Análisis del periplo israelí de la Corsa Rosa

Tan solo llevamos tres días de Giro y la carrera se traslada a tierras italianas donde se espera una batalla intensa y espectacular para obtener la maglia rossa en el paseo triunfal por las calles de la capital -que sustituye a la tradicional ciudad de Milán-. En este día de pseudodescanso -aunque no haya etapa la mente no descansa y el largo traslado amarga el día de los ciclistas- nos paramos a pensar y a hacer análisis de este periplo exótico que la Corsa Rosa ha tenido en Tierra Santa.

Dumoulin afila el cuchillo y Froome ya no es el rey de las cronos

El prólogo -de 9 km- por la ciudad de Jerusalem nos mostró el estado de forma inicial de los corredores en la Grande Partenza, aunque solo son indicativos. Allá vimos como Tom Dumoulin se imponía por delante de dos grandes especialistas de las contrarrelojes como son Rohan Dennis y Victor Campenaerts. La mariposa de Maastricht hizo una crono casi perfecta, sin gastarlo todo en el primer tramo, manejando bien los tramos más técnicos -que quizás no se adaptan tan bien a sus características, no tiene fama de ser habilidoso- y acoplándose y marcando diferencias en las rectas. En el segundo parcial voló.

Froome, por su parte, sorprendió. Aunque estaba claro que Dumoulin era el gran favorito y no le pondría las cosas fáciles, el keniata hizo una crono bastante floja, básicamente le faltaron piernas. Hay quien atribuye esta pérdida de tiempo a la caída que sufrió durante el reconocimiento, y no digo que no pueda ser cierto, pero en caso que no sea así la actuación de Froome fue decepcionante.

Las razones: el caso de dopaje y el hecho de estar en el punto de mira le ha afectado, o, simplemente, Froome no lo quiere llegar en el máximo punto de forma en el Giro para intentar entrar en el libro de la historia del ciclismo llevándose su quinto Tour. Yo me decanto más por la primera.

Viviani aprovecha la falta de sprinters de calidad

Es cierto, que para un sprínter grande no hay nada mejor que presumir de tener tantas victorias en la Grande Boucle que no las puede contar ni con los dedos de la mano, pero este hecho no implica que los sprínters no puedan participar en el Giro, aunque solo sea para disputar las dos primeras semanas como hacían muchos y eludir la última donde la montaña abunda.

Que el Tour de California -que empezará de aquí a poco menos de una semana- cuente con una mejor participación de sprínters que el Giro, me parece embarazoso para los organizadores que les diseñan etapas a medida como la 2ª y la 3ª de esta edición. Es cierto de que la Vuelta cuenta con una participación de sprínters muy mediocre, pero la prueba española no busca atraer a los velocistas.

El Quick-Step Floors -tranquilo porque Gaviria llegará fresco al Tour- ha decidido apostar con Viviani con un gran equipo con dos grandes lanzadores como son: Michael Morkov y, el veterano, Fabio Sabattini, entre otros. Auunque irónicamente Viviani no ha sido/no ha querido seguir su rueda en las volatas.

Si hay alguien que puede hacer sombra a Viviani son Sam Bennet y, sobretodo, Jakub Mareczko que ya hace tiempo que despunta en esta especialidad con el mismo método de spríntar que Caleb Ewan.

¿Ha sido un acierto salir de Israel?

Dejando de banda los temas en carrera para centrarnos en la valoración de la Grande Partenza, he de admitir que en un principio era muy contrario a la salida de la carrera des de tierras del estado de Israel -igual que fuí cuando hace dos años salió de Países Bajos, entonces ya nos parecía una locura muy grande-, pero en el caso de Israel, a parte de estar bastante lejos de Occidente me daba la sensación que el único motivo por el cual habían decidido tomar la salida era para obtener publicidad del país -básicamente demostrar que es un sitio idílico alejado del conflicto-. Y he de admitir que lo consiguieron, aunque buscaron escenarios no ocupados por el estado de Israel, organizar en la misma ciudad de Jerusalén un evento tan grande tiene sus riesgos. No podemos obviar el conflicto con el pueblo Palestino que ha sido sistemáticamente oprimido y ocupado ilegalmente y que han dado al estado judío una mala imagen que Benjamin Netanyahu necesita lavar, y sí, que mejor forma que hacerlo que el ciclismo.

Pero, huyendo de los temas más políticos, la organización ha estado impecable y las tres etapas han sido elegidas meticulosamente: una en la ciudad más codiciada, Jerusalén; la otra a través de la costa del mar Mediterráneo mostrando la vida en las metrópolis; y la última, y más polémica de todas -probablemente porque nos traía el recuerdo del lamentable Mundial de Catar 2016-, transcuriendo por el desierto del Negev.

Es cierto, que los incovenientes de hacer una Grande Partenza tan lejos son múltiples, pero hay que reconocer las virtudes y -a título personal- la salida desde tierras israelíes -o palestinas como lo queráis- ha sido muy atractiva para al aficionado.

Y nos deja un día de descanso antes de que empiece la verdadera batalla de gallos.

Escrito por:

Arnau Soler i Sales

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1Comment
  • Juan Manuel Padrón
    Publicado a las 14:34h, 09 mayo Responder

    Arnau felicidades por la crónica. Me ha encantado y especialmente el que no te hayas puesto de perfil, en cuanto al, siempre incómodo, conflicto palestino-israelí. A mi la verdad es que para lo visto, ni flu ni fla. Perfectamente, se podía haber desarrollado en cualquier lugar de Italia. Vaya que las características de las carreteras y lugares por donde discurrieron las tres primeras etapas no han tenido una singuilaridad y atractivo como para terminar diciendo: “Vaya, aquí hay unas potencialidades como para organizar una carrera de éxito”

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