medio que tenía de desventaja, pero sí que dejó la Vuelta abierta de cara a la jornada de Aitana donde se decidiría todo.

Froome pulverizó el crono de Castro en cuarenta y cuatro segundos. El tercero de la etapa, un gran Tobias Ludvigsson, se fue ya hasta 1’24” de diferencia. A Contador, que en una crono de menos a más finalizó octavo, le metió 1’57”. Quintana fue undécimo a 2’11” del pletórico británico, de modo que la diferencia final entre ambos quedó reducida a 1’21”. Difícil pero factible.

Chaves que no estuvo bien se dejó más de tres minutos y le cedió el tercer cajón del podio a Alberto Contador por 1’11”. Al día siguiente debería desbancar al pinteño si no quería tirar por la borda todo el buen trabajo realizado en la Vuelta.

Chris Froome a pleno rendimiento. Foto: Javier Lizón
Chris Froome a pleno rendimiento. Foto: Javier Lizón

Destacar la desgracia de Samuel Sánchez que estaba realizando una gran contrarreloj cuando sufrió una fuerte caída en los kilómetros finales. El asturiano cruzó la meta derrotado, entre lágrimas. La opción del Top10 que tanto había peleado a lo largo de tres semanas se le fue al suelo en una curva. Al día siguiente no pudo tomar la salida.

Etapa 20. Benidorm > Alto de Aitana. Escuadrón Ejército del Aire

El problema de esta etapa fue las grandes expectativas que había depositadas en ella. Todos esperábamos una auténtica bacanal, una lucha sin cuartel de 200 kilómetros, y corredores entrando en meta de uno en uno. Es lo malo que tiene echar a volar la imaginación, que luego las cosas no son como te pensabas y te desilusionas. Y eso que no fue, en absoluto, una mala etapa. Al contrario, fue una muy buena etapa.

Como se esperaba, no pararon de producirse movimientos de salida. El terreno invitaba a ello. Hasta llegar a la ascensión final de Aitana había que subir cuatro puertos de segunda categoría que podían seleccionar mucho la carrera. Los hombres de Sky y alguno de Tinkoff no cesaban de intentar meterse en las fugas que, una y otra vez, se encargaba de abortar el conjunto Movistar. Los telefónicos tenían a su favor el saber que iba a haber intentos con lo que hubiese sido imperdonable que les hubiesen cogido por sorpresa como les pasó a los robots de Sky el día de Formigal.

Y así fueron pasando los kilómetros sin que se confirmara la fuga hasta que pasado el kilómetro sesenta los equipos de los líderes, despatarrados, agotados de tanto forzar, se dieron por vencidos y permitieron que se marchara un grupo por delante. En ese grupo viajaban Robert Gesink (Lotto Jumbo), Bart de Clercq (Lotto-Soudal), Benjamin King (Cannondale), Clément Chevrier y Mathias Frank (IAM), Fabio Felline (Trek), Darwin Atapuma (BMC), Lilian Calmejane (Direct Energie), Luis León Sánchez (Astana), Pavel Kochetkov (Katusha), Pierre Roger Latour (Ag2r), Rudy Mollard (Cofidis), Valerio Conti (Lampre) y un representante de Sky, Movistar, Tinkoff y Orica para cubrir la baza táctica: David López, José Joaquín Rojas, Yuri Trofimov y Damien Howson.

Al poco de darse el visto bueno a la escapada, Mollard y Luisle se marcharon por delante y mantuvieron una ventaja que hasta Aitana rondó los dos minutos. El pelotón se fue por encima los diez minutos cuando se puso en cabeza Rory Sutherland. El australiano de Movistar ha hecho un trabajo magnífico para su equipo pero verlo pedalear al frente del pelotón con la cabeza levantada, con aires de señora mayor que se pone digna, era una señal inequívoca de parón en el pelotón. Cada vez que Sutherland se ha puesto a tirar del pelotón la lectura ha sido clara: la victoria está en la fuga. Y en esta etapa no iba a ser menos, por mucho que Orica intentara lanzar la carrera en determinados momentos.

Por lo menos Orica justificó el aumento de ritmo que imprimió en el pelotón cuando en la penúltima subida del día, Tudons, saltó Esteban “Dientes” Chaves a cuarenta y cinco kilómetros de meta persiguiendo el podio. De manera incomprensible Alberto Contador, que andaba huérfano de compañeros, no salió a su rueda y dejó que el colombiano abriera hueco. Al poco Chaves llegó a la altura de su compañero fugado, Damien Howson, que se había descolgado para hacerle la aproximación a Aitana.

Contador declaró posteriormente que esperaba que Movistar le hubiese devuelto el favor de Formigal. Muy mal Contador. Primero, por no responder en primera persona al ataque de su más director rival. Segundo, por pretender que otro equipo hiciese lo que el suyo no fue capaz de hacer. El ciclismo no es una cadena de favores. Los corredores y directores harían bien en pensar que esto no es un “hoy por ti, mañana por mí”. Si los intereses coinciden, bien, si no, búsquense la vida. ¿Por qué debería tirar Movistar para cazar a un corredor que estaba a cinco minutos cuando a ellos lo que les interesaba era una carrera tranquila y tener al equipo lo más agrupado posible?

A Tinkoff no le quedó más remedio que mandar parar a Trofimov que, como Howson, estaba en la fuga, para que tirase con la intención de neutralizar a Chaves, pero Yuri iba con tanto adelanto que cuando llegó a rueda de Contador, Dientes ya estaba a dos minutos, le había arrebatado el tercer puesto del podio a su jefe de filas y se había convertido en algo era así como Terminator. Por si fuera poco, Trofimov llegó hasta Alberto pidiendo la hora y su ayuda fue más simbólica que real. Sí, señor, a Contador le habían robado la merienda y hasta el desayuno del día siguiente. Con la salvedad de Rovny y el propio Trofimov el día de Formigal, o de Benatti en cualquiera de las etapas llanas, Tinkoff ha sido una verbena. ¿Quién podría imaginarlo con gregarios tan fiables como Jesús Hernández, Sergio Paulinho o Robert Kiserlovski?

En el último puerto Luisle consiguió dejar atrás a Mollard y encaminarse a por una victoria que, sin duda, merecía. Pero los perseguidores, gente malvada que no cree en los Reyes Magos, no estaban por la labor de que eso sucediera. En las rampas más duras de Aitana, Luisle empezaba a culebrear. Por detrás se acercaba Atapuma, y unos metros por detrás, Latour y Frank. Otros pocos metros atrás, el diésel Felline. Atapuma consiguió dar alcance a Luisle. En ese momento al murciano se le atragantó Aitana como un polvorón en mitad del desierto y, como era de esperar, no pudo seguir el ritmo del morenito de BMC. A dos de meta Latour y Frank lograron contactar con Atapuma que había visto por el rabillo del ojo cómo se le iba acercando la pareja franco suiza -vaya combo-. Fue en ese momento cuando comenzó el festival Latour. El francés de Ag2r soltó un ataque con el que, aunque se llevó a Atapuma a rueda, sirvió para acabar con Mathias Frank. Una y otra vez Latour realizaba aceleraciones. Cambiaba de ritmo, cogía un poco de aire y volvía a atacar. Fueron dos kilómetros de cambios de ritmo constantes del francés que también consiguieron acabar con la resistencia de Felline quien, debido al empeño colosal de Latour, no pudo llegar hasta el dúo de cabeza y disputar la etapa con su gran punta de velocidad. A falta de 500 metros, en una de las paradas de Latour para coger algo de aire, Atapuma lanzó su ataque y soltó de rueda al grimpeur galo que se había dejado las vísceras en el asfalto de Aitana. La victoria era del colombiano. Y se la hubiese llevado de no haber sido por que Latour volvió a cambiar de ritmo llevando al límite su musculatura y cogiendo a Atapuma a falta de 300 metros. En el sprint por la victoria el hombre de Ag2r volvió a entregarle diez años de vida al Diablo y se llevó la etapa. Si se apuntó el parcial fue por su capacidad de sufrimiento. Atapuma llegó al final con mejores piernas pero Latour se empeñó en que no se le escapase el triunfo, y así fue.

Roger Labour celebra su triunfo en Aitana. Foto: AFP
Roger Labour celebra su triunfo en Aitana. Foto: AFP

De los notables, Froome comenzó su fiesta del ataque a siete de meta pero fue incapaz de soltar la rueda de Nairo Quintana, a quien se veía muy cómodo. Por más que lo intentaba el británico siempre aparecía detrás de él la cara impasible del boyacense. Iban pasando los kilómetros y Froome no quebraba la resistencia de Nairo. En los últimos tres kilómetros ya se intuía que, incluso en el hipotético caso de que Quintana perdiera rueda, el británico no iba a recortar la diferencia que le separaba del maillot rojo. La comedia se completó cuando el Buster Keaton de Movistar, amante de las pancartas, tras toda la ascensión a rueda del líder de Sky y con la Vuelta más que sentenciada, le esprintó en los últimos 100 metros. Y no es la primera vez que Quintana hace algo similar. Froome cruzó la meta aplaudiendo; no sabemos si en reconocimiento al triunfo final de Nairo o como respuesta al postrero/rastrero movimiento de Quintana.

Contador, aunque recortó un poco la ventaja de Chaves en la última subida, terminó perdiendo el tercer puesto de la general con Dientes por doce segundos; más o menos lo que se tarda en leer este párrafo.

La otra batalla que le dio emoción a la etapa fue la lucha por la clasificación de la montaña. Kenny Elissonde partía con tres puntos de ventaja sobre Omar Fraile. Ambos se metieron en uno de los intentos de escapada que se formaron subiendo el coll de Rates, primero de los cuatro puertos de segunda categoría que debían ascender camino de Aitana. Quedaban diez kilómetros para coronar y Elissonde, manta liada a la cabeza mediante, se marchó en solitario en busca de la cima y los puntos. Aunque tenía unos segundos de ventaja las sensaciones que transmitía no eran las mejores. Demasiados cabezazos y golpes de riñón para el pequeño francés que resoplaba como una burra vieja. A menos de un kilómetro, Omar Fraile, Peio Bilbao y algún que otro más saltaron y dieron caza a Elissonde que se hundió súbitamente. Fraile sumó cinco puntos en Rates y Elissonde ninguno. El de Français des Jeux se quedó clavado hasta el punto de ser atrapado por el pelotón y estar a punto de descolgarse del gran grupo.

Pero sacó fuerzas de flaqueza y volvió a recuperarse. Terminó dando caza a Fraile y le atacó. El de Dimension Data sufrió un problema mecánico justo cuando Kenny lanzó la penúltima carga y ahí murieron sus opciones en la etapa. El de Santurce se descolgó incluso del pelotón. Su única opción era que Elissonde no sumara tres puntos en lo que faltaba de etapa. Así fue como llegó el movimiento suicida del corredor de Longjumeau. La Pulga atacó desde el pelotón en busca de la fuga que rodaba unos dos minutos por delante. Una vez atrapado el grupo perseguidor, llegar hasta la pareja de cabeza que formaban Mollard y Luisle antes de coronar Tudons iba a ser imposible, así que solo podía aspirar a sumar un punto en la penúltima subida del día. Y lo consiguió. Los nervios se incrementaban en el coche de Dimension Data. El corazón de Fraile latía a mil por hora a pesar de rodar cómodamente en el pelotón una vez que Sutherland detuvo el tiempo y casi que el espacio en el paquete principal. Sumado el punto de Tudons, si Elissonde quería llevarse la montaña, debía pasar por la pancarta de la montaña situada en Aitana entre los cinco primeros. Después del día de excesos que llevaba, y habiendo mostrado síntomas de debilidad en más de una ocasión, la cosa no estaba fácil. Las dudas se despejaron en los primeros kilómetros de Aitana donde Kenny, por mucho corazón que le puso, no pudo seguir el ritmo de los mejores de la escapada. Pasó bajo la pancarta del premio de la montaña en vigésimo segunda posición. Por un solo punto, el mejor escalador de la Vuelta a España volvía a ser, como ya hiciera en 2015, Omar Fraile.

A Elissonde hay que agradecerle su valiente apuesta que nos mantuvo durante muchos kilómetros con la incertidumbre de saber quién se llevaría el maillot de la montaña. El suyo fue un ataque suicida, sí. Pero más suicida hubiese sido quedarse en el pelotón donde seguro que no hubiese podido recortar la desventaja de puntos que tenía con Fraile tras el error de cálculo del coll de Rates. Merci, Kenny.

Etapa 21. Las Rozas > Madrid

El cierre de la Vuelta ha visto como Magnus Cort Nielsen volvía a proclamarse vencedor de etapa tras el triunfo cosechado en Gandía.

Orica, envalentonado por las posibilidades que le ofrecía su sprinter, encomendó a Keukeleire la misión de ser el lanzador del danés. En la llegada Benatti cerró a Magnus, que volvió a encontrar un hueco a falta de 100 metros y, haciendo gala de una gran resistencia, pudo desarrollar toda su velocidad e imponerse tanto a Benatti como a Meersman en un sprint bastante largo.

Nielsen, victorias al margen, ha estado soberbio en la carrera.Y es que cuando no estaba ocupado ganando sprints, lo estaba metiéndose en fuga; como cuando hizo de puente para Simon Yates, el día del Aubisque. Mucha presencia y dos victorias para él ¿qué más pedirle a un tipo que llegaba a la Vuelta sin que le hubiesen pedido nada? Ah, y es la primera grande que disputa en su vida.

La pena, como siempre, fue ver el esfuerzo inútil de los fugados del día: Peter Kennaugh (Sky), Koen Bouwman (Lotto Jumbo), Loïc Chetout (Cofidis) y Quentin Jauregui (Ag2r). Todos ellos corredores, a día de hoy, de un perfil bajo, lo que no quiere decir que el futuro no les pertenezca. De los cuatro destacaba, con un nivel notable, Kennaugh, un corredor que ya ha ganado cositas. Natural de la isla de Man, como Mark Cavendish, el corredor de Sky ha ido de más a menos en esta Vuelta. De hecho, su nivel ha terminado siendo tan bajo que hasta podría haber formado parte del nueve de Tinkoff.

La combinada, esa clasificación que no entendería ni el mismísimo Albert Einstein y que parece que no interesa a nadie, fue para Nairo Quintana. El maillot de la montaña ha quedado claro que fue para Omar Fraile a pesar de la agonía de Elissonde. La regularidad nos brindó una sorpresa. El tercer puesto de Felline en Aitana le hizo vestirse de verde en detrimento de un Alejandro Valverde que, una vez que se vio fuera del Top10 de la general, se desentendió de las clasificaciones y se centró más en ayudar a su compañero Quintana. La general por equipos fue para BMC, aunque bien se la hubiese podido llevar Movistar.

Finalmente Nairo Quintana se llevó su primera Vuelta a España, segunda grande de su palmarés tras el Giro logrado en 2014. Lo consiguió gracias a un estilo mucho más ofensivo que el mostrado en sus últimas carreras. Ojalá que esto sirva para que en el futuro veamos a un Nairo mucho más atacante y espectacular. El segundo puesto fue para Froome y el tercero para Chaves.

Quintana escoltado por Froome y Chaves en el podio de Madrid. Foto: Javier Lizón
Quintana escoltado por Froome y Chaves en el podio de Madrid. Foto: Javier Lizón

El líder de Sky probablemente equivocó la estrategia a seguir el día de Aitana. Froome optó por la opción conservadora: recortar 1’21” a Nairo a base de ataques en el último puerto. Sorprendente, ya que en ningún momento de la carrera se mostró más fuerte para arriba que el colombiano. El problema de Froomey es que un verdadero ataque lejano parece que no entra dentro de los parámetros que maneja su potenciómetro y por tanto, no es una opción que pueda contemplar. No sabemos qué hubiese resultado de habérsela jugado a fuego desde la salida de la penúltima etapa. Quizás le hubiese salido bien y hubiese desbancado a Quintana, aunque lo más seguro es que le hubiese resultado fatal. Podría haber acabado fuera del Top10 y sin pilas en la maquinita, pero hubiese sido una derrota grandiosa. A veces, la derrota es mucho más bella que la victoria. Los pragmáticos querrán escupirme a la cara ahora mismo por esta visión romántica del deporte, pero los soñadores disfrutamos imaginando escenarios imposibles. Y estos, a veces, se cumplen.

Un brindis ciclista por que nuestros sueños imposibles se cumplan.

Salud y ciclismo.

Escrito por:

@AbdonRV

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