Espectáculo de última hora – Vuelta a España 2015 Semana 3

Crónica de la tercera semana de la Vuelta a España 2015

Ojete. Ahí es donde debo meter mi lengua después de disfrutar de una magnífica última semana de Vuelta a España. Ya dije en la anterior crónica que ojalá me tuviese que tragar mis palabras que hablaban de sopor y aburrimiento en la Vuelta y que deseaba que viésemos un gran espectáculo en los cinco últimos días de competición. Y así ha sido, sobre todo el penúltimo día, el día en el que todo tendría que decidirse.

Burgos-Burgos

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Después de la jornada de descanso la Vuelta retomaba la actividad con los treinta y ocho kilómetros de la crono de Burgos en los que Tom Dumoulin, si las fuerzas le respetaban, iba a arrasar y prácticamente sentenciar la ronda española.

Desde muy pronto el polaco de Tinkoff, Maciej Bodnar, se puso al frente de la etapa al marcar un buen tiempo final. Los corredores iban llegando a la meta de Burgos pero ninguno conseguía acercarse a su registro. Los que más cerca estuvieron fueron Vasil Kiryienka y Jérome Coppel, que se dejaron medio minuto escaso. Ante este panorama parecía que Bodnar iba a conseguir la mejor victoria de su carrera si Dumoulin no lo remediaba.

Algo de incertidumbre le puso también Alejandro Valverde. El murciano, que en 2014 se había dejado el podio del Tour en la contrarreloj, se sacó una cronometrada espectacular en Burgos y sus tiempos fueron siempre muy similares a los de Bodnar. El polaco pudo respirar tranquilo cuando Valverde pasó por la meta con tan solo cuatro segundos de retraso. El “Bala” terminó la etapa en una sorprendente tercera plaza. Para quitarse el sombrero fue también la crono de Nairo Quintana que concluyó en ¡sexta posición!

Faltaba saber los tiempos de los cuatro hombres que se iban a jugar la Vuelta. Tom Dumoulin, quien en las etapas anteriores se había dejado un exiguo reguero de segundos que hoy debería superar con facilidad. Majka, otro polaco de Tinkoff que había llegado hasta Burgos escondido tras las ruedas de sus rivales. Fabio Aru y Joaquim Rodríguez llegaban a la rampa de salida con tan solo un segundo de diferencia entre ambos, pero el maillot de líder lo vestía el catalán.

Dumoulin demostró desde el principio que no estaba de broma y antes de llegar al primer punto cronometrado ya había doblado a Mikel Nieve que había salido un minuto y medio antes que él. Majka rodaba peor de lo esperado. Aru parecía contento con las referencias recibidas y Joaquim rendía según lo esperado, es decir, mal.

El holandés de Giant rompió el sueño de Bodnar al cruzar la meta. Algo más de un minuto mejoró el crono del polaco. A Maciej no le consolará saber que su temporada de contrarrelojes ha sido grandiosa. Top 5 en todas las que ha disputado, salvo en casa, en Polonia, donde solo pudo ser décimo. Alguien tendrá que abrazar y darle un cálido beso en la frente a Bodnar.

Majka perdió 2´38” con el holandés y con ello gran parte de sus ilusiones por la victoria final. Su objetivo para los próximos días pasaba a ser afianzar el Top 5 y asaltar el podio de Madrid.

Fabio Aru, que parecía que iba a ceder un tiempo importante en meta, realizó un extraordinario final de contrarreloj. El italiano había estado regulando durante todo el recorrido y en el último tercio se exprimió para darle intriga a la general. En los últimos metros no estaba claro que Dumoulin le fuese a arrebatar el primer puesto que seguro iba a perder “Purito”. Aru se acercaba a la meta. Cinco, cuatro, tres segundos… y la meta que estaba tan cerca no llegaba. Dos, uno… ¡Dumoulin conseguía batir a Aru pero la renta final conseguida, tan solo tres segundos, estaba lejos de dejar sentenciada la Vuelta como en un principio se suponía!

Solo faltaba por llegar “Purito” pero se sabía desde hacía tiempo que el pequeño líder de Katusha iba a perder el rojo. Las diferencias en el pedaleo entre Dumoulin, perfectamente acoplado, y Joaquim, con la cabeza levantada, como buscando la meta con la vista desde el primer momento hacían presagiar el desenlace. Por suerte para él, no quedó tan lejos en la general, aunque ahora, si quería ganar, no solo tendría que remontar poco más de un minuto a un pesado rodador como Dumoulin, también tendría que recortárselo a un buen escalador como Aru.

Roa-Riaza

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El recorrido no ayudaba demasiado para darle un vuelco a la carrera. Dos puertos de tercera muy lejos de la meta y un primera, el Puerto de la Quesera, con rampas de poco desnivel seguido de catorce kilómetros de descenso a meta. Difícil poner patas arriba la carrera en este terreno, aunque para Aru que, recordamos, tan solo perdía tres segundos con Dumoulin podría ser suficiente.

La etapa comenzó fuerte, ya que eran muchos los hombres que buscaban la fuga. Cómo se nota cuando las grandes vueltas llegan a su final. Tan fuerte comenzó la etapa que el pelotón se partió en dos y, mira tú por donde, Dumoulin rodaba en el grupo trasero. Pero solo fue una falsa alarma. Tom Dumoulin, ayudado por su amplio equipo de rodadores y velocistas, contactó de nuevo con el pelotón de delante.

Entre hachazos, puñaladas, puñetazos, bocados y pellizcos se consiguió, al fin, formar una fuga bastante numerosa. Nicolas Roche (Sky), Sebastien Minard (Ag2r), Darwin Atapuma (BMC), José Gonçalves, Ángel Madrazo (Caja Rural), Cyril Lemoine, Dominique Rollin (Cofidis), Pieter Serry (Etixx), Arnaud Courteille (FDJ), Simon Pellaud, Vicente Reynés (IAM), Kristijan Durasek (Lampre), Bart De Clercq, Adam Hansen, Tosh Van der Sande (Lotto Soudal), José Joaquín Rojas (Movistar), Jim Songezo (MTN), André Cardoso (Cannondale), Jerome Cousin, Cyril Gautier (Europcar), Eduard Vorganov (Katusha), Timo Roosen (Lotto Jumbo), Daniele Bennati, Pawel Poljanski (Tinkoff) y Haimar Zubeldia (Trek) fueron los hombres que se iban a jugar la victoria de etapa ya que a todos los involucrados en la general les interesaba que volasen los segundos de las bonificaciones.

En la Quesera fue Cyril Gautier quien se marchó en solitario en busca de la línea de meta pero en las rampas finales del puerto fue superado, primero por Nicolas Roche, y después, por Haimar Zubeldia. El irlandés y el vasco coronaron la subida juntos y así permanecieron hasta que llegaron a meta. En el sprint, Zubeldia se preocupó de coger la rueda de Roche y esperar a que el hombre de Sky lanzase la llegada. De nada le sirvió puesto que el vasco fue incapaz de desarrollar suficiente velocidad como para sobrepasar a Roche, así que, como era presumible, la victoria de etapa fue para el hombre de negro. A Haimar le tocaba otra vez quedarse con la “cara partida”. De nuevo se quedaba a las puertas de un triunfo en esta Vuelta a España.

En el pelotón, del que tiraba Astana, que ha asumido durante toda la carrera la condición de equipo a batir, también hubo movimientos. El primero en intentarlo fue “Purito”. El catalán se dio de bruces con la realidad al ver que su ataque a treinta y cinco kilómetros de meta no iba a ninguna parte. Astana, bien estructurado en el momento del ataque, neutralizó su movimiento con facilidad. Joaquim no lo volvería a intentar más. En ese movimiento se dio cuenta de que, aunque quisiese, sus piernas de señor mayor no le iban a permitir recortar el 1´15” que tenía de desventaja en la general. Al jefe de filas de Katusha no le quedaba más remedio que aguantar en el grupo de los mejores y esperar un milagro. La confirmación de este hecho vino cuando a veinte kilómetros para la llegada Fabio Aru realizó una aceleración. En un primer momento todos se agarraron a la rueda del italiano, pero en el segundo intento todos cedieron excepto Tom Dumoulin, que aguantaba detrás de Aru, desafiándole. Minándole la moral. Como diciendo “no he traído mis ochenta kilos de peso hasta aquí para que ahora me sueltes en un puertezucho cualquiera”. Había dado comienzo el festival de los ataques. Tras la reagrupación de favoritos hubo nuevas intentonas, casi todas protagonizadas por Fabio Aru, pero cada movimiento del sardo encontraba una respuesta perfecta del impasible Dumoulin. Valverde, Chaves, Nieve… prácticamente todos lo intentaron pero ninguno consiguió abrir hueco. En los repechos finales de la etapa fue Dumoulin quien pasó al ataque y a Fabio Aru le costó bastante coger la rueda del líder de la Vuelta.

Al final no hubo diferencias en la línea de meta en una etapa entretenida, llena de ataques y de movimientos ofensivos, aunque ninguno de ellos obtuvo el resultado deseado.

Medina del Campo-Ávila

En esta etapa, la décimo novena de la Vuelta, la fuga se formó con mucha más facilidad que el día anterior y ya en el kilómetro veinte se habían agrupado una veintena de corredores en cabeza. Christian Knees (Sky), Alexis Gougeard (Ag2r), Amael Moinard (BMC), David Arroyo, Ricardo Vilela (Caja Rural), Cyril Lemoine (Cofidis), Fabio Duarte, Leonardo Duque, Juan Pablo Valencia (Team Colombia), Maxime Bouet (Etixx), Mickael Delage (FDJ), Jérome Coppel (IAM) Nelson Oliveira (Lampre), Maxime Monfort, Tosh Van der Sande (Lotto Soudal), Andrei Amador, Fran Ventoso (Movistar), Natnael Berhane (MTN), Ben King (Cannondale), Jimmy Engoulvent (Europcar), Tiago Machado, Eduard Vorganov (Katusha), Pavel Brutt (Tinkoff) y Markel Irizar (Trek) alcanzaron pronto un buen puñado de minutos gracias a que no había ningún escapado bien situado en la general, así que Giant y el resto de equipos dejaron hacer con total impunidad.

La tranquilidad del pelotón se vio alterada cuando en el kilómetro setenta se produjo una caída que afectó a los dos primeros de la general. Tom Dumoulin pudo continuar sin consecuencias. Fabio Aru tuvo que bajar un par de veces al coche médico. Este altercado provocó que el grupo cabecero ampliase su diferencia hasta los dieciséis minutos.

La etapa se iba a decidir en el Alto de la Paramera. Los escapados no quisieron jugársela en las adoquinadas rampas de Ávila y comenzaron a moverse en este puerto de segunda categoría que se coronaba a unos diecinueve kilómetros para la llegada. Allí llegó con unos segundos de ventaja Tiago Machado, un ciclista de esos que tienen pinta de trabajar en una obra y comer de menú con tinto y casera. Por detrás apareció el joven Alexis Gougeard. El francés se ha mostrado muy activo en esta Vuelta a España que ha supuesto su debut en una carrera de tres semanas. A sus veintidós años soltó en la Paramera a Machado y en el llano que le conducía hasta Ávila consolidó y aumentó su ventaja. Ninguno de sus perseguidores fue capaz de recortarle ni un solo segundo al croner de Ag2r por lo que se impuso en la meta de abulense y consiguió su quinta victoria profesional, primera en una grande. Ewan, Stuyven, Van Poppel… en esta Vuelta, muchos son los jóvenes que han estrenado su casillero de victorias en una gran vuelta.

También en la Panamera hubo movimientos en la lucha por la general. En esta ascensión Movistar puso todo lo que tenía e imprimió un ritmo tremendo que solo pudieron seguir una veintena de corredores. En los últimos kilómetros lo intentó Valverde con una determinación suicida. Su movimiento para ganar unos pocos segundos fue difícil de entender. Rosa, Luisle y Degnkolb marcaron al murciano que solo consiguió desgastarse y hacer más entretenido el final de etapa. Mucho se ha criticado a Valverde por este ataque. Yo se lo agradezco pero estaba claro que esos demarrajes no servirían de nada. Parecen ser más producto de la desesperación, de ver que el podio quedaba muy lejos, que de un estudio concienzudo de sus posibilidades. Valverde es muy grande pero es una lástima que siempre corra por el podio en vez de por la victoria.

Lawson Craddock entró a gran velocidad en las rampas de Ávila con la intención de lanzar a Dumoulin. Por supuesto que el ritmo de Giant se comió con patatas la corta ventaja de un Alejandro Valverde que iba clavado. “Dumou”, reconocido uphill finisher, aprovechó el trabajo de su compañero Craddock y aumentó el ritmo hasta la línea de meta. Su rueda solo la pudo seguir Dani Moreno. Por detrás, Aru vendía su alma al diablo y perdía años de vida con tal de no ceder unos segundos adicionales en la general. El tremendo esfuerzo de Fabio no le sirvió para contactar con el líder pero sí para dejarse solo tres segundos en meta. Dumoulin volvía a reivindicarse y, en una etapa en la que podía haber perdido el maillot rojo, consiguió ampliar unos cuantos segundos su fino colchón de seguridad que ahora pasaba a ser de seis segundos. Todo se iba a decidir en la penúltima etapa con final en Cercedilla.

San Lorenzo de El Escorial-Cercedilla

plaza12sep

Llegaba el día más esperado de la Vuelta tras los fiascos de Andorra y Ermita del Alba. Aunque la etapa no terminaba en alto sí que había terreno para darle un vuelco a la general.

En el primer paso por la Morcuera, Rubén Plaza, tremendo corredor de Lampre que se impuso en el pasado Tour de Francia en la etapa con final en Gap, decidió atacar en la numerosísima fuga que se había creado. Plaza entendió que jugársela con los treinta y ocho compañeros de escapada, treinta y nueve si le contamos a él, era una locura ¡treinta y nueve escapados! Tan loco que nos ahorraremos reproducir los nombres de estos salvajes del penúltimo día. Lo sorprendente fue que nadie reaccionó a la selección propuesta por Rubén Plaza y el alicantino, de treinta y cinco añazos ya, se marchó en solitario cuando quedaban unos ciento cuarenta kilómetros para llegar a la meta. Cuando hombres como Visconti, De Marchi o Gonçalves quisieron reaccionar ya era demasiado tarde. No había posibilidad de que dieran caza a un Rubén Plaza que había regulado extraordinariamente sus fuerzas. El corredor de Lampre entró en meta pavoneándose, lanzando sus guantes al público presente en Cercedilla como Melchor en la cabalgata de los Reyes Magos. Feliz porque el extenuante esfuerzo al que se había sometido le había servido para lograr la victoria más espectacular de todas las que ha conseguido hasta la fecha. Victoria a lo grande para un ciclista muy grande. Enhorabuena, Rubén.

Si Rubén Plaza puso de su lado la etapa en el primer paso por la Morcuera, los hombres de la general lo hicieron en el segundo, a más de cincuenta kilómetros de la llegada. Astana no esperó al repecho de la llegada de Cercedilla. Ni tan siquiera esperó al último puerto. En la Morcuera puso a trabajar a sus hombres y el pelotón se fue desgranando hasta que entró al relevo Mikel Landa para poner la puntilla. El vasco, que ve una cuesta y los ojos se le hacen chiribitas de colores, puso un ritmo infernal que en un primer momento solo pudieron seguir Aru, Quintana y Majka. Con diez metros perdidos pedaleaba Tom Dumoulin junto a Joaquim, Valverde, Chaves… Exprimiéndose al máximo el holandés pudo llegar hasta el grupo de Landa, que volvió a acelerar y provocó el petardazo de Valverde. Como el líder había demostrado que no iba fino, Aru respetó el esfuerzo de su compañero Landa y decidió darle continuidad con un ataque al que no respondió Dumoulin. Sus piernas no estaban para cambios de ritmo. Con Aru se marcharon Quintana y Majka, pero eso no frenó al italiano ya que ni el colombiano ni el polaco pintaban nada a la hora de jugarse el triunfo. Todo quedaba reducido a la lucha de Aru con Dumoulin y el holandés había vuelto a perder una decena de metros, motivo más que suficiente para seguir insistiendo. El líder cabeceaba, miraba hacia abajo, se levantaba en la bicicleta… todos sus gestos denotaban incomodidad. El nerviosismo empezó a adueñarse del, hasta ahora, inquebrantable ánimo del neerlandés. La situación empeoró cuando Landa, Chaves y Joaquim, que iban a rueda de Dumoulin, se fueron hacia adelante viendo que las piernas del de Maastrich no daban para más. El trío logró contactar con Aru, Majka y Quintana. Mikel Nieve lo intentó también pero el escalador de Sky no tenía piernas como para subir con los más fuertes y terminó quedándose a rueda de Dumoulin. Por suerte para el corredor de Giant, el final del puerto estaba cerca. Al final coronó con unos veinte segundos de desventaja.

En el descenso “Dumou”, tras tomar un poco de aire y entonar un poco las piernas, puso el turbo y comenzó a recortar segundos. Pero justo cuando los tenía a mano, cuando veía al grupo de Aru unos cuantos metros por delante, el italiano contactó con sus compañeros Andrey Zeits y Luis León Sánchez que se habían descolgado de la fuga. Bendito don de la oportunidad. Zeits, Luisle y Landa tiraron de su líder con todo lo que tenían. Enseguida la desventaja del líder se duplicó y en poco tiempo más se fue hasta el minuto. Desastre holandés. La táctica de Astana salió de manera inmejorable. Y no era fácil. La teoría dice que hay que mandar hombres por delante para que cuando el líder del equipo ataque puedan trabajar para él. La práctica nos demuestra en la mayoría de las ocasiones que o el ataque no fructifica, o no llega hasta los corredores que son avanzadilla, o estos no tienen fuerzas ya para trabajar. Pero en la etapa decisiva de la Vuelta a España el manual del ciclismo se cumplió a la perfección. La importancia de tener equipo o no. Aru se dirigía hacia Cercedilla a rueda de tres buenos percherones. Dumoulin perseguía, como buenamente podía, al joven de Astana. Huérfano de compañeros. Abandonado a su suerte. Utilizando un símil musical, Giant es U2 para controlar etapas llanas con final al sprint, pero a la hora de mandar en etapas de montaña los holandeses parecen Calypso Tropical, la banda de versiones que toca en las fiestas del pueblo de mi abuela. Astana había creado una sinfonía perfecta. Dumoulin buscaba la meta pedaleando a ritmo de El baile de los pajaritos y de Paquito, el chocolatero.

Con el inesperado Tom perdiendo la Vuelta, desparramado por la sierra madrileña a unos dos minutos de Fabio Aru y compañía, llegó el ataque de Nairo Quintana. Lo del colombiano es de traca. Fue un demarraje en busca del podio. Todo ambición. Al igual que su compañero Valverde, suponemos que influenciado por el ciclismo de catenaccio tan característico de Eusebio Unzué, el colombiano parece que se conforma con hacer podio. Una lástima, y más sabiendo que el escarabajo tiene condiciones como para ganar cualquier grande. Los ataques de Quintana son como los vuelos de Iberia, siempre van con retraso. En el caso de Nairo, el retraso de sus ataques llega a ser de varios días. Tanto espera para moverse de verdad que al final le pasa como en el pasado Tour o en esta Vuelta: que por dejarlo todo para el último día  se queda a medias. Pero bueno, habrá que resignarse. No se puede luchar contra el gen Movistar. El equipo telefónico solo trabaja en humildes pruebas nacionales en las que es claro favorito o cuando a su líder le sorprende un abanico en la parte de atrás del pelotón durante la primera semana del Tour. Y es una pena porque los navarros tienen equipo suficiente para correr a lo grande allá por donde pasen.

Junto a Quintana se fue Rafal Majka, que tenía muy bien aprendida la rueda que tenía que vigilar. Nairo y Rafal pedalearon juntos, acordando a regañadientes a quien le iba a dar el aire en cada momento. Vaya dos. Van a rueda hasta en el túnel del viento. Este ataque doble perjudicaba a Joaquim Rodríguez que había adelantado a Dumoulin en la general pero tenía que defender el segundo puesto ante Majka. El corredor barcelonés andaba tieso y no pudo responder al ataque de estos dos hombres. Los segundos iban cayendo poco a poco. Un minuto y siete segundos era la ventaja que tenía que mantener “Purito”. Majka y Quintana cruzaron la meta con varios de los fugados que anduvieron por delante durante toda la etapa. Joaquim llegó esprintando con todo lo que le quedaba en las piernas en el grupo de Aru, que se desentendió de una lucha que no iba con él. Desde que Majka cruzó la meta hasta que lo hizo “Purito” pasaron cincuenta y cinco segundos. Joaquim Rodríguez conseguía salvar su segunda posición por solo doce segundos.

El maillot rojo se lo llevaba Fabio Aru que el último día competitivo consiguió desbancar a Dumoulin, justo cuando todos pensaban que no sería capaz. Para Dumoulin supuso una gran decepción después de haberlo tenido tan cerca. El holandés pasó de ser primero en la general a ser sexto tras la debacle de Cercedilla. Para Aru la etapa supo a trago de agua en mitad del desierto.

Alcalá de Henares-Madrid

El último día nos regaló un nuevo episodio de la controvertida relación existente entre Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez. Joaquim llegó a la salida de Alcalá vestido con el maillot verde que distingue al líder de la regularidad. Dos puntos por detrás en esta clasificación se encontraba Valverde. El murciano, ni corto, ni perezoso, no tuvo más feliz idea que encabezar el sprint intermedio arrebatándole así el maillot de la regularidad al catalán. Por supuesto, a Joaquim, el detalle de Valverde le sentó como una patada en las mismísimas gónadas. “Después pasa lo que pasa en los Mundiales. Habrá mil versiones de cómo hacer las cosas la última etapa, y hay mil maneras de ver el ultimo día, pero es la segunda vez que me pasa y no me hace gracia”. Estas fueron las declaraciones de Joaquim cuando se le preguntó por lo sucedido. Juzguen ustedes mismos.

La jornada dominical por las calles de Madrid estaba diseñada para ser un homenaje a los vencedores, en especial a Fabio Aru. Las risas, las bromas y las fotos dieron paso a la disputa de la etapa. Después del sprint de la discordia (alguien en Movistar se ha quedado sin tarjeta de felicitación navideña) se consolidó la escapada que estuvo integrada por Omar Fraile (Caja Rural), que lució por las calles de Madrid su maillot de rey de la montaña, Benjamin King (Cannondale), Mateo Montaguti (Ag2r), Laurent Pichon (FDJ), Carlos Verona (Etixx) y Giovanni Visconti (Movistar). Estos pobres incautos nunca gozaron de más de treinta segundos de ventaja y cuando el pelotón se cansó de jugar con ellos los engulló sin ningún tipo de remordimiento.

Todo estaba abocado al sprint masivo. Giant condujo los últimos kilómetros preparando una vez más la llegada para su hombre rápido, John Degenkolb. Danny Van Poppel lanzó el sprint por el costado izquierdo, pero por el derecho apareció Degenkolb martilleando los pedales con la fuerza de Thor. No hubo batalla. La victoria fue claramente y sin discusión para el alemán. Van Poppel fue segundo. Tercero fue el luxemburgués Jean-Pierre Drucker, aunque el hombre de BMC nunca tuvo opciones reales de victoria. El karma premiaba a la escuadra holandesa y le regalaba la victoria al sprint que tanto había perseguido y que tanto se le había resistido a Degenkolb. Está claro que esta victoria no curará la profunda herida abierta el día anterior en Cercedilla, pero oye, una alegría para el cuerpo siempre es bien recibida.

Terminaba así una Vuelta a España muy aburrida en sus dos primeras semanas y que se entonó mucho en la última semana, especialmente en la penúltima etapa, jornada que puede ser perfectamente la mejor de lo que llevamos de año. Aru se llevó la victoria final. Joaquim Rodríguez y Rafal Majka le escoltaron en el podio de Madrid. Valverde ganó el maillot de la regularidad. Joaquim Rodríguez la combinada, esa clasificación más parecida a un cubo de Rubik que a un premio ciclista. Omar Fraile fue el mejor escalador de la Vuelta o, al menos, eso dicen los puntos cosechados en esa clasificación. Movistar se llevó el premio a mejor equipo de la carrera.

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Esperemos que el año que viene la Vuelta nos ofrezca un bonito espectáculo desde el primer día. Tú no olvides seguir leyéndonos y visitándonos en www.roadandmud.com y en @_RoadAndMud. Ahora a disfrutar del Mundial y de las demás carreras que quedan. Saludos.

Escrito por:
@AbdonRV

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