De tricefalia a bicefalia

Tras los sucesos en el seno del equipo Astaná durante el Giro de Italia, se especuló con lo que pudiera ocurrir en esta Vuelta a España. En la ronda española, los supuestos líderes ya no sólo iban a ser Aru y Landa. A estos dos se iba a unir Vincenzo Nibali, que no había corrido la corsa rosa con el fin de preparar concienzudamente el Tour de Francia. ¿Qué podía ocurrir esta vez?

Pero ya en la segunda etapa la tricefalia se ha convertido en bicefalia por unas malas decisiones, tanto del ciclista implicado, Nibali, como de uno de uno de sus directores deportivos. Alexandr Shefer. Con más culpabilidad, al menos para quien escribe, del director. Porque su función es esa precisamente, la de tomar decisiones, y porque se supone que no está a tantas pulsaciones como los ciclistas a los que dirige, y su cabeza por tanto debe estar más fría. Además, en este caso, y como se puede apreciar en los vídeos, el coche de Shefer ejerce como de “colaborador necesario”. No se puede decir que Nibali ha actuado por su cuenta y riesgo.

Claro que, cuando se comienza a rascar sólo nada más que un poquito, enseguida se entreve o se llega a la certeza de que la práctica de los “remolcamientos” y los “tras coches” está muy extendida entre los integrantes del pelotón. Extendida, y también consentida y aceptada. Vicios de un deporte muy antiguo el nuestro al que nadie parece interesado en ponerles coto. Que Nibali ni ha sido el primero ni será el último está clarísimo. Y que sólo la existencia en el pelotón de esa insana costumbre fue la que originó que tanto Shefer como Nibali obrasen como obraron sin reparar en consecuencias futuras, también. ¿Van a atreverse a expulsar a un ganador de Vuelta, Giro y Tour en la segunda etapa por un hecho absolutamente admitido dentro del pelotón?

Sólo que esta vez el hecho ha sido tan descarado, el protagonista tan ilustre, las consecuencias futuras tan imprevisibles por la Vuelta (imagínense que Nibali estuviese para ganar la Vuelta en el futuro)… que la organización ha decidido expulsarle.

Apoyamos y aplaudimos esta decisión de los organizadores. Era una decisión entre ganar o perder credibilidad. Igual que aplaudimos la decisión de la organización del Giro cuando sancionó a Porte por aquel asunto de que un “amigo” pero de otro equipo le dejase una rueda. No nos duelen prendas en aplaudir a la Vuelta a España cuando lo merece. De la misma manera pensamos que la organización debiera saber aceptar mejor las críticas cuando, de la misma manera también, se las merece. Sin ir más lejos, en el diseño del recorrido de la primera etapa. Guillén y los suyos sabrán porqué mantuvieron el recorrido pese a las fuertes críticas recibidas y después de que la UCI anunciase que los tiempos no iban a computarse para la general individual. Imaginamos que habría compromisos ya firmados. Pero fue en el momento inicial del diseño de ese recorrido cuando la organización erró. Un recorrido que para quien escribe recordó en muchos momentos al que diseñó el Giro de Italia de este año para su primera etapa; también muy peligroso; también una contrarreloj por equipos. Y eso es lo que a Guillén le puede doler. Y yo entenderlo. Porque las críticas, si las hubo, nada han tenido que ver en su magnitud con las que ha debido soportar la Vuelta. Nada nuevo, claro está, y por desgracia para la Vuelta.

Retornando al titular. Toca reorganización en el seno de Astaná. Las “tácticas” en el Giro se podían justificar desde el punto de vista de que Aru es italiano. Ahora el ciclista local es Landa. Pero el alavés parece que no va a continuar su prometedora carrera profesional con el equipo kazajo. La expulsión del Tiburón ha resuelto una incógnita. A las primeras de cambio y de una forma totalmente inesperada. Pero todavía quedan muchas por resolverse.

Escrito por:

@ranbarren

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