En busca del campeón imperfecto

Chris Froome subía a lo más alto del podio de Paris hace ya una semana. En su camino, además de subidas, descensos, abanicos, caídas, pinchazos…ha sufrido una larga letanía de criticas y sospechas sobre su rendimiento y el de su equipo, el conjunto Sky, algunas tan llamativas como las de Laurent Jalabert, ahora en su poltrona de comentarista y que no sabemos si es el mas indicado para hablar. Por si fuera poco, y en una actitud más que lamentable, algunos que dicen llamarse aficionados al ciclismo, esperaron horas en una cuneta para lanzarle una bolsa de orina, otros amenazaron en las redes sociales con agredirle en plena ascensión a Pra Loup, todo ello aderezado con abucheos y cortes de manga a su paso. Y es que sin de ninguna manera justificar esas reprobables actuaciones, Chris Froome y su estilo no engancha a los aficionados.

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Corte de mangas a Chris Froome durante el pasado Tour de Francia

Desde hace décadas el ciclismo y su masa social siempre se acaba aliando con el corredor que parece más humano, ese que aun siendo un campeón se le ha visto caer. Ocurrió en la década de los sesenta con ese inigualable duelo entre Anquetil y Poulidor. El primero se imponía durante aquellos años con absoluta facilidad en la general del Tour de Francia, siempre elegante y rodeado de glamour, un glamour antagónico de la figura de Raymond Poulidor, un hombre sencillo y de campo que encandiló a la Francia ciclista con su colección de segundos puestos siempre por detrás de su homólogo normando. Años después iba a llegar la tiranía de un belga, no solo al Tour de Francia, sino a todo el mundo del ciclismo en general. Eddy Merckx, apodado el Caníbal, iba dejando a su paso un reguero de cadáveres en todas las pruebas en las que participaba. El corredor de Bruselas, aun con su figura de leyenda y gran campeón nunca fue del gusto de los aficionados dado su imponente dominio, y los pocos ciclistas que le hicieron frente, como el conquense de Mont de Marsan Luis Ocaña fueron ganando el apoyo de los aficionados. Merckx sufrió la agresión en forma de puñetazo en el hígado de un desalmado en plena ascensión al Puy de Dome en el Tour de 1975, el de su declive a favor de Bernard Thevenet. El corredor galo sentenciaba la carrera en Pra Loup, lugar que todavía hoy se recuerda y se celebra como la tumba del caníbal.

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Merckx minutos después de recibir el puñetazo
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“Bernard Thevenet: el castigador del Caníbal”

Más recientemente, el ahora proscrito Lance Armstrong y toda su megaestructura del US Postal fueron el blanco de las iras de los seguidores durante su aplastante hegemonía. El dominio de la escuadra americana en las etapas de montaña, y en todo el Tour, donde el ciclista de Texas llegaba acompañado de prácticamente todo su séquito a la ascensión final y la poca oposición de sus rivales hicieron crecer la animadversión a todo el entorno del conjunto de Johan Bruyneel. En las salidas y llegadas de la Grande Boucle se empezaron a ver los guardaespaldas que acompañaban y custodiaban a Armstrong y es que incluso llegaron rumores de atentado contra el corredor de Austin en la cronoescalada a Alpe d’ Huez en el año 2004 donde se congregaron más de doscientas mil personas en las famosas 21 curvas. En aquella ocasión un miembro de seguridad viajaba en moto por delante del americano en la ascensión y otro dentro del vehiculo del equipo.

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Lance Armstrong durante la cronoescalada a Alpe d Huez en 2004

 El ciclismo es un deporte de esfuerzo y sacrificio, donde la afición, por norma general, anima tanto al primero como al último clasificado, sin embargo y como en todo siempre existen personas con más o menos carisma y que atraen más los aplausos del público. Corredores como Poulidor, Ocaña, Delgado o Pantani por citar algunos se ganaron a pulso el cariño de la afición por sus momentos de gloria, pero también por sus altibajos e imperfecciones. Chris Froome por el momento tendrá que esperar a ser ese campeón imperfecto y gozar del cariño del público ciclista.

Escrito por:
@Sincadenablog

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