Desenlace sorpresa en la Omloop

El pasado 28 de febrero volvieron, para disfrute de los aficionados, las piedras al calendario ciclista de ruta. Y lo hizo con una magnífica prueba de impronunciable nombre. La Omloop Het Nieuwsblad no defraudó a nadie (a ningún espectador neutral, claro. Todavía hay más de un corredor y director de equipo clamando al cielo de rabia en alguna lengua muerta) y ofreció un espectáculo muy entretenido, emocionante y casi milagroso.

Como era de esperar, pronto se formó una fuga de 8 corredores repleta de ciclistas desconocidos pertenecientes a equipos, en su mayoría, continentales. Los equipos más modestos tienen que buscarse la manera de dejarse ver en este tipo de pruebas. Lo ideal es ganar, pero viendo que al final solo gana uno y que hay mucho nivel, nunca está de más meterse en la escapada del día. Es de obligado cumplimiento citar a los ocho valientes porque así contribuimos a que se les conozca más y porque es lo menos que podemos hacer para premiar el tremendo esfuerzo que realizaron aunque, al final, resultase ser infructuoso. Así pues, la escapada estuvo formada por Alexis Gougeard (AG2R-La Mondiale), Christophe Laborie (Bretagne-Séché Environnement), Michael Reihs (Team Deisgna Kokken), Louis Verhelst (Cofidis), Matthew Brammeier (MTN-Qhubeka), Kevin Van Melsen (Wanty-Groupe Gobert), Sean De Bie (Lotto Soudal) y Albert Timmer (Giant-Alpecin).

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Poco a poco se iban sucediendo los tramos de pavés y las pequeñas cotas. Los gallos empezaban a entrar en calor. La muchachada se iba poniendo nerviosa. Faltaba poco para que empezaran los ataques. Pero antes había que acabar con la escapada. Lotto Jumbo y Sky se situaron al frente del gran grupo y la ventaja de la fuga fue cayendo en picado. La gran sorpresa fue ver trabajando como el que más a uno de los favoritos para esta temporada de piedras, Bradley Wiggins. El británico, ha cambiado sus patillas de comprador compulsivo de discos en Camden Town por una barba hipster de comprador compulsivo de discos en Camden Town (la cosa es volverse a casa con un cd). “Wiggo” vino a la carrera a entrar en contacto con el adoquín y a hacer kilómetros pero no a disputar la victoria. Para eso había otros compañeros como Stannard, Rowe o Viviani.

El trabajo del pelotón se hizo notar y a falta de setenta kilómetros para la meta la fuga estaba condenada. Aun así, el irlandés de Qhubeka, Brammeier, seguía con ganas de dejarse ver, de modo que se lio la manta a la cabeza y se dijo a sí mismo “¡qué demonios! ¡Para un día que salimos!” y para delante que se fue el muchacho en busca de más minutos de fama. Su movimiento fue seguido por el veteranísimo holandés Albert Timmer y por el jovencísimo contrarrelojista de AG2R, Gougeard. Durante varios kilómetros más el trío alargó su agonía.

A sesenta de meta, al paso del grupo principal por el Taaienberg, vino el inevitable y ya tradicional demarraje de Tom Boonen, por algo se conoce esta cota con el sobrenombre de Boonenberg. No fue un ataque demoledor pero sí un cambio de ritmo fuerte para separar el grano de la paja. El patrón de la carrera marcó el inicio simbólico de la prueba como diciendo “señores, a partir de ahora nos ponemos serios. Aquí no se mira para atrás. Al que le guste bien y al que no, al coche escoba” (algo así como lo que ocurre en las grandes vueltas cuando un favorito al triunfo final se cae o tiene una avería. Ah, no, que en los grand tours… vale). Obviamente el ritmo se incrementó y el pelotón fue desgranándose y perdiendo unidades. Boonen había tocado las trompetas de Jericó. La carrera empezaba a decidirse.

La clásica transcurría cada vez más viva por las angostas carreteras del norte de Bélgica. Tras varios intentos de hombres como Luke Rowe, muy activo durante toda la prueba, o Yoann Offredo, llegó el movimiento definitivo protagonizado por el belga Sep Vanmarcke. El flamenco de Lotto Jumbo realizó una magnífica aceleración a cuarenta kilómetros de la llegada y pocos corredores pudieron seguir su rueda cuando, de repente, notó algo extraño en su bicicleta. ¡Pinchazo! El pobre Vanmarcke no tiene nada de suerte. Es de esos de los que, de las 200 ovejas que hay, termina robando el perro. Tres Etixx, Boonen, Terpstra y Vandenbergh, y el ganador de la anterior edición de la prueba, Ian Stannard aprovecharon el trabajo de Vanmarcke y se fueron hacia delante sin volver la cabeza y sin sentimentalismos (“ya le mandaremos un christmas por Navidad para darle las gracias”) mientras que el líder de Lotto Jumbo, descolgado a causa de la fatalidad, maldecía su mala suerte a viva voz parafraseando a Segismundo de La vida es sueño: “¡Oh mísero de mí, oh infelice!/ Apurar, cielos, pretendo,/ ya que me tratáis así/ qué delito cometí…”.

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Por tanto, la carrera quedaba distribuida en varios grupos: el principal con los cuatro implacables rodadores ya citados que no se apiadaron del infausto Vanmarcke. Un poco por detrás, el propio Vanmarcke y otro de los favoritos para la victoria, Greg Van Avermaet. Junto a ellos otro Etixx, Zdenek Stybar que clavó sus colmillos en el cuello de estos dos corredores y les sacó toda la sangre que pudo sin dar, por supuesto, ni un solo relevo. Tras este trío, otro formado por un esforzado Philippe Gilbert que durante bastantes kilómetros estuvo acompañado por Sylvain Chavanel y por Marco Marcato. Por último, el pelotón principal, un grupo reducido a unas treinta o cuarenta unidades en el que iban velocistas como Démare, Kristoff, Haussler o Debusschere. Sí, había otro grupo más atrás, pero sus integrantes llevaban ya varios kilómetros de paseo saludando con regios movimientos de mano al respetable situado en las cunetas. Ya habían terminado su jornada de trabajo.

Fue a Vandenbergh a quien le tocó hacer el mayor desgaste en la aproximación hasta la meta. Contó con la tímida ayuda de sus compañeros Boonen y Terpstra. Ni que decir tiene que Stannard solo tenía que mantenerse a rueda y esperar a que comenzara el festival de ataques de los hombres de Lefevere.

Vanmarcke y Van Avermaet sacaban todo el rendimiento que podían de sus piernas e incluso llegaron a situarse a quince o veinte segundos. En los tramos en los que las casas belgas desaparecían podían ver con claridad al cuarteto de cabeza rodando por los caminos de Flandes lo que les hacía creer que podrían darles caza. Gilbert se quedaba sin amigos y sus ganas de sumarse al grupo de delante se iban al garete ya que Chavanel y Marcato no estaban muy convencidos de que lo pudieran conseguir y cada vez daban menos relevos. A unos quince kilómetros de meta, Terpstra guió al grupo cabecero con tal determinación que el hueco con los perseguidores se amplió hasta llegar al minuto.

Llegados a este punto parecía que la carrera se la iban a jugar los cuatro de delante. Faltaba saber quién sería el primer Etixx en atacar pero pasaban los kilómetros y ninguno probaba a Stannard, hasta que a cuatro de meta saltó sorpresivamente el más rápido de los cuatro, Tom Boonen. Después de dudar unos segundos, el británico de Sky salió en persecución de Boonen y consiguió darle alcance con relativa facilidad. Por supuesto en ese momento llegó el contraataque de otro Etixx, Terpstra. Pegado a la parte izquierda de la calzada, Stannard rodaba a rueda de Boonen. A la derecha del británico, en paralelo a él estaba Vandenbergh. El movimiento de Terpstra fue magnífico. Saltó justo en el momento en el que se produjo la neutralización y se ayudó en que Stannard se encontraba bloqueado por un Etixx por lo que, aunque hubiese querido, no podía responder a su ataque. Pero de manera incomprensible Vandenbergh salió a rueda del movimiento de Terpstra y tras él, Stannard. Vandenbergh, que durante tantos kilómetros se había entregado por completo por sus compañeros, tiró por tierra todo el trabajo que había realizado y neutralizó él solito el movimiento de su compañero holandés. Boonen perdía unos metros pero luchaba por reintegrarse. El hombre de Sky, que se vio con piernas, tuvo la feliz idea de que la mejor defensa es un buen ataque. Y eso hizo, atacar. Su rueda solo la pudo seguir Niki Terpstra. Vandenbergh reventó como un petardo de veinte euros y Boonen seguía unos metros por detrás luchando por unirse al dúo de cabeza.

En el último kilómetro Stannard conducía a Terpstra hasta la meta para evitar que Boonen les diera caza. Parecía que el neerlandés se llevaría la victoria fácil gracias a que tenía la ventaja de ir a rueda. Pero los dioses de la Omloop tenían preparada otra sorpresa, un nuevo giro de guion y a falta de… no sé… toda una vida para llegar a la meta, Terpstra lanzó el sprint. Niki aceleró en la llegada tan pronto como tarde había llegado el ataque de su compañero. Por supuesto el esfuerzo se le hizo eterno y Stannard, el gran Stannard, bestia parda de los llanos, señor de los adoquines, pudo rebasarle y alzar los brazos en señal de victoria.

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De esta forma Stannard repitió el triunfo conseguido el año pasado. Es verdad que era el más fuerte de los últimos kilómetros. ¿Las razones de por qué era el más fuerte? Vandenbergh se había vaciado camino de Gante. Boonen se desgastó rompiendo la carrera a sesenta kilómetros de meta y además realizó el ataque definitivo demasiado tarde. Terpstra se dejó muchas fuerzas acelerando para dejar atrás a Vanmarcke y Van Avermaet. Todo ese tiempo Stannard fue cómodamente a rueda.

Etixx, que tan buena carrera había realizado, terminó haciendo el ridículo en los últimos kilómetros. Será difícil que volvamos a ver una victoria con una desventaja numérica de 1:3. Stannard se llevó la clásica por una conjunción de varios factores; por piernas, ya que en los kilómetros finales era el hombre más fuerte de los cuatro de delante; gracias a Vanmarcke y Van Avermaet que con su esfuerzo fueron minando las fuerzas de los compañeros de aventura de Stannard; y por el descalabro táctico final de Etixx. Los belgas pecaron de conservadores e intentaron jugar la carta de la superioridad numérica demasiado tarde. Quizás si hubiesen movido la carrera a falta de diez o quince kilómetros de la meta a Stannard le hubiesen entrado las dudas y no hubiese reaccionado a los ataques. Es algo fácil de pensar ahora pero que nunca podremos saber. La única verdad demostrable es que Stannard ganó la Omloop Het Nieuwsblad. ¡Enhorabuena, Ian!

Escrito por:
@AbdonRV

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