Resumen del primer bloque del Giro 2017. (Parte II)

LO MEJOR ESTÁ POR LLEGAR

Resumen del primer bloque del Giro 2017. (Parte II)

 

Seguimos con lo que ha sido el Giro hasta ahora. Recuerda que esta es la continuación del resumen de esta primera semana.

Etapa 5. Pedara – Messina.

La siguiente etapa no tuvo historia alguna. El pelotón jugó con Maciej Paterski (CCC) y Eugeny Shalunov (Gazprom) del mismo modo que un gato juega con un canario para luego devorarlo. Sí amigos, los gatos pueden ser seres muy crueles, no todo van a ser vídeos de gatitos haciendo cosas entrañables o graciosas -cat vs cucumber-.

En Mesina, ciudad habituada a los seísmos -uno asoló la ciudad en 1908 y dejó 60 000 muertos- irrumpió como un terremoto Gaviria para llevarse su segunda victoria del Giro por delante de Jakub Mareczko y Sam Bennett.

Etapa 6. Reggio Calabria – Terme Liugiane.

De esta etapa no sé si destacar la victoria de Silvan Dillier, la portentosa actuación del yogurín Mads Pedersen o la incapacidad del Cannondale para dar una a derechas.

Mads Perdersen y Jasper Stuyven (Trek), se unieron a Silvan Dillier (BMC), Simone Andreetta (Bardiani) y Lukas Pöstlberger (Bora) para buscar un triunfo de etapa que finalmente pudieron jugarse. Desde luego que había muy buenos rodadores en la fuga, pero de ahí a pensar que podrían llegar… pero claro, si de la persecución se encargan los guionistas de Desmadre a la americana…

El equipo americano puso a sus hombres a trabajar para luchar por la victoria de etapa en un final duro que se adaptaba muy bien a las características de Tom-Jelte Slagter. Cannondale encontró la tímida colaboración de Willier. En los cuarenta, cincuenta kilómetros siguientes la diferencia se mantuvo en los siete minutos que tenían los fugados cuando los hombres de verde empezaron a tirar. Tremendo.

Gran parte de culpa la tuvo Mads Perdersen, un joven danés que tiene mejor pinta que el brownie con helado de vainilla. El de Lejre tiró de la fuga como una mula y, desde la distancia, destrozó a cuantos aparecieron por la cabeza del pelotón. A seis de meta, en un repecho, fue el primero de la escapada en decir “basta”. Stuyven intentó dar brillo al sacrificio de su compañero y fusiló las opciones de Andreeta pero no pudo evitar llegar a los últimos metros junto a Dillier y a Pöstlberger -que puede ser el hombre del Giro en estos primeros nueve parciales-. El empinado final dejó ver que el austríaco no iba a repetir su triunfo del primer día. Todo se reducía a Stuyven y a Dillier. El suizo de BMC tomó la iniciativa y se puso en cabeza. Stuyven, entregando sus últimas gotas de fuerza, se agarró a su rueda pero le faltó el punch suficiente como para superar a Dillier. Al que muchos ven como al sucesor de Cancellara no le quedó más remedio que golpear el manillar de su bici en una mezcla de decepción y resignación. Su esfuerzo y el de Pedersen no obtuvieron el premio gordo.

 

Etapa 7. Castrovillari – Alberobello.

Victoria apretadísima de Caleb Ewan

 

Simone Ponzi, Guiseppe Fonzi y Dmitry Kozonchuk anduvieron luciendo las prendas deportivas y los colores de sus equipos CCC, Willier y Gazprom. Ya que la victoria estaba imposible, por lo menos les quedaba el consuelo de haberse dejado ver, que es mucho más de lo que muchos terminan haciendo a lo largo de las tres semanas de una grande.

En las calles de Alberobello, ciudad famosa por sus trullos -un tipo de construcción campesina típica de la zona de Apulia-, hubo que recurrir a la foto finish para dilucidar el ganador entre los tres que se disputaron el sprint. Quien lo lanzó fue Caleb Ewan, el Terror de las Antípodas, Manny Pacquiao, Pocket Rocket, Supermosca o como lo quieras llamar. Al rebufo salió Sam Bennett, muy activo el del Bora en las volatas de este Giro. Por detrás, culebreando por lugares imposibles llegó, remontando, Fernando Gaviria con una progresión espectacular. De haber tenido cinco metros más, la victoria hubiese sido suya pero, como la línea de meta estaba donde estaba, fue Ewan quien subió al podio a recoger el trofeo que distingue al ganador de la etapa. A Gaviria, que ya suma dos victorias, ha demostrado ser el más rápido de esta edición del Giro. Seguro que tiene nuevas oportunidades de sumar alguna victoria más.

Etapa 8. Molfetta – Peschici.

Bonita etapa la disputada en el macizo Gargano, situado en el espolón de Italia, zona bañada por las turquesas aguas del Adriático. Un numeroso grupo se marchó en cabeza del que se escindió, en el monte Sant´Angelo, Luis León Sánchez. Algunos de los escapados perdieron fuelle en la subida y otros cuantos llegaron por detrás. Quedémonos con que, a la parte decisiva de la carrera, llegaron Luisle (Astana) y Gregor Mühlberger (Bora) -ambos se encontraban en la fuga primitiva-, Giovanni Visconti (Bahrain), Gorka Izaguirre (Movistar) y Valerio Conti (UAE). El italiano de Emiratos Árabes fue todo el tiempo con el cuchillo entre los dientes. El de Roma tenía un buen motivo para salir agresivo; por momentos fue líder virtual del Giro.

En el sube y baja final con un kilómetro final muy exigente, un terreno que bien podría estar situado en las Ardenas en vez de en la provincia de Foggia, el primero en ceder fue Mühlberger, el menos escalador del quinteto. Cuando la victoria estaba entre los cuatro de delante, una resbaladiza curva de herradura marcó el devenir de la etapa. Conti que tiraba en cabeza entró demasiado fuerte, se le fue la rueda delantera y se fue al suelo como una mopa. Gorka, que iba a su rueda, se vio con cinco metros de ventaja y aprovechó el momento para atacar. Luisle, atufado por el esfuerzo realizado en el monte Sant´Angelo, no tuvo fuerzas para cerrar el hueco. Visconti, que sorteó la caída de Conti con la impericia de un cadete, tuvo energía pero le faltó terreno para dar caza a un Gorka Izaguirre que consiguió en la línea de meta de Peschici su mejor victoria profesional.

De entre los favoritos, Mikel Landa lanzó un golpe que intentaba medir la mandíbula de sus rivales. Ningún otro favorito se atrevió a gastar fuerzas y finalmente fue atrapado por el pelotón. Buen movimiento de Mikel, que sirvió al alavés para reforzar su moral y verse con opciones. Ese primer amago tendría que refrendarse al día siguiente en el Blockhaus.

Etapa 9. Montenero di Bisaccia – Blockhaus.

Enorme Nairo Quintana en la esperadísima llegada al Blockhaus. Y lamentable la caída que provocó una moto de la policía a pie de puerto. Menos mal que la policía está para proteger a los ciudadanos…

El momento de la caída.

Movistar sacó la apisonadora y no permitió que la numerosa fuga en la que viajaba gente como Rolland, Marczynski o Tratnik cogiera ventaja. Con la carrera lanzada, una motocicleta de la policía, de las muchas que escoltan a los corredores, estaba parada a un lado de la carretera -algo muy importante tendría que hacer esa moto ahí, algo como poner una multa o tirar un selfie- pero sobre la calzada. Kelderman no pudo esquivar la moto y en su caída arrastró a los dos líderes de Sky: Geraint Thomas y Mikel Landa. Vaya puntería… alguien en Sky tiene que deberle dinero a ese motorista. Landa se levantó rápido pero pronto se vio que algo fallaba. Magullado y dolorido, terminó cediendo casi media hora. Adiós a la general. Lo preocupante viene de sus declaraciones posteriores: “esto pasa por nosotros y no tanto por la moto (…) queremos pasar todos y no se puede”. Síndrome de Estocolmo en toda regla. Mini Wiggins parecía que se había roto la clavícula pero al final se montó en la bicicleta y continuó ayudado por Kiryienka, Rosa y Puccio. Al final, el británico se dejó cinco minutazos y necesitará una proeza milagrosa para ganar esto que ya está perdido. También se fue al suelo, perdiendo el tren, Adam “Gemelo 1” Yates. Cuatro minutos de déficit. No sería mal negocio que se juntase con Thomas que además los dos hablan inglés y se entienden. Total que la moto lio una buena zapatiesta que nos ha robado parte del espectáculo.

Caída al margen, Movistar siguió metiéndole fuego a la carretera y entre la velocidad y la longitud y la dureza del Blockhaus se fueron quedando los corredores. Cuando todavía tiraba Anacona, que se hizo una subida para enmarcarla y ponerla encima de la tele entre la foto de la abuela y la de la primera comunión, solo quedaban nueve hombres en cabeza -tres de ellos de Movistar: Anacona, Nairo y Amador-. Jungels, el líder, ya había cedido. Van Garderen iba recogiendo sus pedazos por el Blockhaus. Zakarin se quedó mucho antes de lo imaginado… la escabechina fue tal que en vez de un domingo 14 aquello parecía ser un Viernes 13. Junto a los tres de Movistar solo aguntaban Nibali, Pinot, Mollema, Pozzovivo, Kruijswijk y Dumoulin.

A casi siete kilómetros para la cima Quintana se lio la manta a la cabeza y soltó el primer ataque. Solo Nibali, en primera persona, y Pinot pudieron seguir su rueda. El boyacense no se desanimó y atacó en hasta cuatro ocasiones, momento en el que consiguió que Nibali se sentara con las piernas resquebrajadas. Su ataque definitivo llegó a cuatro kilómetros y medio de la meta. Tras casi tres kilómetros de ataques consiguió soltar a sus rivales de manera definitiva. Por eso hay que intentar mover las carreras antes de la pancarta de tres a meta, porque hay que fundir a los rivales y quebrarles el ánimo hasta que se consigue abrir hueco. Quintana lo hizo y fue dejando cadáveres en la subida. El plan salió perfecto salvo por la impresionante resistencia que mostraron Pinot y, sobre todo, Tom Dumoulin. La pareja solo se dejó medio minuto en la meta. Una tremenda victoria moral para DumOlano al que aún le esperan setenta kilómetros de contrarreloj. Si mantiene el nivel, Dumoulin se ha convertido en el gran favorito, incluso por encima de Nairo. Pero claro, la fiabilidad en la alta montaña no es el fuerte de Tom. Para arriba igual te aguanta con los mejores, que te espera sentado en una mecedora comiéndose un helado. Así que devolvemos el favoritismo a Quintana, que deberá seguir atacando y mostrándose superior en las ascensiones si quiere evitar sorpresas. Peligroso es también Pinot, peor escalador que Nairoman pero mejor contrarrelojista. El candidato más regular/estable en el balance montaña/crono. Nibali se dejó un minuto. Bien por él porque parecía que iba a perder hasta el DNI. Vincenzo es peligroso. Puede y debe ir a más y es el mejor en lo táctico. Quizás sus piernas sean un interrogante pero sobre su valentía no hay dudas. Dará que hablar. Mollema perdió menos tiempo que Nibali aunque no parece que vaya a ser el rival de Nairo. Como Pozzovivo, que llegó poco después que el Tiburón. El Ingeniero, salvo sorpresa, no es candidato a la victoria final.

El ataque definitivo de Quintana en el Blockhaus.

Como puedes imaginar los corredores fueron llegando uno a uno. Como mucho en parejas. Quien salvó el día fue Zakarin, de menos a más. De los primeros líderes en quedarse, al final consiguió estabilizar la diferencia y perdió poco más de dos minutos cuando todo indicaba que tendría que ser remolcado por una pareja de bueyes. Kruijswijk y Amador llegaron a casi tres minutos, y Jungels a tres y medio. El luxemburgués, que perdió el rosa en favor de Quintana, cedió más tiempo del que él mismo esperaba.

Preciosa ascensión final a un Blockhaus extrañamente desierto de tiffosi. Ahora se abre un interesante panorama por delante que puede plantear una carrera espectacular y muy divertida. En las dos semanas que quedan puede pasar de todo. Lo que está claro es que lo mejor está por llegar.

Escrito por:

@AbdonRV

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