Algo especial

Marcosblanco (1)

El ciclismo tiene algo especial. Un deporte que puede aburrir y ayudar a echar la siesta a algunos mientras al mismo tiempo evoca en otros emociones y sentimientos superiores a los de una gran obra de teatro con maravillosos personajes de características únicas.

La bicicleta es ese ‘’cacharro’’ que en mayor o menor medida hemos utilizado todos y el cual constituye la herramienta principal de este multitudinario deporte. Reducido a la mínima expresión, se diría que el ciclismo es simplemente dar pedales a una bicicleta e ir de un sitio a otro; pero desgranándolo bien, no tengo duda de que son sus míticos puertos largos y duros, sus muros y repechos imposibles, sus bajadas vertiginosas y llenas de curvas atravesando valles enteros, sus largas rectas en las que a menudo el viento forma los temidos ‘’abanicos’’, la influencia de las condiciones climatológicas adversas, el sufrimiento, la épica, la superación, el riesgo o la velocidad, los que hacen del ciclismo algo ‘’mágico’’.

Un estilo de vida, un modo de vida; un mundo complejo capaz de ocupar todos nuestros pensamientos y hacer que nuestro día a día esté enfocado a él. Es entendible que un ciclista profesional o amateur viva por y para el ciclismo; ya que al fin y al cabo es su oficio o va camino de serlo. Pero ver a un hombre cercano a los sesenta salir del trabajo y comer cualquier cosa a toda prisa mientras se viste para aprovechar las dos horas libres de luz que le deja el día y hacer una ruta con su bicicleta en un ‘’día de perros’’, eso solo puede significar una cosa: que este deporte tiene ‘’algo’’.

Recuerdo una ocasión en la que quedé con un amigo para tomar un café y que me contase qué tal su excursión en Cuenca. Yo conocía esa ciudad, donde se celebró el campeonato de España de ciclismo cadete en el que participé, y recordaba principalmente las estrechas calles ascendentes que conducían a las Casas Colgadas. Por aquel entonces tenía 16 años pero ya veía la vida desde una ‘’perspectiva ciclista’’; y antes de que le dijera a mi amigo lo que yo pensaba acerca de esa zona de la ciudad, él se me adelantó diciendo:

– Qué gran final de etapa de la Vuelta a España se podría hacer ahí.

Y como en todos los aspectos de la vida, siempre hay una primera vez. Pero lo que creo que es verdaderamente importante en esa primera vez, es su capacidad para ‘’engancharte’’. No dejo de oír y conocer a cantidad de personas que comenzaron a practicar ciclismo de casualidad y hoy en día no podrían entender su vida de otra manera. Y es que un deporte en el que creas unos hábitos de vida saludables, en contacto con el medio ambiente, que facilita fortalecer y comenzar nuevas amistades o disfrutar de la soledad para poder pensar y reflexionar, que consiste en una superación diaria en la que por encima de sobrepasar a los demás está el sobrepasar los propios límites y que en definitiva ayuda a mejorar cuerpo y mente; es un deporte especial.

De tantas anécdotas que el ciclismo nos deja, recuerdo otra de no hace mucho tiempo. Volvía yo de entrenar después de tres horas bajo el agua, en un día de viento y lluvia en el que, como siempre, había decidido completar mi entrenamiento a la perfección sin tener que utilizar el ‘’rodillo’’, mojándome lo que fuese necesario.  En el momento de soltar mi zapatilla de los pedales automáticos, ya en la puerta de casa, se detuvo a mi lado un conocido del pueblo. Conocido principalmente por haber salido de fiesta más noches que el camión de la basura y al que seguramente amigos o familiares habrían intentado persuadir para que redujese sus días de alterne, sin conseguirlo. Pues para mi asombro, llevaba ese día treinta kilómetros más que yo y aún quería hacer otros veinte más. Decía que esto ahora era su pasión, que pronto iba a estrenar bicicleta nueva, que no salía de fiesta desde el día de Nochevieja y que ni mucho menos le apetecía; que lo único que tenía en mente eran nuevas rutas que realizar con su bicicleta roja y blanca.

– Me alegro mucho de que ya seas otro más en esto del ciclismo, te veo muy motivado y feliz. ¿Cómo ha sido para llevar a cabo este cambio tan brusco? – le pregunté mientras me quitaba el casco empapado.

Él no dudó un instante y me contestó exactamente lo que yo esperaba escuchar:

– Qué te voy a contar que no sepas. El ciclismo, que engancha.

Por todas estas ventajas y otras muchas no mencionadas, me alegra ver cómo nuevos conocidos empiezan a practicar el ciclismo o como ha crecido la ‘’grupeta’’ de los domingos en mi pueblo, la cual empezó con diez integrantes y hoy ya tiene más de cincuenta. Y me alegra también cruzarme con otros ciclistas cuando voy entrenando y sin conocerlos de nada mandarles un saludo y verlo correspondido; tal vez no nos conozcamos de nada, tal vez nunca más nos volvamos a ver, pero practicamos este extraordinario deporte que tiene algo, ‘’algo especial’’.

Escrito por:
@MarcosRojo93

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