Parecía una buena idea

Cuando me apunté a la TCR allá por octubre del año pasado, todo parecía mucho más simple. La logística, relativamente fácil; el dinero que tenía que invertir, no demasiado; los billetes de avión no debían ser un problema… Pero el tiempo pasa, y cada vez está más cerca el Día D y una sensación de miedo mezclada con emoción empieza a hacerse bastante presente.

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Dar pedales es fácil, sólo hay que acordarse de beber y comer. La diferencia entre una gran aventura y un posible fracaso es lo que pasa por la cabeza durante esos casi 4000 kilómetros de Transcontinental Race. De momento, muchas cosas pasan por la cabeza en los entrenamientos. Es una de las cosas malas de montar en bici, que uno tiene mucho tiempo para pensar. ¿En qué se piensa? Yo, particularmente, en muchísimas cosas:

¿Será tan duro atravesar Suiza como me imagino?

¿Será tan caro como me han dicho?

¿Llegaré siquiera a Suiza?

Eso en los peores momentos. En los momentos más optimistas los pensamientos van más por el camino de:

Va a ser una aventura impresionante

Lo estaré recordando toda la vida

Va a marcar un antes y un después

Pero sobre todo hay un pensamiento que sobrevuela la cabeza durante los últimos días, y es:

Esto, en octubre, cuando aún quedaba mucho PARECÍA UNA BUENA IDEA.

En fin, a pesar de todas las inseguridades y miedos que están surgiendo durante todos estos meses sí que estoy convencido de una cosa: dentro de quince o veinte años, o los que sean, quiero echar la vista atrás y saber que hice todo lo posible para que la vida fuese una aventura, por haberme divertido lo máximo posible y por haber hecho cosas que, de algún modo, no cualquiera podía hacer. Como dijo Picasso: “hago lo imposible porque lo posible lo puede hacer cualquiera”.

Escrito por:
Go Rafa Go

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