“La carrera sin ambición” (Resumen de la segunda semana del Tour´16)

 

Poco ha mejorado el Tour en comparación con la primera semana de competición. La Grande Boucle sigue aburriendo allá por donde pasa porque, precisamente, nada pasa. Ahora nos queda la esperanza de que esto mejore en los días de alta montaña que se avecinan. Desde luego el espectáculo no puede empeorar ya que ha tocado fondo. Por supuesto, no os alarméis, me refiero a nivel de espectáculo que a mí, como espectador, es lo que me interesa. A nivel organizativo, como leeréis más adelante no se puede caer más bajo. Vamos allá.

 Etapa 10. Escaldes Engordany-Revel

Peter Sagan se ha empeñado en que este Tour tenga un mínimo de interés. En la subida a Envalira, un puerto de primera categoría que se subía de inicio y suponía la única verdadera dificultad montañosa de la etapa, el eslovaco se empeñó en marcharse una y mil veces pero Sky, que quería controlar la carrera a toda costa, no lo permitía. A pesar de que sus ataques eran abortados una y otra vez por los hombres del futuro, Sagan lo seguía intentando. A final de puerto agarró unos segundos de ventaja el portugués de Lampre, Rui Costa, que coronó en cabeza. En el descenso se le juntaron dos locos bajadores: Nibali y, cómo no, Sagan. Habiendo pasado el peligro de la ascensión y con un eterno llano que conducía hasta la meta, Sky permitió la escapada. Al poco, llegó al terceto de cabeza Michael Matthews. Poco después, el grupo había pasado de cuatro ciclistas a quince y contaba con hombres como Cummings, Gallopin o Sylvain Chavanel. También llegaron dos hombres más de Orica, Durbridge e Impey, con la intención de ayudar a Matthews.

Una vez que el pelotón había decidido entregar el premio del día a los escapados a cambio de un poco más de reposo para las piernas, quedaba pendiente seleccionar la fuga para ir definiendo quién sería el ganador. La responsabilidad de separar a los niños de los hombres la volvió a asumir Peter Sagan que lanzó un ataque a veinte de meta aprovechando una zona donde pegaba el viento. Con él se marcharon los tres Oricas, Samuel Dumoulin, tan pequeño que es el de Ag2r que parecía estar rodeado de gigantes, Greg van Avermaet y Edvald Boasson Hagen. Tras este movimiento, los demás ciclistas dijeron adiós a sus opciones de victoria.

En la côte de Saint Ferréol, puertecillo de tercera situado a siete kilómetros de la línea de meta, Durbridge, que había hecho la aproximación, quedó eliminado. Sagan e Impey llevaron a cabo un duelo de ataques y contraataques que quedó en tablas. Todo se iba a decidir al sprint.

Van Avermaet fue el primero en apretar el botón del turbo. A su rueda salió muy bien el campeón noruego Boasson Hagen, que le adelantó, pero EBH se vio superado por la resistencia de Sagan, que fue segundo y por la chispa y velocidad de Michael Matthews que se fue quien se llevó el premio gordo.

El pelotón cruzó la meta a casi diez minutos del ganador. Otro día más de descanso y van…

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Etapa 11. Carcassonne-Montpellier

Camino de Montpellier se preveía un nuevo paseo del pelotón. Esta hipótesis se vio confirmada cuando el campeón francés de FDJ, Arthur Vichot y el australiano de IAM, Leigh Howard, se marcharon sin oposición en busca de una victoria de etapa que difícilmente iba a llegar.

Mucho tenemos que agradecer los espectadores al fuerte viento que sopló en la zona. Los sacrificios  realizados en favor del dios Eolo dieron sus frutos. Ya a noventa kilómetros de meta se formaron los primeros abanicos. Desde entonces poco se paró. Cuando aún quedaban sesenta kilómetros, Vichot y Howard fueron atrapados por el vertiginoso ritmo del pelotón. Por muchos abanicos que se formaban, una y otra vez, el único que se cortaba era Thibaut Pinot, aunque el francés ya llevaba días descartado de cara a la general. Nadie se descolgaba, pero el peligro y la tensión se palpaba en el ambiente. Por fin algo de emoción para el espectador. Con qué poco nos conformamos; nos vale con un millón de euros y unos cuantos abanicos.

Cuanto más se acercaban a la llegada, más se paraba el grupo. Por suerte, todo cambió a falta de veinte kilómetros para la meta. Katusha, que está teniendo un Tour muy discreto -por no decir que están haciendo una mierda de carrera- se puso a todo trapo al frente del grupo con la idea de que Kristoff empezase a justificar su sueldo. Se formaron nuevos abanicos. En uno de ellos, Meintjes, el ciclista de Lampre que está peleando la clasificación de los jóvenes y “Purito” Rodríguez, el líder de Katusha, quedaron descolgados. ¡Bingo! El trabajo de Katusha había conseguido descolgar a su líder. Si esa era su intención, les había salido de lujo. Si como todos pensamos, no lo era, se confirma que hicieron el ridículo. Y más teniendo en cuenta que el noruego veloz del equipo, aunque fue el más rápido del sprint, solo consiguió ser cuarto en la etapa.

La victoria de Kristoff la evitó un nuevo movimiento de Pedro “el Sagaz”. El campeón del mundo aprovechó el viento de costado para marcharse hacia delante con la ayuda de su escudero Maciej Bodnar. El único que estuvo atento al acelerón de Sagan fue el líder, Chris Froome, que se soldó a su rueda y recibió, a su vez, la ayuda de Geraint Thomas. Por algo Froome es el amarillo del Tour. Cuando otros intentaban rodar lo más cómodamente posible en el seno del pelotón, resguardados del viento, el líder de Sky, y de la carrera, vio la oportunidad de hacer sangre y se marchó hacia delante en una descarada burla a todos los meapilas que dicen, defienden y aseguran que el Tour es muy largo y que hay que guardar fuerzas para lo que viene. Quienes defienden esta teoría quizás tengan razón y acaben ganando el Tour. Quizás no. Lo que es seguro es que guardando, guardando y guardando se consigue ahuyentar a los espectadores, a las televisiones y a los patrocinadores. Si lo que queremos es un deporte de mierda, ese es el camino. Durante este Tour no me ha quedado más remedio que darle la razón a todas las personas que me han dicho que el ciclismo es un deporte insufrible. Este año hasta a mí, que soy un loco del ciclismo, me cuesta seguir la ronda francesa.

Tras el desahogo, volvamos a la carrera. Habíamos dejado al cuarteto formado por Froome, Sagan, Thomas y Bodnar en cabeza. El pulso mantenido por estos cuatro hombres permitió que Sagan intentara regalarle una etapa en el Tour a su gregario Bodnar. Froome, incapaz de dejarse ganar y más sabiendo que había segundos de bonificación en meta, lanzó el sprint. A Sagan no le quedó más remedio que defender la victoria de Tinkoff. Su aceleración dejó en nada la intentona de Froome. Segunda victoria de Sagan en el Tour. Froome conseguía arañar otros once segundos a sus rivales. Poquito a poco, marginal gain a marginal gain, Froome iba distanciando a unos rivales a los que se les hincha el pecho pensando en todas las fuerzas que están ahorrando y lo cerca que están de Froome en la general. De lo que no se dan cuenta es de que, sin apenas haberse corrido nada, ya van por detrás de Froome y aún no ha llegado el terreno más favorable para el británico.

REUTERS/Juan Medina

Etapa 12. Montpellier-Chalet Reynard (Mont Ventoux)

Llegaba la esperada jornada del Ventoux. Como si sobrase el espectáculo en este tedioso Tour, por culpa del fuerte viento, la organización se vio obligada a suprimir los últimos seis kilómetros de subida del Ventoux. Una lástima que en una jornada unipuerto, la subida se viese reducida de dieciséis kilómetros a diez. ¡Qué Tour!

Por suerte el viento sopló a lo largo de toda la etapa. Equipos con líderes con una cuota alta en las casas de apuestas como Etixx y Trek entendieron que sus opciones pasaban en aprovechar sus puntos fuertes. Así que pusieron a trabajar a sus numerosos rodadores con la intención de cortar a otros corredores, mermar equipos y endurecer la carrera. Un fuerte aplauso para el ciclismo ofensivo.

A pesar del fuerte ritmo, ningún favorito a la victoria final se cortó. Sí lo hicieron dos hombres que están metidos en la lucha por el Top10: Meintjes y Barguil, y algún que otro escalador de Sky. El ritmo de Etixx y Trek redujo el pelotón de favoritos a unas cuarenta unidades… ¡en el llano camino del Mont Ventoux! Estaba haciendo más daño ese tramo plano que las subidas de las anteriores etapas.

En el puerto que precedía al Ventoux, los rodadores que se habían pegado la paliza hicieron catacrack y se descolgaron. Orica, en la persona de Simon Gerrans, asumió la responsabilidad de seguir poniendo ritmo con la mala suerte de que en el descenso, Gerrans, que guiaba al grupo en ese momento, se fue al suelo y arrastró con él a dos hombres de Sky. A Froome, al ver a dos camaradas caídos, le faltó tiempo para detener la carrera. Y la pararon tanto que el grupo que venía cortado por detrás y donde viajaba más de un escalador de Sky logró enlazar con el pelotón de favoritos. Ante situaciones como esta, uno no sabe si los muchachos de Sky se pasan de caballerosos o de listos. Froome volvía a tener a sus servicio a su ejército de hoplitas. El esfuerzo de equipos como Etixx o Trek se fue por el desagüe. Lo curioso es que nadie levantase la voz ante esta situación. Parece que las circunstancias de carrera lo son solo cuando no afectan al líder y su prole.

El parón del grupo permitió a la fuga ganar el tiempo suficiente como para pensar que la victoria de etapa sería suya, lo que para ellos fue un alivio. La fuga, integrada por trece ciclistas, alcanzó una ventaja de casi veinte minutos, pero cuando los equipos decidieron aprovechar el fuerte viento de costado esa ventaja cayó en picado. Sus posibilidades de victoria se tambalearon. La caída de Gerrans y el posterior parón les devolvió la esperanza.

En el Ventoux, los hombres de negro nos regalaron su clásico trenecito. Cuando a Froome solo le quedaban Poels y Henao, se movió Valverde. A Movistar empezaba a correrle la sangre por las venas. Poels cazó a ritmo al murciano. Después quien lo intentaba era ¡Nairo Quintana! Saltaba la sorpresa en las rampas del Ventoux. El boyacense de hielo, o de horchata, según el gusto y la nacionalidad del interlocutor de turno, demarraba y Froome no se molestaba en seguirle. El esperado ataque de Quintana llegaba pero no conseguía desordenar lo más mínimo la estructura de Sky. El propio Poels fue quien dio caza a Quintana. El líder de Movistar era cazado por el gregario de Sky. Balas de fogueo.

Poco después vino el previsible y frenético ataque de Froome. A su rueda solo pudieron pegarse Richie Porte, con facilidad, y Nairo Quintana, no sin esfuerzo. Unos metros más tarde Quintana empezó a notar que iba con el freno de mano echado y perdió primero un metro, luego dos, tres… Froome y Porte se le escapaban. Más extraño que ver descolgarse a Quintana fue ver llegar a Mollema hasta Froome y Porte con la soltura de un sherpa en el Himalaya.

En la fuga, Thomas de Gendt hacía aguas y por delante se marchaban Serge Pauwels y Dani Navarro, que se aferraba a la victoria con desesperación chupando la rueda del belga hasta el punto de hacerse quemaduras en la lengua. De pronto apareció El Renacido, de Gendt y lanzó un primer ataque que cortó a Navarro, víctima de una indigestión de caucho. Luego volvió a atacar y a dejar tirado al pobre Pauwels que se volvía a quedar cerca conseguir una victoria en el Tour. De Gendt engrosaba un palmarés que ya contaba con una victoria de tronío conseguida en el Stelvio, durante el Giro de Italia´12. La victoria de etapa premiaba los esfuerzos de un especialista de las escapadas que además se vestía con el maillot de líder de la montaña.

Pero lo mejor/peor estaba por llegar. Mientras la realización nos mostraba la anodina entrada en meta de uno de los integrantes de la fuga, una de las motos tuvo que dar un frenazo provocando una caída en cadena de Porte, Froome, Mollema. En la televisión reinaba el caos. Nadie sabía nada. Porte sufría problemas mecánicos y era adelantado por el grupo de Quintana, Yates y compañía. Poco después veíamos a Chris Froome ¡corriendo por el Ventoux sin bicicleta! Froome cogió una bici neutra y continuó su ascensión pero, tras haber exhibido su fuerza en la subida, perdía tiempo con todos los favoritos en la meta. Del trío de cabeza solo Mollema pudo seguir adelante sin consecuencias. Tras el caos, el maillot amarillo iba a recaer sobre Adam Yates.

Nadie sabía, nada. La imagen de Froome corriendo por el Ventoux quedará para la historia. Finalmente los jueces de la carrera tomaron la decisión conservadora: Froome y Porte recibieron en meta el mismo tiempo que Mollema. La decisión ha levantado ampollas entre corredores y equipos. Yo personalmente soy de la opinión de que, se tomase la decisión que se tomase, sería justa para unos e injusta para otros.

La conclusión es que Froome demostró que también es el más fuerte subiendo y como consecuencia, ha ampliado aún más su ventaja en la general. Eso y que este año, el Tour se está cubriendo de gloria.

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Etapa 13. Burg Saint Andeol- La Cavern de Pont d´Arc (ITT)

En una contrarreloj que empezaba con seis kilómetros de ligera ascensión, el primero en marcar un tiempo relevante fue el corredor de BMC, Rohan Dennis. Poco después su tiempo fue batido por pocos segundos por Nelson Oliveira, el portugués de Movistar. Oliveira se mantenía esperanzado hasta que Tom Dumoulin bajó por la rampa de lanzamiento y empezó a pulverizar los tiempos en cada uno de los pasos intermedios. El holandés cruzaba la meta con el mejor tiempo y podía entrever su segunda victoria en el presente Tour. Solo faltaba saber si alguno de los hombres importantes de la general sería capaz de mejorar su crono, ya que Tony Martin y Fabian Cancellara no estaban haciendo la contrarreloj de sus vidas.

De los hombres que luchan por la clasificación todos se desenvolvieron en los límites de los esperado y marcaron tiempos muy similares. En todo caso claudicaron, van Garderen que estuvo por debajo de lo esperado y, sobre todo, Porte, que fue de más a menos y acabó en la vigésimo primera posición con el mismo tiempo que Quintana. Quien sí rindió por encima de lo esperado fue Bauke Mollema. El holandés nos tiene acostumbrados a dilapidar sus opciones en las contrarrelojes y aquí finalizó sexto a 1´54” de Tom Dumoulin, un especialista consagrado.

Quien sí rindió a su nivel fue Chris Froome que finalizó la crono en segunda posición a 1´03” de Dumoulin que se llevó la etapa. El Pollo de Sky le metió en torno a los dos minutos a sus rivales que siguen dejando pasar las oportunidades que la montaña del Tour les ofrece. Lo de los rivales de Froome o es desidia, o es una absoluta falta de ambición y compiten por las migajas que pueda dejar el bicampeón del Tour.

Tras la crono, Froome ha demostrado ser el más fuerte bajando, llaneando, subiendo y contrarrelojeando. Si quieren desbancarle, sus rivales deberán inventar algo más original que ir pegados a su rueda hasta cruzar la meta.

Etapa 14. Montélimar-Villars les Dombes Parc des Oiseaux

El pelotón tenía la oportunidad de volver a pasearse por Francia como las celebrities por la alfombra roja de los Oscar. Después de tres días muy exigentes, ciclistas y equipos estaban locos por la música. Y además tenían el viento en contra. La fumada se preveía tan grande que hasta la organización adelantó la salida.

Primer hora a 30,4 km/h. Las tres primeras a 33 km/h. La leyenda de este Tour no tiene límites.

El primer miembro de la fuga de cuatro en caer fue el Cannondale, Alex Howes. Le siguió Cesare Benedetti, de Bora. Jérémy Roy, de FDJ, y Martin Elmiger, de IAM, rodaron juntos hasta que el pelotón les dio caza a falta de poco más de tres kilómetros.

Mark Cavendish volvió a ser el más rápido del sprint por cuarta vez en lo que va de Tour. Kittel se quejó sin fundamento de un cruce irreglamentario de Cavs pero su reclamación no fructificó. De todas formas no le hubiese servido de nada ya que en caso de una posible descalificación del de Dimension Data, la victoria hubiese ido a parar para Kristoff, que fue segundo. El noruego, ahora que el cansancio va haciendo mella en las piernas de los ciclistas, empieza a aparecer en las volatas, su pena es que ya se le agotan las oportunidades.

Lo mejor de la etapa es que terminó. Nada dura eternamente.

Etapa 15. Bourg en Bresse-Culoz

Jornada de alta montaña en la que los protagonistas deberían subir un total de seis puertos, incluyendo el Colombier de categoría especial. Una pena que la fortaleza de Sky, que le está haciendo un daño irreparable al espectáculo, no permitiese que aflorase la valentía de los hombres que deben jugarse la carrera. Durante toda la jornada se rodó al ritmo que marcaban los hombres del futuro. Y fue un ritmo exigente, de esos que te mantienen a rueda con el gancho y que te hacen perder las esperanzas de atacar. Y así, se fue consumiendo la etapa para desesperación de los televidentes. En el Colombier fue de nuevo Wout Poels quien se fue merendando a todos los rivales de su líder. El holandés lleva un par de años sin parar de ganar. El año pasado ya resultó vital para que su jefe de filas aguantase el envite final de Quintana en Alpe d´Huez. Este año además se ha hecho con la Lieja-Bastoña-Lieja.

En la última ascensión del día, quien sí lo probó fue Fabio Aru, discípulo aventajado de Nibali. Por suerte para Sky ahí estaba Valverde para cubrir ese movimiento. Sky cuenta con una plantilla de veintisiete hombres: sus nueve corredores, los nueve de Movistar y los nueve de BMC. Neutralizados Aru y Valverde, a poco de coronar, lo intentó Romain Bardet. El movimiento del francés dejó en evidencia al norteamericano de BMC, Tejay van Garderen que se dejó minuto y medio en la meta de Culoz. Al que le cayó también una buena minutada fue al francés Warren Barguil que pierde comba en la clasificación de los jóvenes. Nueva jornada para olvidar de los hombres de la general.

Lo que sí que tuvo muchas alternativas en esta etapa fue la lucha por la victoria. Subiendo Berthiand, el primer puerto de la jornada, Rafal Majka abrió hueco. Poco después se le unió un desconocido Ilnur Zakarin. Seamos justos con el ruso; llega al Tour tras su grave caída del Giro donde se fracturó la clavícula cuando era quinto en la general. A la extraña pareja formada por Majka y Zakarin se sumó un pelotón de veintiocho corredores: Nibali, Kangert, Plaza, Alaphilippe, Grmay, Durasek, Oliveira, Navarro, Coppel, van Baarle, Losada… corredores de todos los colores y tamaños.

A unos sesenta kilómetros de meta se formó un cuarteto compuesto por Tom Dumoulin, infatigable, Vincenzo Nibali, Domenico Pozzovivo y Jarlison Pantano. A los italianos les están faltando piernas y suerte. El colombiano ha llegado al Tour en su momento cumbre de la temporada. Estos cuatro hombres fueron cazados por otro grupo que venía de la fuga.

Subiendo el Grand Colombier, de categoría especial, Majka y Zakarin vuelven a destacarse. En ese momento el polaco de Tinkoff ya le había arrebatado el maillot de la montaña a de Gendt. En la bajada, Alaphilippe, que junto a Pantano les había dado caza, sufre un problema mecánico que le saca de la pelea por la etapa. Zakarin, quizás con miedo tras el trompazo sufrido en Italia dos meses antes, pierde comba con respecto a Majka y Pantano.

En la última subida, Majka hizo valer su condición de escalador y coronó con treinta segundos sobre Pantano. Por desgracia para él aún quedaban un corto descenso y una zona de llano para llegar a la meta. En una de las curvas de la bajada, el polaco, que dista mucho de ser un virtuoso en el manejo de la bicicleta, se salió de la carretera y tuvo que pedalear por el césped que cubría la cuneta. Consiguió salvar la caída pero, con el miedo en el cuerpo, fue incapaz de conservar la ventaja que tenía sobre Pantano. Por detrás de ellos se acercaban Alexis Vuillermoz y Sebastian Reichenbach. El francés de Ag2r y el suizo de FDJ no especulaban. Lógico, estaba en juego una victoria en el Tour de Francia. Majka y Pantano consiguieron mantener la suficiente ventaja sobre sus perseguidores como para jugarse la gloria entre ellos. Majka arrancó primero pero Pantano, un corredor con una buena punta de velocidad, hizo valer su superioridad en el embalaje y se llevó la victoria más importante de su carrera y de la de su equipo, que desaparecerá a final de temporada. Después del mes que está teniendo, no parece que vayan a faltarle las ofertas al colombiano.

Etapa 16. Moirans en Montagne-Berne

Tony Martin y Julian Alaphilippe fueron los encargados de poner en jaque al pelotón el pasado lunes. El desempeño del alemán de Etixx hizo que el pelotón no pudiese tomarse la etapa otra vez como un critérium pos-Tour. Gracias a Tony Martin y a Julian Alaphilippe, en menor medida, hubo que dar pedales de manera frenética. Sin ir más lejos, la pareja del equipo de Lefevere rodó casi a cincuenta kilómetros por hora durante la primera hora de carrera.

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En cualquier caso, con el último sprint antes del de los Campos Elíseos a la vista, y siendo solo dos hombres en la fuga, la aventura de Martin y Alaphilippe estaba condenada de antemano y fueron cazados a falta de veinte kilómetros para la conclusión. Tras la neutralización, fue Rui Costa, que este año se ha olvidado de la general pero tampoco está teniendo suerte a la hora de conseguir etapas, quien puso en apuros al pelotón, aunque al final, el ex de Movistar no pudo levantar los brazos en la meta.

La llegada, lanzada por Valverde en un terreno que picaba para arriba y en la que no participaron los más rápidos del pelotón, fue de nuevo para Peter Sagan. El eslovaco se impuso a un mucho más entonado Alexander Kristoff por muy poco. De hecho, hubo que recurrir a la foto finish para aclarar quién se iba a llevar la etapa. El tercer puesto fue para otro noruego, la promesa de IAM, Sondre Holst Enger, el corredor más joven de esta edición del Tour.

Habrá que ver qué hace el bocachancla de Tinkov. El magnate ruso dijo el día de la primera victoria de Sagan que si el eslovaco conseguía tres triunfos de etapa en este Tour, el equipo seguiría un año más. Sagan recogió el órdago y en dos semanas ya le ha dado un babuchazo en el hocico a su patrón. La verdad es que ya cansan las tonterías de este tipo. Para hacer el imbécil no hay nada como tener mucho dinero. El ciclismo necesita proyectos sólidos y a largo plazo, no caprichos volátiles sujetos a los delirios de grandeza del primer loco forrado de millones que se tercie.

La segunda semana se ha cerrado como la primera; aburriendo al personal. Con lo ofrecido en las carreteras francesas, más de uno ha podido reconciliarse con el deporte nacional: la siesta. Gracias al Tour, entre otras cosas, España sigue siendo un país que respeta las tradiciones.

Escrito por:
@AbdonRV

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