¿Está acabado el modelo de finales de etapa en muros?

Debiera estarlo. O por lo menos su masiva proliferación.

Quien esté leyendo este articulillo no necesita que se le ponga en antecedentes. Seguro que ya sabe de sobra cómo se han desarrollado muchas de las etapas con finales en alto de la presente Vuelta a España. Por tanto nos ahorramos el trámite y entramos de lleno al asunto.

En el año 2.010 la Vuelta inició la tendencia de finalizar muchas de sus etapas con finales explosivos de entre 3 y 4 kilómetros con pendientes muy pronunciadas. Perseguía así varios objetivos. Finales espectaculares en rampas en los que los ciclistas se retorcían. Que los favoritos a la general final no se pudiesen desentender en esos finales de etapa; que apareciesen por cabeza de carrera ante el peligro de que les picasen segundos. Sustituir los finales al sprint en llano por este otro tipo de finales… Todo esto en principio tuvo muchos adeptos. Por la novedad. El gran público dio su aquiescencia a este nuevo modelo. Las audiencias televisivas cargaban de razones a sus partidarios. Sin embargo buena parte de los aficionados al ciclismo, de los de siempre, de los que siguen toda la temporada, mostraron ya reticencias.

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Pero con el tiempo lo que era una novedad está convirtiéndose en rutina. Tal como se hace con los sprints en etapas llanas, los equipos que aspiran a la victoria en estas etapas, o a conseguir bonificaciones, bloquean la carrera de igual manera. Permiten la escapada en los primeros kilómetros pero posteriormente sacan las calculadoras para ver cuándo van a tumbar esa escapada. De la misma manera que hay favoritos para ganar esas etapas con finales llanos, también han surgido los especialistas en este tipo de finales.

Pero mucho peor que lo anterior es la insistencia de Guillén y los suyos en finalizar en este tipo de muros etapas de montaña que en teoría debieran establecer diferencias en la general. Estamos viendo cómo los ciclistas han tomado por costumbre el “fumarse” los anteriores pasos montañosos esperando lo que suceda en esos kilómetros finales de los muros. La carrera está así bloqueada. Nada apenas sucede entre los favoritos durante ese encadenado de puertos previos y el aburrimiento se apodera de los aficionados en espera de ese final. El remate final es que en esas rampas, por sus excesivos porcentajes, apenas se pueden establecer diferencias entre esos favoritos. Son puras leyes de Física. Una vez superado un determinado porcentaje de desnivel, lo que van a propiciar esas rampas es la reducción de diferencias entre los ciclistas en lugar de la ampliación de esas diferencias con las que Guillén y los suyos nos siguen tratando de presentar y “vender” esos finales.

Pero es que además, esas rampas, estratégicamente situadas, sí que podrían tener mucha importancia en una etapa. Por ejemplo, situarlas a 20 ó 30 kilómetros de meta. Si todos los favoritos pasan juntos una de esas rampas, pero alguno de ellos se queda, luego, si hay ganas de lucha claro está, pueden tener esos kilómetros finales para establecer diferencias respecto a quien se ha quedado; entonces sí que se pueden establecer diferencias. Las posibilidades son infinitas. Cada uno de los y las lectoras seguro que tiene más de una en su mente. Y ya podrían derivar incluso en el debate de las contrarrelojes individuales, la ubicación de estas dentro del diseño de la Vuelta, etc.

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Está claro que la Vuelta debe diseñar otro modelo de carrera porque éste ya aburre. O aburre a los aficionados al ciclismo que seguimos este deporte durante toda la temporada. Porque en medios generalistas, o en diarios deportivos no especializados en ciclismo, se sigue “vendiendo” este modelo como el súmmum de la emoción. Que a falta de dos etapas, una de ellas de montaña, la diferencia entre Aru y Dumoulin sea sólo de 6 segundos, es que la Vuelta está siendo todo un éxito. ¿Para quién vende Guillén su producto? Está claro que a los patrocinadores de la Vuelta lo único que les interesa es que este evento sea seguido por el máximo número de espectadores posibles. Y si para la mayoría de medios generalistas, incluída la propia RTVE que transmite el evento, la Vuelta está siendo muy emocionante, me da a mí que la opinión que podamos tener los que seguimos el día a día de este deporte durante todo el año poco va a ser tenida en cuenta. Es más. El Tour está tomando caminos parecidos a los de la Vuelta.

Por supuesto que no nos olvidamos de la actitud de los propios ciclistas… y de sus directores deportivos. Porque para quien escribe, los recorridos no los hacen duros sus perfiles altimétricos, sino los ciclistas con su actitud en carrera. A las muy recientes pruebas me remito. Pero sería extendernos demasiado. Insisto. No lo olvido. Pero para otra ocasión.

Escrito por:
@ranbarren

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