La maldición del ciclismo francés

Verano de 1986, llegaba el momento esperado por muchos. El 4 de Julio de dicho año comenzaba de nuevo “La carrera de los Franceses”, 36 victorias en la general y un plantel que les favorecía un año más, hacía soñar a un país volcado con el ciclismo, con otro entorchado en París, “Que la leyenda continúe”, debieron pensar muchos, pero todo iba a cambiar ese año. Tras un Tour en el que Hinault hacia historia ganando su 5º Tour de Francia, a costa del segundo puesto de Le Mond, una especie de ‘pacto’ entre ambos (Teniendo como artífices a Bernard Tapie, jefazo del equipo y Paul Koechli, director deportivo de ambos ciclistas), hacía suponer que el Tour del 86 sería fácil de ganar para Le Mond. Una especie de “Hoy por ti, mañana por mi”.

En la localidad de Boulogne se daba la salida, Bernard Hinault partía con la supuesta esperanza de lograr el 6º Tour en sus piernas, y ser así el corredor con más entorchados. Junto a él Laurent Fignon, Stephen Roche, Pedro Delgado o un joven Greg Lemond, que había maravillado al mundo con un segundo puesto en la edición anterior, que parecía ser el heredero del maillot amarillo. Pero desde la primera etapa Hinault atacaba, martilleaba mentalmente a sus adversarios, pasando de aquel pacto que un día parecía claro, consiguiendo en la 11ª etapa dicho maillot, con la clara intención de mantenerlo hasta el final. Pero el 19 de Julio todo cambió, la Historia del ciclismo estaba a punto de cambiar, Eduardo Chozas lograba la victoria en una dura etapa con final en Chevalier, pero Greg Lemond, le robaba con todas las de la ley el deseado maillot amarillo a Bernard Hinault. Ese día cambió todo, el ciclismo francés comenzó una andadura que a día de hoy, sigue manchando con tinta oscura la historia de dicho país. Al siguiente día camino de Alpe d’Huez, Hinault deja caer que ese maillot amarillo había caído en posesión de Le Mond por el pacto antes comentado, entrando de la mano en meta, pero, todo parecen habladurías, simplemente Hinault parecía ir a menos y no quiso perder de otra manera aquel Tour. Por su parte, Greg Lemond lograría el primer Tour para el país “yankee”, más tarde conseguiría el segundo, en 1989 y el tercero en 1990. Mucho dio que hablar ese Tour del 86, como os contaremos en un próximo artículo.

Pero centrémonos en Francia. ¿Por qué todo cambió? ¿Qué tuvo de especial ese día para el ciclismo? Quizás que en un país con tanta ilusión y confianza en Hinault, que vio caer a su gran estrella, que ese año dijo adiós al ciclismo sin el deseado 6º entorchado, cambió todo. A partir de ahí el público francés simplemente quería señalar al predecesor de Hinault, buscaban el triunfo número 37º para la vitrina de la gloria, pero a día de hoy, dicho sitio sigue vacío, esperando con ansia una joven estrella que supere la barrera psicológica que atesta en dicho país, que crezca, que supere a los demás y devuelva en Paris lo que muchos franceses piensan que es de su pertenencia, el maillot amarillo.

Tras ver retirada a la generación ya mencionada (Fignon se quedó a 8 segundos de la gloria en 1989, perdiendo con Lemond el amarillo en el último día), comenzó la búsqueda. En 1994 aparecía con fuerza Richard Virenque, victoria de etapa y clasificación de la montaña, la afición quedaba tranquila: -“Ya está, lo tenemos”, solo había que dejarle madurar, pensaron muchos. Pero los Tours pasaban, Virenque luchaba, apretaba los dientes, las victorias parciales llegaban pero el Tour sería un sueño más que se esfumó junto a él con el paso de los años (Logró un tercer puesto en 1996 y segundo en 1997). De esta época tenemos que mencionar también a Luc Leblanc, que se quedó 4º en 1994, como puesto más cercano a la victoria. Otra de las grandes perlas del ciclismo francés que se quedó sin saborear el preciado néctar del amarillo en París. Destacar que fue campeón del mundo en 1994.

Ahora sí, con la esperanza de Virenque desaparecida, Francia se borró del mapa del pódium del Tour hasta el año pasado, cuando un ‘viejo roquero’ como Peraud se aprovechaba de la situación para ser segundo y Thibaut Pinot, la joven estrella actual del ciclismo francés era tercero.

Pero no corramos tanto, pues son muchos los ciclistas franceses que lo han intentado sin éxito hasta ese día, veamos algunos casos.

Christophe Moreau; Raro caso del ciclismo. Llegó con 24 años al profesionalismo de la mano del Festina. Poco después tras demostrar bastantes detalles de calidad, en 1998 se ve inmerso en el ‘Caso Festina’, tanto él como Laurent Brochard y Armin Meier admitieron tomar Eritropoyetina, lo que le dejó fuera de competición tan solo 6 meses. Al siguiente año, en el Tour de 1999, comienza a dejar impronta de que podría ser un hombre a tener en cuenta, demostrando una gran habilidad en las contrarrelojes, y llegando a situarse hasta en 3ª posición, aunque finalmente acabaría el 25º. El año posterior, vendría el principio del fin, demostró gran mejoría en la montaña y logró el 4º puesto de la general, los dedos de la afición francesa empezaban a señalarle, pero fue en 2001, cuando tras ganar Dauphiné-Libère y colocarse líder en el Tour tras el prólogo todo cambió para Moreau, a partir de ese día sus aspiraciones se vieron resignadas a no tener opciones de victoria final. La presión hizo que un corredor ya veterano, de 30 años, diese un bajón claro de rendimiento, dejó de ser uno de los candidatos al podium y poder sorprender con una victoria final en Paris, para tener puestos de top10, pero ya lejanos, siendo 8º en 2003, 10º en 2005 o 7º en 2006. Un corredor con características de vueltómano, con gran habilidad para las grandes vueltas, que creció en el ciclismo en mala época, retándose a rivales como Lance Armstrong o Ulrich, pero no fue este su mayor rival, sino él mismo y su propia afición.

Cyril Dessel; Es uno de los grandes ejemplos de que la afición y el sentirse señalado te pueden dejar sin una carrera deportiva expléndida. Tras labrarse buenos resultados en sus primeros años de profesional, ser campeón de Francia en 1999, llegó el esperado día para cualquier ciclista en 2006. Gracias a una fuga en la 10ª etapa de dicho año, en su segundo Tour de Francia, donde queda segundo tras Juanmi Mercado, se coloca el maillot amarillo, y comienza a soñar con llegar de dicho color a París. Finalmente, tras pelear y darlo todo en la carretera, finaliza en una meritoria 6ª posición. Ya mayor, con 31 años, pero la afición confiaba en que Dessel hubiese explotado tarde, que lo mejor estuviese por venir. Con el paso de los años Dessel estaría totalmente fuera en el Tour de Francia, sin poder demostrar nada por culpa de una Toxoplasmosis que le acompañaría con idas y venidas hasta el final de su carrera. En 2008 consiguió dar algún detalle en el Tour, llevándose la 16ª etapa, pero sufriendo de gran manera en otras. En 2009, su último Tour, se ve obligado a retirarse. De ahí hasta el final de su carrera, idas y venidas, pocos resultados. Otro corredor señalado, mojado por la mala suerte francesa, inmerso en lo que parece una maldición, perseguido por lesiones y enfermedades que le dejan si su sueño.

Thomas Voeckler; Caso especial, que bien se merece un ‘Informe Robinson’, un corredor al que las críticas o que le señalasen como un posible ganador de Tour de Francia le daba igual, un corredor que ha basado su carrera deportiva a ganar etapas, a dar espectáculo y a dejarse ver, lleno de locuras y de actuaciones sin sentido, que pese a todo, a poder haber sido uno de los corredores franceses con mejor palmarés y haberse quedado en el guerrero del pelotón, es el corredor al que todos echaremos en falta cuando se retire. Todo comenzó en 2003, su primer Tour de Francia, llegó a París sin grandes actuaciones, pero se dio cuenta de que sería su carrera. En 2004, con 25 años, comenzó su idilio, se puso de líder gracias a una fuga y aguantó el maillot amarillo durante 10 días, parecía que en sus piernas podría haber un potencial ganador del Tour. Pero todo quedo ahí, con el paso de los años Thomy demostraba que lo suyo era pelear, ganar etapas y dar espectáculo, hasta que en 2011 Francia entera volvió a soñar. En la 10ª etapa consigue ponerse de líder gracias a una fuga, y la mentalidad cambió, con el paso de los días consigue aguantar el amarillo, llegar con los mejores, Thomy quiere ese amarillo. En la 19ª etapa con final en Alpe d’Huez y última de montaña, Thomy volvio a ser él, ataques desde el principio que le dejan solo demasiado pronto, en vez de regular y perder el menor tiempo posible (lo que le hubiese dejado prácticamente seguro en el podium), arriesga, saca lengua y da espectáculo, finalmente acabará cuarto, fuera del podium, en su último gran Tour.

Sandy Casar; Otro corredor especial, parecido a Voeckler. Sus actuaciones a lo largo de su carrera deportiva, grandes cabalgadas desde lejos, victorias inverosímiles o fugas imposibles, dejaban pensar que era un corredor desperdiciado. Uno de esos corredores tabú para la afición francesa, que dejaba pensar que tenía que haber preparado con más intensidad la general del Tour de Francia, y que con un poco de suerte, quién sabe. Apareció en el año 2000, y rápido llegaron los resultados que le señalaban. 2º en la Paris-Nice de 2002, 13º en la general del Giro 2003… Parecía que se le podría dar forma para ser el gran vueltómano del país, pero rápidamente Casar se alejo de la polémica y la presión, se dejaba caer para guardar de cara a otras etapas, quedando en un autentico ‘caza etapas’, un corredor que ha dejado impronta en el ciclismo francés, pero que siempre irá acompañado de un agrio sabor de boca cuando mencionemos su nombre.

Romain Sicard; Es el caso que menos cuadra en esta lista. El único corredor de la lista que todavía no se ha dejado ver en el top10 del Tour de Francia, pero uno de los corredores que más ha sido señalado por la afición y donde más claramente hemos podido ver que la presión de todo un país, puede dejarte prácticamente fuera del ciclismo. Tras ganar en 2009 el campeonato del mundo Sub23, en un perfil bastante duro, frente a Betancur y Sillin, dos corredores que a la postre serían grandes escaladores, comienza a ser señalado. Finalmente, al siguiente año, cuando sorprende de gran manera en la Dauphiné-Libere (11º general y 2ª en la quinta etapa), el dedo de la afición francesa cae directamente sobre él. Tras pasar un mal 2011 y 2012 (donde su único buen resultado es en la Vuelta a España, siendo 5º en la etapa 20ª), en el año 2013 debuta en el Tour. Todos se acordaban de Sicard, todos pensaban que lucharía por, como mínimo la clasificación de jóvenes, un corredor prometedor que no había realizado una gran temporada, pero debería hacer un buen Tour. El Tour pasa, Sicard no se deja ver en ningún momento, y con la llegada a Paris de dicho año, se acaba Romain Sicard. Un corredor que a día de hoy ha quedado relegado a ser lugarteniente allá donde corra, buscar fugas e intentar pelear por etapas.

Pierre Rolland; Y lo que podríamos denominar, la maldición de Alpe d’Huez. En el Tour de 2011, sorprende a todos, acompañando a Thomas Voeckler en los finales en alto, pero en la etapa que finalizaba en el mítico puerto ya comentado, es capaz de mojar la oreja a todos, consiguiendo la victoria y sentenciando el maillot de jóvenes prácticamente, en una de las etapas más duras de aquel Tour. A partir de ahí, es el señalado, el elegido para conseguir el ansiado 37ª Tour. Pero la presión hace efecto, al año próximo queda lejos de las aspiraciones que para él quería la afición francesa, en una 8ª posición que sabe a poco. A partir de ahí, cambio de mentalidad para Pierre Rolland, que sabe reconvertirse a la perfección, pasando a ser un gran corredor, pero un corredor combativo, al que no le importa la posición final en la general. El sueño de muchos de ver a Pierre Rolland alzando los brazos en Paris queda lejos, pero al menos Pierre ha sabido seguir su camino.

Thibaut Pinot; El último corredor de esta saga, del que todavía esperamos mucho. Pero posiblemente uno de los corredores más débiles en el apartado psicológico, que cada Tour demuestra tener unas piernas espectaculares, pero cuando el terreno se pone ‘feo’, ya sea en descensos o cuando la cabeza tiene que tirar más que las piernas, desconecta. En 2012, deja claro que quiere ser el futuro del país, se impone desde la fuga en la etapa de Porrentruy, y en diversas etapas de Alpes y Pirineos consagra ataques que dejan ver su capacidad en la montaña, comienza a ser el señalado, comienzan los problemas de Thibaut. En 2013 llega al Tour como uno de los candidatos para llevarse el cetro en París, la afición francesa estaba como loca con él, pero deja claro su primer gran problema: “Los descensos”, cada vez que la prueba se pone hacia abajo, Thibaut tiene que desconectar, finalmente abandona. En 2014, vuelve con ganas, con fuerzas, el adiós por caídas de varios corredores le dejan como uno de los grandes candidatos, finalmente acaba en una 3ª posición que sabe a poco, vista su gran capacidad en la montaña. Este año, ha dejado claro que mentalmente es muy flojo, desconecta rápido de la general, dejandose mucho tiempo en Huy y en el pavés y siendo incapaz de reponerse, se pone el objetivo de una etapa y finalmente lo consigue en Alpe D’Huez, una etapa donde deja clara su capacidad, volando en la última ascensión y dejando sin posibilidades a Nairo Quintana. ¿Será capaz de reponerse Thibaut y utilizar sus piernas para ganar un Tour? ¿Caerá sobre el la maldición de Alpe D’Huez y quedará renegado a ser un cazaetapas?

El ciclismo francés sigue a la caza de su gran vueltomano, de volver a las andadas, de volver a ser el país más fuerte cuando se habla de grandes vueltas… ¿Quien será el próximo señalado? La lista es amplia: Bardet, Gallopin, Barguil, Vuillermoz o corredores aún más jóvenes, como Pierre-Roger Latour o Pierre-Henri Lecuisinier.

Escrito por:

@Sergioporquesi

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