Aquel inolvidable 9 de agosto

Con un calor asfixiante, cerca de un 90 por ciento de humedad, y unos índices de contaminación muy por encima de lo permitido y de lo soportable, daban inicio los Juegos Olimpicos de Pekín 2008. Los chinos sacaron toda su artillería para conformar una ceremonia de inauguración por todo lo alto en el soberbio y monumental Nido del Pájaro, como se conocía popularmente al estadio olímpico.

Samu-Sánchez
Fuente: marca.com

A las 5 de la mañana, hora española, de aquel 9 de agosto posterior a la fiesta inicial, se iba a poner en marcha la prueba de ciclismo en ruta masculina de aquellas olimpiadas. Un circuito que sin ser de una dureza fuera de lo normal, se iba a convertir en una pesadilla debido a la humedad y el calor reinantes. El recorrido estaba diseñado para enseñar al mundo alguno de los lugares mas turísticos y emblemáticos de la ciudad china como la Plaza de Tian’anmen o el Templo del Cielo. Y en el mismo cielo iba a entrar un ovetense después de más de seis horas encima de la bicicleta, en casi 250 kilómetros por esas carreteras del gigante asiático.

Allí estaba el anterior Campeón Olímpico, Paolo Bettini, hombre de eterna sonrisa, con aspiraciones de repetir la hazaña que había conseguido en Atenas. La Locomotora de Berna  Fabian Cancellara en su camino para convertirse en leyenda también tenía una cita con las preseas en Pekín. Kolobnev, Michael Rogers, Andy Schleck, Cadel Evans, el incombustible Rebellin… todos viajaron al gigante asiático con la esperanza de ver relucir esa medalla de oro colgada de sus cuellos. La selección española contaba con el ganador del Giro de Italia de aquella temporada, Alberto Contador, el del Tour de Francia Carlos Sastre además de un tres veces Campeon del Mundo, un tal Oscar Freire. Por si esto fuera poco sus otros dos acompañantes eran Alejandro Valverde y Samuel Sánchez, selección temible, sin duda, pero el escenario daba para múltiples opciones. Quizá no tiene el empaque de lucir el arco iris todo un año por haber ganado un mundial, ni la resonancia de una gran clásica dentro del mundillo ciclista, pero un oro olímpico es uno de esos premios que sin duda justifican una carrera deportiva. Muchos lo intentaron desde los inicios de la prueba, pero como era previsible, calor, humedad y kilometraje iban a poner a cada uno en su sitio. Alguno de los nuestros como Contador o Freire se bajaban de la bicicleta antes de tiempo, el cántabro en este caso por un problema estomacal. Alejandro Valverde pasaba por ser uno de los hombres más vigilados, así que la baza de la selección española para la medalla se llamaba Samuel Sánchez.

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Fuente: as.com

La gran muralla fue testigo de la volata final. Un grupo reducido, seis ciclistas, se iban a disputar la gloria olímpica. Entrar en la historia del deporte está al alcance de muy pocos, y a cinco kilómetros del final, después de la asfixiante travesía, estos seis hombres eran conscientes de lo que estaba en juego. Después del movimiento inicial de Cancellara, fue el ruso Kolobnev ya en los metros finales quien daba inicio al sprint definitivo. Samuel baja piñones con fuerza, acomete el embalaje de su vida para colgarse el metal más preciado, el oro. Un sprint rozando lo perfecto, apenas pudo hacer nada Davide Rebellin, el segundo clasificado. ” Yo ya pensaba que tenía una chapa segura, era feliz, con eso cumplía”. Aquel chico que emigró de juventud desde Asturias al vecino País Vasco para convertirse en ciclista profesional le daba la primera medalla de aquellos Juegos Olímpicos al deporte español. En el podio las lagrimas corrían por sus mejillas, alegría por el triunfo y recuerdo por los que no estaban. No había sido el mejor año para Samu, pero deportivamente hablando, ese fue el mejor día de su vida.

El sábado, cuando estemos presenciando la prueba masculina de ciclismo en ruta de las olimpiadas, no podremos evitar acordarnos de aquella mañana del 9 de agosto de 2008 y de la victoria del asturiano, por entonces del Euskaltel, Samuel Sánchez, que para la hora del comienzo de la carrera, estará luchando con las rampas de las Lagunas de Neila en la Vuelta a Burgos con la cabeza y el corazón metidos en una máquina del tiempo hace ocho años. En Pekín se pudo vivir sin lugar a dudas uno de los momentos cumbre de una generación de ciclistas españoles que pasará a la historia y que nos hará caer en la nostalgia en los años venideros.

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Fuente: rtve.es

Escrito por:
@Sincadenablog

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