Claude Criquielion: El valón que triunfó en Flandes

Cuesta asimilar que Claude ya no está entre nosotros.

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“Criqui” pasó ya a la historia mucho antes que hoy. Pero pasó a la historia, muy a su pesar, más que por lo que no hizo que por lo que hizo. O Steve Bauer no le dejó hacer. Porque la historia de este ciclista valón estará para siempre ligada a la de aquél ciclista canadiense. Quizás en eso el mundo del ciclismo fue injusto para con Claude. Ser más recordado por aquella no victoria que por su victorias. Y no es que Claude fuera un arrasador en cuanto al número de victorias obtenidas. Pero entre las que obtuvo se cuentan muchas al alcance sólo de grandes campeones. No sólo eso; también su constante presencia en los momentos decisivos de muchísimas carreras de prestigio. Porque presencia tuvo y mucha durante toda la década de los ochenta en su longeva carrera profesional.

Cuesta también recordar su debut con el maillot de Kas. Sinceramente, ni yo mismo lo recordaba hasta que he accedido a la documentación para escribir este artículo. No era aquel Kas histórico de las décadas de los sesenta y setenta. Era otro Kas, con licencia por la federación belga y mayoría de ciclistas también belgas. Un intento de continuidad de aquella mítica escuadra que por desgracia no cuajó.

En el mismísimo año de su debut ya ganó Claude la Setmana Catalana. Y se clasificó noveno en el Tour. Algo tenía aquel ciclista valón. Porque ya en la edición de la Vuelta a España de 1.980 figuraba su nombre en las listas de los favoritos a ganarla. Pisó podium. Criquielion, que durante mucho tiempo en España fue “Criquelion”, no era por tanto el típico corredor “rodador” belga. Tenía incluso en España otro tipo de consideración. Y eso, teniendo en cuenta la cultura ciclista por aquel entonces reinante en este país, era indicativo de algo.

La regularidad que mantuvo en sus participaciones en el Tour es digna de reseñar. El quinto puesto en 1.986 fue su cota más alta. Pero su presencia fue constante en la Grande Boucle durante toda la década. A esta sensación de presencia ayudaba, bien es verdad, lo fácil que resultaba identificarle dentro de cualquier grupo de ciclistas. Ya en la primavera del año 1.982 conquistó la Flecha Brabançonne y se vistió de amarillo en nuestra Vuelta a España.

Se alzó con el triunfo en muchas carreras de prestigio. Sucedió a Lejarreta en el palmarés de la Klasika de Donosti. Dos veces se alzó con la Flecha Valona… En su camino preparatorio a los Tour también se impuso en dos Midi Libre… La última temporada que disputó tuvo el honor de comenzarla con la bandera nacional belga adornando su maillot del Lotto. Pero a Criqui lo recordaremos para siempre con sus maillots de Splendor y sobre todo de Hitachi.

En 1.984 ofreció desde Montjuic a toda la afición ciclista belga, tanto flamenca como valona, un maillot arco iris. Además de Claudio Corti, en el podium de la ciudad condal le acompañó Steve Bauer. Sin duda, el canadiense ya tenía claro desde aquel entonces que la rueda de Claude era la rueda a seguir en estas carreras.

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1.987 fue quizás la temporada en que Criquielion pudo obtener sus mejores resultados. Consiguió triunfar en terreno “enemigo”; llevarse De Ronde Van Vlaanderen ante adversarios como el mismísimo Sean Kelly o el gran estandarte del ciclismo flamenco mediada la década de los ochenta que fue Eric Vanderaerden. Pudo haber redondeado su primavera con el triunfo en la Lieja: la carrera por antonomasia de los valones. Pero se topó con el inconmensurable Stephen Roche de aquella temporada. Se vieron tanto Criqui como el irlandés en cabeza de carrera. Pero ninguno de los dos confiaba en batir a su oponente al sprint. Casi casi dejaron de pedalear. Y sucedió lo que parecía increíble. Que los perseguidores les alcanzasen. Entre estos perseguidores había un tal Moreno Argentin que portaba el maillot de campeón del mundo. Y aquel no se andaba con chiquitas. Un final de carrera para tirarse de los pelos. La primera de las no victorias de Claude Criquielion. Seguramente más olvidada que la no victoria de Ronse en el Mundial de 1.988.

En agosto de 1.988 sucedió lo que ya es archiconocido. En territorio flamenco, Claude Criquielion iba a ser el jefe de filas de todos los belgas, valones como él y flamencos. Se lo había ganado sobre la carretera. Su no triunfo le ganó el cariño de muchos aficionados. La imagen épica de Claude entrando caminando en la meta de Ronse quedó grabada para siempre en el recuerdo de los aficionados a este deporte. No subió al podio. Pero Claude se ganó todavía más el corazón de los amantes del ciclismo.

Descanse en paz.

Escrito por:
@ranbarren

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