La pancarta que dejó a Poblet sin victoria

En la década de los cincuenta tomar parte del Giro de Lombardía era algo más que hacerlo en una carrera ciclista, en la que no solo se luchaba contra los rivales sino también contra los elementos meteorológicos que por entonces a mediados de octubre acechaban la espectacular región italiana con lluvia, frio y viento. Sin embargo después de varios años de temporal los corredores de la última gran carrera de la temporada se encontraron en la edición de 1958 con un tiempo soleado y agradable. El catalán de Montcada, Miguel Poblet, ya era una de las figuras del pelotón internacional en este tipo de carreras, muy conocido en el ciclismo italiano y encuadrado en las filas del conjunto Ignis, Poblet ya había triunfado en años anteriores en Milán San Remo y Milan-Turin además de obtener importantes puestos de honor y victorias de etapa, veinte al final de su carrera, en el Giro de Italia. Por tanto una de las ruedas a seguir iba a ser la suya y el marcaje al que estuvo sometido durante toda la jornada en pos de su desgaste no fue suficiente para evitar que aguantara las embestidas de sus rivales por el triunfo en Milán, ciudad de inicio y final de la prueba.

Primero lo intentó Ronchini en la bajada de la legendaria Madonna del Ghisallo, en esta ocasión la subida no fue determinante como en anteriores ediciones sin embargo el descenso si propició movimientos como el del citado Ronchini, sin éxito finalmente, fue atrapado a más de treinta kilómetros para el desenlace. Más peligrosa fue la escapada posterior de dos reconocidos corredores belgas, De Bruyne y Van Looy. El dúo de rodadores se acercaba con determinación a los alrededores de Milán para jugarse la victoria en este último monumento de la campaña.Después de una ardua labor de persecución en la que estuvo muy activo, en ausencia de equipo, Miguel Poblet con la ayuda del francés Louison Bobet, la pareja de fugados era atrapada a dos kilómetros de la línea de llegada y a pesar de tener fuertes rivales en un posible embalaje, la situación se antojaba más que favorable a los intereses del Noi de Montcada, como era conocido popularmente Poblet.

La pancarta de color azul indica los últimos mil metros a recorrer antes de la línea de meta pero la situación de dicha pancarta no está clara del todo, a contraluz y de forma un tanto complicada a la vista de los corredores, crea la confusión en las primeras unidades que aguantan en el pelotón y van a jugarse la victoria. La precipitación por este error hace que el sprint final se lance cuando queda prácticamente un kilómetro para la meta, los grandes velocistas se tiran a ciegas hacia esta errónea pancarta de meta, el caos se apodera de las primeras posiciones del grupo que comienzan a darse cuenta del error. De un lateral aparece la figura del más listo de la clase, el italiano Nino Defilippis del conjunto Carpano, un buen corredor, quizá no uno de los grandes favoritos pero con victorias prestigiosas en su haber pero que se ha dado cuenta de lo que ocurre. En apenas cien metros el corredor transalpino toma unos metros, que son suficientes y nada le detiene hacia la victoria en el Giro de Lombardía, un triunfo de gran envergadura. Por detrás tan solo un ciclista se lanza para dar caza, es Miguel Poblet el hombre más fuerte de la carrera que llegó con el mismo tiempo que Defilippis, un monumento que estaba en sus piernas y que se le escapó por el multitudinario error, nada tuvo que ver la organización obviamente, del pelotón, un Giro de Lombardía que a pesar de intentarlo en años venideros, este pionero de nuestro ciclismo nunca pudo conseguir.

Escrito por:
@Sincadenablog

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