Resumen tercera semana del Giro d’Italia

“Belleza, épica y emoción en la Corsa Rosa”

La última semana del Giro de Italia 2016 vino a confirmar lo que ya apuntó en la segunda semana, una carrera entretenidísima y emocionante hasta el final. Estas últimas seis etapas estuvieron cargadas de sorpresas y hechos inesperados, lo que siempre aporta un plus a las carreras. Los ciclistas, ayudados por unos trazados diseñados para ello, no escatimaron y atacaron sin descanso desde lejos, poniendo la carrera patas arriba y manteniéndonos pegados al televisor. Lo que siempre demandamos a los protagonistas, en esta ocasión, nos lo ofrecieron sin reservas. Un espectáculo de los que crean afición y adicción.

Bressanone-Bixen Andalo

La semana empezó fuerte desde el principio. Los movimientos importantes se esparaban para la Paganella, el penúltimo puerto de la jornada pero ya en la primera ascensión, el passo della Mendola, los hombres de la general se pusieron el mono de trabajo y empezaron a pegarse de lo lindo. Pegarse en sentido figurado, por supuesto, aunque más de uno pueda haber pensado mal, cosa más que comprensible toda vez que Brambilla y Rovny compartían pelotón. Nibali, Valverde, Zakarin… todos intentaban aprovechar la debilidad del equipo del líder Kruijswijk, el Lotto Jumbo. Muy mal debe de estar tu equipo cuando tu mejor hombre para la alta montaña es Enrico Battaglin. El italiano tiene muchas virtudes pero las escaladas a las ascensiones más exigentes no son ni mucho menos su fuerte. Así que a mitad de la Mendolla al líder ya no le quedaban compañeros. Experimentaba así lo que es la soledad, la misma que se siente cuando estás en el baño y se te acaba el papel higiénico. Pero la Percha demostraba tener las mejores piernas del Giro y salía con suficiencia a todos los ataques. El gran perjudicado de esta salida a mil por hora fue el colombiano Estaban Chaves que se descolgó y perdió unos treinta segundos en el paso por la cima. Por delante Kruijswijk, Valverde, Nibali y Zakarin engancharon con los seis hombres que iban en cabeza y entre los diez hicieron camino para intentar eliminar a un hombre que hasta ese momento se había mostrado muy fuerte. Pero Chavito encontró la titánica colaboración de Damien Howson, ciclista del que oiremos grandes cosas en los próximos años, y sobre todo, de Rubén Plaza, que solo con su desempeño en esta etapa ya ha justificado su sueldo. Principalmente fue el alicantino quien consiguió que no aumentara la desventaja de su líder en los casi cincuenta kilómetros de sube y baja (más baja que sube) que conducían a pie del siguiente puerto. Allí, en las faldas del fai della Paganella le dio un beso en la frente y se despidió habiéndolo dejado a cuarenta segundos de la cabeza. De aquí al final Chaves se las apañó solo para mantener la distancia con los hombres de cabeza y no perder más tiempo. Quien sí que entró en crisis fue Nibali. El campeón de Italia comenzó su peregrinación y fue viendo cómo todos le iban pasando y dejando atrás sin piedad. Casi dos minutos se dejó en la meta de Andalo, llegando fundido a rueda de Domenico Pozzovivo, a quien la tercera semana se le ha hecho más larga que la licenciatura de ingeniería. Por delante Valverde y Kruijswijk se aprovecharon del desinteresado y valioso trabajo del ruso Zakarin y llegaron juntos a meta, donde Alejandro Valverde hizo valer su mayor punta de velocidad y le quitó las pegatinas a sus compañeros de aventura. Valverde ganaba así su primera etapa en el Giro, completaba el trío de victorias en grandes vueltas y se metía en el podio a escasos segundos de Esteban Chaves, segundo de la general, a quien sus compañeros de equipo le salvaron la carrera. Y eso que había gente que decía que Orica no tenía equipo.

Molveno-Cassano d´Adda

Tras el palizón del día anterior, el pelotón se tomó un respiro. Fuga larga y presumible sprint en una etapa sin verdaderas dificultades en el recorrido. En días como este se notan la falta de fuerzas y de organización por parte de los equipos de velocistas, y más cuando los capos de las volatas, Greipel y Kittel, ya habían abandonado el Giro. O bien nadie confía ciegamente en sus hombres rápidos o bien no hay fuerzas para poner orden en el corral. De esta forma la fuga le echó un tremendo pulso al pelotón. No fue hasta pasado el último kilómetro que el paquete de sprinters pudo dar caza a Lars Ytting Bak, un experimentado rodador con más galones que un coronel. El danés puso la fuga a trabajar con un sencillo gesto de su mano. Y allí no remoloneaba nadie. Pero ni con el saber hacer de Bak hubo suerte. Sí la tuvo Roger Kluge. El alemán aprovechó los nervios y el caos de la llegada para coger la rueda de Pozzato, que había saltado del pelotón en un agónico esfuerzo final, rebasarlo y cruzar la meta el primero. A Giacomo Nizzolo, segundo en meta y primero en el sprint, se le quedó la misma cara que se me queda a mí cuando los Reyes Magos me traen calcetines. En cuanto a la victoria de Kluge, otra más para el ciclismo alemán y primera en una gran vuelta para el equipo IAM, justo dos días después de que anunciara que abandonará la esponsorización de la escuadra a final de temporada. No es por pensar mal, pero no hay mejor motivación que tener que buscar un nuevo contrato y no hay mejor manera de buscarlo que llevando una victoria en una grande debajo del sobaco, como si del monedero de una vieja se tratase.

Mugiò-Pinerolo

La décimo octava etapa del Giro presentaba un perfil llano con un puerto corto, cuatro kilómetros, pero exigente, 8,5% de pendiente media, que se coronaba a veinte kilómetros de meta. Como no podía ser de otra manera se formó una fuga con más gente que en la boda de Lolita Flores (“si me queréis, irse”). El pelotón, cansado de machacarse las piernas un día sí y otro también, igual que hacen los malotes del instituto, se tomó el día libre y se fue a fumar al patio. En la subida a Pramartino, Moreno Moser, que ha hecho un Giro muy digno, y Gianluca Brambilla, que ha hecho un Giro espectacular, se fueron en solitario hacia la meta aunque cuatro hombres les pisaban los talones (Arndt, Modolo, Trentin y Rovny). Moser y Brambilla entraron en el último kilómetro y comenzó la partida de póker. Antes de que Moser, presumiblemente más rápido que Brambilla, pudiese lanzar la llegada les pasó por la derecha un avión llamado Matteo Trentin. El italiano entró en meta con pinta de dominguero de playa, descamisado y luciendo cadena de oro. Brambilla se alegró porque al final todo queda en casa pero a Moser le tuvo que hacer la misma gracia que a Bertín Osborne salir en los papeles de Panamá.

En Pramartino y en el repecho de San Mauricio, una señora cuesta del 15% a dos de meta, los GC riders (los de la general, vamos) se pusieron las pilas y el pelotón se desmembró, pero al final no hubo diferencias entre ellos. Steven “la Percha” Kruijswijk conservaba el rosa a la espera de las dos jornadas venideras.

Pinerolo-Risoul

Ya lo dijimos en la narración de Twitter, por etapas como esta “bendimos nuestra alma al Diablo pero el Amo de los Infiernos reusó llebarse nuestro ser hetéreo y sólo se kedó con nuestra hortografía, ola k ase”.

En el imponente e infinito Agnello, primero Txurruka y luego Howson redujeron el pelotón a los seis o siete corredores más fuertes de la carrera. Por supuesto que el rastro de los compañeros de Kruijswijk iba a ser más fácil buscarlo en una hemeroteca que en las rampas del Agnello. Chaves hizo bueno el trabajo de sus compañeros y lo probó de lejos. Nibali hizo catacrack pero como la Percha seguía soldado a su rueda bajó el ritmo lo que permitó que el Tiburón de Messina volviera a entrar con los mejores. Con todo nevado y cada vez más cerca de las nubes, Nibali cogió resuello y olvidándose de la debilidad mostrada minutos antes se marchó con decisión hacia la cima. Todos hicieron catacrack con la excepción Chaves y del líder, Kruijswijk, que demostraba tener más piernas que un ciempiés. Pero este movimiento no fue el punto culminante de este Giro. La carrera italiana ha tenido este año más puntos de giro que una película de Charlie Kaufman. En la bajada del Agnello, el holandés hizo un recto y se fue directo contra una pared de nieve. El tulipán, volando por los aires, veía cómo la fatalidad se encargaba de hacer lo que no habían conseguido las piernas de sus rivales: descolgarlo. Nibali y Chaves siguieron hacia adelante sin mirar atrás. A Kruijswijk le pasaron varios hombres que venían por detrás como Valverde y Zakarin. En la bajada dijo adiós a la Corsa Rosa Ilnur Zakarin. Una caída de las que dan mucho miedo le hizo mixto la clavícula y lo mandó para casa cuando era quinto en la general. En el llano hasta Risoul se decidió gran parte de este Giro. En ese terreno Nibali y Chaves enlazaron con Scarponi y Plaza, que venían de la fuga. El turbo de estos dos gregarios de lujo hizo que lo que en un principio era un minuto de pérdida, se convirtiese en casi tres a pie de Risoul a pesar de la colaboración que encontró en Jungels, un chico que no se guarda nunca nada, y el compañero de este, Carlos Verona, soberbio el Giro también de este madrileño de Etixx. Valverde y Majka que estuvieron a punto de contactar con Chaves y Nibali no lo consiguieron. No hay palabras en el lenguaje que describan el trabajo realizado por Scarponi y Plaza. Tras varias intentonas en Risoul, Nibali quebró la resistencia de Chaves y se marchó solo hasta la meta. El colombiano llegó a casi un minuto. Valverde lo hizo a poco más de dos minutos. El líder, que empezó la subida final con fuerza y buen ritmo pero que poco a poco fue perdiendo fuelle, atravesó la línea de llegada a cinco minutos de Nibali. Entre lágrimas, con el cuerpo y el alma magullados, Kruijswijk veía cómo se le escapaba un Giro que había rozado. Hasta su trompazo en el descenso del Agnello había demostrado ser el más fuerte. La Percha no había mostrado ni un atisbo de debilidad. Más tarde su equipo anunció que había sufrido una pequeña fractura de costilla y varios golpes y abrasiones. Ante tal parte de lesiones parece mentira que el de Neunen hubiera podido acabar la etapa y más de la forma en que lo hizo. Desde aquí solo podemos aplaudir su proeza y lamentar su mala suerte.

El liderato pasaba ahora a manos de Chavito, con Nibali muy cerca. Kruijswijk quedaba a un minuto y cinco segundos pero su estado físico no era muy alentador de cara al día siguiente. Alejandro Valverde perdía momentáneamente su plaza en el podio y quedaba a casi dos minutos de Chaves. Solo una actuación de superhéroe podría vestirle de rosa al día siguiente en la cima de Sant´Anna di Vanadio. Con cuatro corredores con opciones, la carrera se ponía muy emocionante.

Guillestre-Sant´Anna di Vanadio

Con un Kruijswijk mermado, un Alejandro Valverde en busca de uno de los cajones del podio, y un ambicioso Nibali al acecho de la maglia de líder de Chaves nos presentamos en la salida de Guillestre. De nuevo una etapa con un recorrido temible. A falta de un día para la conclusión de la carrera italiana, ya fuera por falta de piernas, o por falta de valor, los ciclistas de la general no se movieron desde el comienzo de la etapa como en los días precedentes. Desistieron de abrir fuego de inicio en la subida a Vars y, más tarde, mientras la fuga iba abriendo hueco, subieron juntos el largo puerto de la Bonette. Aunque el líder era Chaves, Astana controlaba la carrera. Llegados a la Lombarda, el penúltimo puerto del día, Astana puso ritmo. De nuevo Scarponi impuso una marcha machacona que iba desgranando el pelotón. Cuando a quince de meta el escalador italiano se apartó, Nibali lanzó su ataque. No fue un hachazo centelleante, más bien se trató de una aceleración leve con un aumento sostenido del ritmo. Solo el líder, Chaves, y Valverde pudieron coger su rueda, pero poco a poco el Tiburón fue imponiendo su pedalada ligera y fue abriendo hueco con el dúo hispano-colombiano. En un principio mantuvieron una distancia prudencial pero, al final, no pudieron con el paso de Nibali y fueron cediendo segundos. Por si fuera poco Nibali volvió a encontrar la colaboración de un compañero, Kangert, que venía de la fuga aunque el estonio había guardado fuerzas para cuando llegara este momento. Urán llegando desde atrás alcanzó y ayudó a su compatriota y al murciano de Movistar y juntos rodaron en persecución de la pareja celeste. Hasta que, en profunda crisis, Chaves no pudo aguantar el ritmo del Bala y de Urán y se quedó clavado. A su paso por la cima de la Lombarda, en la frontera entre Francia, de donde venían, e Italia, hacia donde se dirigían, Chaves ya perdía de manera virtual la maglia rosa. Más atrás venía Kruijswijk, apaleado y descartado a estas alturas de etapa de la lucha por la victoria final.

Hasta la meta todo fue un monólogo de Nibali. Corroborado por la quiebra de Chaves. El colombiano eligió el peor día para fallar. Los segundos iban cayendo en la cuenta de Chavito y por detrás iban alcanzándole y pasándole ciclistas: Majka, Jungels, Kruijswijk… Fundido, cruzó la línea de meta a un minuto y treinta y seis segundos de Nibali, que se hacía a lo grande con la prenda rosada y con su segunda victoria en el Giro. Un merecido premio para un tipo que, a pesar de llegar a tener casi cinco minutos perdidos, nunca se dio por vencido. Puro espectáculo. Valverde consiguió subirse al tercer cajón del podio en detrimento del heroico Steven Kruijswijk, y estuvo a punto de alcanzar al colombiano de Orica. Veinticinco fueron los segundos que separaron en la la general final al bogotano y al murciano.

La etapa fue con todo merecimiento para Rein Taaramäe, el estonio de Katusha que dedicó el triunfo a su jefe de filas que, como dijimos antes, se fracturó la clavícula por una caída en el descenso del Agnello. No hay mejor manera de quitarse el mal saber de boca del accidente de Ilnur que consiguiendo una victoria de etapa en el Giro. Sí, señor. Así se salvan las desgracias.

También hay que destacar que después de vestir durante casi toda la carrera la maglia azzurra que acredita al mejor escalador de la corsa, Damiano Cunego le cedió la prenda a Mikel Nieve, que se marcha del Giro con una victoria de etapa y la clasificación de la montaña. No es mala forma tampoco de salvar el honor de Sky tras el inesperado reventón de Mikel Landa. En cualquier caso, el conjunto inglés lo tiene claro: “pon un ex-Euskaltel en tu vida”.

Cuneo-Torino

Como viene siendo habitual la última jornada es una especie de reunión de antiguos alumnos. Las risotadas y los chascarrillos se escuchan en el pelotón en los primeros kilómetros de la etapa “¡Cuánto has cambiado desde que salimos de Apeldoorn!” “Tú en cambio estás igual”… y así hasta el infinito. La organización de la carrera, empática como pocas, decidió darles un capricho a los niños y neutralizó los tiempos de esta última etapa para que una eventual caída no variara la general, que bastante habíamos tenido ya con los trompazos en el Agnello de Kruijswijk y Zakarin, primero y quinto de la clasificación general en aquel momento.

La lluvia, tan empática o más que la propia organización del Giro, no quiso perderse la fiesta y decidió pasarse por allí. El resultado: una caída en el pelotón cuando la carrera ya estaba lanzada. Chaves y Urán tocaron suelo al más puro estilo Züelle. Como ya se había anunciado que no se contabilizarían los tiempos, los colombianos aprovecharon para pasearse hasta la meta de Turín acompañados por sus compañeros de equipo.

Por delante la carrera iba a mil gracias a un bonito ataque a dúo de dos hombres de Lotto Jumbo, Jos van Emden y Maarten Tjallingii. El que más tiempo aguantó en cabeza fue van Emden que casi pudo vislumbrar la meta en el horizonte pero finalmente fue cazado en un repecho (¡ay, los repechos, enemigos implacables de los fugados!) ante el empuje del pelotón, o lo que quedaba de él ya que, debido al ritmo y a la neutralización de tiempos, muchos corredores habían hecho la de Pilatos y estaban dejando sus manos limpitas para la cena. Tan solo veinticinco ciclistas llegaron juntos a jugarse la victoria en los últimos metros. En el sprint, por fin, venció el portador del maillot rojo de la regularidad, Giacomo Nizzolo, no sin antes arrinconar contra las vallas a Sacha Modolo quien le dedicó un melodioso y aterciopelado “va fan culo”. Música para sus oídos. Los jueces decidieron descalificar a Nizzolo que se volvía a quedar con cara de “es la tercera vez esta semana que me quitan el bocadillo en el recreo”. Como el segundo en la llegada fue Nikias Arndt, la victoria de etapa fue para él. Y así Giant, con la victoria de Arndt, cerró el círculo que había abierto en Holanda con la victoria de Tom Dumoulin en el prólogo de Apeldoorn.

Al final el ganador ha sido Vincenzo Nibali que se ha sobrepuesto a los problemas que ha ido arrastrando a lo largo del Giro y ha remontado una considerable desventaja a base de un ciclismo ofensivo, lleno de coraje y valentía. Un ciclismo propio de quien no tiene nada que perder y sí mucho que ganar. ¡Bravo, Nibali! Si este Giro ha sido tan grande, lo ha sido en gran medida gracias a ti.

El maillot rojo de la regularidad ha sido para Giacomo Nizzolo, favorecido por los abandonos de Kittel y Greipel, auténticos dominadores de los sprints. El hombre de Trek ha hecho valer su sufrimiento para ser el más regular pero se marcha de casa sin una victoria parcial.

La maglia bianca que señala al mejor joven de la general fue para Bob Jungels. El luxemburgués ha dado una lección de ciclismo. Con mucha diferencia se hizo con este distintivo siendo protagonista desde el principio. Grandes prestaciones en las contrarrelojes y un desempeño en las montañas italianas muy por encima de lo que se le presuponía. Todo esto le hizo vestir la maglia rosa de líder varios días para terminar siendo sexto en la general final. Y encima estuvo a punto de llevarse la etapa de Asolo, donde fue tercero tras Ulissi y Amador.

La última sorpresa del Giro la dio Mikel Nieve que se ha llevado el jersey azul de mejor escalador de la prueba al arrebatárselo el último día a Damiano Cunego, quien prácticamente lo monopolizó hasta Sant´Anna di Vanadio. El navarro de Sky ha salvado a lo grande el honor de los hombres de Sky.

Todo esto nos ha hecho posible vivir un Giro que ha resultado ser la mejor gran vuelta que se recuerda de los últimos años. Ataques lejanos, desfallecimientos, alternativas, estrategias de equipo y emoción, mucha emoción en un Giro cargado de épica. ¿Y no es esta la mayor belleza que hay en el ciclismo?

Escrito por:

@AbdonRV

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