El ciclismo, un deporte de equipo (I)

Hasta agosto de 1.994 jamás ningún ciclista español había conseguido vestirse de arco iris en la modalidad de ruta. Lo consiguió, en Quito, un ciclista navarro. Era Miguel pero no era Induráin. Era Miguel Morrás, que estuvo acompañado en el podio por el salmantino Eladio Jiménez en el tercer cajón. Pero se trataba de la categoría de juniors. Faltaba por tanto colocar la guinda al pastel. Vestirse de arco iris en la máxima categoría. Hasta ese momento, en la máxima categoría sólo habían conseguido vestir el preciado jersey el mallorquín Guillermo Timoner, “sólo” en siete oportunidades, y el holandés-gaditano José Manuel Moreno, en una única ocasión. Pero las coronaciones habían tenido lugar en las “pelouses” de algún velódromo. No era en la modalidad de ruta, la disciplina por antonomasia del ciclismo hispano. Se anhelaba por fin una victoria en el Mundial de Fondo en ruta para profesionales. Sería por fin en octubre de 1.995, cuando las ruedas, pinchada la trasera, de un routier vestido con un maillot español, cruzasen por vez primera una línea de meta en esa privilegiada posición. Fue el guipuzcoano Abraham Olano quien protagonizó aquella gesta.

https://www.youtube.com/watch?v=uAcPhOfM4H4

Como sucede multitud de veces, la realidad supera cualquier guión de ficción. Una victoria en esta carrera debiera haber supuesto para el ciclismo nacional una extraordinaria alegría. Pero la victoria trajo consigo también una fuerte polémica por la forma como fue obtenida. El demarraje de Abraham fue, por muchos, considerado como una gran traición al jefe de filas, Miguel Induráin. Otros simplemente lo vimos como una táctica de equipo. Italia había sido históricamente la bestia negra del combinado nacional. Pero en Duitama, la superioridad de los españoles sobre los transalpinos fue manifiesta. Cuatro días antes, en la contra reloj individual, el doblete de Miguel y Abraham ya presagiaban el dominio. Tal fue esa preeminencia que al equipo español le bastó para vencer con su número dos, mientras su número uno, Induráin, hacía labores de secante a la rueda de Pantani, Gianetti, Virenque… Precisamente esa labor de vigía le permitió obtener la medalla de plata en el sprint relegando a Pantani al tercer puesto. Y aunque en el ciclismo dos y dos no siempre son cuatro, permítaseme una comparación con el Mundial de Oslo de 1.993. Con Lance Armstrong por delante, fue Induráin, con Giro y Tour de aquel año en el morral, quien debió asumir la responsabilidad de la caza del texano. Siempre he tenido para mí que el villavés no se entregó a tope en aquella caza; que se reservó para el sprint. Finalmente hubo sprint, pero aquel sprint de Oslo sólo fue por la medalla de plata que Miguel obtuvo. De haberse entregado en la caza de Armstrong, ¿hubiera conseguido la plata? E incluso, si hubieran alcanzado a Lance, ¿cómo hubiera sido el sprint? ¡Qué diferente planteamiento de carrera con un compañero por delante o no! Y a eso se llama… labor de equipo.

Indurain-Olano-Pantani

Por supuesto que este tema es más viejo que la pana. Ya en el primer mundial de Ronse, en 1.963, se originó un mayúsculo escándalo en el sprint entre el jefe de filas belga Rik Van Looy y su supuesto “traidor” Benoni Beheyt.

Todos estos preámbulos y más que van a seguir, ¿para qué? Para intentar demostrar que, en muchas ocasiones, estas supuestas traiciones en realidad no son tales. Es simplemente táctica de equipo. Otra cuestión es que a la prensa le suele gustar alimentar este tipo de polémicas y sensacionalismos. Y que incluso a los protagonistas, tampoco les interesa aclararlas, quién sabe porqué.

La polémica entre José María Jiménez y Olano durante la Vuelta de 1.998, la polémica entre Simoni y Cunego en el Giro de 2.004… Hoy nos centraremos en el Giro de 1.987. Pero para dar otra perspectiva a la supuesta “traición” de Roche sobre Visentini.

La historia de Roberto Visentini no era la del típico ciclista de antaño que buscaba en el ciclismo un remedio a una situación familiar poco venturosa. Para nada. Roberto era un “niño bien”. Su padre era propietario de un próspero negocio funerario. Incluso de eso se le acusó a Roberto en sus primeros años en el profesionalismo: de tan niño bien que era no había aprendido a sufrir. Su clase era innegable. Pero sus inicios con los “pros” no fueron los mejores. Cuando se centró, consiguió hacerse con el Giro de 1.986.

Así, Visentini era, en la salida de San Remo de aquel Giro del 87, un italiano, en un fabuloso equipo también italiano, el Carrera Jeans, y con el dorsal número en la espalda. ¿Alguien da más? Pero el Carrera Jeans no era sólo Visentini. Corrían ciclistas como Guido Bontempi, Bruno Leali, Massimo Ghirotto, Davide Cassani, Claudio Chiappucci, Stephen Roche, y el gregario casi privado de Stephen, el belga Eddy Schepers. La cosa no acababa ahí. El que viene ahora no pedaleaba. Este sólo tiraba de volante en el coche. Se llamaba Davide, se apellidaba Boifava, y en aquella época era todo un innovador. El dominio del equipo de los “vaqueros” durante aquel Giro era abrumador. Sólo Erik Breukink llegó a vestir tres días una maglia rosa que se rotaban entre Roche y Visentini. Finalmente llegó la etapa de Sappada, la décimoquinta. Buceando por Internet se pueden encontrar múltiples referencias a esta histórica etapa. Resumiendo. Roche, segundo de la general, aprovecha un ataque de Jean-Claude Bagot en el descenso del primer puerto de la jornada, para irse con el francés y con el italiano Ennio Salvador. Casi 30 kilómetros después de la fuga, los tres son engullidos por el pelotón. Esto supone para Visentini un desgaste tremendo que acabará pagando en el último puerto, Sappada, donde sufre un desfallecimiento que le hará perder casi siete minutos en meta y todas las opciones de victoria. La maglia rosa en la salida de la etapa era… Roberto Visentini.

¿Qué fue aquello? Para la gran mayoría una gran traición. Pero por simple curiosidad. En la segunda parte de este artículo repasaremos algunos detalles de esa temporada 1.987 en el seno del equipo Carrera Jeans y algunas entrevistas que con el paso del tiempo adquieren significados que por aquel entonces pasaron desapercibidos. La podréis leer, cómo no, en Road and Mud.

Escrito por:
@ranbarren

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