Omar Fraile: constancia, sacrificio y motivación

Alessandro Di Meo / EFE

Constancia, sacrificio y motivación. Todo en uno.  Propiedades que juntas combinan a la perfección y que son las más idóneas para hablar de Omar Fraile. Nacido para combatir, el perfil de ciclista que todo equipo quiere en sus filas, al menos yo lo quería.  La duda era ¿mar o tierra? Su decisión fue la más correcta, apostar por la bicicleta, años después tendría una gran recompensa en su palmarés: una etapa en el Giro de Italia.

¿Mar o tierra? Esa era la cuestión

El 17 de julio de 1990, Miguel Induráin se proclamaba ganador de la decimosexta etapa del Tour de Francia, conquistando Luz-Ardiden al imponerse en el tramo final de la ascensión a un Greg Lemond que posteriormente se acabaría llevando la general. El navarro volvía a maravillar al mundo del ciclismo en lo que sería el inicio de una época de dominio sin discusión en la gran ronda gala. Casualidad o no, el ciclismo español sumó otra victoria ese día, y es que en un pequeño municipio de la provincia de Vizcaya, nacía Omar Fraile.

Jesus Rubio- AS

La historia de amor entre Omar y las bicis, surgió a los tres años, cuando lo que empezó siendo un regalo acabaría convirtiéndose en su profesión y desde entonces no dejaría de dar pedales. La Arboleda fue uno de sus primeros lugares de entrenamiento, donde solía ir a pasear junto su padre de pequeño. Sus inicios estuvieron lejos de la carretera, estrenándose en la competición con una bicicleta de montaña con la que empezó a competir con apenas 8 años cuando se colgó su primer dorsal, hasta que llegó a juveniles, donde se dio cuenta de que no había salida para llegar a profesionales y decidió pasarse a la carretera. Pero la historia de amor entre Omar y la bicicleta no siempre fue perfecta, y es que el remo se interpuso entre los dos durante cinco años. Estuvo cinco años y medio en el Club de Remo Itsasoko Ama Sotera, lugar en el que practicaba su otra afición, y donde hasta incluso sus ganas y pasión por el remo a veces le podían llegando a contar que ‘A veces estaba tan helado que los entrenadores tenían que bajarle del bote’. Finalmente a los 16 años se vio obligado a decantarse por uno de los dos debido a la exigencia que le reclamaban ambos deportes, y tomó la decisión correcta, la bicicleta.

De afición a trabajo, la pasión de su vida.

Se estrenó en el Opel-Ibaigane, precedido por dos años corriendo de amateur en el Seguros Bilbao, donde sobretodo en el segundo, empezaría a sumar grandes victorias como por ejemplo la Subida a Gorla. Los ojeadores de la Fundación Ciclista Euskadi llevaban un tiempo poniendo los ojos sobre Omar, hasta que finalmente recaló en el Orbea, con un contrato que le aseguraba una plaza en el Euskaltel Euskadi en 2013, un hecho que no se llegaría a producir nunca debido a la desaparición de este mismo. Su descaro en su primer año como profesional logrando una más que positiva 16º plaza en la Volta a Portugal y demostrando tener un buen saber hacer en casi todos los terrenos, hicieron que Caja Rural acabará fichándolo, siendo presentado junto al que sería su nuevo compañero y a la vez futuro maestro, Amets Txurruka. En el equipo navarro correría durante 4 temporadas, siendo las dos primeras de adaptación, lugar en el que pudo tener sus primeras tomas de contacto con el WT, disfrutando como un niño pequeño de la Vuelta al País Vasco en la que empezó a mostrar sus dotes de combatividad al meterse en varias fugas. Poco a poco iba aprendiendo cosas nuevas e iba ganando una solidez y una mentalidad que los años siguientes darían su recompensa.

Caja Rural RGA

Amante de los lunares azules

Su cuarta temporada en el Caja Rural se convirtió en la mejor. El inicio de un sueño. La primera victoria como profesional casi llega en la Classic Loire Atlantique, donde había logrado meterse en una fuga junto a otros 14 ciclistas que estaban aguantándole el pulso al pelotón, pero Gougeard fue más fuerte que él en el tramo final y tuvo que conformarse con la cuarta posición. Pero su primer gran éxito no tardaría en llegar, y es que solo un mes después se enfundaba el maillot de la montaña de su querida vuelta al País Vasco que tanto había soñado correr años atrás. El hecho de tener la pillería de saber cuándo meterse en la fuga y una espectacular etapa con final en el muro de Aia donde puntuó en cabeza en 6 de los 8 puertos de la jornada acabó certificando su gran éxito. Pero no sería el único de ese año, ya que un mes más tarde lograba imponerse en el Giro dell Apennino a gente como Pirazzi, Cunegro o Pellizotti, su primera victoria de etapa como profesional había llegado. Todo este esfuerzo y trabajo fue recompensado al ser seleccionado en el ‘9’ para la Vuelta a España, en lo que sería su primera gran vuelta. Y como es de bien nacido, ser agradecido, Omar les devolvió la confianza con un enorme premio, el maillot de la montaña de esa edición. Lo que empezó como algo puntual y que el propio corredor de Santurce pensaba que duraría un telediario, se convirtió en un sueño hecho realidad, cuando finalmente pudo subirse al podio de Madrid con tal preciado trofeo. Y como era de esperar, los equipos WT no tardarían en llamar a la puerta del navarro, siendo Dimension Data su elección final. Sus inicios con el equipo sudafricano no fueron del todo sencillos, pero poco a poco fue cogiendo la forma para llegar a punto al tramo final del año, de nuevo la Vuelta, y como quien no quiere la cosa, el maillot de lunares volvía a ser suyo. Esta vez de manera mucho más sufrida donde un ‘loco’ Kenny Elissonde lo intentó de todas las maneras posibles, pero acabo quedándose a 1 punto de Omar. Dos años consecutivos con el mismo premio, y es que seamos sinceros, que bien le sienta a Omar ese maillot de lunares.

Omar Fraile web

Licenciado en Bagno di Romagna

Italia-España e España-Italia. De Apennino a la Vuelta por partida doble y de allí al Giro. La undécima etapa del Giro empezó lanzadísima. El perfil era pestoso, ideal para una escapada y para intentar poner en problemas a un líder, que venía de gastar mucho en la contrarreloj anterior.  Un total de 25 aventureros entre los cuales encontrábamos nombres sonados como los de Amador, Monfort, Visconti, nuestro protagonista Fraile, Kangert, Cataldo, Rolland, Rui Costa o Landa entre otros. La pareja de españoles formada por Omar y Landa quiso dar guerra desde el primer momento e iniciar las hostilidades con un ataque a partir del segundo puerto del día, un ataque lejano, quien no arriesga no gana. Pero ese no iba a ser el ataque ganador, ya que a 35 de meta volvían a ser cazados por los otros fugados. Por detrás, la presencia de Amador en ese grupo, hacía que Movistar se negase a tirar desde el pelotón, un hecho que aumentaba las opciones a victoria de ese gran grupo que cada vez iba ganando más números para acabar llegando.  Ya en el último puerto del día, el Monte Fumaiolo, los ataques por parte de los grandes nombres empezaron a llegar, siendo Pierre Rolland el que lo intentó con más autoridad logrando coger unos metros de ventaja, pero cuando parecía que sería el francés el encargado de  coronar el puerto final, un resucitado Omar Fraile, le sprintaba para llevarse los puntos e igualar a Jan Polanc en la lucha por el maillot de la montaña con 44 puntos. El dúo tardaría poco en convertirse en trio al llegar por detrás el portugués Rui Costa, que había atacado también en el tramo final de la subida. La falta de entendimiento entre los 3 (un Rolland que lo intentaba sin éxito, un Rui Costa fiel a su estilo y un Omar Fraile en la sala de recuperación sin la intención de colaborar con el luso), hizo que un cuarto invitado se uniese a la fiesta, el estonio Kangert. La victoria se decidiría en el sprint. Rui Costa intentó cogerle la rueda el español, pero la fuerza y la superioridad de Fraile en el sprint, hicieron que los esfuerzos del portugués en cogerle rueda no fuera suficiente, y el mismo  veía como Fraile se acaba imponiéndose en la meta de Bagno di Romagna. Su segunda victoria como profesional, otra vez en Italia, pero esta vez en una Gran Vuelta.

 

Escrito por:
@DaniEscribano27

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