Australia en la ruta – Repaso de un siglo a salto de canguro

Al comienzo de la temporada, muchas miradas se centran en el continente oceánico y, fundamentalmente en Australia, donde los campeonatos nacionales abren el apetito de los que esperamos ávidos el comienzo de la competición y donde el Tour Down Under supone el pistoletazo de salida del WorldTour. El ciclismo en ruta, a la sombra histórica de las pruebas de pista en el país de los canguros, ha crecido de manera espectacular en los últimos 15 años, consolidándose como una de las naciones más importantes del ciclismo moderno. No en vano, es ahora mismo el sexto país en número de corredores en la élite WorldTour con 28 nombres. Hasta la década de los 2000, los nombres notables del ciclismo aussie podían contarse con los dedos de una mano, y en muchos casos suponían el punto exótico que ahora nos da ver a un eritreo o a un chino en el pelotón.  En los últimos años, con el ganador del Tour y campeón del mundo, Cadel Evans, a la cabeza, los aficionados australianos han podido disfrutar de una época gloriosa para su deporte. El trabajo de los últimos años, del que han salido un potente equipo como Orica, que está al más alto nivel tanto en categoría masculina como femenina, garantiza un presente brillante, con los Gerrans, Matthews, Porte, etc. y un futuro no menos esperanzador con los Caleb Ewan, Campbell Flakemore y compañía. Pero vayamos atrás en el tiempo y recordemos algunos nombres que desembarcaron en el continente europeo desde las antípodas y a los que el ciclismo australiano debe lo que ha llegado a ser ahora.

Empezaremos recordando a los pioneros del ciclismo australiano, aquellos que en 1914 recorrieron medio mundo para competir en las más prestigiosas pruebas europeas. De este grupo de seis corredores que llevaron el nombre de su país a las carreteras de París-Roubaix o Milán- San Remo, destacamos a Donald Kirkham e Iddo Munro, que fueron los primeros aussies en disputar el Tour de Francia en las filas del equipo Phebus-Dunlop. No fue empresa fácil y, según cuentan las crónicas de la época, sufrieron el acoso de prensa y rivales, llegando incluso a plantearse renunciar al Tour en plena disputa del mismo. Dicen los libros que la prensa francesa los apodaba “caníbales”, aunque sospechamos que no precisamente por la misma razón por la que más de medio siglo después se apodaría a Eddy Merckx. A pesar de todo ello, lograron terminar en la 17ª (Kirkham) y 20ª (Munro) posición final de la general, entrando en la historia del deporte de su país.

Kirkham & Munro
Donald Kirkham e Iddo Munro

Nos vamos a finales de los años 20 para encontrar la figura de Hubert Opperman, gran leyenda del ciclismo de Oceanía. Un prodigio de la bicicleta capaz de destrozar records de ultrafondo en la pista del velódromo, batiendo las marcas de las 24h, los 1000Km o las 1000 millas, y que llegó a ser 18º en el Tour de 1928 y 12º en 1931, puesto al que ningún compatriota suyo se acercaría hasta el 10º de Phil Anderson en 1981. En aquel 1931, otro de los aventureros del ciclismo oceánico, Richard “Fatty” (Gordito) Lamb se convertía en el primer (y único) australiano en acabar en el farolillo rojo del Tour de Francia, puesto que por aquel entonces daba notoriedad y cierta fama a quien lo consiguiera.

Dando un gran salto en el tiempo, llegamos a la primera victoria de etapa de un aussie en una gran vuelta. Corría el año 1975 y en la Vuelta a España se vivía el duelo entre Perurena, Lasa y Tamames por la victoria final. En la 17ª etapa, con salida en Durango y llegada en Bilbao, un pinchazo de Perurena en los últimos metros del sprint propiciaba la victoria parcial de un debutante en la ronda española, el ciclista de Melbourne Donald John Allan. El propio Allan había estado cerca de repetir la “hazaña” de Richard Lamb, pues en 1974 vio como el francés Lorenzo Alaimo se dejaba perder tiempo para arrebatarle el farolillo rojo del Tour de Francia, dejándole en el penúltimo puesto final. En esa década, Garry Clively también colocaba a Australia por primera vez en un top10 de la Vuelta a España, finalizando 7º en la general de 1977.

ABC
Es posible que lo inusual del país del vencedor lleve a la errata en la clasificación de la etapa. Fuente: hemeroteca.abc.es

Llegamos a la década de los 80, con la irrupción de Phil Anderson, seguramente el corredor que inspiró el crecimiento del ciclismo australiano y enganchó a este deporte a muchas de las grandes estrellas aussies que vendrían después. “Skippy”, como era apodado el brillante corredor australiano, logró la proeza de ser el primer ciclista no europeo en portar el maillot amarillo del Tour. Ganador de etapas y top10 de la general en Giro y Tour,  ganador de la Amstel Gold Race, de la Vuelta a Suiza, maillot blanco del Tour de 1982, pódium en Flandes, Lieja, Lombardia, un sinfín de grandes logros deportivos que le convirtieron en el ídolo de aquellos niños Evans, Gerrans o Adam Hansen.

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Tras él, llegaría la melena en fuga de Neil Stephens y su victoria de etapa en el Tour en Colmar; Stephen Hodge, Patrick Jonker, Stuart O’Grady, Robbie McEwen, Bradley McGee… y poco a poco aquel ciclismo exótico que venía de un continente lejano, se iba a convertir en una potencia que acumularía triunfos en generales de grandes vueltas, clásicas de un día y campeonatos del mundo.

Un siglo después de que  Kirkham y Munro cruzaran el mundo en busca de la competición de alto nivel, sus herederos en el deporte más bonito del mundo velan armas para empezar la temporada en las tierras donde crecieron aquellos grandes héroes del ciclismo.

Escrito por:
@VictorGavito

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