El Tour empieza gris

@A.S.O.

Como el cielo de Düsseldorf, el Tour empieza de color gris. Amamos un deporte al que le cuesta poco autodestruirse. Las miradas de todos están puestas en el Tour de Francia, símbolo y reclamo principal del ciclismo. Pero no son solo las miradas de aquellos que vivimos con pasión la bicicleta, si no también las de aquellos que buscan nada más que el titular fácil, el vídeo viral o la noticia “chiringuitera” del día. Es por eso que la ronda gala, como escaparate de lo mejor y lo peor del ciclismo, está obligada a ser ejemplar en todos sus aspectos.

Desgraciadamente, parece que hace tiempo que no es así. El año pasado, muchos recordarán el Tour por el de la carrera de Froome en las cuestas del Ventoux, o por aquel arco de último kilómetro desplomándose sobre Adam Yates. Minoría serán los que rememoren el Tour en que Froome atacó hasta en descensos y abanicos, ante la pasividad y/o impotencia de sus rivales.

@A.S.O.

Esta edición, empieza ya con el pie izquierdo. La atención a lo deportivo vuelve a quedar en un segundo plano. El circuito que ayer sirvió como punto de partida de la Grande Boucle supuso una ratonera que, agravada por la lluvia, complicó mucho la disputa en buena lid de una especialidad, la contrarreloj, que cada vez queda más relegada a lo anécdotico. Curvas complicadas, en zonas realmente estrechas, con poca protección y con esas malditas vallas de pies metálicos salientes que siguen convirtiéndose en trampas infalibles contra los ciclistas.

La caída de Alejadro Valverde es quizás el ejemplo más claro de lo que todos temíamos que podía suceder cuando comenzamos a ver a los corredores pasar por esa zona de curvas. La caída, seguramente, fuera inevitable; pero el brutal golpe contra las vallas es algo que en una carrera como esta no debía suceder. En cuanto vimos al murciano tirado sobre el piso, supimos que su Tour había acabado casi antes de empezar. Pero lo inaceptable de la situación no se quedaba solo ahí. En una zona tan estrecha, y con los corredores saliendo con solo un minuto de diferencia, el peligro de Alejandro tirado en el suelo, con el coche de equipo justo detrás, se multiplicaba ante la inminente llegada del siguiente corredor. Sin escapatorias, Eusebio Unzúe intentaba apartar a su corredor de la carretera, moviéndolo hacia las vallas como si de un saco de patatas se tratara. No podía hacer otra cosa el director de Movistar, pues trataba de evitar un accidente peor, pero no es sin duda la mejor manera de mover un cuerpo de alguien que se acaba de dar un golpe de esa magnitud.

En la misma curva se iban al suelo siete corredores más, además de una moto de policía, lo que demuestra que no fue la mala suerte la que acabó con la carrera para el Bala, si no que fue una manifiesta negligencia de seguridad. Antes habíamos visto varias caídas, afortunadamente no tan graves, e imágenes que demostraban la pista de patinaje en que se había convertido el circuito, como la del mecánico de George Bennett deslizándose tras la bicicleta del neozelandés. Con la etapa acabada, nos enterábamos que Ion Izagirre, otro de los corredores llamados a dar espectáculo en esta edición, tampoco podía terminar la etapa, gravemente lesionado por otro trompazo en ese punto fatídico.

Ya casi se dejaba de hablar de lo deportivo; del día en que Geraint Thomas lograba un merecido premio a su calidad y entrega, después de tener que despertarse del sueño rosa del Giro en otra caída totalmente evitable, cuando una moto se paraba frente al pelotón causando una terrible montonera. Una fantástica carrera del de Sky que no pudimos ver ni un segundo debido a las siempre discutibles decisiones de la realización gala (una realización que dejó mucho que desear, especialmente en el manejo de referencias y tiempos en meta). Ya no se comentaba la decepción alemana cuando Tony Martin, con su buzo arcoíris, no lograba mejorar el tiempo del galés. No era ya noticia la gran crono del joven suizo Stefan Küng, ese corredor en el que tantos quieren ver al nuevo Espartaco. Ni se hablaba lo suficiente de que Chris Froome empieza de nuevo mordiendo desde el día uno. El británico ha aprendido a asumir riesgos en descensos, como el año pasado, o en cronos complicadas como ayer. Una nueva manera de cosechar marginal gains y de golpear moralmente a sus rivales. Quizás esto sirva para que los demás se dén cuenta de que no pueden desaprovechar ningún día para presentar batalla. Tampoco abría ya portadas las bonitas imágenes de un público entregado en las cunetas, pese a lo gris y lluvioso del día.

@A.S.O.

Más allá de todo ello, el debate vuelve a ser la seguridad del ciclista. Si la carrera que más presupuesto mueve no es capaz de mejorar en este aspecto, mal vamos. Somos conscientes de que el ciclismo es un deporte peligroso, y quien se sube cada día en una bicicleta para ganarse el pan es consciente de ello, pero no podemos permitir que ese riesgo se multiplique por falta de atención al detalle o por incompetencia manifiesta.

Por delante tenemos tres semanas apasionantes de ciclismo. Ojalá sean para hablar de sprints increíbles, ataques memorables, ascensiones históricas y duelos titánicos. Esperemos que Bahrain-Merida y Movistar Team puedan superar el golpe deportivo y anímico de la pérdida de dos grandísimos corredores que llegaban en un momento ideal a la carrera, y que la recuperación de Ion y Alejandro sea lo más rápida posible dentro de la gravedad de sus lesiones. Seguro que los volveremos a ver dando espectáculo en las carreteras del mundo.

Escrito por:
@VictorGavito

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