Jonathan Castroviejo, medalla al trabajo

El arranque de estos Juegos Olímpicos está siendo bastante difícil de digerir para las esperanzas españolas. Muchos de los grandes nombres de nuestro deporte, aquellos que hacen llenarse la boca con desorbitadas cifras de medallas a los gurús de la videncia, están cayendo uno tras otro. A veces la mala suerte, otras el exceso de presión y otras un rendimiento muy por debajo de lo esperado, hacen que, mientras se escriben estas líneas, el medallero español se aferre a la única medalla de bronce lograda por Mireia Belmonte en el primer día de competición.

A pesar de todo, y con la convicción de que vendrán más y mejores momentos para la delegación rojigualda, es turno de alabar a aquellos que se crecen en las grandes ocasiones. Uno de los exponentes de esta máxima nos ha hecho comernos las uñas hasta llegar al codo en esta tarde de miércoles. Su nombre es Jonathan Castroviejo.

El vizcaíno es un auténtico “currante” del ciclismo. Un gregario entregado a sus líderes en las más importantes lides de la disciplina agonística. Así lo demostró hace unos días en la prueba en línea, siendo el corredor más destacado en las labores de intendencia de la selección de Javier Mínguez, con un trabajo titánico en favor de los intereses de un equipo que parecía abocado a un sonado naufragio. Si “Purito” Rodríguez salvó el honor a base de clase con el 5º puesto final, en gran parte se debió al trabajo de nuestro protagonista.

REUTERS
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Con el tiempo justo para recuperarse del esfuerzo de una prueba en línea de extrema dureza, “Castro” llegaba a la contrarreloj dispuesto a darlo todo. Y así lo hizo. Solo 4 segundos lo separaron de la medalla de bronce. Cuatro minúsculos segundos por detrás de todo un tricampeón del Tour. Una medalla de chocolate que debería saber a oro, y más si vemos quiénes coparon el pódium (la leyenda Fabian Cancellara, el gigante Tom Dumoulin y el intratable Chris Froome). Otra vez cuarto, otra vez por un suspiro, como pasara en Richmond 2015.

Castroviejo no es un ganador, pero es un tipo que, cuando llega el momento de llevar el sufrimiento al límite, cuando solo los grandes pueden resistir, no falla. Gracias Jonathan, gracias por hacernos vibrar y soñar hasta la última pedalada. Gracias porque haces grande el deporte que representas y porque a los que amamos el ciclismo, nos haces querer todavía más pegarnos a la televisión o a las redes sociales para apoyar a nuestros atletas. Ahora tendrás el regusto amargo por lo cerca que se ha quedado la medalla, pero ese diploma debería estar grabado en bronce.

Escrito por:
@VictorGavito

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