Resumen del primer bloque del Giro 2017 (Parte I)

LO MEJOR ESTÁ POR LLEGAR

Resumen del primer bloque del Giro 2017 (I parte)

Érase una vez una carrera que se disputaba en Italia. Después de una buena primavera de clásicas apetecía que llegase la primera grande de la temporada, el Giro de Italia. Una carrera que siempre da la nota, para bien o para mal. En esta ocasión la carrera transalpina comenzó con una nota desafinada -bueno, dos-. El día antes de darse la salida, Stefano Pirazzi y Nicola Ruffoni, ambos de Bardiani, fueron pillados copiando para el examen de italiano. Automáticamente fueron expulsados de la carrera y permanecen a la espera del contranálisis para poder ser linchados públicamente por una horda furiosa que habita en las redes sociales.

Vamos allá con la primera parte del resumen de este primer bloque del Giro. Una semana y media aburrida que ha transcurrido, salvo excepciones, entre cabezazos en el sofá y visitas continuadas al baño y la nevera.

Etapa 1. Alghero – Olbia.

Lukas Pöstlberger, en su afán de preparar la llegada para su compañero Sam Bennett, se vio en cabeza del pelotón a dos de meta. Lejos de ceder ante el empuje de los demás lanzadores, que en los kilómetros finales suelen engullir ciclistas con la avidez con la que bebe cerveza Homer Simpson, el austriaco abrió un pequeño hueco que aumentaba en cada una de las curvas que trazaba con actitud suicida. Poco antes del arco del último kilómetro tomó conciencia de su situación privilegiada y viendo que por detrás reinaban la confusión y la desorganización, apretó dientes y se fue en busca de la meta tumbando en cada una de las curvas de tal forma que es un milagro que no le tuvieran que poner Betadine en las orejas cuando llegó al hotel.

Cuando Quick-Step y los demás equipos de sprinters se organizaron ya era tarde. Pöstlberger llegó a la meta sobrado, levantando el pie para saborear con deleite el mejor triunfo de su, aún, corta carrera.

Lukas es de generación del 92, año de grato recuerdo para la españolía puesto que es en el que se celebraron los Juegos Olímpicos de Barcelona, motivo de orgullo patrio, y la Expo Universal de Sevilla. Se cumplen, pues, veinticinco años desde que la península ibérica se llenara de gorras y pines con la imagen de los “simpáticos” Curro y Cobi. Era otra España, igual que el ciclismo de hoy día es otro.

En la fuga aparecieron grandes clásicos de las travesuras solitarias como Daniel Teklehaimanot (Dimension Data), Mirco Maestri (Bardiani), Eugert Zhupa (Willier), Marcin Bialoblocki (CCC), Pavel Brutt (Gazprom) o Cesare Benedetti (Bora). Este último se mete en más fregados que la camarera de pisos Ritz. Pero la ilusión y la locura pocas veces encuentran su recompensa encima de una bicicleta y los últimos miembros de la resistencia fueron atrapados a poco más de tres kilómetros de meta.

Etapa 2. Olbia – Tortoli.

Simone Andreetta (Bardiani), Lukasz Oswian (CCC), Eugeny Shalunov (Gazprom), Ilia Koshevoy (Willier) y Daniel Teklehaimanot (Dimension Data) -otra vez el eritreo- fueron los encargados de hacer trabajar al pelotón de camino al inevitable sprint final. La aventura sirvió para que Tekle, “la Palmera” vistiera al final de la jornada el maillot de mejor escalador.

En la primera volata por derecho del Giro llegó la victoria del que siempre aparece, André Greipel. El alemán de Lotto Soudal es incapaz de irse de vacío de una grande independientemente del estado

de forma con el que llegue. En esta ocasión se valió de un pequeño incidente entre Gaviria y Ewan -a Supermosca se le salió una zapatilla del pedal y perdió toda opción- para volver a lucir su desarrollada musculatura en la foto de la meta. Era la segunda jornada y el teutón ya tenía el trabajo hecho. De aquí en adelante puede dedicarse a sestear, a disfrutar del paisaje italiano o, si quiere y le apetece, volver a pelear un triunfo de etapa. Hay que decir que el Gorila quizás no ponga todo el empeño que debiera en los sprints que vendrán pero es justo decir que nunca escatima el esfuerzo para ayudar a sus compañeros. Sin ir más lejos, el día del Etna se le vio llevar más agua que un camión de bomberos.

¡Ah! Y su victoria de etapa también le valió para vestirse de rosa.

Etapa 3. Tortoli – Cagliari.

El belicoso campeón albanés Eugert Zhupa (Willier), Jan Tratnik (CCC), Kristian Sbaragli (Dimension Data) y el archienemigo de Brambilla, Ivan Rovny (Gazprom) fueron los fugados del día. Una fuga que no tendría ningún peso en una etapa en la que lo mejor se reservó para los últimos diez kilómetros, momento en el que el viento de costado hizo su aparición. Las gaviotas de Quick-Step, los grandes rodadores eólicos del pelotón, forzaron un corte en el que el único que no se metió creo que fue su masajista.

El viento llevó el olor de la sangre hasta las narices de los hombres de Davide Bramati que no pararon hasta llegar a la meta donde se plantaron un total de siete hombres: Gaviria, Jungels, Richeze, Haas, Selig, Nizzolo y Siutsou. Bob Jungels, otro de la querida generación del 92, condujo al grupo. Haas intentó sorprender pero Richeze controló su movimiento y lanzó a un veloz y furioso Fernando Gaviria. Ni Selig, ni Nizzolo, pudieron inquietar al colombiano que consiguió de este modo su primera victoria en una grande. El triunfo le sirvió, además de para lucir palmito, para vestirse de rosa. Tercer líder en tres días.

Al día siguiente, merecidísimo día de descanso, que tres etapas llanas seguidas cansan mucho. Siendo justos, pasar de la isla de Cerdeña a la de Sicilia es un embolado que requiere cierto tiempo.

Etapa 4. Cefalù – Etna.

Cuentan que los primeros pobladores griegos de la isla de Sicilia aseguraban que en el interior del monte Etna se encontraba la fragua de Hefesto, Dios heleno del fuego y de la forja. También se dice que Hefesto, de rostro poco agradable tenía su fragua en el Olimpo. Puede ser que este herrero divino tenga una cadena de fraguas y que lo que haya en las entrañas del Etna no sea más que una franquicia. Y puede que el pasado martes, día en el que pelotón subió el volcán siciliano, el acalorado Hefesto se cogiera el día de asuntos propios; porque en la ascensión al Etna no vimos fuego en el pelotón, ni se escuchó el restallar de los martillos contra sólidos yunques. Ni tan siquiera encontramos agonizantes ascuas. La excusas siempre son simples y sencillas: “es tan solo el cuarto día de carrera”, “esto es muy largo”, “la tercera semana es muy dura”, “hay que guardar fuerzas”, “He llegado corto al inicio del Giro”… vamos, los habituales mantras de la bicicleta. El resultado fue que los protagonistas de la carrera italiana nos regalaron una soporífera etapa de alta montaña. Una reflexión: si tus rivales están cortos de forma, ¿qué es mejor? ¿Intentar aprovechar esa debilidad para empezar a crear diferencias o esperar a que estén al cien por cien para atacarles? Bueno, que me caliento y me sale el aficionado de sofá que llevo dentro.

Ya en la larga ascensión a la portella de la Femmina Morta -cuidado qué nombre tan macabro para un puerto de montaña. La verdad es que no dan ganas de subirlo- el pelotón demostró que si lo que queríamos era ver ciclismo lo mejor que podíamos hacer era poner los 4 Días de Dunkerque. La subida se hizo al ritmo que marcó Quick-Step y los hijos del viento impusieron un ritmo para que

no se descolgase el líder, el sprinter antioqueño Fernando Gaviria. Durante la escalada a la Femmina Morta -en serio, ¿quién fue el lumbreras que le puso el nombre la subida?- la fuga no perdió ni un solo segundo de la ventaja acumulada. Una fuga compuesta por los megaescaladores Pavel Brutt (Gazprom), que en el Giro siempre se viene arriba, Jacques Janse van Rensburg (Dimension Data), Eugenio Alafaci (Trek) -y su bigotito movember- y el esloveno Jan Polanc -este sí que sube bien-. Ese era el ritmo.

Ya en el Etna, Polanc consiguió acabar con las últimas energías de su último oponente, Van Rensburg, y se marchó en solitario. El pelotón seguía con su marcha cicloturista. Le faltaba ir repartiendo bidones, camisetas y balones de fútbol del plástico como en las cabalgatas de Reyes. La ventaja de Polanc apenas descendía. Hubo que esperar hasta la pancarta de tres a meta para ver el primer ataque, tímido, de uno de los hombres de la general. Vincenzo Nibali lo intentó más por vergüenza que por piernas pero su escaramuza fue abortada por “Tico Tico” Amador, infatigable lugarteniente de Nairo Quintana. Mientras, Polanc, que coqueteaba con la pájara, aguantaba el tipo de forma inesperada y, exprimiendo hasta el último vatio de sus pedaladas, consiguió imponerse en la meta. Etapa y maillot azul para uno de los pocos hombres que de verdad le puso interés a la etapa.

En las laderas de la fragua de Hefesto también se movieron los Astana. Primero con Tiralongo, que creció viendo el pico nevado del Etna desde su ventana de Avola. Después con Pello Bilbao y, un poco más tarde, con Jesper Hansen. Curioso ver atacar a un danés en la montaña del fuego. Por desgracia para ellos, los hombres del equipo kazajo no tuvieron las fuerzas suficientes como para honrar la memoria del inolvidable Michele Scarponi. Te queremos Michele. Otro que también lo intentó fue Pierre Rolland pero la ambición indolente del Estraperlista de Gien no encontró recompensa.

Los favoritos llegaron todos juntos y bien avenidos esperando a ocasiones futuras para darse cera los unos a los otros. El liderato pasó de Gaviria a Jungels. De Quick-Step a Quick-Step y tiro porque me toca.

CONTINUARÁ.

Escrito por:

@AbdonRV

Un comentario de “Resumen del primer bloque del Giro 2017 (Parte I)

  1. Abdón;
    Buenos días. Magnífico resumen. Espléndidamente escrito y lo que es mejor con un toque tan entretenido y divertido como para hacernos olvidar el ciclismo-control que hemos sufrido. Ya esperando ansioso tu segunda parte. Un abrazo y muchas gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *