Alberto

Alberto Contador vuelve contra la historia en el décimo aniversario de su primera victoria. Un Tour 2007 marcado por el dopaje.

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Nadie en los anales de la carrera francesa, a excepción de Gino Bartali ha logrado ganar una edición diez años después de haber logrado la primera. Desde el 1 de Julio en Düsseldorf Alberto Contador intentará igualar la proeza del mítico ciclista italiano.

Corría un caluroso mes de julio de 2007, cuando el 7 de ese mes volvía a levantar el telón, por noventa y cuatro edición la ronda gala, esta vez con salida desde Londres. Aún resonaba en nuestras cabezas la victoria de Óscar Pereiro tras su famosa escapada en Montélimar y posterior título cuando Floyd Landis fue desposeído del Tour tras dar positivo. En la parrilla de salida corredores como Evans, el propio Pereiro, Valverde, Menchov, Rasmussen, Sastre, Vinokurov… Todos ellos en busca de la gloria de París, pero por desgracia para este deporte este Tour iba a ser de todo menos tranquilo. Nuevamente al Tour le persiguió la eterna e incansable sombra del dopaje, nuevamente el Tour se tornaba turbio, muy turbio. Y es que ya antes de comenzar Alessandro Petacchi tuvo que abandonar la concentración de su equipo, por aquel entonces Milram, al haber dado positivo en un control en el pasado Giro de Italia. Pero no fue el único, quizás los casos más sonados fueron los del por aquel entonces joven y prometedor corredor alemán Patrick Sinkewitz. Y su abandono de la prueba acarreó la censura de la televisión alemana que decidió abandonar la prueba y no realizar una cobertura televisiva. Casualidades de la vida, diez años después, el Tour parte de tierras bávaras. Otro de los casos que también produjo mucho revuelo fue el positivo en pleno Tour del siempre polémico Alexander Vinokurov. Tras su sobrada victoria en la contrarreloj de Albi, una expulsión que conllevó como daños colaterales el abandono de su equipo, el Astana. Pero el conjunto kazajo no fue el único que dio plantón a la ronda gala, el equipo francés Cofidis, que el mismo día en el que su corredor Cristian Moreni era detenido por los gendarmes al termino de la etapa, habían realizado una asentada en protesta por un ciclismo limpio en la salida de la jornada. Curiosa y caprichosa situación del destino. No se libró del dopaje el corredor de Saunier Duval, Ibán Mayo y sin duda el gran protagonista de este Tour junto al pinteño. Estamos hablando de no otro corredor que el danés Michel Rasmussen, a quien la sospecha de dopaje le persiguió desde el inicio de la carrera.

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En lo que a lo deportivo corresponde, pocos esperaban en Londres que el corredor madrileño pudiese lograr la victoria final, se sabía que era un buen corredor, valiente, intrépido, que cuatro años antes había esquivado al destino en la Vuelta a Asturias y que ya venía realizando buenas actuaciones en carreras como la París Niza ese mismo año. Si por algo se va a recordar la difícil hazaña del corredor pinteño será por su exhibición en la última semana de carrera, concretamente en dos etapas clave, en la decimoquinta jornada, que concluía en el Col de Perysourde, que este año se vuelve a ascender, veremos el destino si le tiene algo preparado a Contador. Y por la contrarreloj final el penúltimo día de carrera, cuando se destapó y nos permitió seguir viviendo un idilio que comenzaba un año atrás con Pereiro. Corría el 23 de julio, el día de antes ya había demostrado su candidatura ganando en Plateu de Beille enfunfado con el maillot de mejor joven, una etapa que concluía en LoudenVille, y que a 5 kilómetros de meta se coronaba el Col de Perysourde, en los últimos 4 kilómetros de ascensión El Pistolero realizó cuatro fortísimos disparos en forma de ataques al maillot amarillo, cuatro embestidas que quedarán grabadas en la mente de todos, cuatro envites a los que sobrevivió el danés de milagro. Dos días después, con el final en Aubisque y Michel Rasmussen relamiéndose los labios viendo cada vez más cerca su victoria final conforme pasaban los días, fue expulsado por su propio equipo, el Rabobank, antes las fuertes presiones que recibieron incluso de la dirección del propio Tour de Francia. El danés fue enviado a casa al descubrir que había falsificado su paradero durante su preparación en las semanas previas al Tour, alegando que se encontraba en México cuando realmente se encontraba en Italia. La norma de aquel entonces de la UCI sólo permitía saltarse 1 control previo a las grandes vueltas, y el danés no sólo se saltó uno, si no que se saltó tres, por lo que la presión asfixiante y la sombra de dopaje que se alargaba cada vez más sobre Rasmussen le obligó a echar pie a tierra y despedirse de un país, que como si no se hubiesen enterado, se encargó de entonar su himno en el podio de París cuando Alberto alzó los brazos. Con Rasmussen fuera de carrera la general se disputaba entre Alberto, Cadel Evans y Levi Leipheimer, todos ellos finalizaron en un tiempo inferior a los 31 segundos.

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