Andy Schleck cuelga la bicicleta – “Gracias, Andy”

Se marcha Andy Schleck, el luxemburgués que volaba en las montañas del Tour de Francia. Dice adiós un ciclista genial, un brillante escalador, uno de los ciclistas más importantes de la era post Armstrong. Tras la retirada definitiva de Lance, el pequeño de los Schleck tomó el relevo como némesis de Contador y se lo puso difícil al pinteño en más de una ocasión. Ambos ciclistas pedaleaban el uno contra el otro por saber quién era el amo del Tour.

Andy era un ciclista rubio de ojos azules y cara de ratón. Amable y simpático. Daba gusto verlo, siempre conuna sonrisa en la cara. Un metro y ochenta y seis centímetros de piel y hueso para un escalador inconfundible. Quedan para el recuerdo sus demarrajes llenos de fuerza, de pie sobre la bicicleta, sin mover el cuerpo, balanceando su montura de izquierda a derecha con un rictus de esfuerzo. Cambios de ritmo imposibles de seguir para casi todo el pelotón, solo al alcance de  unos cuantos elegidos.

Andy Schleck se dio a conocer en el Giro del año 2007 cuando tenía solo veintidós años. Llegó a la carrera italiana justo después de ser octavo en la general del Tour de Romandía. Su brillante actuación en la ronda helvética confirmaba que el enjuto luxemburgués poseía unas magníficas condiciones para el ciclismo, pero lo realizado en las carreteras suizas se iba a quedar corto con las prestaciones que mostraría poco después en el Giro de Italia. En su primera grande, Andy se desmelenó en las exigentes montañas transalpinas y anduvo siempre con los mejores. Acabó segundo en la general, detrás del afamado doper Danilo Di Luca. Pero su buen año no iba a acabar allí. Como le había cogido el gusto a las carreteras italianas fue cuarto en Lombardía, uno de los cinco monumentos del ciclismo. Al finalizar 2007 Andy Schleck se había convertido por méritos propios en la revelación de la temporada.

En 2008 iba a tocar conocer el Tour de primera mano. Obviamente, al tener solo veintitrés años, desde Saxo, su equipo por aquel entonces, no le pusieron mucha presión y le hicieron trabajar para sus líderes: el avulense Carlos Sastre y, sobre todo, su inseparable hermano Frank Schleck. Lo de que trabajó para Sastre es más bien de cara a la galería. Sus esfuerzos se encaminaron claramente a ayudar a su hermano. La familia es la familia y uno tiene que ayudar a su hermano mayor, que si no, a ver cómo aguantas luego a mamá. En el Tour de su debut dejó una portentosa exhibición en Prato Nevoso. Allí Andy impuso en ritmo descomunal en la subida. A duras penas los hombres importantes de la general podían seguir su ritmo. Cuando dio por finalizado su trabajo no se descolgó. Siguió a rueda en el grupo y aún le quedaron fuerzas para salir a un par de ataques. Un derroche de fuerza impresionante, pero es mejor que lo veas a que te lo cuentean, así que, a disfrutar:

Iba tan sobrado que parecía que su director, Bjarne Riijs, le tenía que parar los pies. Pero… el Tour es el Tour y Andy pagó la novatada en Hautacam. Perdió nueve minutos en meta y dijo adiós a la general. Concluyó la carrera en undécima posición, a las puertas del Top 10 y eso que trabajó más que el remero de una galera. Ese fue su debut en la Grande Boucle. Todo apuntaba a que habría que contar con él para la general en las siguientes ediciones.

Ese año, en la prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de Pekín, solo seis ciclistas llegaron a los últimos metros en disposición de ganar medalla. Uno de ellos era Andy Schleck. La falta de punta de velocidad del luxemburgués le condenó al quinto puesto. El oro lo ganó Samuel Sánchez para gloria del asturiano, del Euskaltel y de España. La plata fue para Davide Rebellin y el bronce para un mindundi, un tal Fabian Cancellara.

Tras esa frenética progresión estaba claro cuál era el objetivo de Andy para 2009: el asalto al Tour de Francia. Pero antes de eso, Schleck fue capaz de ser décimo en la Amstel Gold Race, segundo en la Flecha Valona y nada más y nada menos que primero en la Lieja Bastoña Lieja. En las Ardenas, región en la que se libraron desoladoras batallas durante la Segunda Guerra Mundial, Andy destrozó a sus rivales con un brutal ataque a veinte de meta y fue esparciendo cadáveres por las cunetas valonas como si de un cañón antiaéreo de 88 mm se tratase. Tras merendarse con patatas a otro mindundi de las clásicas como Phillipe Gilbert (entiéndase la ironía) llegó en solitario a la meta con casi un minuto y medio de ventaja sobre el pelotón. Andy Schleck conseguía así su primera victoria como profesional, ¡y vaya victoria!

En el Tour se encontró con un intratable Contador, quien tuvo que batallar lo indecible con su compañero de equipo, el renacido Lance Armstrong. El texano había vuelto al Tour con la clara intención de demostrar que seguía siendo el mejor y que no tenía rival. Armstrong fue finalmente tercero y tuvo que tragarse todas sus bravuconerías. Andy, que es quien realmente nos interesa ahora, ocupó el segundo cajón del podio de París a poco más de cuatro minutos de Alberto Contador. El duelo del futuro estaba servido.

En 2010 el Tour se preparaba para el primer enfrentamiento por derecho entre Alberto Contador y Andy Schleck. Los medios, muy proclives a la grandilocuencia, presentaron la lucha por el amarillo como si fuese un combate de boxeo. Parecía que el interés de la carrera se reducía a lo que pudieran hacer estos dos corredores. Los mass media se frotaban las manos como las moscas ante la que parecía que iba a ser una rivalidad de época como las de Coppi y Bartali o Anquetil y Poulidor.

Antes de la obligada cita francesa  Andy Schleck hizo parada en las clásicas de las Ardenas que tan buen rendimiento le dieron el año anterior. Fue octavo en Flecha y quinto en Lieja. Resultados más que decentes. Su problema fue que en 2009 había puesto el listón muy alto.

En el Tour hizo sudar de lo lindo a Contador. Apoyado en un gran equipo, vistió el amarillo durante varios días. Se lo arrebató Contador en una acción polémica que levantó un gran revuelo. En la ascensión a Balés, Andy lanzó un durísimo ataque al que a duras penas pudo responder Contador. Con la brusquedad del esfuerzo la cadena se le salió al pequeño de los Schleck y Contador, que venía lanzado desde atrás para coger su rueda, aprovechó el percance para contraatacar y superar a Andy, ganando así los segundos suficientes para enfundarse el maillot amarillo. Schleck y Contador, que no se cansaban de proclamar su amistad fuera de la carrera, se llevaron un disgusto. Su modélica rivalidad se deterioraba debido a las malas artes empleadas por el pinteño, mais c´est le Tour, Andy. Contador, aunque sufrió ante el empuje de un impetuoso Andy Schleck, pudo conservar el amarillo en las siguientes etapas y se proclamó vencedor del Tour con tan solo treinta y nueve segundos de ventaja sobre el luxemburgués.

Mes y medio después Contador dio positivo por Clembuterol. Tras una infinidad de pleitos, Alberto Contador fue sancionado por dopaje en 2012. El madrileño lloraba amargamente y los carniceros irundarras festejaban con pitos y flautas la sentencia. De rebote, Andy Schleck se convertía en el ganador del Tour de Francia 2010. Ganar así desluce bastante pero no por eso uno deja de tener un Tour de Francia en su palmarés y si no que se lo pregunten a Óscar Pereiro.

En 2011 todas las miras estaban puestas de nuevo en el duelo Contador-Schleck pero nadie contaba con la irrupción de un sorprendente Cadel Evans. El australiano, a la chita callando, se llevó el Tour de ese año. Todavía resuenan sus estruendosas carcajadas en las faldas de las montañas de los Alpes. Ese año Andy fue otra vez segundo pero se llevó la inmensa alegría de compartir podio con su queridísimo hermano Frank, que fue tercero. Queda para el recuerdo el ataque de Andy a sesenta kilómetros de meta en la etapa con final en el Galibier. El menor de los Schleck puso en jaque a Cadel Evans y eliminó de la lucha por el amarillo a Alberto Contador en el que probablemente sea el día más glorioso como ciclista de Maxime Monfort. El belga se destapó con un etapón de escándalo y realizó un trabajo impagable para su líder.

En 2012, con Alberto Contador sancionado y ya proclamado oficialmente campeón del Tour de Francia de 2010, Andy Schleck debía medirse en la carrera francesa a Cadel Evans y a la nueva amenaza del pelotón mundial, el británico Bradley Wiggins (nueva amenaza de aquellos días, claro). Pero la carrera de Schleck en el Tour estaba ligada ya a la de Contador. Durante el Critérium Dauphiné, sufrió una caída que le produjo la fractura del hueso sacro. Al igual que su oponente más acérrimo, Andy Schleck no tomaría la salida del Tour aunque por un motivo totalmente distinto. Aunque lo intentó, tampoco llegó para la salida de la Vuelta. El infortunio quiso que acabase la temporada con tan solo treinta y tres días de competición y ningún resultado destacable. 2012 fue el primer año negro de Andy Schleck.

2013 fue la temporada de las decepciones y los abandonos. Fue un año lleno de malos resultados. Extrañamente en el Tour solo pudo ser vigésimo en una edición en la que nunca pudo estar con los mejores y que acabó ganando Chris Froome. No solo obtuvo malos resultados. También comenzó a acompañarle una fama de poco profesional, de amigo de las fiestas y amante de las bebidas espirituosas. Si por aquella época hubiese sido más guapo y más musculado no hubiese sido extraño verlo participar en Hombres, mujeres y viceversa. Bromas al margen, no parecía que Andy fuese capaz de reconducir su carrera tras la fractura de sacro.

Este 2014 ha sido un nuevo cúmulo de desdichas y desgracias. Un ni quiero, ni puedo. Ni un solo puesto de honor en las carreras disputadas. Abandonos de todos los tipos y colores en las clásicas de las Ardenas, un terreno que como hemos visto siempre se le dio bien. En el nueve de Trek para el Tour figuraba su nombre, pero parece que ni el equipo ni él tenían verdadera fe en sus posibilidades. Nadie daba un duro por él pero todos anhelaban que de pronto, como por arte de magia, volviese a ser el mismo de siempre, el excelso escalador que desafiaba el desnivel de los puertos del Tour. En cada carrera en la que asomaba la cabeza por los puestos delanteros aparecían opiniones que planteaban la posibilidad de que volviésemos a ver al gran Andy. El caso es que nunca dio verdaderos motivos para pensáramos eso. El genio de Luxemburgo se había ido para siempre el 9 de junio de 2012, el día que, durante el Dauphiné, besó el asfalto camino de Morzine.

En las tres primeras etapas del pasado Tour ya había perdido más de dos minutos. Pero lo peor llegó el cuarto día de carrera cuando un imbécil que intentaba hacer un selfie durante el paso del pelotón provocó una caída en la que se vio envuelto el flaco luxemburgués. Andy tuvo que abandonar la carrera con la rodilla completamente destrozada.

El 9 de octubre de 2014 Andy Schleck convocaba una rueda de prensa en la que anunciaba su retirada del ciclismo profesional a los veintinueve años de edad. La lesión de rodilla sufrida en el Tour le obliga a bajarse, para siempre, de la bicicleta. Se va uno de los grandes del ciclismo actual. Los amantes de este deporte te agradecemos las grandes tardes de ciclismo que nos brindaste. Que la vida te trate todo lo bien que te mereces. Gracias, Andy.

Escrito por:
@AbdonRV

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