Peter Sagan, oda a la justicia

No voy a fallar. No. Otra vez no. Estoy cansado de quedarme siempre tan cerca. Lo voy hacer aquí, en este mismo punto. Lo tengo claro. Voy a ganar el mundial de Richmond atacando en el inicio de la Calle 23, como si el pequeño trozo empedrado se tratase del mismo Oude Kwaremont.

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Así lo pensó, y así lo hizo.

Hay momentos en la vida donde las cosas no salen siempre bien, pequeños baches, pequeñas malas épocas que no te permiten disfrutar al 100% de la vida. Pero ya lo dice el dicho popular: ”detrás de toda tormenta, siempre hay un Sol”, y ayer el Sol brilló en su máximo apogeo en Richmond cuando Peter Sagan levantaba los brazos en la línea de meta. Había sido un año muy complicado, que no es sinónimo a año malo. ¿Cuántos ciclistas firmaban tener una temporada como esta? Claro es que quedar quince veces en segunda posición no es del agrado de nadie, pero ¿y las nueve victorias en las que se incluye la general del Amgen Tour of California?  El momento en que Sagan se proclamaba campeón del Mundo en Richmond no era más que un premio a la constancia, un premio a la lucha, un premio a la regularidad, un premio a no rendirse nunca, un premio merecido.

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Volviendo a la carrera, Sagan logró una cosa que tantas victorias le ha costado a lo largo de su corta trayectoria: pasar desapercibido. Siempre se repetía la misma historia, siempre igual, todos le miraban, todos los ojos estaban puestos en él, preparados para responder como una jauría de lobos a cualquier ataque para no ceder ni un centímetro al ”bicho’‘. Pero esta vez no. Es obvio que era un hombre a tener en cuenta, que era de los favoritos, pero a lo largo de todo el recorrido se mantuvo en un segundo plano, suficiente para que entre el ritmo constante de los tulipanes, los ataques de pequeños grupos de gente como Kwiatkowski, Boonen y compañía en los últimos 30 km y la tensión del momento hiciesen que desapareciese de la mente de muchos de nosotros. Y de nuevo volvemos a ese punto, el punto donde todo lo tenía planeado, el punto en el que ganaría el mundial. Apareció Van Avermaet y lanzó la primera piedra a pie de la Calle 23, pero Sagan la cogió al vuelo y lanzó una todavía más grande para coger esos pequeños metros que le acabarían llevando a la gloria. Una vez ”coronado” su particular Oude Kwaremont, tocaba bajar. No hace falta mirar atrás. Ahora mismo estoy solo. Soy yo contra el mundo. Y apareció el espíritu de Gap, era un KM, quizás metros, pero para afrontar esos pequeños metros de descenso, tenía que aparecer el Peter Sagan que maravilló al mundo del ciclismo en Gap con un descenso al alcance de muy pocos, y así lo hizo, ya eran 6” los segundos que sacaba al dúo formado por GVA Y EBH.

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Ahora sí, Peter. Sabes rodar. Sabes ganar cronos y prólogos. Esto es tuyo. Es el momento de sacar el Sagan de California que sentenció media general en la crono. Es el momento de hacer historia. Pero eso sí, una consigna clara: no mires atrás. Y como si los 260 km anteriores no hubiesen existido, Sagan lo logró. Una contrarreloj de 1,5 km impecable, suficiente para hacer historia, suficiente para ganar el Mundial.

Escrito por:
@DaniEscribano27

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