Küng y Stuyven, los herederos al trono de piedra

Tom Boonen se bajó de la bicicleta para siempre el 9 de abril de 2017. Por lo menos a nivel profesional, que hay que suponer que seguirá subiéndose a ella aunque sólo sea para ir a por el pan en su Mol natal. Ocho meses antes, en la Avenida Lucio Costa de Rio de Janeiro y después de haber escrito bajo la atenta vigilancia del Cristo de Corcovado la última gloriosa página de una carrera tan inigualable como deslumbrante, Fabian Cancellara ponía el broche de oro, de oro olímpico además, a su trayectoria con su segunda presea en la modalidad de contrarreloj, ocho años después de la primera. La retirada del suizo ponía fin así a una de las rivalidades más apasionantes que ha vivido el ciclismo en las últimas décadas. Tan apasionante que las cifras de triunfos entre ambos provocan el vértigo de lo inabarcable: 7 París-Roubaix, 6 Tour de Flandes, 1 Milán-San Remo, 3 Gante-Wevelgem, 8 E3 Harelbeke, 2 Scheldeprijs, 3 Strade Bianche, 13 etapas del Tour de Francia, 1 Mundial de ruta, 4 Mundiales contrarreloj, 2 Oros olímpicos… cifras que convierte a cualquiera de los dos, por separado, en miembros honoríficos del selecto club de los mejores corredores de la historia. Si fuesen un país, sería el cuarto o quinto mejor de todos los tiempos. Estremece pensar lo que podía haber sido de cualquiera de ellos de no haber coincidido en el tiempo.

Pero más allá de las cifras, la rivalidad Boonen-Cancellara dejó momentos tan memorables en la retina del aficionado; momentos tan únicos, tan apasionantes, que resulta inevitable resistirse a aceptar que todo ha terminado, que de aquellos días gloriosos donde ambos se medían, normalmente con los adoquines como escenario, todo lo que nos queda es el recuerdo imborrable de tardes del mejor ciclismo posible y unos cuantos vídeos en youtube con los que aplacar la nostalgia por ese tiempo que se fue. Por eso, porque nos resistimos a admitirlo, es por lo que en algún momento de nuestro particular “duelo” intentamos negociar con el futuro un pacto, un acuerdo de mínimos que alivie la angustia. Y por eso volvemos la cara a los jóvenes que ahora empiezan su carrera y les exigimos, les rogamos que por favor estén a la altura de nuestros recuerdos.

Y sucede que a veces esta trampa, que a menudo suele resultar de lo más injusta (¿verdad, Olano?), está más o menos justificada, que a veces el azar, el destino, un ente superior, que cada uno elija su favorito, dispone ciertas piezas para que la esperanza de recuperar lo perdido no sea tan ilusoria, tan irreal. Tan absurda. Algo así es lo que nos pasa en estos extraños días de relevo generacional con dos jóvenes corredores, un suizo y un belga. Exactamente igual que lo fueron Cancellara y Boonen.

Foto: AFP Fabrice Coffrini

Profesional desde 2015, cuando aún no había cumplido los 22 años, Stefan Küng tardó exactamente diez días en conseguir su primera victoria en la máxima categoría. Fue el 4 de abril, en la Volta Limburg Classic, su décimo día de competición del año. Para entonces ya había deslumbrado en Los 3 días de La Panne, consiguiendo el 2º puesto en la crono por detrás de Sir Bradley Wiggins, y el 4º en la general final. Una semana más tarde disputaba su primera París-Roubaix, en la que iba a acabar en la posición 63. Una puesta en escena deslumbrante para un corredor de características muy similares a las de su compatriota Fabian Cancellara, pues hablamos, ante todo, de un excelente rodador, ya sea contra el reloj o sobre adoquines.

Jasper Stuyven debutó en profesionales sin haber cumplido los 20 años, enrolado en el Bontrager Livestrong Team, algo así como el filial del actual Trek. Un año más tarde se alzaba con la general final de la Volta ao Alentejo después de ganar un etapa y el maillot de los puntos. Cuatro días antes de cumplir los 22 disputaba su primera Roubaix, finalizando en la posición 55. Desde entonces no ha hecho más que crecer en el Infierno del norte, hasta quedarse a las puertas del podio en este 2017, en el que finalizó en 4º lugar. Era su primera participación en la que no estaba supeditado al que había sido su líder hasta la temporada pasada: Fabian Cancellara. Stuyven, flamenco como Boonen, comparte con éste además de su país de origen y de haber empezado su carrera en un equipo norteamericano, una punta de velocidad más que notable con la que, sin ser un sprinter puro, ha logrado más de una victoria. Es cierto que no es tan veloz como el primer Boonen pero sí pasa mejor repechos y media montaña, como ya demostró en la Vuelta’15 alzándose con la victoria en la etapa de Murcia tras el doble paso por la Cresta del Gallo… y tras romperse la muñeca en la tristemente famosa caída que casi le cuesta la vida a Boeckmans.

Fuente: skysports.com

Suizo, gran rodador y excelente contrarrelojista el uno; belga, rápido y brillante en los adoquines el otro; las similitudes son tantas que a pesar de lo injusto que suele ser cargar sobre terceros nuestro absurdo afán por detener el tiempo en aquellos días de gloria ya perdidos, resulta irremediable que encontremos consuelo en la promesa de que todo puede volver a empezar. Sólo el tiempo dirá si fuimos demasiado exigentes con ellos o es que por una vez un rayo de lucidez nos hizo vislumbrar el esplendoroso porvenir mucho antes de que tuviese lugar. Sea como sea, la mejor opción será, sin duda alguna, sentarse a disfrutar del viaje. Como siempre.

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